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Rubio y la semántica del terror

Carlos Fazio.—El 4 de julio, durante su discurso por los 250 años de la independencia de Estados Unidos, Donald Trump desempolvó el cuco del comunismo. En él mezcló asuntos patrióticos con advertencias políticas y repitió alertas enunciadas ante sus bases conservadoras de MAGA sobre el peligro “rojo” que amenaza el tradicional estilo de vida de la nación “elegida” por Dios.

Dijo: “Son esos comunistas ateos”. “Esta es la amenaza más seria para la existencia de nuestro país.” 

Doce días después, su secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, complementó el guion. Al inaugurar la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, retrotrajo el presente a la era del comunismo hirsuto, el macartismo y la guerra fría.

Con una retórica plagada de falsedades, basada en hechos descontextualizados y cifras sin verificar, convirtió a lo que llamó “izquierda radical” (marxistas, comunistas, socialistas, anarquistas, anticapitalistas, antimperialistas, antifascistas, demócratas centristas, categorías todas funcionales a la agenda de la ultraderecha trumpista) en un “enemigo” esencialmente violento y ajeno a la “civilización occidental”. La omisión del terrorismo de derecha no es un detalle. Es el corazón del dispositivo.

Rubio, quien desde sus inicios políticos mamó de la ubre del terrorismo gansteril y la industria de la contrarrevolución en la llamada República de Miami, dijo que la izquierda radical representa “la rebelión de los peores contra los mejores y de los débiles y cobardes contra los fuertes y buenos”, una evidente matriz fascista que divide a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores, que subordina los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente y preconiza la eliminación de quienes son presentados como obstáculos.

Como señaló un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate, el paralelo de su discurso con la doctrina de Mussolini es explícito: el Duce defendió la “desigualdad inmutable, beneficiosa y fecunda de la humanidad”; la semejanza retórica permite identificar un esquema jerárquico y deshumanizador característico del fascismo.

Seguidamente, Rubio afirmó: “Ha llegado el momento de aplastar este mal para siempre”. Esa trampa semántica, encarnada en lo que denominó “terrorismo político de extrema izquierda trasnacional”, reivindica otra matriz fascista que convierte a un campo político heterogéneo en un “mal” existencial a exterminar, y donde la violencia cumple una función purificadora o redentora contra quienes se consideran “obstáculos”.

Lo que remite a Adolfo Hitler, cuando dijo: “Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”. 

En el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional −con su “Doctrina Donroe”, que combina seguridad nacional y militarización, guerra contra el “narcoterrorismo” y competencia con otras potencias globales extrarregionales− y de la Estrategia contra el Terrorismo, y en una coyuntura en que Estados Unidos bombardea e invade Venezuela y secuestra al presidente Nicolás Maduro, mientras lleva a cabo un desembozado injerencismo para imponer gobiernos cipayos (la libertad económica como servidumbre política) en América Latina (Noboa, Milei, Asfura, Kast, Fujimori, Bolsonaro), no parece baladí que Rubio se lamentara de que “incluso ahora, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza grave se trata como un delirio de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”. Y en un falaz intento homologativo justificador, mencionó la lucha armada de los tupamaros, los montoneros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso en los años 60 y 70 del siglo XX, con las luchas de resistencia actuales.

Ese argumento oscurantista, falsificador y embaucador, basado en una visión discrecional y maniquea increíblemente simplista que alude a la lucha de las fuerzas del mal contra las fuerzas del bien (hegemonizadas por Estados Unidos, con su vena ideológica que impulsa un colonialismo de nuevo cuño), persigue fines propagandísticos adoctrinadores que invitan, explícitamente, a un alineamiento con Washington en términos de lealtad y subordinación o, en su defecto, resignarse a ser blanco de acciones de coacción y desestabilización como en otras fases de la historia.

Si bien se trata de una estrategia de persecución ideológica que banaliza la categoría terrorismo como herramienta de terror y disciplinamiento interno de cara a las elecciones de noviembre próximo, la “semántica del terror” (Chomsky y Herman dixit, 1979) esbozada por Rubio remite, en su proyección exterior, a sangrientos episodios del pasado como el Plan Cóndor −la alianza clandestina de las dictaduras del Cono Sur con la asesoría y complicidad de Estados Unidos para el exterminio de la disidencia política mediante la práctica de la tortura, las ejecuciones sumarias extrajudiciales y la desaparición forzada−, la guerra de Vietnam y el uso de los campesinos de Indochina como conejillos de Indias para una tecnología militar entonces en desarrollo; hoy, el genocidio y la limpieza étnica en Gaza, el bloqueo criminal y el castigo colectivo contra Cuba o el asesinato de niñas y los ataques contra la población civil y la infraestructura crítica de Irán.

Como señala Chomsky, “el terrorismo no es el arma de los débiles, es el arma de los que están contra nosotros” (Estados Unidos). La palabra terrorismo es aplicada siempre contra el terrorismo del otro, mientras el propio es encubierto mediante eufemismos. Invariablemente, hoy como ayer, el buró político del terrorismo internacional opera desde el cuarto de guerra de la Casa Blanca. Y su enunciación, por Rubio, ahora, sigue siendo una forma disfrazada de apología del terror trumpista y el fascismo cliente. 

Venezuela ante el cambio: ¿Podrá la gestión de Delcy Rodríguez mejorar la vida?

Foto Getty
David Fonseca*.- El panorama político de Venezuela ha experimentado una reconfiguración sustancial en los últimos tiempos, alejándose de la polarización estancada que caracterizó años anteriores para moverse hacia una nueva realidad donde la pragmática geopolítica marcan el paso. En este contexto, se observa con claridad el ascenso de Delcy Rodríguez como la figura central de la administración gubernamental. La administración de Donald Trump, adoptando un enfoque de “política real”, ha entablado vías de diálogo directo con la Vicepresidente Ejecutiva, consciente de que cualquier solución para el país debe pasar por el consenso con el Estado venezolano legítimo.

Este giro en la estrategia de Washington ha dejado a los sectores opositores más radicales en una posición de virtual desconexión con respecto a la toma de decisiones. La antigua aspiración de un cambio de gobierno forzado desde el exterior se ha desvanecido ante la evidencia de que los aspectos políticos, económicos y sociales se deciden en Caracas, con la participación activa y protagónica del oficialismo. La oposición, que una vez tuvo protagonismo en las calles, ahora se encuentra fuera de la carretera principal del destino nacional, observando cómo los grandes acuerdos y las definiciones del futuro se discuten entre Miraflores y la Casa Blanca, sin necesidad de intermediarios que carecen de peso electoral o territorial. 

Desde el exilio, la respuesta de los sectores radicales ha sido la de consolidar sus fuerzas en territorios extranjeros, una maniobra que, a la luz de los acontecimientos, parece más una retirada que una estrategia. María Corina Machado mantiene su rol de interlocutora pública, apelando a las emociones de una base de seguidores que espera cambios inminentes, mientras que Edmundo González se dedica a la elaboración de estrategias teóricas sobre el desarrollo del país. Sin embargo, estos esfuerzos de planificación y discurso chocan con una realidad ineludible: Washington ya ha apostado por Delcy Rodríguez como el poder legítimo

Recientemente, el analista estadounidense Geoff Ramsey, especialista en política latinoamericana, señaló que no parece una coincidencia que el presidente Donald Trump no mencionara a María Corina Machado durante su discurso del State of the Union 2026. Eso confirma nuevamente que los líderes opositores ya no se consideran como poder real de Venezuela.

No obstante, este acercamiento entre Caracas y Washington no está exento de complejidades y críticas. Para los sectores más duros del chavismo y para aquellos que observan con recelo el imperialismo, las visitas de funcionarios estadounidenses a Venezuela son vistas como un paso negativo, una concesión peligrosa que podría minar la soberanía conquistada. Claro que los venezolanos no estamos acostumbrados a tales visitas de amistad y para la mayoría es una catástrofe nacional.

Sin embargo, en un análisis desapasionado, estas gestiones constituyen la única posibilidad táctica viable. Para Delcy Rodríguez, recibir a estas delegaciones no significa sumisión, sino la oportunidad de conocer de primera mano el estado real del presidente Nicolás Maduro y, crucialmente, abrir espacios de negociación sobre su posible libertad y garantías jurídicas. Es una jugada de ajedrez diplomático donde el contacto directo permite desactivar amenazas mayores y obtener certezas en un entorno de incertidumbre. 

En la hora más crítica de nuestra patria, tras el secuestro del Presidente legítimo, Delcy Rodríguez asume el timón del poder en tiempos indudablemente difíciles, emergiendo como la figura de autoridad necesaria para llenar el vacío de poder y garantizar la continuidad institucional. Su asunción no ha sido un acto de simple sucesión burocrática, sino una auténtica prueba de fuego para nuestro poder colectivo, marcada por la presión internacional. En este escenario, intenta consolidar fuerzas mientras adapta su gabinete a las nuevas realidades, consciente de que la vuelta de Maduro no es un proceso rápido. 

Su gestión actual se perfila como el dique de contención que ha logrado evitar una intervención completa por parte de los Estados Unidos y, lo que es más grave aún, ha frenado las posibilidades de una guerra civil que sectores extremistas anhelaban como salida, demostrando así que la estructura revolucionaria se sostiene firme incluso ante el ataque a sus principales figuras. La estabilidad institucional que hoy se exhibe es el primer paso para la recuperación y la demostración soberana de que el liderazgo es un principio de organización. Sin embargo, la incógnita persiste en el aire: ¿Podrá Delcy Rodríguez afrontar los inmensos retos políticos y económicos que se avecinan? La tarea ahora es calmar las aguas internas y revertir el deterioro productivo, traduciendo la resistencia política en bienestar concreto para el pueblo. 

