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Temas se viste de gala con Arturo López Levy

Karima Oliva Bello.─ El 30 de junio, la Revista Temas sirvió de plataforma para un diálogo con Arturo López Levy, que como apunta Javier Gómez Sánchez en el texto publicado en la Pupila Insomne en julio del 2017, El anticomunismo como bandera, (http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=59817) fue anfitrión cubanoamericano en los eventos de Washington y Nueva York durante los años 2015 y 2016, donde se organizó el circuito de medios de comunicación de la neo contrarrevolución en Internet: Cuba Posible, Periodismo de Barrio, entre otros creados expresamente y se buscó la integración al mismo de medios ya existentes como la revista On Cuba y el blog La Joven Cuba. 

Vinculado a varias plataformas para el cambio de sistema en la isla, ha sido una de las plumas más importantes en la propaganda política socialdemócrata, fungiendo como ideólogo para la reinstauración capitalista, crítico del modelo de partido único y defensor de una "oposición leal" en la isla. 

Iroel Sánchez en su texto El «aterrizaje suave» de Cuba en el capitalismo y la «secuencia óptima» refiere cómo en un análisis dedicado a la visita del canciller francés Laurent Fabius a Cuba del 2014, López Levy describe lo que considera «el mejor escenario para los intereses y valores democráticos europeos» en la isla:

“…un aterrizaje suave cubano hacia un régimen pluripartidista y una economía de mercado, no un desplome súbito del régimen actual. La secuencia óptima para ese resultado es una liberalización cubana, en la que los intereses europeos puedan participar en mayor escala, seguida por un levantamiento del embargo estadounidense que preceda la apertura final del sistema político cubano con una transición pactada al estilo español de los pactos de la Moncloa en 1977”. 

Enrique Ubieta en un debate publicado el 31 de Julio del 2017 le comenta: 

“Encuentro bien que usted sea recibido en la embajada y también en Cuba. Pero si participa en una plataforma que se propone construir tendencias ideológicas contrarias al rumbo libremente adoptado por los ciudadanos del país, ese sí es un tema que nos concierne a todos. El restablecimiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba es bienvenido, pero no bajo el supuesto de que Cuba deba cambiar su sistema social. 

(…) El nacionalismo burgués (esencialmente reformista), más allá de sus intenciones, solo puede proyectar un país dependiente”.

Lopez Levy no perdió la oportunidad en esta ocasión de afirmar que "es necesario rebasar el esquema marxista para pensar la democracia", entre otras cuestiones abordadas, como la propia revista halló a bien reproducir en una reseña de lo debatido. 

Rescatando el respeto que sentimos por Temas, como espacio para un diálogo más plural necesario para nuestro país en el momento en que vivimos, el invitado merece escuchar con frontalidad que las fuentes por las que nos informamos son otras y que ellas nos indican que no habrá más democracia en Cuba si abandonamos el socialismo, que el marxismo no lo vamos a dejar atrás porque está más presente que nunca la lucha de clases (el bloqueo no es simplemente un acto de quienes "odian y destruyen", es una acción imperialista), que no queremos ninguna "oposición leal" de cuño socialdemócrata, colada en nuestras estructuras del poder político para presionar por el regreso al capitalismo y defender intereses de clases de grupos particulares (sería retroceder 60 años en la historia), que la democracia de la que hace propaganda es una farsa y es un insulto a la inteligencia colectiva de un pueblo que se quitó de encima hace más de 6 décadas el lastre colonial, venir a ponernos ejemplos de cómo funciona en Europa y ¿Estados Unidos? ¿Será que Lopez Levy se hace el ignorante o es cínico?

Tal vez algunos consideremos que es una impostura mostrarse radical frente a tamaña "lealtad”, pero prefiero pensar que su discurso no se escurrió sin resistencias ni contestaciones, por entre las subjetividades de un auditorio expectante, para asentarse como agua estancada, que muy pronto comenzará a oler mal.

