Llamamiento desde Cuba a impedir "acto genocida" de EU.UU.

A los artistas e intelectuales del mundo:

Cuba ha luchado durante siglos, primero por conquistar su independencia y luego por defenderla a ultranza. Tamaña resistencia ante el imperio más poderoso y depredador de la historia humana ha sido a fuerza del alto sacrificio de su pueblo. La resistencia consciente de quienes vivimos en el archipiélago se debe a convicciones y razones aprendidas hace mucho tiempo.

José Martí, el gran poeta y patriota, definió en 1894 nuestro noble destino: “En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial”.

La mayor riqueza de Cuba está en su gente. No poseemos reservas petroleras ni otros recursos naturales altamente codiciados, pero hemos desarrollado un capital humano capaz de moldear la resiliencia desde la creatividad y el conocimiento.

Cuba no fomenta el terrorismo, aunque hemos sido víctimas de él. Amamos la paz indisolublemente anudada a nuestra independencia. Siempre hemos deseado edificar una sociedad justa y solidaria. Eliminamos el analfabetismo y redujimos la mortalidad infantil y la materna a niveles similares a los del primer mundo. Enviamos a otras naciones médicos y maestros cuando otros sólo lanzan bombas. Creamos vacunas que se distribuyen gratuitamente. Fomentamos el deporte como derecho del pueblo y somos el país hispanohablante que ha conquistado el mayor número de medallas en la historia de los Juegos Olímpicos.

Contamos con un sistema gratuito de escuelas de arte, en las que se han formado bailarines, actores, pintores, cineastas, músicos… muchos de origen humilde, quienes han generado un movimiento artístico poderoso, reconocido internacionalmente.

Desde el triunfo revolucionario de 1959, aspiramos a lograr el más elevado nivel cultural para nuestro pueblo. Fidel nos probó que se podía eliminar el analfabetismo y que debíamos luchar por erradicar, con un entramado de leyes y activa vigilancia, el racismo y la discriminación en todas sus manifestaciones. Avanzamos en la integración y defensa de los derechos de nuestras mujeres, que ya son parlamentarias, directivas, profesionales en igualdad de condiciones que los hombres. Aprobamos un avanzado Código de las familias que protege el amor en sus diversas maneras de existir.

A pesar del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde 1962, recrudecido de manera sucesiva, hasta la asfixia implementada por el actual gobierno estadunidense, no renunciamos a nuestros sueños de prosperidad, justicia y paz.

La resistencia nos cuesta e impone grandes sacrificios a nuestra gente cada día y supone enfrentar con estoicismo la crueldad de las medidas extraterritoriales del gobierno estadunidense.

El imperio dice que Cuba representa una amenaza para su seguridad nacional, lo cual resulta ridículo e inverosímil. Ha decretado un bloqueo petrolero, con la consecuente parálisis de hospitales, escuelas, industrias, el transporte. Intentan privar a nuestros médicos de salvar vidas; tratan de paralizar nuestro sistema de enseñanza gratuito y universal, de sumirnos en la hambruna, en la falta de energía para garantizar el acceso al agua potable, a la cocción de los alimentos; en fin, se proponen apagar de modo lento y cruento a un país.

Cuba resiste y resistirá esta agresión inhumana, pero cuenta con la solidaridad activa de todos los hombres y mujeres honestos, humanistas y de buena voluntad del mundo. Se trata de impedir un acto genocida y salvar a un pueblo heroico cuyo único “delito y amenaza” ha sido defender su soberanía.

Cuba nunca ha agredido a nación alguna. Cuba ejerce la solidaridad internacional aun en condiciones de bloqueo extremo. Estar con Cuba hoy es defender la paz y el derecho de todos los pueblos, por pequeños que sean, al ejercicio pleno de su soberanía.

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) llama a todos los intelectuales y creadores del mundo a movilizarse en defensa de la causa cubana. Como lo definió Martí en 1895, al escribir sobre nuestro deber en América: “Quien se levanta hoy por Cuba, se levanta para todos los tiempos”.

FIRMANTES

Miguel Barnet Lanza, escritor, poeta y etnólogo. Presidente de Honor de la UNEAC. Premio Nacional de Literatura y de Patrimonio. Presidencia Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Nancy Morejón, escritora y poeta. Premio Nacional de Literatura.

Lesvia Vent Dumois, vicepresidenta de la UNEAC. Premio Nacional de Artes Plásticas.