/Publicado por cortesía del autor con este blog y no es una opinión editorial del sitio.

(*) Periodista venezolano

Todo indica que la política exterior de EE.UU. sobre Cuba se decide en Florida

Misión Verdad.- Cuba atraviesa una de las crisis más graves de las últimas décadas. La escasez de combustible, el colapso del sistema eléctrico y el deterioro acelerado de las condiciones de vida se producen en un contexto de presión económica creciente por parte de Estados Unidos, marcada por sanciones, amenazas de aranceles secundarios y un cerco energético que ha reducido drásticamente las posibilidades de abastecimiento de la isla. La situación ha reactivado el debate sobre la política de Washington hacia La Habana.

En ese marco, el presidente Donald Trump ha afirmado públicamente que existen conversaciones en curso con altos funcionarios cubanos, presentándose como un actor dispuesto a explorar una salida negociada al actual impasse. Desde La Habana, el gobierno cubano ha reiterado en múltiples ocasiones su disposición a dialogar sobre una amplia gama de temas, siempre que las conversaciones se desarrollen sin presiones ni precondiciones y sobre la base del respeto a la soberanía.

Sin embargo, una investigación periodística y exclusiva publicada por Drop Site News desmonta esa narrativa. De acuerdo con fuentes cubanas y estadounidenses citadas por el medio, no existen ni han existido negociaciones de alto nivel entre Washington y La Habana. Las supuestas conversaciones a las que alude Trump serían, en realidad, una ficción construida desde el propio Departamento de Estado. Según el reportaje, el presidente estaría siendo deliberadamente desinformado sobre el estado real de los contactos con Cuba, parte de una estrategia interna para bloquear cualquier avance diplomático.

La investigación señala que el secretario de Estado, Marco Rubio, es el principal operador de esta maniobra para ganar tiempo, fabricar el relato de un diálogo fallido y, llegado el momento, justificar una política de endurecimiento aún mayor.

La ficción diplomática

Según el artículo de Drop Site News, un elemento clave para entender la política de Washington hacia Cuba en el actual gobierno de Donald Trump es la existencia de una diplomacia paralela operada desde el propio Departamento de Estado.

Este mecanismo cumple una función precisa. Permite simular un intento de negociación destinado al fracaso, de modo que, una vez agotada esa vía ficticia, pueda argumentarse que la intransigencia cubana dejó como única opción una política de "máxima presión". La maniobra no solo bloquea cualquier acercamiento real, sino que preserva a Rubio frente a un dilema político interno: firmar o facilitar un acuerdo con el gobierno cubano significaría traicionar a la base que sostiene su poder político.

La política hacia Cuba está condicionada por una constelación de intereses electorales, ideológicos y financieros asentados en el sur de Florida, capaces de castigar políticamente a cualquier figura republicana que se aparte de una línea dura contra La Habana. Rubio representa a esa base y actúa como su garante dentro del aparato ejecutivo.

Las declaraciones públicas de Trump muestran que el presidente no percibe a Cuba como un enemigo ideológico central. Fuentes citadas por Drop Site señalan que su interés se orienta más hacia oportunidades económicas y control migratorio que hacia un cambio de régimen en la isla. Esa diferencia de enfoque explica por qué el bloqueo interno resulta necesario. Rubio no puede oponerse abiertamente al presidente sin pagar costos políticos inmediatos, pero sí puede condicionar la información que recibe y administrar los tiempos de la diplomacia.

La dinámica no es nueva. Durante años, la política estadounidense hacia Cuba ha estado atravesada por un sistema de intermediación donde actores del exilio cubanoamericano han ejercido una influencia desproporcionada. Lo que distingue el momento actual es el grado de autonomía con el que esa lógica opera dentro del Ejecutivo.

El veto de Miami

Buena parte de la conducta de Marco Rubio en política exterior no puede entenderse únicamente como una expresión ideológica personal ni como una extensión mecánica de la agenda de Donald Trump. Responde, ante todo, a un veto político estructural asentado en el sur de Florida, donde el anticastrismo más radical funciona en calidad de factor de disciplinamiento interno dentro del Partido Republicano y constituye un límite infranqueable para cualquier intento de negociación con La Habana.

Ese veto explica por qué Rubio está dispuesto a operar incluso contra el propio presidente. En ese esquema, cualquier acercamiento real con el gobierno cubano supondría para él una ruptura con la base que sostiene su poder político, financiero y electoral.

Rubio construyó su carrera desde Florida articulando una identidad política inseparable del anticastrismo militante. Desde sus primeros cargos locales hasta su proyección nacional, el tema cubano es un eje estructurante de su discurso, convirtiéndose en un mecanismo de acumulación de poder dentro de una comunidad política altamente organizada, movilizada y con capacidad de castigo electoral.

Este posicionamiento le permitió consolidarse como portavoz privilegiado de los sectores más duros del exilio cubanoamericano, al tiempo que lo proyectó como operador clave en la agenda hemisférica de Washington. La consecuencia directa es una política exterior rígida, donde el margen de maniobra presidencial queda subordinado a los equilibrios internos de Florida.

Ese perfil ideológico se encuentra respaldado por estructuras materiales concretas. Tal como documentan investigaciones previas de nuestra tribuna, el ascenso de Rubio ha estado acompañado por lobbies empresariales y sectoriales con intereses bien definidos, entre ellos la industria carcelaria privada, desarrolladores inmobiliarios de Florida y grupos de presión proisraelíes.

El vínculo con empresas como GEO Group, altamente beneficiadas por políticas de criminalización migratoria y expansión del sistema de detención, refuerza una agenda securitaria donde la coerción estatal se traduce en rentabilidad económica. En este entramado, el discurso de "mano dura" hacia Cuba, Venezuela o la migración es funcional a intereses corporativos que financian y sostienen su carrera.

Más delicado aún es el ecosistema político que rodea a Rubio en el sur de Florida. El senador ha recibido respaldo explícito de organizaciones y figuras históricamente vinculadas a la violencia política y al terrorismo contra Cuba.

Entre ellas destaca la Brigada 2506, organización directamente asociada a la invasión de Bahía de Cochinos, referente simbólico y político del anticastrismo más extremo. A ese entramado se suman personajes como Orlando Gutiérrez-Boronat, dirigente que ha llamado reiteradamente a la intervención militar estadounidense en Cuba, y Luis Posada Carriles, responsable de múltiples acciones terroristas, incluida la voladura de un avión civil con 73 personas a bordo, fallecido en Miami sin rendir cuentas ante la justicia estadounidense.

El silencio institucional y mediático frente a estos respaldos revela hasta qué punto el control político del anticastrismo radical en Florida es capaz de condicionar a gobiernos, partidos y medios.

Desde esta perspectiva, el comportamiento del secretario de Estado frente a Cuba —y su disposición a sabotear cualquier vía de negociación— es la expresión coherente de un poder local que proyecta su influencia sobre la política exterior de Estados Unidos. Un poder que, en palabras del periodista cubano Iroel Sánchez, explica por qué en Washington no hay simple cautela frente al exilio de Miami, sino temor.

Política exterior capturada y consecuencias regionales

El caso cubano funciona como un laboratorio donde se observa un patrón más amplio: la captura de decisiones estratégicas por actores capaces de operar por encima del presidente y de las instituciones formales del Estado, precisamente por responder a intereses corporativos de mayor peso. Marco Rubio es una de las expresiones más acabadas de ese sistema.

Esto se replica en otros frentes. La obsesión de Rubio con el cambio de régimen no se limita a La Habana. Venezuela es un segundo eje permanente, donde la presión económica, la criminalización de la migración y la militarización discursiva cumplen funciones similares. Su capacidad para bloquear negociaciones, condicionar información y forzar escenarios de confrontación muestra hasta qué punto Estados Unidos admite y normaliza este tipo de prácticas.

Lo que confirma este caso es una arquitectura de poder donde la simulación diplomática, por un lado, y las medidas de asfixia económica, por el otro, se integran como herramientas habituales. En ese marco, la pregunta ya no es si habrá negociaciones con Cuba, sino quién decide realmente que no las haya. Y la respuesta deriva sobre Miami y sus alrededores.

Redes Sociales: lógicas del poder político y del poder tecnológico.

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Sabemos que la propaganda en la comunicación toma mayor relevancia en tiempos electorales, en esa competencia feroz por el voto de los electores, pero te has preguntado ¿Cuánto vale dicha atención? La respuesta ya no se mide únicamente en papeletas ni en encuestas, sino en clics, en segundos de permanencia frente a una pantalla y en la capacidad de un algoritmo para amplificar un mensaje. En el corazón de cada campaña política, la atención se ha convertido en la mercancía más codiciada: allí se juegan pautas millonarias, las fake news se multiplican como armas de desinformación y la violencia digital opera como dispositivo de disciplinamiento social. En esta nueva fase del capitalismo virtual, digital y financiero, el escenario electoral se libra, en gran parte, dentro de las redes sociales: un espacio donde lo objetivo y lo subjetivo se confunden, hasta el punto de borrar las fronteras entre lo público y lo privado, mientras se manejan lógicas de fragmentación profunda de la sociedad hacia lo individual, hacia el aislamiento.

