Sacerdotes católicos incitan a la desobediencia civil

Arthur González.─ Después de ver el documental sobre las revueltas organizadas por la CIA en Nicaragua, año 2018 y comprobar que sacerdotes católicos participaron activamente e incitaron a la población convocándolos a no tener miedo, observamos una similitud en la actuación de varios sacerdotes cubanos, entre ellos el jesuita Eduardo Llorens, de la Arquidiócesis de La Habana y Alberto Reyes, de Guáimaro, Camagüey.

Ambos clericós repiten en las redes sociales el mismo guion, donde Llorens cuestiona:

¿Por qué esa obediencia ciega del pueblo, cuando va contra la propia conciencia? ¿Por qué tantos trabajos voluntarios y sábados de la defensa? ¿Por qué tantos actos y firmas de reafirmación revolucionaria? ¿Por qué tanto empeño en llenar las cuadras con letreros y consignas revolucionarias?

Por su parte, el camagüeyano Alberto Reyes, escribe algo similar:

¿Por qué tanta insistencia en las marchas del pueblo combatiente, en los desfiles del 1ro de mayo, del 26 de julio y en las tribunas abiertas? ¿Por qué tantos “trabajos voluntarios” y sábados de la defensa? ¿Por qué tantos actos y firmas de reafirmación revolucionaria? ¿Por qué tanto empeño en llenar las cuadras con letreros y consignas “revolucionarias”?

Resulta indudable que ambos reciben idénticas orientaciones para que inciten a los feligreses, especialmente a los jóvenes, conscientes de que su posición contrarrevolucionaria persigue provocar a las autoridades, para después decir que son “víctimas” del sistema.

Esas posiciones son las mismas que orientan los yanquis contra la Revolución, para subvertir el orden interno.

¿Querrá la iglesia católica cubana retomar las posiciones que asumió en la década de los años 60 del siglo XX, cuando abrieron los templos para que grupos al servicio de la CIA conspiraran contra el proceso revolucionario, guardaban armas y hasta escondieron a quien asesinó a un piloto, cuando intentó desviar un avión civil?

¿Volverán a ejecutar con la CIA planes subversivos como la execrable Operación Peter Pan?

Ahora, por las revueltas del 11 de julio incitadas desde Estados Unidos en medio de la pandemia de la Covid, el sacerdote Eduardo Llorens, calumnia al gobierno cubano de “impedir la participación de abogados para defender a los detenidos” por los actos vandálicos y acusa al sistema judicial de supuestas irregularidades en los juicios, la misma difamación que divulgan los yanquis y que él sabe constituyen delitos.

En algunas de sus acusaciones contra el gobierno expresa:

“Fueron muchos detenidos y lamentablemente en Cuba hay una falta de cultura jurídica entre la población y desconocimiento de los procesos penales en la inmensa mayoría de las familias de los detenidos, de lo cual se aprovechan las autoridades”.

Miente deliberadamente como parte de las campañas que fabrica Estados Unidos, porque explica en la TV sus leyes, es precisamente Cuba, con la participación de fiscales, abogados y funcionarios de la Asamblea Nacional vinculados a los procesos legales.

El sacerdote Llorens, aduce ser miembro del servicio de acompañamiento de la Conferencia Cubana de Religiosos y Religiosas (CONCUR), que dice enfocarse en el “asesoramiento” para la presentación de recursos de Habeas Corpus, “ayudar a localizar detenidos” y orientar sobre los datos que deben averiguar sus familiares.

Funcionarios de la fiscalía y de la dirección de Instrucción Penal del Ministerio del Interior, participaron en un espacio televisivo para desmontar esas falsedades, que pretenden desprestigiar el sistema penal cubano, con el fin de que otros países y organizaciones internacionales condenen a Cuba.

Ambos sacerdotes deben saber, que la sotana no constituye un escudo protector para quienes violan las leyes cubanas y sus actos están recogidos claramente en el código penal, y que la libertad de expresión no puede transformarse en incitaciones contra el gobierno.