Vienen tiempos de una intensa lucha política e ideológica en Cuba, no nos puede quedar la menor duda, aunque los socialdemócratas prefieran presentarla solo en términos de un sano pluralismo. La neocontrarrevolución puede llegar a estar más cerca que la rancia mafia de Miami, aunque sean idénticas sus intenciones.

Posiblemente, van a querer pasearse entre nosotros con cara de "buenos amigos", van a querer estrecharnos la mano mientras les escuchamos los cantos de sirena de una "tercera vía". Nos endulzarán el oído prometiéndonos una socialdemocracia nórdica y satanizando a “los extremos”. Despojarán a Martí de su sentido antimperialista y sentenciarán que el marxismo fue un accidente que nada tiene que ver con la historia y el presente de la nación, mucho menos con su futuro. Es muy posible que seamos testigos de una propaganda comedida sobre un capitalismo no tan salvaje, que va a permitir la justicia social y la soberanía nacional, aunque la imagen completa constituya un sinsentido para quien esté mínimamente informado.

Como apunta Javier Gómez en el texto anteriormente citado:

“No han sido pocos los atraídos, los encandilados, los enamorados. El dinero ha corrido, y las lentejuelas del diseño editorial siempre atraen. La palabrería súper intelectual y ultra academicista siempre envuelve a alguien. Han usado todo tipo de mecanismos defensivos, incluso han aprovechado a quienes honestamente, por la tradición de justicia y libertad propias de la intelectualidad cubana, no coinciden con sus ideas ¨pero defienden su libertad a expresarlas”. 

Si los dejamos, ejercerán una fuerte presión para el cambio de sistema por vías "pacíficas", frente al cansancio que causa oír hablar del bloqueo y que producen las carencias económicas. Habrá gente nuestra dispuesta a sentarse en la silla que nos van a poner, como cuando el hermano Obama.

Si se diera un escenario como ese, los revolucionarios no podremos estar jugando a llevarnos bien con la contrarrevolución, porque nos barren el socialismo, y cuando vayamos a reaccionar, será demasiado tarde.

Habrá quienes nos digan que Lopez Levy se ha declarado en contra del bloqueo económico y ha sido uno de los cubano americanos que han defendido un cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba. Tal vez sería prudente comprender que una cosa es la agenda del estado cubano en la escena diplomática y otra cosa es la política interna y la función de nuestros medios en la actualización del consenso por el socialismo cubano.  

No habrá contemplación, ni medias tintas. El capitalismo al que están proscritos nuestros pueblos jamás ha funcionado con la lógica del respeto a la pluralidad que proclaman, tienen una conciencia de clase monumental, aunque no hablen de ella y pasan por encima de todo lo que se oponga a sus intereses. Esa ha sido la historia, no es otra, ese sigue siendo el presente, no hay otro, por más bien que nos portemos. Siempre habrá una tensión y una confrontación que tendremos que asumir, a no ser que la apuesta sea sacrificar la nación.

Cuando escucho a López Levy, detrás de la mesura con que hace propaganda del capitalismo con aquel tono colonialista que no consigue disimular (tal vez ni se lo proponga), veo multiplicados por cientos los jóvenes negros cubanos muertos en nuestras calles y el discurso "rosa" del anticomunista me parece una perversión. 

Mientras, me quedo pensando si el beneficio de mostrar una sociedad más abierta, esa señal enviada al norte de que somos civilizados y estamos aptos para el diálogo, vale el costo de estarle dando micrófono en nuestros medios a la corriente contrarrevolucionaria que Lopez Levy representa.

Tomado del perfil de Facebook de la autora

¿Ofensiva o “contraofensiva” de Estados Unidos contra Cuba?

Dr. José Ramón Cabañas, Director CIPI.- En conversaciones con vecinos, expertos, jóvenes y siguiendo el hilo de nuestra prensa nacional, es común escuchar la valoración (cierta por demás) de que se ha producido una arremetida brutal de Estados Unidos contra Cuba en los últimos años. Se ha manejado una cantidad de argumentos que hacen innegable tal afirmación, las evidencias están por todas partes.