Alpidio Alonso Grau, poeta. Ministro de Cultura de Cuba.

Abel Prieto Jiménez, escritor. Presidente de Casa de las Américas.

Pedro Pablo Rodríguez, investigador e historiador. Premio Nacional de Ciencias Sociales.

Virgilio López Lemus, escritor y poeta. Premio Nacional de Literatura.

Waldo Leyva, Premio Nacional de Literatura.

Francisca López Civeira, investigadora. Premio Nacional de Ciencias Sociales.

Rafael Acosta de Arriba, escritor. Premio Nacional de Investigación Cultural.

René Fernández, Premio Nacional de Teatro.

Miriam Muñoz, Premio Nacional de Teatro.

Zenén Calero, Premio Nacional de Teatro.

Viengsay Valdés, directora del Ballet Nacional de Cuba. Premio Nacional de Danza.

José Oriol, Premio Nacional de Cultura Comunitaria.

José Menéndez Sigarroa (Pepe Menéndez), diseñador. Premio Nacional de Diseño.

José Villa Soberón, escultor, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Eduardo Roca Choco, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Margarita Ruiz, investigadora. Premio Nacional de Patrimonio Cultural.

Flora Fong, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Arístides Hernández Ares, humorista gráfico y caricaturista. Premio Nacional de Humorismo.

Fátima Patterson, directora del estudio teatral Macubá. Premio Nacional de Teatro.

Juan Piñera Infante, compositor. Premio Nacional de Radio y de Enseñanza Artística.

Digna Guerra, directora coral. Premio Nacional de Música.

Josefa Bracero Torres, radialista. Premio Nacional de Radio.

Ramón Espigul, radialista, Premio Nacional de Radio.

Guille Vilar Álvarez, radialista. Premio Nacional de Radio.

Eslinda Núñez, actriz. Premio Nacional de Cine.

Roberto Ferguson, director audiovisual. Premio Nacional de Televisión.

José Ramón Artigas, director audiovisual. Premio Nacional de Televisión.

José Loyola, músico. Premio Nacional de Enseñanza Artística.

Roberto Valera, músico. Premio Nacional de Música.

Guido López-Gavilán, compositor, pedagogo y director de orquesta. Premio Nacional de Música.

Raúl Rodríguez, radialista. Premio Nacional de Radio.

Alex Pausides, Premio Nacional de Edición.

Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba. Premio Nacional de Danza.

Santiago Alfonso, coreógrafo. Premio Nacional de Danza.

Rubén Darío Salazar, actor, director de Teatro Las Estaciones. Premio Nacional de Teatro.

Marta Bonet de la Cruz, musicóloga y presidenta de la UNEAC.

Elier Ramírez Cañedo, escritor, historiador e investigador.

Magda Resik Aguirre, periodista y vicepresidenta primera de la UNEAC.

Yuris Nórido Ruiz Cabrera, periodista y vicepresidente de la UNEAC.

Yasel Toledo Garnache, periodista y presidente de la Asociación Hermanos Saiz.

Alberto Marrero, escritor y poeta.

Ernesto Limia Díaz, historiador e investigador.

Abel Enrique González, historiador e investigador.

Vivian Martínez Tabares, directora del Departamento de Teatro de Casa de las Américas.

Isabel Cristina López Hamze, profesora de la Universidad de las Artes ISA.

Olga Teresa Pérez Berra, teatróloga.

Fernando Rojas, ensayista y escritor.

Juan Alberto Ante, director de Alas Teatro y vicepresidente primero de la UNEAC en Granma.

Adis Nubia, actriz de Teatro Andante.

Julio César Ramírez, director de Teatro D Dos.

Lourdes Cajigal, directora Compañía Así Somos.

Vladimir Peraza, crítico e investigador.

Octavio Fraga, periodista y ensayista.

Graciela Chailloux, escritora y profesora de la Universidad de La Habana.

Kenia Rodríguez, representante de Assitej Cuba.

Dennis Ramos, actor y profesor de la Escuela Nacional de Teatro Corina Mestre.

Ernesto Planas, actor, mimo y profesor de la Universidad de las Artes ISA.

Leivan García, bailarín y coreógrafo, director del Conjunto Folclórico Nacional.

Nereida López, directora del Teatro Nacional.

Marvis Yaquis, diseñador y director del Consejo Nacional de Artes Escénicas.

Miguel Cañellas, director del Teatro Tomás Terry.

Jorge Mederos, director del Centro de Teatro de La Habana.