Reflexionaremos en ese territorio complejo en el que se cruzan las lógicas del poder político con las del poder tecnológico. Examinaremos cómo las grandes plataformas, mientras se presentan como neutrales, concentran riqueza y definen qué voces se amplifican y cuáles se silencian mediante arquitecturas algorítmicas, políticas de moderación y modelos de negocio basados en datos. Está claro que la democracia queda atravesada por estrategias que van del uso intensivo de anuncios pagados y la microsegmentación a la producción sistemática de noticias falsas, con efectos directos sobre la opinión pública y el rumbo de las sociedades. La campaña se programa como una operación de marketing: pruebas A/B, audiencias similares, subastas en tiempo real y métricas comerciales que convierten la atención en la unidad básica de valor político.

De allí la pregunta inevitable que guía este estudio: si las campañas se financian en dólares, los discursos se programan con algoritmos y la atención se mide en dashboards (cuadros de mando), ¿quién gana realmente las elecciones del mundo? ¿Los pueblos que eligen o las corporaciones tecnológicas que ya dominan el terreno donde esas elecciones se deciden? Este informe propone recorrer esa zona de tensiones —entre la promesa democrática y la economía de la atención— para comprender cómo se disputa hoy el poder en la esfera pública digital y qué horizontes se abren (o se clausuran) para la vida democrática.

Informe realizado por NODAL

https://x.com/norelysmorales

https://www.facebook.com/norelys.ma.3/


"Fact checking" de Mike Hammer de visita en Miami [+ video]

Aquí un análisis casi  exhaustivo de las principales mentiras, medias verdades e inconsistencias en la conferencia de prensa ofrecida por Mike Hammer, jefe de misión de la Embajada de EE.UU. en Cuba, el 22 de mayo de 2025 en Miami, (con aires de interventor) con énfasis en los siguientes elementos:
1. Falsedades y medias verdades en el diagnóstico económico
"La revolución ha fracasado. No hay electricidad, escasez de combustible, alimentos y medicamentos. Y esto no tiene nada que ver con ninguna política de los Estados Unidos."
• Falso!!!: Las medidas coercitivas unilaterales de EE.UU. contra Cuba —conocidas como el bloqueo— tienen un impacto directo y severo sobre el acceso a financiamiento, tecnología, insumos y medicamentos, y son reconocidas incluso por la ONU como el  obstáculo principal al desarrollo cubano.
• Omisión deliberada: No menciona que el bloqueo prohíbe operaciones bancarias internacionales con Cuba, penaliza a barcos que atraquen en puertos cubanos, y obstaculiza la compra de combustibles entre otras cientos de medidas coercitivas adicionales para desestabilizar a Cuba y dominarla 
• Manipulación: Aunque es cierto que hay crisis económica, culpar exclusivamente al gobierno cubano es una simplificación que ignora la guerra económica financiera y comercial  multidimensional impuesta desde Washington hace más de 6 décadas 
2. Manipulación política e intento de blanqueo de injerencia
"Salgo a reunirme con el pueblo como hacía en otros países. No hay nada en la Convención de Viena que lo impida."
• Engañoso: La Convención de Viena prohíbe expresamente la injerencia en asuntos internos del país receptor (Art. 41), lo que incluye contactos sistemáticos con la oposición o apoyo a actores desestabilizadores.
• Hipocresía evidente: Si un diplomático cubano hiciera giras similares en EE.UU., con acciones de intervención en los asuntos internos reuniéndose con personas y grupos para incitarles a violar leyes o atentar vs  gobierno de Biden o de Trump , sería declarado persona non grata y expulsado. Nuestros diplomáticos trabajan cada día para promover mejores relaciones entre los dos países.
• Mentira implícita: Afirmar que esos encuentros son “con cualquier persona” y “sin injerencia” encubre una estrategia de desestabilización blanda habitual en operaciones de cambio de régimen.
3. Blanqueo de figuras desestabilizadoras
“Visito a artistas, jóvenes y  familiares de los llamados por ellos "presos políticos...” ( personas a las que han incentivado a violar la ley) 
Manipulación discursiva: Se presenta a figuras financiadas directa o indirectamente por EE.UU. como víctimas del “régimen”, ocultando que han llamado abiertamente a la subversión, el sabotaje o actos violentos.
• Mentira por omisión: No reconoce que varias de estas figuras tienen historial penal anterior o han cometido delitos tipificados incluso fuera del ámbito político.
4. Mentira flagrante sobre el bloqueo
“El embargo permite alimentos y medicinas.”
• Falso en la práctica: Aunque hay excepciones legales, el sistema de licencias, persecución financiera y miedo a sanciones secundarias impide que bancos, navieras o empresas vendan libremente a Cuba, incluso alimentos o medicinas.
• Cínico: Minimiza los efectos de una política coercitiva que incluye sanciones a terceros países, persecución de transacciones y asfixia energética.
5. Inconsistencia diplomática y propaganda
“La política de la administración Trump está clara: política dura contra el régimen, apoyo al pueblo.”
• Contradicción peligrosa: El “apoyo al pueblo” incluye sanciones que amenazan el sustento de la población y que provocan y agravan las angustias cotidianas del pueblo cubano con fines políticos.
• Falsedad retórica: No existe tal “apoyo al pueblo” cuando se bloquean remesas, viajes, se cierran consulados, se dificulta la reunificación familiar y se criminaliza el comercio con Cuba.
6. Fomento de la migración irregular
“Todos los cubanos me dicen que quieren venir a EE.UU., aman nuestra cultura.”
• Narrativa interesada: Exagera la percepción migratoria como si fuera deseo generalizado, en lugar del resultado de una crisis inducida por las medidas de asfixia y desinformación de EEUU.
• Estrategia de atracción selectiva: EE.UU. ha fomentado activamente la migración para erosionar el proyecto socialista, generando la fuga de talentos y presionando al sistema político.
7. Hipocresía en el tema de la prensa
“En Cuba no hay libertad de prensa, los medios independientes dicen la verdad.”
• Manipulación grosera: Muchos de los “medios independientes” son financiados directamente por EE.UU. o sus agencias como la NED y USAID, lo que los convierte en extensiones de la política exterior estadounidense, no en prensa libre. Recientemente a todos los volvieron a conectar al financiamiento de la USAID y la NED. Solo la NED recibió 6,6 millones para proyectos contra Cuba la cifra más alta en la región.
• Silencio sobre represión en EE.UU.: No menciona la represión y censura hacia medios progresistas o pro-Cuba en plataformas digitales y medios tradicionales estadounidenses.
Conclusión:
La intervención de Mike Hammer no fue una rueda de prensa neutral, sino una operación política comunicacional  cuidadosamente diseñada para:
• Instalar un discurso de Estado fallido sobre Cuba,
• Legitimar la injerencia diplomática como “solidaridad”,
• Blanquear las sanciones de EE.UU. y desresponsabilizarse del bloqueo recrudecido desde el 20 de enero 
• Reforzar figuras de la contrarrevolución financiada por Washington como portavoces legítimos,
• Posicionar a la administración Trump y a Marco Rubio como “aliados del pueblo cubano”.
Todo ello bajo un marco propagandístico que desconoce los principios básicos del derecho internacional y el respeto a la soberanía. (Johana Tablada, diplomática cubana)

¿Dónde están hoy las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

Luis De Jesus Reyes .─ Corresponsal de Claridad. La Habana, Cuba-El próximo 20 de enero se cumplen dos años desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Joe Biden y las relaciones entre Estados Unidos y Cuba parecieran estar en una especie de limbo.

El líder Demócrata, quien durante su campaña electoral encantó a los sectores cubanoamericanos con la promesa de revertir las políticas de su antecesor Donald Trump hacia Cuba, apenas ha dado señales de moverse en esa dirección.

Si bien algunas acciones recientes de Washington pudieran ser tomadas como un preámbulo de una nueva relación con la isla, las autoridades cubanas se muestran escépticas ante un gobierno que hasta ahora no ha honrado su palabra en las relaciones bilaterales.

CLARIDAD conversó en exclusiva con el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos F. de Cossío, para conocer dónde se encuentran hoy las relaciones entre ambos países.

A continuación, compartimos nuestra extensa entrevista con el diplomático cubano, en la que abordamos desde el tema del bloqueo y las sanciones contra la isla, hasta la llegada de nuevos gobiernos progresistas en la región, los intentos de golpe de estado de la derecha y la guerra en Ucrania.

Tras un histórico acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos en 2015, que parecía haber dejado atrás la política de hostilidad hacia la isla, el presidente Donald Trump torpedeó el proceso y revirtió mucho de lo que ya se había alcanzado. El actual presidente Joe Biden no ha cambiado mucho de ese escenario.

 ¿Dónde se encuentran hoy las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

Luego de los pasos que se tomaron para mejorar la relación, ocurrió un evento que lo cambió todo: las elecciones en Estados Unidos [en 2016]. Antes de entrar, el [entonces] nuevo gobierno anunció que iba a deshacer los pasos que ambos gobiernos habían acordado y que permitieron que la relación entre Cuba y Estados Unidos evolucionaran hacia una más constructiva y respetuosa entre ambos países.

El actual gobierno de Joe Biden prometió, durante la campaña electoral, a sus electores no a Cuba, que cambiaría rápidamente los retrocesos que ocurrieron durante la administración Trump. Dos años han pasado y nada parecido ha ocurrido.

De hecho, la administración Biden, aunque no repite exactamente la desinformación o las alegaciones deshonestas del gobierno de Trump, sigue aplicando, en términos generales, la misma política.