Sin embargo, sería útil detenerse en una pequeña pregunta al valorar los hechos recientes: ¿es una ofensiva contra nuestro país, o una “contraofensiva”? Y muchos lectores dirán, ¡qué más da, hace el mismo daño! Esa aseveración también es atinada, pero desde el punto político tendría cierta utilidad analizar cuál de los dos conceptos caracteriza mejor lo sucedido, porque la respuesta puede tener implicaciones futuras.

Ya en otras ocasiones se ha hablado de que el nivel de intensidad del enfrentamiento contra Cuba durante los años de Trump no fue constante, registrando sus notas más altas en los últimos doce meses. Hay coincidencias también en cuanto a que el grupo amorfo de funcionarios y oportunistas que rodeó al empresario-mandatario no elaboró una estrategia política detallada contra Cuba, sino que entregó la concepción y conducción de las acciones principales a una secta reducida de politiqueros con un alto componente cubanoamericano.

No obstante, lo que se hacía contra Cuba era un componente que encajaba de forma precisa en el propósito general de borrar de los libros de historia cualquier legado significativo que pudiera haber registrado el gobierno del primer presidente negro de los Estados Unidos, Barack Obama. También guardaba relación con la política de estado consensuada contra la Isla por largo tiempo. Pero hay evidencias de que los retrocesos en el tema cubano no fueron tan marcados entre el 2017 y 2018, como si resultó a partir de la segunda mitad del 2019.

A pesar de que la directiva presidencial sobre Cuba firmada por Trump en junio del 2017 tenía la intención de dejar sin efecto el documento similar refrendado por Obama a finales de su mandato, no cortó de golpe un grupo de tendencias que se venían produciendo y ni siquiera cuestionó los 22 memorandos de entendimiento, que se habían firmado durante el proceso de negociaciones bilaterales.

Uno de los datos más significativos para refrendar esta teoría es que, si bien las facilidades para las conexiones aéreas y por mar entre ambos países se habían creado en años precedentes, fue en el 2017, 2018 y 2019 cuando se registraron los principales volúmenes de viajeros desde Estados Unidos. Las cifras oficiales fueron de 1 001 424, 1 105 801 y 1 001 391, respectivamente. Aunque los totales se dividen casi a la mitad entre viajeros estadounidenses y cubanoamericanos desde ese mercado, en los dos primeros años la mayoría por escaso margen pertenecía al primer grupo.

En sentido contrario, la mayor cantidad de viajes de cubanos residentes en la Isla hacia el exterior (en general) se produjo también en el mismo período, con totales históricos de 889 542, 1 111 374 y 1 307 523, respectivamente. En un entorno que ronda el 80 % en cada caso, se trataba de viajes a Estados Unidos, de los cuales más del 70% de las personas permanecían por períodos de estancia inferiores a los 24 meses, es decir, no emigraban.

¿Qué significaban estas cifras tomadas de conjunto? Pues al menos dos cosas:

1.- Si bien el cambio político relativo respecto a Cuba había sucedido en años precedentes, el movimiento humano como resultado del mismo estaba ocurriendo después, a pesar del barraje de información negativo contra la Isla que ya comenzaba a tener lugar y de la puesta en escena de la novela de los “ataques sónicos”. Al menos el 90% de los estadounidenses que regresaban desde Cuba expresaban que había una diferencia entre la realidad que habían apreciado y la enseñanza recibida en las escuelas, o lo que les llegaba desde el mundo virtual de la prensa y las redes sociales. De ese por ciento también la mayoría regresaba con una visión favorable del país vecino, o de que al menos no habían encontrado ni en los hoteles, ni en las casas particulares, el malecón habanero, o en caminos vecinales el “enemigo” que pretendía atacar la “democracia americana”.