El sacerdote Alberto Reyes, cuestionó “la sumisión del pueblo cubano frente a las autoridades, y el miedo a desafiar las normas establecidas por el gobierno cubano”, hecho que constituye el delito de instigación a delinquir.

Para reafirmar su posición contrarrevolucionaria y desafiante de las leyes, añadió:

“El pueblo cubano debe comprender que su lugar no está en la obediencia, cuando esta supone el sacrificio de la dignidad humana. Esto sucederá hasta el día en que el sometido reconozca que ese no es su lugar, que tiene derechos, que tiene una dignidad que no puede ser pisoteada impunemente. Y el día en que esto ocurre y la persona entiende que es posible actuar como alguien libre, la visión sobre uno mismo y sobre los otros se transforma, y se hace ya imposible regresar a la esclavitud”.

La Conferencia Cubana de Religiosos y Religiosas (CONCUR), que asegura enfocarse en el asesoramiento legal, debería explicarles a los sacerdotes las violaciones que comenten.

Cuba ha sido bastante tolerante ante actitudes similares, pero el pueblo que apoya mayoritariamente a la Revolución, no permitirá que se altere el orden y la seguridad que se disfruta en el país, ni aceptará actos vandálicos como los ocurridos el 11 de julio y mucho menos la violencia criminal contra personas, como sucedió en Venezuela y Nicaragua, donde los “opositores” en nombre de la “libertad”, quemaron vivos a policías y torturaron a personas, solo por ser revolucionarios.

La jerarquía católica no admite que sus miembros inciten a otros a violar las rígidas normas establecidas por esa institución y ejecuta severas medidas con aquellos que las incumplan, por lo tanto, ante las provocaciones de estos y otros sacerdotes, no debe ser tolerante, poniéndole fin a las mismas, porque en Cuba no se permitirán incitaciones similares a las que efectuó Donald Trump, que terminaron con el asalto al Capitolio.

En 62 años, la Iglesia cubana no ha condenado la criminal guerra económica y financiera contra el pueblo cubano, tampoco los actos terroristas que dejaron miles de muertos y heridos, ni la guerra biológica que introduce plagas y enfermedades, entre ellas el Dengue Hemorrágico y la Fiebre Porcina Africana.

El odio no es el camino para solucionar los problemas de Cuba, aunque los yanquis lo estimulan por ser parte de su estrategia subversiva.

Sabio José Martí cuando dijo: “Las piedras del odio, a poco de estar al sol, hieden y se desmoronan”.

Rostros del fascismo

Abel Prieto.─ El historiador francés Christian Ingrao se propuso desmentir la leyenda de que los ejecutores del Holocausto fueron gente primitiva, fanática, sin estudios, muy limitada intelectualmente. Investigó 80 casos de oficiales nazis que intervinieron de manera directa en la matanza e hizo el libro Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS. Demostró así que numerosos niños alemanes que sufrieron como víctimas la Primera Guerra Mundial estudiaron luego, en los años 20, carreras universitarias, Leyes, Historia, Economía, Geografía, Sociología, y fueron reclutados masivamente para integrar las fuerzas más crueles del III Reich. Entre ellos hubo quienes se graduaron con honores en dos carreras; pero, eso sí, ninguno dudó a la hora de asesinar inocentes con sus propias manos.

Aunque cultos y dotados de una gran preparación intelectual, habían sido convencidos de que debían exterminar a los judíos porque significaban un peligro potencial para el pueblo alemán –de este modo se justificó ante sus jueces, en 1947, el coronel Walter Blume, doctor en Leyes, que había estudiado en Jena, Bonn y Münster.

Ingrao nos muestra un rostro peculiar del fascismo y prueba que la inteligencia y la cultura pueden acompañar a la barbarie si carecen de una base ética. No olvidemos que un poeta excepcional como el estadounidense Ezra Pound, antisemita feroz, se convirtió en vocero de Mussolini.