Tenemos que recordar que para deshacer lo que pasó durante la administración Obama, el gobierno de Trump decidió levantar alegaciones que no tenían fundamento, que no eran ciertas, pero que fueron el pretexto para los cambios que tuvieron lugar. (1)

¿Opina Cuba que las relaciones con Estados Unidos son hoy mejores o peores que las que había antes de la administración Obama?

Hoy están peores. Porque actualmente lo que hace la administración Biden es aplicar, casi de manera exacta, la política que fue implementada por Donald Trump; una política que fue nombrada por su gobierno como una de “máxima presión”, lo que significa hacer la vida lo más insoportable posible para el pueblo cubano con la esperanza de que esto llevará a la caída del gobierno.

Esa es la política oficial que lleva hoy la administración Biden.

Hace unas semanas, la Asamblea General de la ONU votó por trigésima ocasión para rechazar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Cuba ha dicho en varias ocasiones que EE.UU. está aislado en su política hacia la isla, y aún así el bloqueo sigue en pie.

 ¿Por qué cree que no se ha quitado el bloqueo?

Decimos que Wáshington está aislado porque lo está. No es nada nuevo, ha estado aislado por los pasados 30 años. La comunidad internacional no apoya la política estadounidense contra Cuba; de hecho, vota casi de manera unánime en su contra.

Ahora, ¿por qué esa política sigue estando en pie?, por el poder abrumador de los EE.UU. y por la creencia de los políticos en Washington de que tener poder es tener derecho. Y que si ellos son lo suficientemente poderosos como para aplicar una política de máxima presión –una política que va en contra de los derechos humanos, que es inhumana e inmoral–, entonces, solo por que tienen el poder para hacerlo continuarán haciéndolo.

¿Qué hace falta para que Estados Unidos se deshaga de la política de bloqueo contra Cuba?

Tienen que entender –algo que parece difícil que puedan hacer en Washington– que Cuba está fuera de las fronteras de Estados Unidos; que Cuba es y tiene el derecho de ser una nación independiente y soberana; que EE.UU. no tiene el derecho, ni tiene la capacidad, de gobernar en Cuba. Sí tiene un poder inmenso para hacer[nos] la vida difícil, tiene un poder inmenso para hacer daño y ha tenido un poder inmenso para castigar a varias generaciones de cubanos.

Oficiales cubanos y estadounidenses se reunieron recientemente aquí en La Habana para discutir sobre políticas migratorias entre ambos países. Hay quienes especulan que el hecho de que Biden aceptara enviar una delegación a la isla pudiera ser el comienzo para una nueva relación entre La Habana y Washington como la que existió durante el gobierno de Barack Obama.

¿Usted lo ve de esa manera?

Es natural que los EE.UU. se relacionen con Cuba en conversaciones migratorias. Tenemos un problema entre ambos países. EE.UU. no puede resolverlo por sí mismo, Cuba tampoco puede resolverlo por sí mismo. Es un fenómeno que necesita discusión, que necesita cooperación… hay acuerdos en vigor para eso.

Lo que yo puedo decir es que lo que describe la política estadounidense hacia Cuba, lo que mejor define su política contra Cuba, es el bloqueo económico y las políticas de máxima presión impuestas durante la administración Trump. Esa continúa siendo la característica principal de las relaciones bilaterales.

¿Pero diría usted que la administración Biden está dando pasos hacia una posible normalización de las relaciones con Cuba?

Yo lo dudo mucho. Es difícil para mí pensar que, porque se toman ciertos pasos en áreas que necesitan atenderse, áreas que necesitan un mínimo de cooperación, haya un cambio. Mientras EE.UU. siga aplicando el Título III de la Ley Helms Burton(2), mientras siga aplicando una política basada en alegaciones deshonestas de que Cuba es un país patrocinador del terrorismo(3), mientras siga presionando a los gobiernos de América Latina, de África y de otras partes del mundo, y amenazándolos con quitarles ayuda bilateral si ellos continúan aceptando médicos cubanos, uno no puede decir que el gobierno estadounidense esté dando ningún paso hacia una mejor relación con Cuba.

¿Qué pasos, entonces, debería dar EE.UU. para que Cuba considere que está moviéndose hacia una normalización de las relaciones?

La lista sería muy larga. Pero actualmente el gobierno estadounidense no tiene ninguna explicación, y ni siquiera se toma el tiempo o el esfuerzo para explicar las razones por las cuales Cuba sigue siendo un país patrocinador del terrorismo; ese sería un paso significativo.

Sería también un paso significativo si, al igual que todos sus predecesores excepto Trump, aplicara su capacidad para que el Título III de la Ley Helms Burton no tuviera lugar en las Cortes de Estados Unidos para demandas totalmente ilegítimas contra Cuba. También pudiera tomar pasos para permitir que los cubanos, libres de presiones políticas, puedan recibir remesas.

Y pudiera seguir mencionando, pero hay muchos pasos que pudiera dar para dejar de castigar al pueblo cubano, que es lo que hace la actual política estadounidense.

¿Por qué, en su opinión, Cuba no es un país que patrocina el terrorismo?

Porque nosotros no patrocinamos el terrorismo, no apoyamos el terrorismo, no financiamos el terrorismo, de hecho, nosotros somos víctimas del terrorismo.

Yo pudiera preguntar por qué EE.UU. dice que no es un país que patrocina el terrorismo, si es el origen de la mayoría de los actos de terrorismo que han ocurrido alrededor del mundo, tiene una agencia que fue creada y que se ha dedicado, con miles de millones de dólares, para conducir actos de terrorismo contra muchos gobiernos, incluyendo el de Cuba.

Ahora mismo, hay personas y organizaciones en Estados Unidos que fomentan y financian acciones violentas en Cuba y que se jactan de hacerlo. Uno pensaría que eso es ilegal en EE.UU. y, aún así, el gobierno de EE.UU. lo tolera, lo que implica que el actual gobierno estadounidense promueve, apoya y tolera actos de terrorismo.

En los pasados años, nuevos gobiernos progresistas han llegado al poder en países de América Latina y al mismo tiempo hemos visto nuevos intentos de golpe de la derecha, todos ellos apoyados por Estados Unidos.

¿Qué significan estos gobiernos progresistas para la región y por qué EEUU atenta contra ellos?

[Este] año 2023 marcará el 200 aniversario de la Doctrina Monroe, establecida por EE.UU. específicamente para enviar un mensaje a las [entonces] potencias coloniales europeas de que el hemisferio Occidental era un área de dominación y hegemonía estadounidense. Ese era el sentido de la Doctrina Monroe y, desde entonces, sigue siendo la política de EE.UU. hacia la región.

Estados Unidos cree que tiene un derecho otorgado por Dios para intervenir y determinar lo que ocurre en lo que ellos llaman su “patio trasero” y lo que el nuevo gobierno ha llamado su “patio delantero”. América Latina y el Caribe no es ningún patio trasero, delantero ni lateral de los Estados Unidos, pero en Washington siguen sintiéndolo así.

Por eso, cuando existen gobiernos progresistas que amenazan los intereses de EE.UU., aplicando políticas sociales que benefician a la mayoría de la población, cuando amenazan la opinión de EE.UU. al creer que la riqueza del país debería ser para el disfrute de la mayoría de la población, entonces EE.UU. cataloga a esos gobiernos como extremistas, radicales, y entonces comienzan a actuar en su contra.

Después del fracaso de la Cumbre de las Américas, ¿usted cree que Estados Unidos haya aprendido la lección?

Yo no creo que ellos aprendan mucho. Porque ellos debieron haber aprendido durante la Cumbre de Cartagena en 2012 y no lo hicieron. Ellos simplemente creen que los pueblos de América Latina y el Caribe son inferiores, que sus sociedades son inferiores, que sus gobiernos son inferiores, y ellos tienen la capacidad hegemónica de imponer el deseo de los Estados Unidos.

Hablando de otros temas. Cuba ha dicho que la guerra en Ucrania se pudo haber evitado. ¿Por qué piensa que se pudo haber evitado y, en última instancia, por qué no se hizo?

Primero, nuestra posición desde el primer día ha sido que tiene que haber una solución pacífica y diplomática para lo que es un problema mayor en Europa. Decimos que la guerra se pudo haber evitado porque creemos que hay una gran responsabilidad de Estados Unidos en haber empujado a la OTAN como una amenaza hasta las fronteras con Rusia.

Y esto no comenzó en 2022, ni siquiera comenzó en el siglo 21, esta ha sido la política de EE.UU. desde hace varias décadas; y es una política peligrosa. Era lógico imaginar que Rusia algún día reaccionaría; y decimos que no se evitó porque los objetivos ambiciosos de EE.UU. al empujar a la OTAN hasta la frontera con Rusia alcanzaron un nivel en el que ya no podían tolerarse.

Cuba lleva décadas batallando contra el bloqueo estadounidense y además ha pasado por momentos muy difíciles, como el llamado “Periodo Especial”. A pesar de todo eso, Cuba ha alcanzado grandes niveles de desarrollo social y ha mantenido el proyecto socialista como un símbolo para el resto del mundo.

En momentos en que pareciera que nos adentramos en una nueva Guerra Fría, ¿Qué tiene que aprender el mundo de Cuba?

Primero, nosotros luchamos por más de 100 años para alcanzar nuestra independencia y no la alcanzamos realmente hasta enero de 1959. Desde entonces hemos luchado para defender esa independencia. Hemos luchado para alcanzar una sociedad de justicia social, donde todos puedan beneficiarse de la riqueza del país, luchamos para proteger nuestra soberanía y nuestro derecho para construir la sociedad en la forma en que los cubanos quieren construirla.