2.- Las cantidades de viajeros cubanoamericanos por su parte cuestionaban en cierta medida el discurso de la contrarrevolución floridana en su emporio natural. Y si hablamos de la calidad de los viajeros, el espectro de los mismos llegó hasta viejos “luchadores anticastristas” sin vínculos terroristas, que vinieron a reencontrarse con su país de origen, con su gente, que reconocieron o no, públicamente o no, que habían estado del lado equivocado de la historia, pero que de alguna manera se reconciliaron consigo mismos y se sintieron mucho más a gusto en un segundo y tercer viaje. Los totales de viajeros de aquí hacia allá, también trasladaban un mensaje similar: soy libre de ir allá (EE UU) disfrutar lo espiritual o material que me guste, pero regreso a donde pertenezco, a pesar de que dicen que “esto está complicado”, en referencia a limitaciones materiales.

Se pueden relacionar otros hechos muy importantes que sucedieron en aquellos mismos años, pero estas cifras que se han mencionado en párrafos precedentes y su impacto social en ambas orillas, estremecieron por primera vez el andamiaje de la “industria del odio” y todo el entramado de financiamiento federal y privado que la ha sostenido en pie por más de 60 años. ¿Cómo vender odio en una circunstancia en que se estaba produciendo un genuino contacto pueblo a pueblo a un nivel impensable e el pasado?, ¿Cómo vender la imagen de la “falta de derechos y libertades”, si los visitantes estadounidenses se felicitaban de que sus hijos tenían una libertad nocturna que no gozaban en sus lugares de residencia en el Norte?.

Aunque se ha mencionado en otros textos, no es ocioso recordar que lo narrado hasta aquí tenía lugar en una escenografía histórica en la que se producía un intercambio cultural inusitado, en el que varias ONGs y grupos privados organizaron los más masivos y extensos recorridos de artistas e intelectuales cubanos por la geografía estadounidense. No solo por Miami, sino por los circuitos verdaderos, que van desde New Orleans, hasta Los Angeles, Chicago, New York y el propio Washington DC. Eran los años en que se aprobaban más de 30 resoluciones de ciudades grandes y pequeñas pidiendo colaboración con Cuba, 11 de ellas en el tema de la salud. En el 2017 Chicago, Illinois, vio coronado su esfuerzo al concretar el primero de estos acuerdos con presencia de expertos cubanos. El propio año (bajo Trump) se firmó y comenzó a funcionar el primer acuerdo conjunto entre dos instituciones (Centro de Inmunología Molecular y Roswell Park Cancer Center) de la industria biofarmacéutica. Eran los años de un intercambio académico y universitario intenso, donde los especialistas estadounidenses llegaron a ser la mayoría de las representaciones extranjeras en eventos y congresos celebrados en Cuba, como sucedió incluso en la conmemoración por los 500 años (noviembre, 2019) de La Habana, cuando el grupo estadounidense fue el más nutrido entre los visitantes. En ese momento se firmó un acuerdo de cooperación entre la ciudad de New Orleans y la capital cubana,

A mediados del 2019, sucedió algo muy apegado a la más pura tradición política estadounidense, se oyó en el Sur de la Florida la voz de “estamos siendo atacados!”, para justificar una reacción radical contra el estado de cosas. La proximidad a la ocurrencia de nuevos comicios electorales en el 2020 hizo suponer a la tribu legislativa de cubanoamericanos que, de no producirse un “cambio fundamental en las circunstancias”, tendrían que abandonar el negocio que le había abierto tantas puertas en sus vidas y empezar a trabajar de forma tangible por primera vez. Si bien después del 2001 la contrarrevolución de origen cubano radicada en Estados Unidos debió abandonar el terrorismo como arma fundamental de su “lucha”, al final de la segunda década del siglo XIX percibían que se quedaban sin instrumentos, ni fundamentos.

El resto de la historia es conocida: cambios en la Oficina del Asesor de Seguridad Nacional, en la Oficina del Director para América Latina del mismo órgano y un acuerdo de un senador de la Florida con un presidente advenedizo: “me entregas completamente la política hacia Cuba y a cambio te protejo las espaldas en el Comité de Inteligencia que presido”. Más o menos por ahí anda la génesis de la mayoría de las 243 medidas contra Cuba que se agolparon en poco tiempo, con premura, sin respetar las sacrosantas consultas interagenciales, sin revisar cuánto de lo que se hacía perjudicaba o no el “interés nacional” de los Estados Unidos.