Un rostro digno de estudio muestra hoy el neofascismo europeo. Muchos analistas consideran que la estructura ideológica de estas corrientes radicales de ultraderecha resulta muy similar a aquella que sostuvieron sus antecesores en Italia, Alemania y la España franquista. Los imprescindibles chivos expiatorios ya no son judíos, sino inmigrantes de «razas inferiores», en particular los musulmanes. Al igual que Hitler, Mussolini y Franco, siguen siendo rabiosos anticomunistas. Detestan visceralmente todo mestizaje étnico y cultural, y sueñan con una Europa «pura», blanca y cristiana. También odian (odian mucho, con intensidad, con rabia) a feministas, homosexuales y activistas por los derechos de las llamadas minorías, emplean un lenguaje agresivo, enfático, bravucón, y acuden con facilidad a los peores insultos.   

Según una escritora española, el neofascismo tiende a arrastrarnos de igual forma hacia «el territorio donde es más fuerte: la mentira»:

«La mentira es creada, alimentada con mimo, cultivada como se cultiva un virus letal en un laboratorio. Hay think tanks de expertos creadores generando noticias falsas a nivel industrial. Así ocurrió en las campañas de Bolsonaro y de Trump, con Steve Bannon actuando como maestro de ceremonias, el mismo que asesoró a Salvini y a Orbán, el mismo que en nuestro país aleccionó a Vox».

El rostro de los neonazis de EE. UU. está también marcado por el rencor y el torrente de falsedades que ruedan a través de las redes sociales. Además, por la utilización sistemática del miedo. Son, lógicamente, «tipos duros», musculosos, racistas, homófobos, misóginos, amantes de las armas y de la violencia, que desprecian el arte auténtico y la inteligencia, consumen ávidamente la cultura chatarra yanqui y rinden culto a Trump y a todo lo que representa. Enloquecen ante la sola mención de la palabra «socialismo», aunque no entiendan su significado.

A Umberto Eco, por cierto, le preocupaba el ascenso del neofascismo y nos advirtió que debíamos estar atentos a su lenguaje terrible, «incluso cuando adopte la forma inocente de un popular reality-show».

El fascismo miamense muestra un rostro curioso. Es capaz de aliarse con políticos de la más rancia estirpe franquista para participar, por ejemplo, en una manifestación contra Cuba. Busca publicidad a toda costa para ser legitimado. Odia como el que más, emplea instrumentos como la mentira, el insulto y la intimidación, y añade la clásica «chusmería» como ingrediente populista.

El rapero y youtuber argentino Daniel Devita ilustró con videos impactantes su análisis de la fórmula usada por esa grotesca maquinaria fascista para chantajear a varios músicos cubanos y sumarlos vergonzosamente a la campaña contra la Revolución. Se trata de una fábula muy didáctica, triste, repulsiva, en la que se combinan provocaciones, insultos, groserías y verdaderos linchamientos a través de medios y redes sociales y amenazas públicas, que van desde el cierre inmediato de contratos comerciales hasta la posible revocación de tarjetas de residencia permanente en EE.UU.

¿Cómo hablar de libertad de expresión, de pensamiento, de creación, después de ver algo así? ¿O de dignidad? ¿O de arte? ¿Cómo hablar realmente de «patria» o de «vida»?

Fuente: Granma

Cuba supera la media mundial de personas vacunadas

Cuba sobrepasó las 10 millones de dosis aplicadas de la vacuna o los candidatos antiCovid-19 desarrollados en el país para hacer frente a la pandemia, informó hoy el Ministerio de Salud Pública (Minsap)

Cifras divulgadas por esta entidad refieren que al cierre del día 1, habían sido administradas un total de 10 millones 61 mil 236 dosis de los proyectos Soberana 02 y Soberana Plus, desarrollados por el Instituto Finlay de Vacunas (IFV) y de la primera vacuna cubana y de América Latina, Abdala, perteneciente el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

De esta forma, cuatro millones 155 mil 261 de personas en el país ya recibieron al menos la primera inyección de alguno de esos productos durante los procesos de vacunación masiva, intervención sanitaria, estudios de intervención o ensayos clínicos.

Además, tres millones 225 mil 507 cubanos cuentan con la segunda dosis y otros dos millones 680 mil 468 con la tercera, completando estos últimos el esquema completo de inmunización, lo cual representa el 23, 9 por ciento de los habitantes de la isla (más de 11 millones 300 mil).

Con los dígitos anteriores, la nación caribeña supera la media mundial de personas vacunadas.

Según el sitio internacional Our World in Data, a más de siete meses de iniciar la inmunización, solo el 28,6 por ciento de la población de todo el orbe ha recibido al menos una dosis de la vacuna antiCovid-19 y el 14,8 por ciento está completamente vacunado.

De manera general, el proceso de inmunización finalizó en 20 municipios cubanos: el especial Isla de la Juventud, los 15 de La Habana y cuatro de la oriental provincia de Santiago de Cuba.

Con más de un millón 355 mil personas que poseen el esquema completo, La Habana concluyó la víspera el proceso de vacunación, detalló en conferencia de prensa televisiva, la doctora María Elena Soto Entenza, jefa del Departamento de Atención Primaria de Salud del (Minsap).

Aunque oficialmente está finalizado el proceso, en la capital se mantendrán abiertos algunos vacunatorios para quienes no han podido asistir a recibir sus dosis, detalló.

Abdala, se aplica en intervalos de cero, 14 y 28 días, y mostró un 92, 28 por ciento de eficacia en la fase III de ensayos clínicos frente a la enfermedad sintomática.

Dicha formulación, que ya recibió la autorización de la autoridad regulatoria del país antillano para uso de emergencia, también evidenció un 100 por ciento de eficacia ante la gravedad y el fallecimiento.

Por su parte, la unión del candidato Soberana 02 con Soberana PLUS demostró 91,2 por ciento de eficacia en la fase III de estudios en cuanto a la capacidad para prevenir la enfermedad sintomática y 100 por ciento frente a la severidad y la muerte. Además mostró un 75,7 por ciento de eficacia ante el contagio./PL

La Unión Europea se dice, se contradice...o se doblega [+ video]

El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, rechazó  enérgicamente las más recientes declaraciones del alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Josep Borrell, sobre los disturbios registrados en la isla el pasado 11 de julio.

Rodríguez Parrilla fue categórico cuando aseveró que sobre Cuba, miente y manipula; y señaló que el alto representante podría ocuparse de la brutal represión policial en la UE.

En un mensaje en su cuenta de la red social Twitter, el canciller cubano agregó que Borrell dio una declaración en la que no se atrevió a mencionar por su nombre el genocida bloqueo económico, comercial y financiero que impone Estados Unidos (EE. UU.) al país caribeño, que viola la soberanía europea y le impone sus leyes y cortes.

"Rechazo enérgicamente declaración del Alto Representante UE en la q no se atreve a mencionar por su nombre el genocida bloqueo de EEUU q viola la soberanía europea y le impone sus leyes y cortes. Sobre #Cuba, miente y manipula. Podría ocuparse de brutal represión policial en UE", tuiteó el jefe de la diplomacia cubana.

Por su parte, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel,  expresó que esta postura es otra demostración del apoyo de la UE a la farsa injerencista imperial contra la mayor de las Antillas.

“Es increíble que el Alto Representante UE no mencione el bloqueo genocida y cruel. Miente, calumnia y asume la farsa injerencista imperial contra #Cuba. ¿Será falta de valor o sumisión? #CubaNoEstaSola #EliminaElBloqueo y #VeremosCómoTocamos”, tuiteó el mandatario cubano.

Curiosamente en una declaraciones emitidas por el Comisario de la UE, Josep Borrell, el pasado 14 de julio sí se refirió al bloqueo con todas sus letras.

¿Qué pasó entonces, el Comisario tuvo un ataque de amnesia o simplemente cedió ante las presiones del gobierno de Estados Unidos que intenta doblegar al mundo, para condenar a Cuba, en un intento por complacer a sus nuevos "aliados" de la mafia trumpista de Miami?


Tomado de Cubasí

Las víctimas estadounidenses del 11 de julio

José Ramón Cabañas Rodríguez.─ Si comparamos la línea del tiempo de estos días con una secuencia de hechos sucedidos en Cuba y en los Estados Unidos en la década de los años 90, encontraremos algunas claves para comprender mejor la arremetida de odio que ha sufrido la Isla en las últimas jornadas.

Con la desaparición de la URSS y el llamado campo socialista entre 1990 y 1991, varios “cubanólogos” predijeron el fin del proyecto revolucionario en Cuba. No había forma de explicar que una pequeña nación subdesarrollada resistiera la pérdida de un golpe del 85% de su comercio exterior y una caída del 35% en su producto interno bruto.

Para asegurarse de que Cuba colapsaría (y no solo su gobierno), elementos extremistas del Congreso estadounidense redactaron el borrador de lo que se conociera posteriormente como Ley Torricelli, que hacía aún más extraterritorial el bloqueo ya existente al imposibilitar las relaciones comerciales cubanas con filiales de empresas estadounidenses ubicadas en terceros países.

La situación económica en Cuba se siguió deteriorando, ocurrieron manifestaciones y hechos vandálicos en La Habana y otros puntos del país y sobrevino finalmente el flujo migratorio conocido como crisis de los balseros en 1994. A pesar de la reticencia inicial de las entonces autoridades demócratas en el poder en Washington, la única manera de poner fin a la indeseada llegada de inmigrantes fue a través de la negociación, que arrojó resultados en 1995.

El primer paso para una negociación es que ambas partes se reconozcan como iguales y procedan con respeto mutuo. Este hecho, más las proyecciones públicas del gobierno de Bill Clinton en el sentido de manejar una política de “dos vías” en relación con Cuba, saltaron las alarmas de los que veían próximo el fin del proyecto cubano.

Entonces dichas fuerzas comenzaron a proponer otro borrador de ley, mucho más integral en cuanto a la concepción de estrangular a Cuba que aquel aprobado en 1992. Este tenía muy pocas posibilidades de contar con el respaldo de la Cámara y el Senado estadounidenses si no sucedía un hecho excepcional, que impactara de forma masiva sobre la opinión pública nacional e internacional y además ayudara a formar cierta coalición bipartidista a lo interno.

Durante meses, el gobierno cubano había estado alertando a la Casa Blanca (no solo al Departamento de Estado) sobre las acciones ofensivas y peligrosas de la organización contrarrevolucionaria conocida como Hermanos al Rescate, la cual en reiteradas ocasiones había enviado avionetas a violar el espacio aéreo cubano, penetrar en el territorio nacional y arrojar objetos sobre la población.

Finalmente, el 24 de febrero de 1996 sucedió lo que era evitable, si las autoridades estadounidenses hubieran cumplido con su función de controlar las acciones de personas que violaron las regulaciones federales por entregar planes de vuelos falsos y por interferir en la seguridad de un país vecino.

El derribo de aquellas dos avionetas y el fallecimiento de sus cuatro tripulantes fue presentado en la prensa estadounidense, no como un acto de legítima defensa de Cuba, sino como uso excesivo de la fuerza contra aeronaves “civiles”. Los que pusieron en riesgo la vida de aquellos pilotos, pero garantizaron su seguridad propia en casa, corrieron a pedir una intervención militar en Cuba, o un bombardeo masivo contra La Habana.

Cuando estas opciones fueron descartadas, el campo de batalla se trasladó al Congreso donde fue aprobada la infame Ley Helms Burton, cuyo texto no fue siquiera leído por la mayoría de los legisladores y llevó las sanciones contra Cuba a un extremo inusitado para la época.

Vale recordar que, aún después de que se diera tal paso y con ello se alejara el “peligro” de cualquier desliz demócrata de acercamiento hacia Cuba, tuvieron lugar los atentados terroristas en hoteles habaneros durante 1997, con importantes costos humanos y materiales.

Pero, ¿Cómo se relaciona todo esto con el actual escenario?

Los sectores anticubanos más extremistas apostaron por la reelección de Donad Trump como presidente en noviembre del 2020, no sólo de cara a los temas internos en aquel país, sino con la convicción de que daría continuidad a la imposición de medidas extremas contra Cuba, que produjeran el mismo resultado que han intentado y no han logrado desde Playa Girón.