Mercedes Borges, profesora de la Universidad de las Artes ISA y directora del portal Cuba escena.

José Omar Arteaga, profesor de la Universidad de las Artes ISA y editor del portal Cuba Escena.

Eduardo Valdés Rivero, director artístico.

Valia Valdés, actriz y periodista.

Elvia Pérez, narradora oral y directora de Puente de Palabras.

Maribel López Carcasés, actriz del Teatro Guiñol Guantánamo.

Jorge Brooks, gestor e investigador.

Uri Rodríguez, actor y director de Teatro La Barça. Presidente de la UNEAC en Guantánamo.

Migdalia Tamayo, crítica e investigadora de arte Vicepresidenta primera de la UNEAC en Guantánamo.

Jesús Lozada, médico y escritor.

Juan González Fiffe, director de Teatro Andante. Premio Maestro de Juventudes.

Raquel González, actriz y directora de televisión.

María del Carmen Mena, profesora de la Universidad de las Artes ISA.

Yuliet Montes, actriz de Teatro de la Utopía y profesora de la Universidad de las Artes ISA.

Jaime Gómez Triana, investigador, escritor, vicepresidente de Casa de las Américas y profesor de la Universidad de las Artes ISA.

Reinaldo León, director de Teatro de la Utopía y profesor de la Universidad de las Artes ISA.

Luis Enrique Amador Quiñones, actor y rector de la Universidad de las Artes ISA.

Marilyn Garbey, investigadora, escritora y presidenta de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC.

Roxana Pineda, actriz y directora de Teatro La Rosa.

Norma Gálvez, directora de la editorial Envivo y profesora de la Universidad de las Artes ISA.

José Omar Torres Lopez, pintor y grabador.

Diana Balboa, pintora y grabadora.

Humberto Mayol Viton, fotógrafo.

Evert Fonseca, pintor.

Liliam Chacón, decana de la Facultad de Arte Danzario del ISA.

Raúl Torres, trovador.

Mabel Castillo, musicóloga, presidenta de la Asociación de Músicos de la UNEAC.

Lourdes de los Santos, documentalista y presidenta de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC.

Manuel Herrera, cineasta.

Orieta Cordeiro, radialista.

Sahily Tabares, escritora.

Jorge Alonso Padilla, realizador de televisión.

Irene Borges, directora de Espacio Teatral Aldaba.

Víctor Fowler, escritor.

Rosa Miriam Elizalde, periodista y escritora.

Omar González, periodista y escritor.

Regina Balaguer, directora del Ballet de Camagüey y vicepresidenta primera de la UNEAC en Camagüey.

Armando Pérez Padrón, realizador audiovisual, escritor y presidente de la UNEAC en Camagüey.

José Manuel Espino, escritor, poeta y presidente de la UNEAC en Matanzas.

Janette Brossard, artista plástica y presidenta de la Asociación de Artistas Visuales de la UNEAC.

Ricardo Riverón Rojas, escritor y presidente de la UNEAC en Villa Clara.

Carlos Figueroa, radialista y presidente de la UNEAC en Sancti Spiritus.

Gerardo Houdayer, radialista y presidente de la UNEAC en Santiago de Cuba.

Claustro de profesores de la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso

Dani Miguel Hernández Acosta, director primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba.

María Mercedes García Vega, vicedirectora del Ballet Nacional de Cuba.

Enrique Ubieta, investigador y escritor.

Ana Irma Pérez Pereyó, músico y vicepresidenta de la Asociación Hermanos Saiz.

Santa Massiel Rueda, trovadora y vicepresidenta de la Asociación Hermanos Saiz.

Nelson Valdés Viera, trovador.

Marcos David Fernández (El Kikiri de Cisneros), repentista.

Dazra Novak, escritora y presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC.

Karel Leyva, poeta.

Marta Campos, trovadora y vicepresidenta de la Asociación de Músicos de la UNEAC.

Orlando Valle Maraca, flautista y vicepresidente primero de la Asociación de Músicos de la UNEAC.

Sándor González Vilar, artista visual.

Lázaro Dagoberto González, violinista, pedagogo, compositor y director de orquesta.

Beatriz Corona Rodríguez, compositora y directora de coral.