Había tres prioridades absolutas: “cortar los viajes, cortar los viajes y, adicionalmente, cortar los viajes”, lo cual sucedió “over night” (en una noche), literalmente con pasajeros a bordo en buques, o sobrevolando la Isla.

Además se autorizó mucho dinero, todo el dinero posible, el que se declara en el presupuesto federal y el que está en los acápites secretos, para montar una maquinaria de desinformación sobre Cuba, que borrara todo lo ocurrido, que le cambiara el contenido a cada hecho, que sustituyera los recuerdos de viajeros y anfitriones, de emisores y receptores. Una maquinaria que cambió el Sol brillante por la tempestad y la paz relativa por la rivalidad más desembozada.

El “contrataque” debía ser lo suficientemente masivo para que tuviera el mismo efecto del napalm sobre la piel de Vietnam, pero esta vez sobre la conciencia de la gente común. Y junto a la desinformación masiva medidas más quirúrgicas y puntuales: tocar a la puerta de académicos y periodistas que daban criterios positivos sobre Cuba; desaprobación de créditos a empresarios que habían descubierto en la Isla del Caribe una oportunidad y situar un scanner ideológico en el aeropuerto de Miami para cuanto artista cubano que arribaba, con un gran cartel que decía: “si no repites mi credo político, aquí ni tocas, ni cantas, ni cobras”.

Estas acciones y otras tuvieron por primera vez una dimensión masiva y reiterativa en las redes sociales con un impacto que ciertamente buscaba afectar al público cubano, pero sobre todo a los millones de estadounidenses que ya habían conocido Cuba de primera mano. Una contrarrevolución de rancia tradición racista y homofóbica comenzó a tratar de moverse incluso en los espacios de afrodescendientes y en las comunidades LGTBQ y encontró algunos crédulos.

Por ahí andaban cuando apareció ese actor diminuto que ha hecho temblar a la Humanidad: el SARS-CoV-2. A la altura de febrero o marzo del 2020 había confusión, pero a los pocos días se fue entronizando el pensamiento del que se considera primer mundo económico, pero en realidad es tercero intelectual. Se llegó rápidamente a la conclusión de que Cuba no resistiría, de que habría muertes masivas, que el sistema médico colapsaría, lo cual unido a otras penurias provocadas desde el exterior, llevaría finalmente al ansiado “estallido social”.

Esa fue la versión que le entregaron a Biden en el 2021 los analistas del “estado profundo”, que esta vez aseguraron estar más cerca de la verdad que cuando se le convenció a Kennedy de firmar la proclama del bloqueo en 1962 y a Clinton de aceptar la filosofía de la Ley Torricelli en 1992.

Pero resulta que en el 2022, y parece que la cosa va de 30 años en 30 años, Cuba ha vuelto a resucitar del último zarpazo de una forma inesperada: produciendo cinco vacunas propias contra la COVID19, protegiendo a casi la totalidad de su población, exportando su conocimiento a quienes quieren compartirlo, teniendo una de las tasas más bajas de fallecidos por millón de habitantes, siendo pionera en la inmunización a menores, controlando en buena medida el riesgo de la apertura de las fronteras, mostrando un éxito inusitado frente a lo que se llama la “cuarta ola”, con un orden social adecuado.

Sabemos que los contrataques de realidad virtual continuarán, pero también se seguirán desdibujando los argumentos que se utilizan, como sucedió en el pasado reciente con los “ataques sónicos”, “las tropas en Venezuela”, el “alzamiento generalizado” y en estos días con los “juicios a menores”. Cuba y su gente están bien insertados en una comunidad internacional de la que una parte de Estados Unidos se autoexcluye. No es a la inversa.

http://www.cipi.cu/articuloofensiva-o-contraofensiva-de-estados-unidos-contra-cuba

Más del dinero para la subversión en Cuba

Hace menos de un mes, en septiembre de 2021, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) otorgó 6 millones 669 mil dólares en subvenciones para proyectos destinados a un cambio de régimen en Cuba, eufemismo para evitar decir intervención directa de una potencia extranjera.