Creemos que la capacidad de resistir de Cuba, la determinación del pueblo cubano, contra todo pronóstico y contra una guerra implacable del país más poderoso del mundo, es una lección para el mundo. Y no digo que hemos alcanzado nuestras metas. Por supuesto, nuestro país sigue siendo un país subdesarrollado, sigue siendo una sociedad con muchos problemas económicos, y aún así somos un país estable y pacífico.

Imagina cualquier país que tuviera que sufrir, por más de 60 años, una política de guerra económica por parte de los Estados Unidos. Y con todo eso, nuestro país ha sido capaz de construir una sociedad más educada, con más científicos, más atletas, [un país] más tranquilo, más libre de crímenes, de drogas, de terrorismo, de violencia, que cualquier país en el continente.

[Todo esto] a pesar de la hostilidad de EE.UU., que está convencido de que puede hacer de Cuba un estado fallido, y Cuba no es un estado fallido.

Notas

(1) En 2017, el gobierno del entonces presidente Donald Trump acusó a La Habana de estar detrás de una serie de supuestos ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses que trabajaban en la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Hasta la fecha, Washington no ha podido mostrar pruebas sobre dichas acusaciones.

(2) El título III de la Ley Helms-Burton faculta a ciudadanos estadounisenses a demandar en tribunales de EEUU a empresas nacionales o extranjeras que se beneficien de propiedades en Cuba que pertenecieron a ellos o sus familiares antes de 1959. Promulgada en 1996, la Ley Helms Burton había sido dejada en suspenso por los sucesivos presidentes estadounidenses, hasta que en 2019 el entonces mandatario, Donald Trump, ordenó su activación.

(3) Estados Unidos volvió a incluir a Cuba en su Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo en enero de 2021. La medida entorpece las relaciones comerciales de la isla con otros países e impide en gran medida que realice transacciones con bancos internacionales.

https://claridadpuertorico.com/donde-estan-hoy-las-relaciones-entre-cuba-y-estados-unidos/

Díaz-Canel: «"Todo con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo"

Palabras del Primer Secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez a los diputados presentes en la Quinta Sesión Extraordinaria del Parlamento de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en su IX Legislatura

Los tiempos que corren son intensos y complejos, «desafiante lo llamamos los Revolucionarios para espantar el imposible, pero eso no nos quita el sentido de la realidad, marcada por desigualdades y desequilibrios que se acentúan dramáticamente bajo el neoliberalismo».

Así inició sus palabras a los diputados presentes en la Quinta Sesión Extraordinaria del Parlamento de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en su IX Legislatura, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La suerte, agregó, es que todavía sobrevive el afán de justicia del ser humano.

«Si plantamos una prueba para medir el valor de nuestro pueblo, las profundas huellas que han dejado los héroes y heroínas de la historia patria, ahí está la respuesta a la tragedia del Hotel Saratoga», aseguró.

El mandatario cubano destacó que el acto solidario y altruista de esas personas, de los cientos de compatriotas que acudieron a donar sangre, de los siempre heroicos bomberos, de los poderosos rescatistas, ágiles choferes de ambulancia y otros carros que pasaban y ayudaron a trasladar a los heridos, de los consagrados trabajadores de los hospitales, de los imprescindibles especialistas de medicina y enfermería, de la prensa infatigable que se mudó al lugar para no perder detalle, de todo el que acercó agua y alimento de sus negocios particulares a la gente fatigada por la búsqueda, de cada ciudadano que quiso hacer e hizo algo aunque solo fuera poner un mensaje de condolencias en las redes, en todas esas actitudes, unidas a los cuadros del Gobierno y Partido, se resume lo mejor del ser nacional, del cubano natural que hemos defendido también en estas leyes de la cultura que hoy aprobamos.

Todo lo descrito, acotó Díaz-Canel, contrasta enormemente con quienes han contaminado las redes con mensajes de incertidumbre y desprecio hacia las autoridades y también a los ciudadanos.

«Jamás un mercenario entenderá a un patriota, quien pone precios a sus ideas está incapacitado a entender a quienes tienen el valor de sostener y defender las suyas», remarcó.

El presidente de la República agregó que Cuba ha vivido su duelo, lo hizo antes del decreto que oficializamos y no lo ha dejado de sentir en días posteriores. «En cuanto a quienes han querido lucrar con ese dolor, solo digo que no vamos a gastar palabras en personas que entierran cada vez más su credibilidad en el odio de las mentiras».

En la Cuba que salva vidas y rinde tributo al respeto, destacó, el odio no cuenta. «Por las vidas que se perdieron en el Hotel Saratoga y por aquellos que aún batallan por la suya en los hospitales o sus hogares, nos hemos comprometido a resarcir los duros golpes provocados por este siniestro poniendo en primer lugar la recuperación de los lesionados, la atención a las familias afectadas y la rehabilitación de viviendas y otros inmuebles que están total o parcialmente destruidos.

Una vez más, sentidas condolencias a quienes sufrieron pérdidas de seres queridos, reiterando, además el agradecimiento a líderes mundiales que enviaron sus condolencias, apoyo y acompañamiento en esos momentos.

Por otra parte, Díaz-Canel resaltó que desde la embajada de Estados Unidos en La Habana se trata de reavivar lo ocurrido el 11 de julio del pasado año y se construyen versiones infames del juicio a los agresores de actos de violencia.

En el colmo del cinismo –señaló–, en el país que posee el récord mundial de encarcelamiento a niños y niñas, se nos acusa de haber juzgado y condenado a menores de 16 años.

Afirmó ante Cuba y el mundo «que en Cuba no se encarcela a menores de 16 años, que los juzgados por los hechos del 11 y 12 de julio contaron con las garantías procesales que contemplan las leyes cubanas».

Con respecto a estas leyes, quienes intenten dañar la soberanía y el orden interior deben saber que la legalidad existe para ser cumplidas, «somos un estado socialista de derecho que tienen derecho a existir».

En el afán de crear un tema de inseguridad ciudadana no se esconden para sus convocatorias en distintas plataformas de internet, «como no alcanzan a matarnos gritan en el ensayo para recibir el cheque», acotó el mandatario.

En el intento de desmovilizar al pueblo lo intentaron todo el pasado primero de mayo, héroes de sus propias mentiras, creyeron que pocos acudirían a la convocatoria de la CTC y sus sindicatos para celebrar ese día.

«El mismo pueblo que diariamente critica lo que hacemos mal o no hacemos, que se indigna con la chapucería, la insensibilidad, la desidia y el burocratismo, ese mismo pueblo desfiló y de regreso a casa desmintió las mentiras al mostrar la verdad en sus publicaciones en redes», añadió el presidente.

«Lo dijimos al pie del Memorial José Martí y en todas las plazas del país, junto a Raúl y la heroica generación del centenario ratificamos ese 1ro de mayo que se pudo, se puede y siempre se podrá».

No se trata de decir una consigna, sino una convicción que siempre estará acompañada de un principio: Todo desde el pueblo, con el pueblo y para el pueblo, aseguró.

El presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, destacó que, desde el segundo semestre del año pasado, veníamos alertando que el gobierno de los Estados Unidos impulsa un peligroso sesgo internacional, pretendiendo dividir al mundo selectivamente, entre los que acatan los mandatos de Washington y los que están convencidos de su derecho soberano a la autodeterminación.

Las consecuencias de ello ya se están pagando, especialmente en Europa;están costando vidas y sufrimiento, y provocando un daño económico global cuyo desenlace es difícil de predecir, comentó.

No debe olvidarse, apuntó, que el volumen de armas nucleares que hoy concentran unos cuantos países tiene la capacidad de destruir al planeta.

El escenario de 1990, cuando los Estados Unidos disfrutaban de una supremacía hegemónica singular, tras el colapso del campo socialista en Europa, no es el de hoy y sería una equivocación peligrosa pretender imponerlo por la fuerza, agregó.

Conscientes de estas realidades —aseveró—, desarrollamos las relaciones internacionales sobre la base de principios y con pleno apego al derecho internacional, comprometidos con la paz y la justica y el derecho a la plena independencia de todos los países, en especial los del tercer mundo, que son los más amenazados.

Destacó que la política exterior cubana continuará teniendo como prioridad la batalla incesante contra el bloqueo económico de los Estados Unidos. «El carácter agresivo y criminal de esta política y su impacto abrumador sobre todas las esferas del país y la vida del pueblo, nos obliga a redoblar el esfuerzo por combatirlo hasta el cansancio».

En nuestra región, la brújula que nos guía son las relaciones de amistad y cooperación con todos los países latinoamericanos y caribeños; el respaldo a la integración regional; la observancia de la proclama de América Latina como zona de paz; y el compromiso solidario con la justicia social para todos los pueblos de nuestra América, aseguró.

Recordó que en el mes de abril recibimos las vistas oficiales de los primeros ministros de Dominica y Belice, y avanzamos en las relaciones bilaterales en correspondencia con los tradicionales vínculos de hermandad.

Asimismo, más de 1 000 delegados, provenientes de 16 países, acompañaron al pueblo cubano en el encuentro internacional de solidaridad con Cuba, que mostró el apoyo de millones de personas en el mundo a la causa de la Revolución Cubana, sostuvo.

Hace pocos días, significó, tuvimos el especial honor de acoger al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y la delegación que lo acompañó. «Fue una visita oficial importante en el interés mutuo de fortalecer los vínculos bilaterales y el avance de la región, su independencia e integración».

En otro orden de ideas, el Primer Secretario del Comité Central del Partido hizo mención a la vieja pretensión neocolonial de los Estados Unidos dirigida a fragmentar y debilitar esta parte del mundo, como vía para preservar el poder hegemónico del imperialismo.

Alertó que desde Washington han convocado para el próximo mes una reunión que curiosamente llaman Cumbre de las Américas, a pesar de que excluye a algunos países. Ocultaron hasta último momento la naturaleza selectiva y discriminatoria de la convocatoria, puntualizó el mandatario.

Se conocen las gestiones ingentes y desesperadas que los Estados Unidos han debido desplegar para evitar el reclamo de que fuera un evento inclusivo, representativo, precisó.

«Quien asume el compromiso de acoger una reunión hemisférica, debe tener la capacidad y valentía de escuchar a todos, desde el Ártico hasta la Patagonia; de oír criterios discrepantes; de disponerse a deliberar con argumentos sólidos, no con imposiciones o evasiones; de encarar la verdad por dura y desagradable que le parezca».

Se descalifica para servir de anfitrión el país incapaz de dar cabida a todos, comentó.

Ya se sabe, expresó, que en ese encuentro cumbre no se va a discutir o aprobar nada sobre la desigualdad económica y social; o sobre la creciente marginalización en la región; ni se hablará sobre el papel de la OEA en orquestar un golpe de estado en Bolivia; ni se adoptará decisión alguna que verdaderamente impulse las aspiraciones de democracia, inclusión y respeto que merecen los pueblos de América.

Tampoco se profundizará en las razones por las que Estados Unidos y América Latina están entre las regiones más perjudicadas por la pandemia de COVID-19, sostuvo.

«Ninguno de los argumentos propuestos por el Departamento de Estado se propone avanzar con acciones prácticas en la lucha contra el racismo, a favor de los derechos de la mujer y para paliar la situación incierta de los inmigrantes».

No se debatirá sobre la manipulación ejercida por el gobierno estadounidense en relación con el tema migratoria, que es utilizado con fines desestabilizadores contra Cuba, al tiempo que se lleva a cabo una política ilegal basada en medidas coercitivas, unilaterales, que persiguen el colapso económico e incentivan la emigración irregular, afirmó Díaz-Canel.

De igual modo, dijo, no se prevé discusión sobre el nefasto impacto en las sociedades del comercio de armas, ni el cáncer del narcotráfico, ni del terrorismo, incluyendo el terrorismo de Estado.

No habrá pronunciamientos sobre las medidas coercitivas y su uso contra los países de la región como armas despiadadas de agresión, ni se reconocerá el derecho de puerto Rico a la independencia, ni de Argentina a las Islas Malvinas, acotó.

«El presidente de los Estados Unidos disfrutará de una fotografía y usará la Cumbre dentro de sus campañas internas, pero poco recordará, horas después, lo que allí hay sucedió».

La llamada Cumbre de las Américas parece identificarse con la OEA, cargará así con el mismo desprestigio y descalificación moral que acompañan a esa organización, comentó.

Esta sesión de la Asamblea Nacional confirma el avance del país en un proceso al que consideró la mayor prioridad, la profundización de la democracia socialista y de la formación, protección y efectividad de los derechos consagrados de la Constitución, en los tratados internacionales en vigor para la República de Cuba y en las leyes de desarrollo, acotó el Presidente.

Afirmó que somos conscientes de que el Estado Socialista de Derecho y Justicia Social será más democrático en tanto mantenga y profundice la salvaguarda de la dignidad humana como valor supremo que sustenta el reconocimiento y ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes en la sociedad.

Los derechos constitucionales, señaló Díaz-Canel, posibilitan exigir o reclamar a través de diversas vías y mecanismos su protección ante la vulneración o trasgresión, y otorga legitimidad permanente al sistema político, subrayó.

En específico, refirió que en esta legislatura se han aprobado diversas leyes complementarias que encausan los mandatos constitucionales, se promueven políticas públicas encaminadas a la protección de la infancia, de la adolescencia, de los adultos mayores, de las personas en situación de discapacidad, de las mujeres; así como se desarrollan programas para la igualdad y la no discriminación.

Dijo que se fortalece la función judicial para que el sistema de tribunales populares sea garante de los derechos constitucionales.

De igual forma, se han aprobado ocho leyes importantes para nuestro país: la de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional, la de datos personales, el nuevo Código penal, la ley de ejecución penal, la de amparo a los derechos constitucionales, la de recursos naturales y de medio ambiente, la de derecho de autor y el artista intérprete, la de protección al patrimonio cultural y patrimonio natural.

Cada una de estas leyes como bien se expresó en sus presentaciones son el fruto de un amplio proceso de consultas con especialistas, expertos y con la población, se ha debatido acerca de sus contenidos.

En particular, afirmó, se analizó todo lo referido al nuevo Código Penal, en el que se atempera esta materia y se unifica en un solo texto el ordenamiento jurídico penal del país, teniendo en cuenta los tratados internacionales del tema vigentes para Cuba.

También, agregó, vienen a complementar las leyes que en el ordenamiento procesal penal se han aprobado por esta Asamblea e introduce modificaciones importantes en el ámbito de la prevención y enfrentamiento al delito. Ahora corresponde divulgarlo, a fin de fomentar el respeto a la legalidad socialista.

Esta es una herramienta que ha de emplearse con la racionalidad debida, que ha de proteger a la sociedad, a las personas y al orden político, económico y social consagrado en la Constitución.

Recordó que entre las cuestiones novedosas de la Carta Magna está la amplia gama de derechos que reconoce, protegerlos ante cualquier vulneración constituye el objetivo de la Ley de Procesos de Amparo de los derechos Constitucionales, la que materializa la idea de que Cuba es un Estado Socialista de Derecho y Justicia Social.

Otra de las leyes aprobadas es la de recursos naturales y del medio ambiente, su texto refuerza el ejercicio pleno del derecho de las personas a disfrutar de un ambiente sano y equilibrado, enaltece la responsabilidad de todos con la conservación y uso racional de los recursos, a fin de hacer más racional la vida humana y asegurar la supervivencia, seguridad y bienestar de nuestros ciudadanos.

Además, resumió que la ley de derecho de autor y el artista intérprete atempera esta materia a los cambios experimentados en los procesos de creación y discusión en el ámbito literario, artístico, periodístico, científico y educacional.

Refuerza la política educativa, científica y cultural del Estado al conjugar los intereses de la sociedad y el reconocimiento a los creadores por su obra.

También, consideró, generó un gran interés la ley de protección al patrimonio cultural y al patrimonio natural, en ella se materializa la responsabilidad del Estado con la protección del patrimonio natural e histórico cultural de la nación y el deber de protegerlo.

En otro orden de ideas, afirmó a los presentes: En el socialismo, la protección integral de los derechos humanos constituye esencia, pues el ser humano y su dignidad son epicentros de la sociedad, el discurso y la narrativa capitalista en materia de derechos humanos desarrolla formas de dominación, en ocasiones ocultas en otra abiertas que se amparan en una legitimidad aparente.

No someterse a la hegemonía del imperialismo, nadar contra la corriente tiene consecuencias: el bloqueo y su recrudecimiento es una de ellas. Este sistema cruel pretende eliminar el socialismo como alternativa y procura la regresión al capitalismo, intenta limitar la acción del Estado, entorpecer y obstaculizar sus políticas para promover y garantizar los derechos, alimenta contradicciones y errores internos, y trata de imponer una visión colonizadora de los derechos.

A pesar de ello, reafirmamos la convicción de que en difíciles condiciones económicas, el Estado cubano mantendrá como fin garantizar la igualdad efectiva y el disfrute del ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes, entre otros principios.

Reconoció el mandatario que, aunque constituyen avances nos son suficientes las leyes aprobadas, hay que elevar los niveles d educación cívica, cultura jurídica, adoptar medidas que permitan el goce efectivo de los derechos.

Reconocer, promover, prevenir, proteger, garantizar denotan la acción estatal y el trabajo mancomunado desde las instituciones y la acción popular, destacó.

Luego de comparar estos temas con el contexto internacional, y comentar sobre el proceso que ha significado el Código de las Familias, comentó sobre la Ley de Soberanía y seguridad alimentaria, pues no podemos separar su trascendencia de una de las mayores incertidumbres actuales según la FAO: el riesgo a la inseguridad alimentaria en todo el planeta, probado pro esta organización con el deterioro de la capacidad de los países hace siete años para alimentar a su población.

Esta dramática realidad es una de las más graves consecuencias de los desequilibrios generados por el neoliberalismo, que tantas veces alertó Fidel y sus históricas reflexiones, por lo que no nos sorprende. Hay conciencia y proyecciones para enfrentarlo, orientó.

https://www.pcc.cu/noticias/diaz-canel-todo-con-el-pueblo-por-el-pueblo-y-para-el-pueblo

Washington sigue "apretando las tuercas" de su política anticubana

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, denunció este miércoles que las administraciones de Estados Unidos, salvo raras excepciones, llevan décadas reforzando su línea arbitraria contra Cuba.

En una sesión informativa, la representante de la Cancillería rusa manifestó que Washington no está dispuesto a emprender un rumbo de realismo, ni en el contexto de la COVID-19, y sigue «apretando las tuercas» de su política anticubana.

La vocera recordó que la Casa Blanca inició su estrategia del bloqueo económico, comercial y financiero hace más de 60 años, y desde entonces la mayoría de sus gobiernos la han mantenido.

En su opinión, hubo ciertos «proyectos con algún tipo de buen juicio» hacia la isla caribeña en la política estadounidense, pero no se materializaron, ni siquiera en las difíciles condiciones impuestas por la pandemia, dijo PL.

Zajárova subrayó que en lugar de unir fuerzas en la lucha contra el desafío común del coronavirus, las autoridades de EE. UU., hicieron lo contrario, imponiendo medidas coercitivas contra la industria farmacéutica cubana.

Enfatizó en que las sanciones estadounidenses son contra «la misma Cuba que está ayudando a todos en la región a superar las consecuencias de esta pandemia».

En días recientes, también el canciller ruso, Serguéi Lavrov, reiteró que Moscú continuará denunciando el bloqueo contra Cuba y junto a sus aliados incrementará las presiones para su levantamiento total e incondicional.

Expresó que su país manifiesta su pesar por la posición de los países que han tomado un rumbo de apoyo a la política destructiva de Estados Unidos hacia la Isla.

«Tal línea es contraria a los compromisos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en la que las medidas económicas unilaterales reciben una evaluación negativa inequívoca», subrayó.

El jefe de la diplomacia rusa apuntó que esas acciones son incompatibles con los principios de humanidad y garantía de los derechos humanos, a los cuales los países que apoyan a los Estados Unidos declaran su compromiso.

Lavrov señaló que las trágicas consecuencias del bloqueo para la población de Cuba son un hecho reconocido de manera universal, detallado en los informes del Secretario General de la ONU.

«Esperamos que los socios estudien detenidamente estos datos en vísperas de la próxima votación sobre la resolución y se guíen por ellos para determinar su posición», subrayó.

Las víctimas estadounidenses del 11 de julio

José Ramón Cabañas Rodríguez.─ Si comparamos la línea del tiempo de estos días con una secuencia de hechos sucedidos en Cuba y en los Estados Unidos en la década de los años 90, encontraremos algunas claves para comprender mejor la arremetida de odio que ha sufrido la Isla en las últimas jornadas.

Con la desaparición de la URSS y el llamado campo socialista entre 1990 y 1991, varios “cubanólogos” predijeron el fin del proyecto revolucionario en Cuba. No había forma de explicar que una pequeña nación subdesarrollada resistiera la pérdida de un golpe del 85% de su comercio exterior y una caída del 35% en su producto interno bruto.

Para asegurarse de que Cuba colapsaría (y no solo su gobierno), elementos extremistas del Congreso estadounidense redactaron el borrador de lo que se conociera posteriormente como Ley Torricelli, que hacía aún más extraterritorial el bloqueo ya existente al imposibilitar las relaciones comerciales cubanas con filiales de empresas estadounidenses ubicadas en terceros países.

La situación económica en Cuba se siguió deteriorando, ocurrieron manifestaciones y hechos vandálicos en La Habana y otros puntos del país y sobrevino finalmente el flujo migratorio conocido como crisis de los balseros en 1994. A pesar de la reticencia inicial de las entonces autoridades demócratas en el poder en Washington, la única manera de poner fin a la indeseada llegada de inmigrantes fue a través de la negociación, que arrojó resultados en 1995.

El primer paso para una negociación es que ambas partes se reconozcan como iguales y procedan con respeto mutuo. Este hecho, más las proyecciones públicas del gobierno de Bill Clinton en el sentido de manejar una política de “dos vías” en relación con Cuba, saltaron las alarmas de los que veían próximo el fin del proyecto cubano.

Entonces dichas fuerzas comenzaron a proponer otro borrador de ley, mucho más integral en cuanto a la concepción de estrangular a Cuba que aquel aprobado en 1992. Este tenía muy pocas posibilidades de contar con el respaldo de la Cámara y el Senado estadounidenses si no sucedía un hecho excepcional, que impactara de forma masiva sobre la opinión pública nacional e internacional y además ayudara a formar cierta coalición bipartidista a lo interno.

Durante meses, el gobierno cubano había estado alertando a la Casa Blanca (no solo al Departamento de Estado) sobre las acciones ofensivas y peligrosas de la organización contrarrevolucionaria conocida como Hermanos al Rescate, la cual en reiteradas ocasiones había enviado avionetas a violar el espacio aéreo cubano, penetrar en el territorio nacional y arrojar objetos sobre la población.

Finalmente, el 24 de febrero de 1996 sucedió lo que era evitable, si las autoridades estadounidenses hubieran cumplido con su función de controlar las acciones de personas que violaron las regulaciones federales por entregar planes de vuelos falsos y por interferir en la seguridad de un país vecino.

El derribo de aquellas dos avionetas y el fallecimiento de sus cuatro tripulantes fue presentado en la prensa estadounidense, no como un acto de legítima defensa de Cuba, sino como uso excesivo de la fuerza contra aeronaves “civiles”. Los que pusieron en riesgo la vida de aquellos pilotos, pero garantizaron su seguridad propia en casa, corrieron a pedir una intervención militar en Cuba, o un bombardeo masivo contra La Habana.

Cuando estas opciones fueron descartadas, el campo de batalla se trasladó al Congreso donde fue aprobada la infame Ley Helms Burton, cuyo texto no fue siquiera leído por la mayoría de los legisladores y llevó las sanciones contra Cuba a un extremo inusitado para la época.

Vale recordar que, aún después de que se diera tal paso y con ello se alejara el “peligro” de cualquier desliz demócrata de acercamiento hacia Cuba, tuvieron lugar los atentados terroristas en hoteles habaneros durante 1997, con importantes costos humanos y materiales.

Pero, ¿Cómo se relaciona todo esto con el actual escenario?

Los sectores anticubanos más extremistas apostaron por la reelección de Donad Trump como presidente en noviembre del 2020, no sólo de cara a los temas internos en aquel país, sino con la convicción de que daría continuidad a la imposición de medidas extremas contra Cuba, que produjeran el mismo resultado que han intentado y no han logrado desde Playa Girón.

Resultó electo Joe Biden, ex senador demócrata de amplia trayectoria, ex vicepresidente de Barack Obama por ocho años, que estuvo muy cerca de todos los cambios operados entonces en relación con Cuba y que durante su campaña electoral dijo voluntariamente y sin presiones que dejaría sin efecto “algunas” de las decisiones de Trump contra la Isla. Solo algunas. Peor aún, en esas mismas elecciones los demócratas mantuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes y equilibraron el poder en el Senado, con la posibilidad de definir votaciones a su favor contando con el voto de la vicepresidenta, si fuera necesario.

La derecha extremista anticubana, que tiene conexiones importantes (aunque no es exactamente igual) con los sectores que han polarizado en extremo el discurso y la actuación política al interior de Estados Unidos, sintió nuevamente el peligro de que se escapara de sus manos la posibilidad de “terminar el trabajo” contra Cuba, que ya sufría las medidas draconianas de Trump, combinadas con los efectos de la COVID19 que, aunque logró ser contenida en la isla en sus inicios, ya venía causando estragos por la acumulación del desgaste.

En paralelo, la parte del stablishment (que no es demócrata ni republicano) asociado a los temas de Seguridad Nacional venía observando con interés la evolución de los acontecimientos en Cuba.

Entonces, surgió nuevamente la pregunta de cómo podría cortarse de raíz un potencial acercamiento oficial, o una conducta menos hostil hacia Cuba de la Casa Blanca. Haciendo uso de un manual de procedimientos viejo y empolvado, la Derecha sintió que había que acudir a una provocación, a estructurar un hecho o una serie de ellos que impactara sobre la opinión pública y ayudara a formar cierta coalición bipartidista (repetimos el término) contra Cuba.

Aquí vale explicar que para muchos dentro de esos sectores extremistas que operan fuera del gobierno el objetivo es mantener la hostilidad contra Cuba por revancha, por odio, por razones ideológicas. Pero para un grupo importante se trata de garantizar que cada año se vuelvan a aprobar presupuestos federales millonarios para programas con un propósito ilimitado en el tiempo de “cambio de régimen”, que por el camino garantiza la manutención de cientos y miles de empleados (más sus familiares) en el sur de la Florida.

¿Alguien ha calculado cuál sería el impacto sobre el desempleo en esa región si de pronto se apagaran Radio y TV Martí y sus ramificaciones digitales, si la USAID no diera un centavo más para “defender los valores democráticos en Cuba”? ¿Cómo afectaría esa falta de financiamiento a las campañas políticas de aquellos que reciben el “agradecimiento” de sus electores por mantenerle empleos con financiamiento federal?

Y el conglomerado no termina ahí. Con el advenimiento y desarrollo de las redes sociales existe en los medios cubanoamericanos un entramado de “servicios informativos” digitales que viven de la publicidad que generan entes económicos de las áreas con mayor concentración de ese grupo de inmigrantes y que se debaten entre los extremos de enviar paquetería a Cuba, hasta promover acciones hostiles.

Estos sectores habían venido promoviendo y financiando de conjunto acciones públicas en Cuba a escala menor, que poco a poco fueron brindando una idea de hacia donde se dirigían. Se les pagó a individuos para que atentaran contra símbolos nacionales en parques y avenidas cubanas, para que descarrilaran trenes y atentaran contra objetivos económicos. Surgió la idea de crear un “movimiento” a partir de supuestas acciones “culturales” en la barriada de San Isidro y finalmente se promovió una confusa reunión frente al Ministerio de Cultura cubano el 27 de noviembre del 2020.