Todo indica que la política exterior de EE.UU. sobre Cuba se decide en Florida

Misión Verdad.- Cuba atraviesa una de las crisis más graves de las últimas décadas. La escasez de combustible, el colapso del sistema eléctrico y el deterioro acelerado de las condiciones de vida se producen en un contexto de presión económica creciente por parte de Estados Unidos, marcada por sanciones, amenazas de aranceles secundarios y un cerco energético que ha reducido drásticamente las posibilidades de abastecimiento de la isla. La situación ha reactivado el debate sobre la política de Washington hacia La Habana.

En ese marco, el presidente Donald Trump ha afirmado públicamente que existen conversaciones en curso con altos funcionarios cubanos, presentándose como un actor dispuesto a explorar una salida negociada al actual impasse. Desde La Habana, el gobierno cubano ha reiterado en múltiples ocasiones su disposición a dialogar sobre una amplia gama de temas, siempre que las conversaciones se desarrollen sin presiones ni precondiciones y sobre la base del respeto a la soberanía.

Sin embargo, una investigación periodística y exclusiva publicada por Drop Site News desmonta esa narrativa. De acuerdo con fuentes cubanas y estadounidenses citadas por el medio, no existen ni han existido negociaciones de alto nivel entre Washington y La Habana. Las supuestas conversaciones a las que alude Trump serían, en realidad, una ficción construida desde el propio Departamento de Estado. Según el reportaje, el presidente estaría siendo deliberadamente desinformado sobre el estado real de los contactos con Cuba, parte de una estrategia interna para bloquear cualquier avance diplomático.

La investigación señala que el secretario de Estado, Marco Rubio, es el principal operador de esta maniobra para ganar tiempo, fabricar el relato de un diálogo fallido y, llegado el momento, justificar una política de endurecimiento aún mayor.

La ficción diplomática

Según el artículo de Drop Site News, un elemento clave para entender la política de Washington hacia Cuba en el actual gobierno de Donald Trump es la existencia de una diplomacia paralela operada desde el propio Departamento de Estado.

Este mecanismo cumple una función precisa. Permite simular un intento de negociación destinado al fracaso, de modo que, una vez agotada esa vía ficticia, pueda argumentarse que la intransigencia cubana dejó como única opción una política de "máxima presión". La maniobra no solo bloquea cualquier acercamiento real, sino que preserva a Rubio frente a un dilema político interno: firmar o facilitar un acuerdo con el gobierno cubano significaría traicionar a la base que sostiene su poder político.

La política hacia Cuba está condicionada por una constelación de intereses electorales, ideológicos y financieros asentados en el sur de Florida, capaces de castigar políticamente a cualquier figura republicana que se aparte de una línea dura contra La Habana. Rubio representa a esa base y actúa como su garante dentro del aparato ejecutivo.

Las declaraciones públicas de Trump muestran que el presidente no percibe a Cuba como un enemigo ideológico central. Fuentes citadas por Drop Site señalan que su interés se orienta más hacia oportunidades económicas y control migratorio que hacia un cambio de régimen en la isla. Esa diferencia de enfoque explica por qué el bloqueo interno resulta necesario. Rubio no puede oponerse abiertamente al presidente sin pagar costos políticos inmediatos, pero sí puede condicionar la información que recibe y administrar los tiempos de la diplomacia.

La dinámica no es nueva. Durante años, la política estadounidense hacia Cuba ha estado atravesada por un sistema de intermediación donde actores del exilio cubanoamericano han ejercido una influencia desproporcionada. Lo que distingue el momento actual es el grado de autonomía con el que esa lógica opera dentro del Ejecutivo.

El veto de Miami

Buena parte de la conducta de Marco Rubio en política exterior no puede entenderse únicamente como una expresión ideológica personal ni como una extensión mecánica de la agenda de Donald Trump. Responde, ante todo, a un veto político estructural asentado en el sur de Florida, donde el anticastrismo más radical funciona en calidad de factor de disciplinamiento interno dentro del Partido Republicano y constituye un límite infranqueable para cualquier intento de negociación con La Habana.

Ese veto explica por qué Rubio está dispuesto a operar incluso contra el propio presidente. En ese esquema, cualquier acercamiento real con el gobierno cubano supondría para él una ruptura con la base que sostiene su poder político, financiero y electoral.

Rubio construyó su carrera desde Florida articulando una identidad política inseparable del anticastrismo militante. Desde sus primeros cargos locales hasta su proyección nacional, el tema cubano es un eje estructurante de su discurso, convirtiéndose en un mecanismo de acumulación de poder dentro de una comunidad política altamente organizada, movilizada y con capacidad de castigo electoral.

Este posicionamiento le permitió consolidarse como portavoz privilegiado de los sectores más duros del exilio cubanoamericano, al tiempo que lo proyectó como operador clave en la agenda hemisférica de Washington. La consecuencia directa es una política exterior rígida, donde el margen de maniobra presidencial queda subordinado a los equilibrios internos de Florida.

Ese perfil ideológico se encuentra respaldado por estructuras materiales concretas. Tal como documentan investigaciones previas de nuestra tribuna, el ascenso de Rubio ha estado acompañado por lobbies empresariales y sectoriales con intereses bien definidos, entre ellos la industria carcelaria privada, desarrolladores inmobiliarios de Florida y grupos de presión proisraelíes.

El vínculo con empresas como GEO Group, altamente beneficiadas por políticas de criminalización migratoria y expansión del sistema de detención, refuerza una agenda securitaria donde la coerción estatal se traduce en rentabilidad económica. En este entramado, el discurso de "mano dura" hacia Cuba, Venezuela o la migración es funcional a intereses corporativos que financian y sostienen su carrera.

Más delicado aún es el ecosistema político que rodea a Rubio en el sur de Florida. El senador ha recibido respaldo explícito de organizaciones y figuras históricamente vinculadas a la violencia política y al terrorismo contra Cuba.

Entre ellas destaca la Brigada 2506, organización directamente asociada a la invasión de Bahía de Cochinos, referente simbólico y político del anticastrismo más extremo. A ese entramado se suman personajes como Orlando Gutiérrez-Boronat, dirigente que ha llamado reiteradamente a la intervención militar estadounidense en Cuba, y Luis Posada Carriles, responsable de múltiples acciones terroristas, incluida la voladura de un avión civil con 73 personas a bordo, fallecido en Miami sin rendir cuentas ante la justicia estadounidense.

El silencio institucional y mediático frente a estos respaldos revela hasta qué punto el control político del anticastrismo radical en Florida es capaz de condicionar a gobiernos, partidos y medios.

Desde esta perspectiva, el comportamiento del secretario de Estado frente a Cuba —y su disposición a sabotear cualquier vía de negociación— es la expresión coherente de un poder local que proyecta su influencia sobre la política exterior de Estados Unidos. Un poder que, en palabras del periodista cubano Iroel Sánchez, explica por qué en Washington no hay simple cautela frente al exilio de Miami, sino temor.

Política exterior capturada y consecuencias regionales

El caso cubano funciona como un laboratorio donde se observa un patrón más amplio: la captura de decisiones estratégicas por actores capaces de operar por encima del presidente y de las instituciones formales del Estado, precisamente por responder a intereses corporativos de mayor peso. Marco Rubio es una de las expresiones más acabadas de ese sistema.

Esto se replica en otros frentes. La obsesión de Rubio con el cambio de régimen no se limita a La Habana. Venezuela es un segundo eje permanente, donde la presión económica, la criminalización de la migración y la militarización discursiva cumplen funciones similares. Su capacidad para bloquear negociaciones, condicionar información y forzar escenarios de confrontación muestra hasta qué punto Estados Unidos admite y normaliza este tipo de prácticas.

Lo que confirma este caso es una arquitectura de poder donde la simulación diplomática, por un lado, y las medidas de asfixia económica, por el otro, se integran como herramientas habituales. En ese marco, la pregunta ya no es si habrá negociaciones con Cuba, sino quién decide realmente que no las haya. Y la respuesta deriva sobre Miami y sus alrededores.

En un lugar de Cuba: claves de una resistencia

Norelys Morales Aguilera.- Durante la Crisis de Octubre —como se le nombra en Cuba a lo que el mundo llamó Crisis de los Misiles— una niña preguntó dónde estaba su padre. Una persona mayor respondió con sobria discreción: “en un lugar de Cuba”. La frase quedó suspendida como un secreto compartido por toda una nación. Esa misma discreción acompañó años después a los primeros cubanos que partieron a misiones internacionalistas en África. Todos sabían, pero nadie necesitaba decirlo en voz alta hasta que correspondiera hacerlo.

Esa contención, esa certeza silenciosa, es una de las claves de la resistencia cubana.

A lo largo de su historia, Cuba ha sido objeto de presiones externas, intentos de aislamiento y narrativas que anuncian, una y otra vez, su inminente colapso. En enero de 2026, el gobierno de Estados Unidos volvió a declarar a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional y política exterior. La medida generó debate: ¿responde a riesgos reales o forma parte de estrategias políticas vinculadas a dinámicas internas estadounidenses?

En medio de tensiones internacionales, polarización política, protestas sociales y desafíos económicos dentro de Estados Unidos, las decisiones hacia Cuba suelen adquirir una dimensión simbólica que trasciende lo estrictamente bilateral. No es la primera vez que la Isla es colocada en el centro de disputas que responden también a agendas domésticas.

Sin embargo, Cuba no es un escenario pasivo. Existe una trama profunda que rara vez se capta desde fuera: la resistencia cotidiana.

Esa resistencia no se proclama; se ejerce. Está en los trabajadores que sostienen sus centros laborales en condiciones difíciles. En los maestros que perseveran con sus alumnos. En los médicos que continúan atendiendo aun con limitaciones materiales. En científicos, campesinos, estudiantes, artistas y emprendedores que buscan soluciones en medio de carencias. En instituciones que funcionan bajo tensión constante, intentando garantizar estabilidad y protección.

Nada de esto niega las dificultades reales. La vida diaria se ha visto marcada por apagones, escasez de combustible, carestía, falta de medicamentos, recuperación tras desastres naturales y brotes epidémicos. Son circunstancias que podrían generar desaliento generalizado. Existe preocupación. Existe cansancio. Existe incertidumbre.

Pero también existe otra cosa.

En Cuba se repite una frase aún vigente: “lo último que se pierde es la esperanza”. Y cuando la esperanza flaquea, emerge el humor. Un humor transversal, irreverente, profundamente popular, que funciona como válvula de escape y como mecanismo cultural de supervivencia.

A quienes observan a Cuba con lupa, les sería útil detenerse en fenómenos aparentemente insignificantes. Por ejemplo, una cola para comprar pan. Allí se despliega un laboratorio social: paciencia, queja, ironía, solidaridad improvisada, desahogo verbal y, finalmente, risa colectiva.

Recuerdo a un hombre que protestaba con la vehemencia característica del habla cubana. Concluyó diciendo que “habría que castigar a algún traidor”. Desde el grupo, una mujer respondió con un dicho popular que provocó silencio primero y carcajadas después. Más allá de la frase exacta, lo que se produjo fue un acto de regulación social espontánea: el humor como freno, como equilibrio, como sabiduría popular.

Así también opera la resistencia.

No es únicamente una postura política. Es un tejido cultural. Es memoria histórica. Es sentido de pertenencia. Es la convicción —expresada por Fidel en más de una ocasión— de que Cuba no puede ser reducida a una ecuación de presión externa y desgaste interno.

José Lezama Lima escribió que “llevamos un tesoro en un vaso de barro”. Tal vez esa imagen ayude a entender la paradoja cubana: fragilidad material y fortaleza simbólica conviviendo en tensión permanente.

Si Marx afirmó haber aprendido del capitalismo leyendo a Balzac, yo me atrevería a decir que del socialismo cubano se aprende observando al pueblo en su vida diaria. Allí, en lo cotidiano, en lo inesperado, en la mezcla de preocupación y orgullo, se revelan claves que no siempre aparecen en los análisis geopolíticos.

En algún lugar de Cuba —en muchos lugares de Cuba— la resistencia no se proclama con estridencia. Se practica.

Ya en Cuba ayuda solidaria procedente de México (+ video)

En dos buques de la armada de México llegó hoy al puerto de La Habana un cargamento con más de 800 toneladas de ayuda material enviada por el Gobierno de la nación de norteamérica, por instrucción de su presidenta, Claudia Sheinbaum.

Al recibir la carga, Betsy Díaz Velázquez, ministra de Comercio Interior, agradeció a la presidenta Sheinbaum, a su Gobierno, al pueblo mexicano, y a las instituciones que hicieron posible que esta ayuda llegara al pueblo cubano.

Según reseña el diario Granma, la titular precisó que esta ayuda está compuesta por alimentos, productos de aseo y otros enseres que serán bien recibidos por el pueblo. 

Destacó la participación de la Secretaría de la Marina, a la de Relaciones Exteriores, a la embajada, la oficina de la Presidencia y todas las instituciones mexicanas que hicieron posible el envío. 

 "En momentos donde se sortean las dificultades, donde el recrudecimiento de las medidas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos y el intento por asfixiarnos se recrudece, se agradece mucho más", afirmó Díaz Velázquez.

Añadió que los cubanos se sienten acompañados por México, por su humanidad, su solidaridad y su hermandad. 

Según precisó la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, el buque Papaloapan transportaría alrededor de 536 toneladas, entre leche líquida, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, atún en agua, sardina y aceite vegetal, así como artículos de higiene personal.

 En tanto, el segundo barco, llamado Isla Holbox traería a Cuba unas 277 toneladas de leche en polvo.

Cuba, sin diálogo con EU a ningún nivel: vicecanciller (+ video)

Luis Hernández Navarro/La Jornada de México.- Carlos R. Fernández de Cossío, viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba desde enero de 2022, niega que haya conversaciones de alto nivel entre Washington y La Habana.

Representante de Cuba durante la primera fase del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, señala, sin embargo, que esas pláticas son factibles de realizar en un marco de respeto.

En conversación con La Jornada, explica que son chismes las versiones que difunden la idea de que familiares de figuras relevantes del gobierno de la isla pactan con Washington una transición. Se trata –dice– de rumores que funcionan como cortina de humo, para ocultar la responsabilidad de la Casa Blanca en el criminal e inhumano estrangulamiento energético contra el pueblo cubano.

Extractos sustanciales de la entrevista.

–Viceministro: Estados Unidos busca responsabilizar al gobierno cubano de las consecuencias del bloqueo que Washington aplica a la isla. ¿Es un enfoque justo?

–El gobierno de Estados Unidos actúa como actúa comúnmente el opresor. En la época de la esclavitud moderna, el opresor culpaba al esclavo por no trabajar lo suficiente, por quererse fugar, por no obedecer órdenes de un dueño. Lo castigaba, penalizaba y mutilaba. En muchas ocasiones, lo mataba. Esa conducta es parecida a lo que Estados Unidos está haciendo con Cuba.

“Hay que recordar que lo que sucede ahora con el combustible no comenzó en este momento. En 2019, hace siete años, Washington comenzó con la política de amenazar con sancionar a empresas transportistas, aseguradoras, reaseguradoras e incluso a puertos que transportaran combustible a Cuba. Eso implicó mayores limitaciones para importar combustible y lo encareció. Lo novedoso en la medida del 29 de enero es que amenaza con represalias económicas comerciales a los países que exporten combustible a nuestro país.

“Esto tiene implicaciones en dos sentidos. Primero, en el impacto sobre la población cubana, cruel y muy dañino. Cuba no puede producir el combustible para la distribución de alimentos o el abasto de agua.

“El segundo impacto es global. Plantea a todos los países que Estados Unidos tiene la prerrogativa de limitarlos o coaccionarlos en función de adónde destinar sus bienes nacionales. Es el caso del combustible. ¿Dónde está el freno de esto? Lo que hace es una amenaza para todo el mundo.

“Culpar a Cuba de ser responsable del bloqueo en su contra es cínico, mendaz. Detrás de esta acusación hay una inmensa mentira.

“La determinación de Washington de decirle al resto del mundo si pueden o no vender petróleo a Cuba significa que está acotando la soberanía de esas naciones.”

Pasividad internacional

–¿Lo que Estados Unidos e Israel hicieron en Gaza fue un punto de inflexión de lo que Washington hace ahora en Cuba?

–Hay que establecer diferencias en las dimensiones. A Gaza la sometieron a un bombardeo atroz. Se asesinó a decenas de miles de personas a la vista del mundo entero.

“Lo que tiene un grado de comparación con lo que nos acontece es la pasividad internacional. Lo que sucede con Cuba hoy, puede sucederle a cualquier país, sin límite.”

–¿Hay conversaciones de alto nivel entre el gobierno cubano y Estados Unidos?

–No existe ningún diálogo de alto nivel entre el gobierno de Estados Unidos y Cuba. Ni siquiera hay diálogo a nivel intermedio. Hemos tenido intercambio de mensajes. Lo que hay son las conversaciones usuales que han existido a lo largo de mucho tiempo. Incluso, menos que eso. Hasta hace un año, teníamos diálogos habituales a nivel de altos funcionarios con el Departamento de Estado. Hoy eso no existe.

–Se ha difundido que hay diálogo informal entre integrantes de familias relevantes de la isla y el gobierno de Estados Unidos, en la perspectiva de una transición en Cuba. Y que México serviría como puente.

–Son rumores. No es cierto que existan pláticas de familiares de nadie que represente al gobierno cubano y Estados Unidos, en función de un diálogo. México no está jugando ningún papel de este tipo.

“Pero depende de lo que significa ser puente. México desempeña un papel muy importante en sus relaciones amistosas y sus acciones solidarias con Cuba. Eso de por sí significa un puente, puesto que muestra un ejemplo de lo que otros países podrían hacer.”

Se requiere voluntad

–Estados como el Vaticano han mediado entre Estados Unidos y Cuba. ¿Podrían suceder eso ahora?

–Si tienen la voluntad de hacerlo, como sucedió en el pasado, diversos países podrían facilitar el espacio. Pero Cuba y Estados Unidos tenemos relaciones diplomáticas. Tenemos incluso embajadas en nuestras respectivas capitales. De modo que no es necesario que exista un canal de comunicación. Lo que tiene que existir es voluntad.

“Esa posibilidad se puede dar. Pero requiere voluntad y disposición del gobierno de Estados Unidos a tener un diálogo serio, respetuoso, que tome en cuenta que no puede violentar los derechos y las prerrogativas soberanas de las partes. No es mucho pedir. Nada de lo que Cuba plantea es irracional.

“Cuba no es un dominio de Estados Unidos. No es su colonia. Ni de Estados Unidos, ni de ningún país. Es un Estado soberano.

“Pensamos que es posible un diálogo con el gobierno del presidente Trump. Pero éste tiene que considerar cuáles son verdaderamente sus intereses nacionales, sus prioridades, los elementos que resultan de importancia para su seguridad nacional, para el bienestar y nivel de vida de su población.

“Debe dejar de lado las ficciones que los sectores anticubanos en Estados Unidos fabrican, para seguir viviendo y seguir lucrando con la hostilidad bilateral. Debe dejar de mentir al decir que Cuba es una amenaza, porque eso es imposible. Cuba no participa en el tráfico ilícito de drogas, ni permite que su territorio se utilice con esos fines. No hay crimen organizado. Cuba ha cooperado en innumerables ocasiones con Estados Unidos en estas esferas.

“Los ciudadanos estadunidenses no pueden vacacionar en Cuba porque su gobierno lo prohíbe. Las empresas estadunidenses no pueden hacer negocios, ni invertir, ni obtener ganancias en Cuba, porque su gobierno no lo permite. Cubanos que viven en Estados Unidos no viajan a Cuba, no se relacionan con su familia y no realizan negocios en la isla por la política de amenazas e intimidación que existe contra ellos dentro de Estados Unidos. Un diálogo permitiría eliminar todas esas prohibiciones.”

Castigo a la revolución

–¿De dónde viene esa animadversión hacia Cuba?

–Hay una noción política afincada en Estados Unidos durante 67 años, que no tiene que ver con la actual generación de sus políticos, de que hay que impedir que Cuba prospere porque hizo una revolución. El país se revolucionó, eso nadie lo puede cambiar. Y por eso se le sigue castigando.

“En adición a eso, hay una clase política estadunidense, que no es muy numerosa, pero está bien conectada, que ha hecho negocio y carrera política viviendo de la hostilidad hacia Cuba. Lucran con ello.”

–¿Provienen estos rumores de Marco Rubio?

–Puede ser, no podemos descartarlo. Pero ha funcionado como una cortina de humo para no hablar del crimen que se comete contra el pueblo cubano. En vez de preguntarse cuánto daño se le provoca a la gente, qué legitimidad tiene Estados Unidos para atacar a Cuba, o en qué medida se limita la soberanía de otros países, cierta prensa pregunta cuestiones como ésta.

“Se ha dañado muchísimo al pueblo cubano y se le puede dañar más. Cuando se deprimen la producción de alimentos, de servicios de salud, se hace mucho daño. Una sala de terapia intensiva, un salón de cirugía y una hemodiálisis no pueden funcionar sin electricidad. No se pueden distribuir alimentos si no hay combustible para transportarlos. No se puede bombear agua si no hay combustible para generar la energía requerida. Sin combustible no pueden funcionar las ambulancias ni los taxis, ni pueden acudir a su trabajo maestros y médicos.

“Todas esas limitaciones existen. Pero Estados Unidos no logrará alcanzar la meta que se ha propuesto. Este milagro se explica porque este país ha tenido durante 67 años una revolución socialista, concebida para el ser humano, para la justicia social, para que todo el mundo cargue con los desafíos y todo el mundo se beneficie.”