La administración demócrata ha favorecido especialmente al Instituto Republicano Internacional (IRI) con una generosidad bipartidista que jamás tuvo Donald Trump. También han recibido espléndidas partidas otros grupos de Florida, Washington y Madrid que han pedido la invasión a la isla y pintan un panorama apocalíptico en La Habana, con lo que aseguran más dinero el próximo año.

Las arcas públicas de Estados Unidos parecen inagotables para la industria anticastrista. En el último año, al menos 54 organizaciones han sido beneficiadas con los programas para Cuba del Departamento de Estado, la National Endowment for Democracy (NED) y la Usaid. Esta agencia ha otorgado en los últimos 20 años a Creative Associates International, una tapadera de la CIA, más de mil 800 millones de dólares para el espionaje, la propaganda y el reclutamiento de agentes de cambio en la isla. Uno de sus proyectos más conocidos, el llamado Twitter cubano o ZunZuneo, resultó en un soberbio fracaso que develó una trama de corrupción y violaciones flagrantes de la ley estadunidense. El ZunZuneo le costó el puesto al director de la Usaid, pero las operaciones de Creative Associates International se mantienen a toda vela, ahora de manera encubierta.

El investigador estadunidense Tracey Eaton, que durante años ha seguido la ruta de estos fondos, comentó en entrevista reciente que muchos de los programas de financiamiento para el cambio de régimen en Cuba son tan furtivos que probablemente jamás sabremos quiénes son todos los destinatarios ni el monto total, y a juzgar por los milloncejos conocidos, la subvención debe alcanzar una cifra faraónica. Las estrategias de construcción de la democracia se consideran secretos de oficio y están exentas de divulgación en virtud de la Ley de Libertad de Información estadunidense, según cartas que Eaton ha recibido del Departamento de Estado y de la Usaid. 

Leer artículo original en La Jornada de México

El gobierno de EE.UU. insiste en fomentar la violencia para conseguir el “cambio de régimen” en Cuba

Atilio Boron.─ Washington ha escalado las iniciativas tendientes a fomentar “protestas espontáneas” contra el gobierno de la Revolución Cubana. Para tal efecto han movilizado ingentes recursos económicos para financiar a los revoltosos, retribuyéndolos generosamente por sus campañas de mentiras y sus violentas intervenciones callejeras. Esta táctica no es nueva. Lo mismo se hizo con la “oposición” a los gobiernos de Libia e Irak, culminando con el linchamiento de Muammar el Gadafi y la aprehensión, juicio y ejecución de Saddam el Hussein.

Poco después repitieron la táctica en Siria, introduciendo en ese país a los sanguinarios fanáticos del ISIS como defensores de la democracia y los derechos humanos. Estos bárbaros y los drones de Barack Obama destruyeron medio país, pero fueron derrotados. Más tarde Washington volvió a la carga en Ucrania, en febrero de 2014, cuando matones neonazis apoyados in situ por la señora Victoria Nuland  -subsecretaria de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos de la Administración Obama- destituyeron al gobierno de Víktor Yanukóvich, electo con el 52 % de los votos en el 2010. En todos estos casos los hampones fueron presentados como valientes defensores de la democracia y los derechos humanos. Lo mismo habían hecho antes al proteger a la “contra” nicaragüense en los años ochenta, aun cuando para que ello fuera posible el coronel Oliver North tuviera que organizar, desde la Casa Blanca, una red dedicada al narcotráfico y a la compraventa ilegal de armas. 