Resultó electo Joe Biden, ex senador demócrata de amplia trayectoria, ex vicepresidente de Barack Obama por ocho años, que estuvo muy cerca de todos los cambios operados entonces en relación con Cuba y que durante su campaña electoral dijo voluntariamente y sin presiones que dejaría sin efecto “algunas” de las decisiones de Trump contra la Isla. Solo algunas. Peor aún, en esas mismas elecciones los demócratas mantuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes y equilibraron el poder en el Senado, con la posibilidad de definir votaciones a su favor contando con el voto de la vicepresidenta, si fuera necesario.

La derecha extremista anticubana, que tiene conexiones importantes (aunque no es exactamente igual) con los sectores que han polarizado en extremo el discurso y la actuación política al interior de Estados Unidos, sintió nuevamente el peligro de que se escapara de sus manos la posibilidad de “terminar el trabajo” contra Cuba, que ya sufría las medidas draconianas de Trump, combinadas con los efectos de la COVID19 que, aunque logró ser contenida en la isla en sus inicios, ya venía causando estragos por la acumulación del desgaste.

En paralelo, la parte del stablishment (que no es demócrata ni republicano) asociado a los temas de Seguridad Nacional venía observando con interés la evolución de los acontecimientos en Cuba.

Entonces, surgió nuevamente la pregunta de cómo podría cortarse de raíz un potencial acercamiento oficial, o una conducta menos hostil hacia Cuba de la Casa Blanca. Haciendo uso de un manual de procedimientos viejo y empolvado, la Derecha sintió que había que acudir a una provocación, a estructurar un hecho o una serie de ellos que impactara sobre la opinión pública y ayudara a formar cierta coalición bipartidista (repetimos el término) contra Cuba.

Aquí vale explicar que para muchos dentro de esos sectores extremistas que operan fuera del gobierno el objetivo es mantener la hostilidad contra Cuba por revancha, por odio, por razones ideológicas. Pero para un grupo importante se trata de garantizar que cada año se vuelvan a aprobar presupuestos federales millonarios para programas con un propósito ilimitado en el tiempo de “cambio de régimen”, que por el camino garantiza la manutención de cientos y miles de empleados (más sus familiares) en el sur de la Florida.

¿Alguien ha calculado cuál sería el impacto sobre el desempleo en esa región si de pronto se apagaran Radio y TV Martí y sus ramificaciones digitales, si la USAID no diera un centavo más para “defender los valores democráticos en Cuba”? ¿Cómo afectaría esa falta de financiamiento a las campañas políticas de aquellos que reciben el “agradecimiento” de sus electores por mantenerle empleos con financiamiento federal?

Y el conglomerado no termina ahí. Con el advenimiento y desarrollo de las redes sociales existe en los medios cubanoamericanos un entramado de “servicios informativos” digitales que viven de la publicidad que generan entes económicos de las áreas con mayor concentración de ese grupo de inmigrantes y que se debaten entre los extremos de enviar paquetería a Cuba, hasta promover acciones hostiles.

Estos sectores habían venido promoviendo y financiando de conjunto acciones públicas en Cuba a escala menor, que poco a poco fueron brindando una idea de hacia donde se dirigían. Se les pagó a individuos para que atentaran contra símbolos nacionales en parques y avenidas cubanas, para que descarrilaran trenes y atentaran contra objetivos económicos. Surgió la idea de crear un “movimiento” a partir de supuestas acciones “culturales” en la barriada de San Isidro y finalmente se promovió una confusa reunión frente al Ministerio de Cultura cubano el 27 de noviembre del 2020.

Pero nada de esto impactaba lo suficiente al interior de la sociedad estadounidense, ni permitiría atraer la atención e influir sobre un grupo importante de legisladores estadounidenses que han pedido de modo insistente a su nuevo presidente que actúe en consecuencia con la conclusión de que “la política de bloqueo contra Cuba es un fiasco”, como reza en varios documentos oficiales de gobiernos tanto demócratas como republicanos. Ninguno de estos intentos exigía que Washington prestara una “atención urgente” a la cuestión cubana.

Y entonces llegó el 11 de julio. Más que los hechos en sí mismos en cuanto a manifestaciones públicas y vandalismo, que merecen un análisis constante, lo que el mundo conoció fue un elaborado plan para dibujar en la prensa corporativa internacional y en las redes asociadas una imagen de estallido social innegable, que requería una acción inmediata. Un plan que, por cierto, requiere contar con ciertos recursos y resortes estatales. Era la explosión del Maine con esteroides.

La avalancha de hechos reales y supuestos, la utilización falseada de fotos y videos, la repetición hasta la locura de mensajes negativos desde el exterior, la creación ficticia de listas de torturados y desaparecidos, la incitación al odio extremo y todo lo demás tenía un público al interior de Cuba, pero quizás una parte importante de las “víctimas” del bombardeo habitaban en los Estados Unidos.

El grupo cubanoamericano en el Congreso redactó a partir de ese momento una multiplicidad de proyectos de resolución, comunicados, declaratorias y cualquier texto que permita de manera urgente comprometer a aquellos otros legisladores que algún día osaron proponer algún tipo de acercamiento con Cuba. Han tratado igualmente de influir en gobiernos y organizaciones latinoamericanas y europeas.

Como clase social, la mayoría de los políticos estadounidenses en lo primero que piensa después de una elección es cómo ser reelecto en el próximo ciclo y los comicios de medio término están a la vuelta de la esquina.

Estados Unidos vivió cuatro años de polarización extrema, en los que ser asociado con ideas que no estén contenidas en el concepto de capitalismo más duro y puro le pueden significar a cualquier figura pública ser sometido a una guillotina mediática que muchos desearían evitar.

La sombra del socialismo ha vuelto a ser utilizada en los medios floridanos con el propósito de ampliar la dominación republicana en dicho estado, para convertirlo permanentemente en un bastión dominado por su partido que sume 29 votos del colegio electoral en cada elección presidencial.

Los enemigos de Cuba oficiales y oficiosos trataron de actuar con celeridad e inmediatez, pero en todo este escenario hay un actor que no se ha mencionado: el pueblo de los Estados Unidos.

Los terroristas mediáticos han tratado de “representarlo” y actuar a su nombre. Pero gigabytes de tuits, posts, blogs y toda la jerga postmoderna no pueden ocultar la posición de un pueblo que mayoritariamente se ha expresado una y otra vez contra el bloqueo y por una política de acercamiento hacia Cuba.

Estados Unidos sigue siendo un país con un vasto movimiento de solidaridad con Cuba en los 50 Estados de la Unión. Desde los sectores cultural, académico, científico, económico, religioso, comercial, se han expresado una y otra vez esas voces.

Sería importante saber si durante estas jornadas en que funcionarios estadounidenses han andado a hurtadillas por los pasillos de las agencias federales haciendo cálculos políticos y electorales, respondiendo con la voz entrecortada a las llamadas de legisladores y operativos que ofenden e inculpan para atacar a Cuba, han consultado alguna vez a sus bases electorales.

Sería útil conocer si han llamado a alguna de las más de 30 ciudades estadounidenses que han aprobado una resolución para establecer cooperación médica con Cuba, a alguna de las asociaciones de productores agrícolas que han reclamado una y otra vez el fin del bloqueo para comerciar con sus similares cubanos, si han pedido la opinión de los miles de estudiantes y profesores que han participado en intercambios académicos, si se han sentado a conversar con los empresarios que vieron irse de sus manos oportunidades de negocios gracias al antojo personal de un gobernante. ¿Con los liderazgos de cuántas congregaciones religiosas han orado de conjunto por el futuro sus hermanos de fe en Cuba?

Y finalmente, importaría saber si para atacar a Cuba cuentan con el beneplácito de todos y cada uno de los cubanos residentes en Estados Unidos que perderían a familiares o amigos en la isla en caso que se produjera una agresión militar, o se creara un clima de caos sin control.

https://www.alainet.org/es/articulo/213261

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