Pero nada de esto impactaba lo suficiente al interior de la sociedad estadounidense, ni permitiría atraer la atención e influir sobre un grupo importante de legisladores estadounidenses que han pedido de modo insistente a su nuevo presidente que actúe en consecuencia con la conclusión de que “la política de bloqueo contra Cuba es un fiasco”, como reza en varios documentos oficiales de gobiernos tanto demócratas como republicanos. Ninguno de estos intentos exigía que Washington prestara una “atención urgente” a la cuestión cubana.

Y entonces llegó el 11 de julio. Más que los hechos en sí mismos en cuanto a manifestaciones públicas y vandalismo, que merecen un análisis constante, lo que el mundo conoció fue un elaborado plan para dibujar en la prensa corporativa internacional y en las redes asociadas una imagen de estallido social innegable, que requería una acción inmediata. Un plan que, por cierto, requiere contar con ciertos recursos y resortes estatales. Era la explosión del Maine con esteroides.

La avalancha de hechos reales y supuestos, la utilización falseada de fotos y videos, la repetición hasta la locura de mensajes negativos desde el exterior, la creación ficticia de listas de torturados y desaparecidos, la incitación al odio extremo y todo lo demás tenía un público al interior de Cuba, pero quizás una parte importante de las “víctimas” del bombardeo habitaban en los Estados Unidos.

El grupo cubanoamericano en el Congreso redactó a partir de ese momento una multiplicidad de proyectos de resolución, comunicados, declaratorias y cualquier texto que permita de manera urgente comprometer a aquellos otros legisladores que algún día osaron proponer algún tipo de acercamiento con Cuba. Han tratado igualmente de influir en gobiernos y organizaciones latinoamericanas y europeas.

Como clase social, la mayoría de los políticos estadounidenses en lo primero que piensa después de una elección es cómo ser reelecto en el próximo ciclo y los comicios de medio término están a la vuelta de la esquina.

Estados Unidos vivió cuatro años de polarización extrema, en los que ser asociado con ideas que no estén contenidas en el concepto de capitalismo más duro y puro le pueden significar a cualquier figura pública ser sometido a una guillotina mediática que muchos desearían evitar.

La sombra del socialismo ha vuelto a ser utilizada en los medios floridanos con el propósito de ampliar la dominación republicana en dicho estado, para convertirlo permanentemente en un bastión dominado por su partido que sume 29 votos del colegio electoral en cada elección presidencial.

Los enemigos de Cuba oficiales y oficiosos trataron de actuar con celeridad e inmediatez, pero en todo este escenario hay un actor que no se ha mencionado: el pueblo de los Estados Unidos.

Los terroristas mediáticos han tratado de “representarlo” y actuar a su nombre. Pero gigabytes de tuits, posts, blogs y toda la jerga postmoderna no pueden ocultar la posición de un pueblo que mayoritariamente se ha expresado una y otra vez contra el bloqueo y por una política de acercamiento hacia Cuba.

Estados Unidos sigue siendo un país con un vasto movimiento de solidaridad con Cuba en los 50 Estados de la Unión. Desde los sectores cultural, académico, científico, económico, religioso, comercial, se han expresado una y otra vez esas voces.

Sería importante saber si durante estas jornadas en que funcionarios estadounidenses han andado a hurtadillas por los pasillos de las agencias federales haciendo cálculos políticos y electorales, respondiendo con la voz entrecortada a las llamadas de legisladores y operativos que ofenden e inculpan para atacar a Cuba, han consultado alguna vez a sus bases electorales.

Sería útil conocer si han llamado a alguna de las más de 30 ciudades estadounidenses que han aprobado una resolución para establecer cooperación médica con Cuba, a alguna de las asociaciones de productores agrícolas que han reclamado una y otra vez el fin del bloqueo para comerciar con sus similares cubanos, si han pedido la opinión de los miles de estudiantes y profesores que han participado en intercambios académicos, si se han sentado a conversar con los empresarios que vieron irse de sus manos oportunidades de negocios gracias al antojo personal de un gobernante. ¿Con los liderazgos de cuántas congregaciones religiosas han orado de conjunto por el futuro sus hermanos de fe en Cuba?

Y finalmente, importaría saber si para atacar a Cuba cuentan con el beneplácito de todos y cada uno de los cubanos residentes en Estados Unidos que perderían a familiares o amigos en la isla en caso que se produjera una agresión militar, o se creara un clima de caos sin control.

https://www.alainet.org/es/articulo/213261

¿Qué hay de la revisión de Biden a la política con Cuba?

En medio de la revisión de política hacia Cuba anunciada por el gobierno de Estados Unidos. Por aquí les dejo algunas de las “nuevas” Medidas de  Biden-Trump-Menéndez-Rubio hacia Cuba todas tomadas después del nuevo gobierno, faltan pero por mi cuenta ya se pueden relacionar, según Johana Tablada (Minrex)

1/ Incorporar al Registro  Federal  a un país no terrorista en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

2/Ratificar en nuevo informe publicado en mayo la decisión  fraudulenta de Trump de incluir  a Cuba en listado países no cooperan en la lucha contra el terrorismo.

3/ Incluir a países con excelente desempeño en la lucha contra la  Trata de Personas en listado de los que hacen poco o nada

Cuba en peor nivel trata de Personas. Gratuitamente endurecieron con mentiras y maquillaje retórico  el texto infame del informe que acusa a Cuba injustamente de Trata de Personas y trata de desvirtuar verdadera naturaleza de los programas de cooperación en materia de Salud. 

Entre otros “aportes” se incluyen amenazas y recomendaciones engañosas específicas uno por uno a  los paises que tienen acuerdos de cooperación con Cuba.

4/Liberar  al terrorista  y asesino  Eduardo Arocena quien ya fue mandado a casa en Miami. Fue quien ejecutó a sangre fría  al diplomático cubano Félix García Rodriguez ( Según las acusaciones presentadas por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), Arocena «estuvo detrás de al menos dos asesinatos y treinta explosiones en Nueva York, Nueva Jersey y Florida»).

5/ pedirnos renunciar a la solicitud de visas ( retiren los pasaportes dijeron) para  equipo Beisbol para no disgustar a la República independiente de los políticos corruptos de Miami . Cuba acudió al resto del país y se pudo  impedir esa injusticia.

6/ maltrato, manipulación y engaño hasta el último momento a la selección cubana de fútbol y a otras autoridades y entidades vinculadas a organizadores de la Copa de Oro dejando fuera del torneo a nuestra selección nacional

7/ se excluyó cruelmente a /Cuba de los países beneficiados por la revisión, ordenó  Biden de las sanciones unilaterales de EEUU que limitan la capacidad de los estados para enfrentar la Covid19

Así anda la política y la politiquería imperial. 

Cuando la “falta de prioridad” es una prioridad

Norelys Morales Aguilera.─ Las políticas de Donald Trump hacia Cuba son ahora las de Joe Biden y están cobrando un alto precio en la nación caribeña, dijo Josefina Vidal, actual embajadora en Canadá y negociadora cubana en 2015 con la administración Obama, según Bloomberg

Casi cinco meses después de la administración de Biden, los funcionarios en La Habana se sorprenden al ver que la postura de la Casa Blanca hasta ahora no ha cambiado, dijo la embajadora. Citando las promesas de campaña del presidente Biden, dijo que Cuba esperaba que el líder estadounidense revocara 'al menos las medidas más crueles' impuestas por su predecesor.

Pero, no solo las autoridades, la población pendiente de la economía nacional e individual ven la falta de combustible por la persecución a los cargueros, la ausencia de turistas acrecentada con la pandemia, la falta de insumos, incluso para la salud y en fin en afectaciones en todas las esferas de la vida económica y social. 

Biden ratificó a Cuba en la lista de países que, según ellos, “no cooperan en la lucha contra el terrorismo”, algo que confirma seguir soportando la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, con el único fin de matar por hambre y enfermedades a once millones de personas, hecho tipificado en las leyes internacionales como genocidio.

Por otro lado, según constató el Cuba Money Project, del periodista Tracey Eaton. La administración de Biden está solicitando $ 58.5 mil millones para el Departamento de Estado y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional para 2022, un aumento del 10% sobre el presupuesto de este año.

El presupuesto propuesto incluye $ 20 millones para «programas de democracia» dirigidos a Cuba, el mismo nivel de financiamiento que el 2021.

A la vez, la Casa Blanca ha solicitado $ 810,396 millones para la Agencia de los Estados Unidos para Medios Globales, que supervisa la Oficina de Radiodifusión de Cuba, matriz de las infames Radio y TV Martí.

La Oficina de Radiodifusión de Cuba, que administra Radio y TV Martí, tiene 117 empleados y un presupuesto anual de alrededor de $ 28 millones

En un lenguaje que revela intenciones el documento presupuestario cita «la histórica transición de poder en curso en Cuba».

La inclusión de Cuba en la lista de países que no cooperan en la lucha contra el terrorismo y el financiamiento a la subversión contra Cuba bastan para preguntarse por qué sostener las más de 400 medidas que tomó la administración Trump contra la economía y la sociedad cubanas, 55 de las cuales fueron impuestas en tiempos de la Covid-19, ejemplifica la intención criminal de la política estadounidense vigente hoy.

La "falta de prioridad" atribuida a Biden hacia Cuba, hablan más bien de una prioridad, que es sencillamente dar un golpe final a la Revolución cubana cuando el panorama es complejo, nada nuevo en la política de Estados Unidos. O sea que la falta de prioridad de Biden es una prioridad. Hipocresía imperial sencillamente.