En el caso cubano hace tiempo que vienen haciendo lo mismo: más allá de los razonables y legítimos reclamos provocados por  las terribles privaciones causadas por el bloqueo, Washington y la mafia de Miami han venido reclutando toda clase de gente para montar un gran show el próximo 15 de noviembre. En ese sentido, los incidentes del 11 de julio fueron una especie de ensayo y ahora esperan escenificar la obra a lo largo de toda Cuba. La lente de los grandes medios de comunicación estará puesta en quienes salgan a la calle a provocar toda suerte de destrozos; sus perpetradores serán presentados ante los ojos de la opinión pública como pacíficos ciudadanos privados de la libertad de expresión y de su derecho a peticionar a las autoridades, y las fuerzas responsables de evitar o controlar esos desmanes como ejecutores de un siniestro plan de represión de las libertades públicas. No importa las tropelías que esta “disidencia” cometa: el sicariato comunicacional les garantiza una completa y edulcorada cobertura mediática merced a la cual los émulos locales de las hordas que asaltaron al Capitolio en Washington el pasado 6 de enero aparecerán ante los ojos de la opinión pública como valientes “combatientes por la libertad”. 

Ambas cosas: el alquiler y/o la invención de opositores y su respaldo político y mediático han sido ensayadas en numerosas ocasiones por el gobierno de Estados Unidos en Cuba. Fracasaron siempre, y volverán a fracasar. La Revolución Cubana sabe que no puede bajar la guardia ni un segundo, y que al imperialismo (y a sus voceros neocoloniales en Latinoamérica y el Caribe) no se les puede creer “ni un tantico así, ¡nada!”, como aconsejara el Che. Biden, los hechos lo demuestran, es lo mismo que Trump, o tal vez peor teniendo en cuenta otros antecedentes.

Por eso, para profundizar en esto estos temas recomiendo muy enfáticamente la lectura del discurso de ayer, domingo 24 de octubre, del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez. 

https://islamiacu.blogspot.com/2021/10/diaz-canel-la-decision-es-de-lucha-y.html

Lo que no pueden solicitar los "pacifistas" tarifados

Norelys Morales Aguilera.─ Basta pasar por los perfiles en Facebook de los "pacifistas" tarifados que promueven una "marcha por el cambio" en Cuba y la embajada USA en La Habana, para darse cuenta de sus pretensiones. Basta saber quiénes apoyan desde Miami la supuesta insurrección popular para que no quede dudas de la acción del negocio de la contrarrevolución que incluye a los mafiosos miamenses y a los terroristas devenidos "pacifistas" para provocar el caos y la intervención de EE.UU. como un tal Orlando Gutiérrez Boronat.

Frases engañosas sobran. Para caza bobos son sus demandas: "Exigir que se respeten todos los derechos de todos los cubanos. Exigir la liberación de los presos políticos. Que se solucionen nuestras diferencias por vías democráticas y pacíficas." Hablan de libertad, en contra de la libertad y hablan del pueblo en contra del pueblo, se lee en Twitter.

De ahí que, los "pacifistas" tarifados no pueden solicitar la eliminación del bloqueo de EE.UU. a la Isla como demanda en pleno la Asamblea General de la ONU todos los años, millones de personas solidarias y miles de cubanos residentes en el extranjero. Tampoco pueden hablar del pueblo, pueblo que trabaja sin denuedo para salir de la crisis económica y de la pandemia. Ninguno de acá o acullá mencionará la pelea cubana exitosa para inmunizar a toda una población y en particular sus niños y menos que la Isla se podrá abrir al turismo, que beneficia a muchos.  

Entonces unánimes, como la prensa corrompida que los cobija, cacarean el manido recurso de la dictadura, pero "No puede autorizarse una manifestación o marcha de protesta cuyo fin ostensible sea conducir tarde o temprano al derrocamiento del gobierno, menos aun cuando se promueve al servicio de EEUU." (Fernández de Cossio). No existe derecho constitucional para servir de instrumento del imperialismo para un "cambio de régimen" que es ni más ni menos derrocar al gobierno revolucionario e instalar una neocolonia de corte neoliberal. 

La verdad está dicha y decirla es un acto revolucionario, como sentenciara George Orwell. Los que mienten de antemano están fracasados frente a la Revolución. No pueden robarse el derecho a la verdad. 

Estados Unidos quiere crear un "Guaidó" cubano

Bruno Antonio.─ En una declaración publicada a principios de junio en varios sitios web especializados en brindar información sobre proyectos u oportunidades de subvención por parte del Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental ofrece financiamiento para "líderes cubanos emergentes dentro de la sociedad civil".

El objetivo de este proyecto es proporcionar recursos para que los líderes cubanos se establezcan profesionalmente y se involucren activamente en "derechos humanos y prácticas democráticas en Cuba". El documento proporciona una financiación de más de un millón de dólares para un grupo de aproximadamente 40 jóvenes entre las edades de 20 y 35 años.

Afirma analista que Cuba es el verdadero objetivo de Trump, no Venezuela

Norelys Morales Aguilera.─ La mayoría de la gente piensa que la presión diplomática y económica del presidente venezolano, Nicolás Maduro, tiene que ver con ese país y su revolución bolivariana. Pero, en esencia, tiene más que ver con un cambio de régimen convincente en La Habana, de acuerdo con Peter McKenna, profesor y director de ciencias políticas en la Universidad de Prince Edward Island en Charlottetown.

NED: $ 4.6 millones para "cambio de régimen" en Cuba

Tracey Eaton.─ La National Endowment for Democracy (NED) informa que gastó $4,643,525 en subvenciones para Cuba en 2018. Un aumento del 22% en comparación con los $3,814,328 reportados en el 2017.

Los principales beneficiarios en 2018 fueron el Directorio Democrático Cubano con $650,000; el Grupo Internacional para Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, $230,000; y Cubanet News Inc., $220,000.

El caso KAS y los intentos de "cambio de régimen" en Cuba operando desde México

Norelys Morales Aguilera.─ En el supuesto de que planes, dinero, bloqueo y agentes imperiales lograran derribar a la Revolución cubana, no habría medio corporativo capaz de un análisis serio, que indicara que fuera de la Isla se han gestado infinidad de programas subversivos con un ejército subrepticio de ejecutores, y serían maximizados lo que hoy vemos como matrices mediáticas de guerra sucia y psicológica con expresión en la "dictadura" isleña, la incapacidad del socialismo para la democracias y todas las supercherías con que a diario es bombardeado todo tipo de público. En síntesis, como tantas veces se vio, la víctima sería la victimaria.

Los aspectos clave de la revolución de colores en curso en Nicaragua

vándalos protestas cambio de régimen
William Serafino (Misión Verdad).─ Ya son varios días de manifestaciones violentas en la nación centroamericana. Tanto el perfil del mensaje político como el comportamiento de los medios, además del empleo de métodos insurreccionales de protesta y por la propia historia de un país ocupado e intervenido por Estados Unidos en distintas oportunidades, indican que estamos en la presencia de un nuevo intento de cambio de régimen bajo el formato de revolución de colores. Con respecto a los objetivos y su pragmática global, nada nuevo. Socavar la paz de Nicaragua y fabricar las condiciones internas para una etapa de acoso geopolítico, se dibujan como los propósitos inmediatos de la operación.

Millones contra Cuba en 2015 de los fondos por Ley General de Consignaciones Presupuestarias de EEUU

Descargar documento
Tracey Eaton.-- Los líderes del Congreso de EEUU aprobaron el martes 1,014 billones de dólares para los gastos del año fiscal 2015, que termina el 30 de septiembre de 2016 (ver informe con 1.067 páginas).

Los legisladores deslizaron cientos de los llamados “anexos” en el proyecto de Ley, es decir las instrucciones políticas que designan el modo en que las agencias federales gastarán el dinero. Algunos de los anexos tienen que ver con Cuba.

El proyecto Proyecto de Ley Omnibus de Asignaciones Consolidadas Suplementarias y de Emergencia de Estados Unidos, de ser aprobado por la Cámara y el Senado, autorizaría los gastos siguientes: