Cuba: ¡Que cada amanecer nos encuentre en pie de lucha!

Discurso de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en el acto central por el aniversario 73 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Día de la Rebeldía Nacional:

 Compañeras y compañeros de la Presidencia;

Queridas pinareñas y pinareños;

Amigos de la solidaridad:

En las primeras horas de hoy recibí una llamada del General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de nuestra Revolución, quien me solicitó trasladar a ustedes el siguiente mensaje: 

“Queridos pinareños, reciban este 26 de Julio el cariño y mi reconocimiento por haber ganado con su esfuerzo, consagración a la causa revolucionaria y trabajo creador, el gran honor de ser sede del acto central por el 73 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Día de la Rebeldía Nacional".

Un fuerte abrazo a todos,

Raúl Castro Ruz  (Aplausos).

Compatriotas:

Cuba libra hoy una batalla histórica: ¡Un nuevo Moncada!  Como la Generación del Centenario que se lanzó con unos simples fusiles contra los muros de dos cuarteles de la dictadura de Batista hace 73 años, las generaciones actuales vamos contra los muros de una política genocida que se ha propuesto asfixiar a todo el pueblo para apropiarse del país. Dirán que el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en 1953, fracasó.  Les recordaremos que aquella acción prendería el motor pequeño que puso en marcha el motor grande de la Revolución Cubana.

Son palabras de Fidel, quien nos enseñó, desde entonces, a buscar la victoria, partiendo incluso de los mayores reveses.  Y en su histórico alegato de autodefensa dejó dicho por qué, afirmando: “Hay una razón que nos asiste más poderosa que todas las demás: somos cubanos, y ser cubano implica un deber, no cumplirlo es un crimen y es traición”.

Por esa razón estamos peleando feroz y tozudamente en defensa de nuestra soberanía y nuestro derecho a escoger libremente el modo de gobernarnos, con la misma pasión con la que José Martí se propuso conquistar toda la justicia.

En memoria de todos me permito advertir que este es el primer 26 de Julio desde el triunfo de 1959 en que no nos acompaña el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez (Aplausos), héroe de aquella gesta y de todas las que ha librado el pueblo cubano desde entonces.

¡Gloria eterna al moncadista!  (Exclamaciones de: “¡Gloria!”),  ¡al expedicionario, al invasor, al forjador de combatientes por la seguridad de la patria, al asesor y guía, al comprometido con los pobres de la Tierra, que trabajó hasta el último aliento, convencido como su Comandante en Jefe de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz! (Aplausos.)  

Compañeras y compañeros:

Celebramos el Día de la Rebeldía Nacional en la tierra vueltabajera por los resultados que ya han sido señalados y reconocidos, pero yo diría que, en momentos como los que vivimos, esos no son solo logros, son pruebas de heroísmo cotidiano.

Un solo dato bastaría para ilustrar lo que digo: la tasa de mortalidad infantil de 4,8 por cada 1 000 nacidos vivos y el índice de cero muertes maternas, en medio de apagones y carencias de todo tipo, ¡eso se llama heroísmo!

Como se reconoció en el Buró Político, Pinar del Río muestra resultados en el cumplimiento de las principales tareas en los ámbitos político, económico y social, con el protagonismo de los trabajadores de la producción y los servicios, campesinos, intelectuales, jóvenes y otros sectores de la sociedad.

La provincia prioriza el cumplimiento del Programa Económico y Social del Gobierno, el Plan de la Economía y el Presupuesto del Estado con impactos en los ingresos en divisas por exportaciones; es un territorio superavitario y disminuye el número de empresas con pérdidas. 

Destacaría, además, como ejemplo para otras provincias, el trabajo constante que le ha permitido impulsar la producción de alimentos, en estrecho vínculo con los productores y la agilidad en el proceso de entrega de tierras en usufructo, un asunto de vital prioridad hoy.

Por supuesto que resulta obligado hablar de la producción tabacalera, símbolo del territorio y rubro exportable de extraordinario valor, y de las producciones de la industria alimentaria con nuevos encadenamientos a las formas de gestión no estatal. 

Desde la ciencia y la innovación, la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca prioriza el desarrollo territorial, lo que constituye un referente para el resto del país. 

Superando todas las adversidades imaginables, en esta región de ricas tradiciones literarias y artísticas, cuna de Luis y Sergio  Saíz Montes de Oca, Pedro Junco y Nersys Felipe, se ha mantenido viva y en alto la llama de la cultura.

El encomiable trabajo en la protección del patrimonio, la sostenida labor de extensión cultural en las comunidades y los resultados logrados el pasado curso en la enseñanza artística hablan con elocuencia del esfuerzo mancomunado de las instituciones y los creadores pinareños por defender su cultura, su identidad y mantener los servicios culturales al pueblo. 

La provincia, en conjunto con sus municipios y entidades, tiene establecido un sistema de trabajo que ha permitido un mayor vínculo de las estructuras del Partido y el Gobierno con las comunidades, especialmente aquellas en mayor situación de vulnerabilidad.  Eso lo hemos apreciado en nuestras constantes visitas a esta tierra noble.

¡Felicitaciones, Pinar del Río, por el heroísmo y los resultados! (Aplausos.)

Saludamos también a Villa Clara y Matanzas, provincias destacadas, y reconocemos los resultados de Guantánamo y Sancti Spíritus.

Los exhortamos a mantenerse en la vanguardia y seguir siendo ejemplo de todo lo que sí se puede hacer y cambiar para mejorar las actuales y muy difíciles condiciones de vida.

Compatriotas:

Los adversarios históricos de la nación cubana, embriagados por el avance de la derecha y la ultraderecha en la región y creyentes ciegos en el poder del dinero para comprar conciencias y someter voluntades, lanzan todos los días una amenaza contra la Revolución y todas las semanas anuncian un nuevo castigo para empresas y funcionarios cubanos e incluso para quienes, sean cubanos o extranjeros, se atrevan a enviar un barco de petróleo o invertir en Cuba. 

Las últimas sanciones rompen el récord de la infamia al dirigirse contra funcionarios de Salud Pública y contra los servicios médicos cubanos.  Me pregunto bajo qué absurdo argumento puede señalarse a profesionales, cuyo desempeño en lugares remotos, enfrentando situaciones de peligro, desastres naturales y enfermedades contagiosas es reconocido como de excelencia por gobiernos de los más diversos signos políticos.

Los funcionarios del Departamento de Estado, expertos en redactar sanciones, hacer listas, inventar pretextos, son una versión moderna de los redactores de edictos y bandos militares que tanto se hicieron temer y odiar en los oscuros tiempos medievales o de las ocupaciones nazis en la Segunda Guerra Mundial.  Como si el resto del mundo fuera su colonia, ordenan cómo deben hacerse las cosas bajo amenazas de castigo o agresión.

Han declarado una guerra mundial contra las izquierdas y a Cuba como capital del comunismo en el siglo XXI.  Bajo la filosofía de ese nuevo mandato, en el país de las supuestas libertades está prohibido protestar contra las políticas del Estado que empobrecen a las mayorías, mientras las élites de poder se enriquecen obscenamente. 

Al acusar a Cuba no solo buscan un chivo expiatorio, un agente externo, buscan a quién culpar de la protesta de los sectores más golpeados por una economía que hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres hasta límites insostenibles.

Están criminalizando la protesta sin analizar sus causas y, de forma oportunista, están buscando una nueva excusa para sostener su genocida política contra Cuba que el mundo condena.

¡Dejen a Cuba vivir en paz!  Y también a lo más noble del pueblo americano que históricamente ha batallado por los derechos humanos de otros pueblos, sin esperar reconocimiento y enfrentando muchas veces persecución, cárcel y riesgos para sus vidas.

¡Cuba no es una amenaza, ni para los Estados Unidos ni para ningún otro país sobre la Tierra!  ¡Somos un pueblo noble, que salva vidas donde otros destruyen, que manda médicos y maestros a donde otros mandan bombas, formamos profesionales de alta calificación de varias naciones, en proyectos de cooperación sostenidos en medio de las mayores carencias!

En estos días de finales de curso, tensos y difíciles como solo este pueblo sabe, las universidades cubanas han egresado 30 185 jóvenes profesionales, 735 de ellos provenientes de 62 países.  Y un dato que nos honra mostrar: veintitrés nuevos médicos palestinos y cinco estadounidenses.  ¡¿A esto llaman terrorismo, a esto llaman amenaza?! (Aplausos.)

Todo lo que Cuba hace, todo lo que la Revolución Cubana puede mostrar en programas y en hechos es una sólida historia de 67 años de infatigable defensa de su soberanía, la solidaridad y de la cooperación internacional a favor de la vida, la salud, la educación y la ciencia.

La única amenaza contra la seguridad en la región, la verdadera y real amenaza contra la paz mundial y contra la vida humana, es la política de agresiones que provoca hambrunas, empobrecimiento, migraciones desordenadas, caos, inestabilidad y decenas de miles de muertes en todo el mundo. 

Cuba no es la primera ni será la última víctima de ese tipo de guerra que bloquea, asfixia y busca el estallido social con el único propósito de imponer gobiernos afines a los intereses imperiales.

Por ello, desde esta tribuna, ¡denuncio que Cuba es víctima de un genocidio fríamente calculado! 

El Gobierno de Estados Unidos ha diseñado e implementado conscientemente una política de máxima asfixia económica contra el pueblo cubano.  Ha recrudecido su política de seis décadas de bloqueo, imponiendo un cerco energético y financiero, provocando una profunda crisis en el Sistema Electroenergético, que se traduce en apagones de más de un día, paralización de industrias y afectación a decenas de miles de trabajadores. 

El inmenso dolor de las familias cubanas se confirma en estadísticas: muertes causadas por la falta de medicamentos que durante décadas el país produjo y entregó gratuitamente o a precios subsidiados y hoy no alcanza a garantizar; más de 100 000 cirugías que no pueden planificarse ni ejecutarse, porque los hospitales no pueden ser protegidos de los apagones imprevistos en las ya frecuentes caídas del Sistema Electroenergético Nacional y por la falta de combustible para las plantas de apoyo; más de 118 000 pacientes de cáncer, entre ellos 1 200 niños que no pueden recibir los tratamientos de primer nivel, y están obligados a tratamientos alternativos de segunda y de tercera línea; y lo que es tan o más doloroso, la tasa de mortalidad infantil subió a 9,3 por cada 1 000 nacidos vivos, frente a los 4 o 5 que se registraban en años anteriores.  ¡En esos números van los rostros de niños que no vieron la vida como consecuencia directa del bloqueo y de su genocida condición!

Las medidas coercitivas unilaterales –“sanciones” las llaman los Estados Unidos, cuyo gobierno se cree con derecho a sancionar al resto del planeta– son condenadas cada año por la Asamblea General de las Naciones Unidas por ser contrarias al Derecho Internacional.  Es ilegal y es criminal martirizar a un pueblo solo para provocar que se rebele contra su gobierno, ni siquiera puede llamársele herramienta de política exterior.

El bloqueo es un arma de guerra y causa muertes.  Ante su condena internacional y la honrosa y creciente solidaridad de los pueblos que recibimos, los nuevos halcones al frente del Departamento de Estado de los Estados Unidos han difundido un calumnioso reporte sobre la supuesta influencia subversiva de Cuba contra ese país.  Como afirma la Declaración de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, se trata de un mediocre panfleto de propaganda, que busca, mediante la construcción de leyendas acusatorias, fabricar consenso para una eventual agresión militar.

¡Denunciamos que quienes diseñaron esa política de asfixia, quienes la implementan y la sostienen, son responsables del sufrimiento del pueblo cubano! ¡Son responsables de las muertes causadas por la falta de acceso a bienes esenciales! ¡Son responsables de la hambruna que pretenden imponer y la historia no los perdonará!

Denunciamos también a quienes callan y toleran los desmanes de la envalentonada ultraderecha fascista estadounidense, que miente, roba, mata y pretende erigirse en Dios de todos los destinos.

El bloqueo de Estados Unidos solo funciona por la complicidad de quienes temen al poder de Washington más que al juicio de la historia.

Esto es un nuevo llamado a la conciencia del mundo: No se conviertan en cómplices de otro genocidio.

Cada vez que una parte del mundo calla ante la agresión contra Cuba, se debilita el derecho internacional.  Cada vez que un gobierno acepta las sanciones ilegítimas de Estados Unidos, se erosiona el principio de no intervención.  Cada vez que una empresa es presionada para abandonar sus inversiones en Cuba y otras no se deciden a hacerlas por miedo a represalias, se fortalece la dictadura económica de una sola potencia.

Antes fueron Gaza, Líbano, Irán, hoy es Cuba.  Mañana puede ser cualquier otra nación.

No olvidemos que la solidaridad que finalmente se levanta por Gaza en todo el mundo llegó demasiado tarde para más de 70 000 palestinos, de ellos, unos 21 000 niños, cuyas cenizas forman parte de las horrorosas montañas de escombros en que los genocidas sionistas han convertido a esa martirizada franja de tierra.

¡Por eso digo hoy que defender a Cuba de la crueldad de sus verdugos no es algo que puede esperar!

¡Defender a Cuba con fuerza y urgencia es cortar el avance de las ideas supremacistas, racistas, xenófobas, elitistas, excluyentes, enemigas de la libertad verdadera y de la emancipación humana!

¡Defender a Cuba es luchar contra el colonialismo del siglo XXI, contra el hegemonismo, contra la pretensión de que un solo país decida el destino de todos!  No hay naciones superiores e inferiores.  El mundo dividido entre emperadores y súbditos fue derrotado tras siglos de lucha y no puede volver.

Contra las intenciones de devolver a la humanidad a lo más oscuro de su pasado se levantan fuerzas y voces en el mundo.  

Cuba conoce, reconoce y abraza a los pueblos y a los gobiernos, incluyendo a los representantes de lo más noble del pueblo estadounidense, que lo arriesgan todo para traer su carga de solidaridad y apoyo a la isla.  

A las mujeres y hombres como los de la flotilla de Open Arms y del convoy Nuestra América, a los movimientos sociales de América Latina y del Caribe que han mantenido la solidaridad con Cuba a pesar de las presiones de Washington.

A las organizaciones de derechos humanos que denuncian los crímenes del bloqueo ante foros internacionales.

A los grupos parlamentarios y legisladores de diversos países que trabajan tenazmente para condenar las sanciones ilegítimas.

A las organizaciones de la sociedad civil europea que han mantenido lazos con Cuba a pesar de las amenazas.

A los movimientos sociales, pacifistas y antimperialistas de todo el mundo, que entienden que la lucha contra el hegemonismo es la lucha por la paz, y a las agrupaciones de países del Sur Global que comparten la convicción de que la soberanía no es negociable.

Agradecimiento especial a todos los gobiernos que votaron a favor de la resolución cubana contra el bloqueo y el cerco energético en la Asamblea General de las Naciones Unidas, a pesar de las insultantes presiones del Gobierno de los Estados Unidos.

El agradecimiento especial a los grupos de solidaridad con Cuba que nos visitan y están presentes en este acto: Pastores por la Paz; Carlota’s Warriors de New York; Asociación de Solidaridad con Cuba de Australia; Asociación Cultural José Martí de Miami, y el proyecto Marcapasos (Aplausos).  Su presencia es un testimonio vivo de que no estamos solos.

Su presencia hoy aquí es un acto de coraje, porque defender a Cuba en tiempos de presión máxima significa asumir riesgos, significa enfrentar críticas, significa poner en evidencia la hipocresía de quienes predican derechos humanos, pero callan ante crímenes de genocidio.

¡Agradecemos su solidaridad!  ¡Agradecemos su valentía!  ¡Agradecemos su compromiso con la justicia!

¡Tengan por seguro que nosotros no nos rendiremos! 

Como aquella madrugada del 26 de Julio todos los días tomamos la dura cotidianidad por asalto para escribir la historia de este tiempo.

En medio de tan grandes dificultades qué estamos haciendo: estamos trabajando, estamos creando, estamos innovando.  En todas las áreas productivas, obreros, campesinos, científicos, intelectuales, artistas y estudiantes innovan, aportan, modifican tecnologías para seguir produciendo y seguir alumbrándonos, aunque sea mínimamente; mientras nuestros adversarios superan su propia perversidad pretendiendo dejarnos sin luces, sin agua, sin energía y sin esperanzas.

Nuestra respuesta a la asfixia es la inventiva, la creatividad y, aunque les moleste, ¡también la alegría del pueblo cubano! (Aplausos).  

La respuesta al bloqueo es el esfuerzo inteligente y eficiente.  La respuesta a los intentos, jamás abandonados, de aislarnos y dividirnos, es la unidad.

“La unidad es nuestra principal arma estratégica”, nos dijo el General de Ejército Raúl Castro Ruz, al cumplirse un nuevo año de la Revolución, en enero de 2024, y nos pidió cuidarla más que a la niña de nuestros ojos. 

La unidad no significa uniformidad.  Significa que a pesar de las diferencias de estilo, dinámicas y formas de enfrentar los desafíos, todos compartimos el mismo objetivo: que Cuba sea un país socialista, soberano, independiente, digno y finalmente próspero, sin dejar atrás a nadie.  Todo lo que atente contra ese propósito despojaría a la Revolución de sentido, porque cada vez que se fracturó la unidad en la larga historia de luchas como pueblo, se extravió la Revolución.

Compatriotas: 

La creatividad y el esfuerzo por sí solos, por heroicos que sean, no bastan para desmontar las estructuras del cerco.  Esa convicción convierte en prioridad estratégica la implementación de las transformaciones económicas y sociales en marcha.  Son cambios profundos y necesarios, que vienen planteándose y debatiéndose desde hace varios años.

Hemos emprendido un proceso de saneamiento macroeconómico y estamos potenciando todas las formas de gestión, estimulando al trabajador y al campesino, y abriendo espacios a la inversión responsable, siempre bajo el principio sagrado de que los cambios no pueden desentenderse de la justicia social.  Esta es la batalla económica y social de esta generación.

La misión es muy compleja y está minada de riesgos, que tenemos la responsabilidad de minimizar para quienes enfrentan situaciones de vulnerabilidad. 

La audacia que nos legó el Moncada nos exige no tener miedo a los cambios, pero en nombre del ideal supremo de los que cayeron entonces y de quienes entregaron todo a lo largo de estos años, las transformaciones económicas deben guiarse por un principio fundamental: el mayor grado de justicia social.

¡Reafirmamos que Cuba es y será un país soberano, que nadie bajo ninguna circunstancia tiene derecho a decidir por nosotros, que las decisiones económicas, políticas y sociales son y serán nuestras!

Este 2026 tiene un significado especial, y no solo para cubanas y cubanos, el Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz tiene resonancias universales.  

Muy pronto empezarán a llegar amigos revolucionarios de los cinco continentes que, con recursos propios y dispuestos a compartir la compleja y desafiante crudeza que vivimos, han querido participar del Coloquio y otros eventos y actividades de celebración por los 100 años de Fidel.

Serán días para analizar y debatir las ideas de su extraordinario legado, para evaluar la situación internacional y nacional, y el papel y lugar de la Revolución Cubana en uno de los momentos más difíciles de su historia, y será también momento de probarnos en el estudio y ejercicio de la práctica revolucionaria que nos legó el Comandante en Jefe.

En el año de su centenario los cubanos estamos llamados a honrar su memoria con palabras, pero también con hechos: con trabajo, con unidad, con dignidad y con suficiente lucidez y determinación para aplicar en el menor tiempo posible las transformaciones que el momento y la nación nos exigen.

A los jóvenes cubanos quiero dirigirme ahora de manera particular.  Ustedes son presente y futuro.  Considérense herederos del valor de Abel Santamaría, de Melba, de Haydée y de toda esa generación: la del Centenario de Martí.  ¡Ustedes son los jóvenes del Centenario de Fidel!  Están llamados a liderar este momento desde cada barrio y cada rincón de esta isla.  Participen y transformen para el bien de todos, como un día se hizo pensando en el bien de ustedes (Aplausos).  

Decía José Martí, autor intelectual de las acciones que hoy conmemoramos: Solo una fuerza necesita un pueblo: no desconfiar de su fuerza. 

Compatriotas:

El llamado de ahora es a la acción, a no esperar, a no lamentarse, a no conformarse, a pensar como país, a buscar alternativas con audacia y creatividad, a cuidar cada recurso como si fuera el último, a producir, a sustituir importaciones, a desarrollar nuestro potencial.  ¡A confiar en nuestras propias fuerzas!  Que cada cubano en su puesto de trabajo, en su campo, en su taller, en su escuela, en su barrio sea y se sienta protagonista de la transformación que nos debemos para superar este momento.

¡El llamado de hoy es a la esperanza!

Como aquella mañana de la Santa Ana enfrentamos desafíos enormes con la misma entereza, con el mismo optimismo y con la convicción inquebrantable en la victoria.

Los cubanos de hoy somos también vencedores de imposibles, y en este 26 de Julio reafirmamos el compromiso con la patria, con la Revolución, con las conquistas del socialismo y con la tarea de levantar una economía golpeada despiadadamente por cuatro siglos de colonialismo, seis décadas de neocolonialismo y otras seis décadas de bloqueo reforzado hasta convertirse en un plan genocida. 

¡Que cada amanecer nos encuentre en pie de lucha!

¡Viva el 26 de Julio! 

¡Viva la Rebeldía Nacional! 

¡Viva Cuba, soberana e independiente! 

¡Viva la solidaridad internacional con Cuba! 

¡Socialismo o Muerte!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!


Rubio y la semántica del terror

Carlos Fazio.—El 4 de julio, durante su discurso por los 250 años de la independencia de Estados Unidos, Donald Trump desempolvó el cuco del comunismo. En él mezcló asuntos patrióticos con advertencias políticas y repitió alertas enunciadas ante sus bases conservadoras de MAGA sobre el peligro “rojo” que amenaza el tradicional estilo de vida de la nación “elegida” por Dios.

Dijo: “Son esos comunistas ateos”. “Esta es la amenaza más seria para la existencia de nuestro país.” 

Doce días después, su secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, complementó el guion. Al inaugurar la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, retrotrajo el presente a la era del comunismo hirsuto, el macartismo y la guerra fría.

Con una retórica plagada de falsedades, basada en hechos descontextualizados y cifras sin verificar, convirtió a lo que llamó “izquierda radical” (marxistas, comunistas, socialistas, anarquistas, anticapitalistas, antimperialistas, antifascistas, demócratas centristas, categorías todas funcionales a la agenda de la ultraderecha trumpista) en un “enemigo” esencialmente violento y ajeno a la “civilización occidental”. La omisión del terrorismo de derecha no es un detalle. Es el corazón del dispositivo.

Rubio, quien desde sus inicios políticos mamó de la ubre del terrorismo gansteril y la industria de la contrarrevolución en la llamada República de Miami, dijo que la izquierda radical representa “la rebelión de los peores contra los mejores y de los débiles y cobardes contra los fuertes y buenos”, una evidente matriz fascista que divide a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores, que subordina los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente y preconiza la eliminación de quienes son presentados como obstáculos.

Como señaló un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate, el paralelo de su discurso con la doctrina de Mussolini es explícito: el Duce defendió la “desigualdad inmutable, beneficiosa y fecunda de la humanidad”; la semejanza retórica permite identificar un esquema jerárquico y deshumanizador característico del fascismo.

Seguidamente, Rubio afirmó: “Ha llegado el momento de aplastar este mal para siempre”. Esa trampa semántica, encarnada en lo que denominó “terrorismo político de extrema izquierda trasnacional”, reivindica otra matriz fascista que convierte a un campo político heterogéneo en un “mal” existencial a exterminar, y donde la violencia cumple una función purificadora o redentora contra quienes se consideran “obstáculos”.

Lo que remite a Adolfo Hitler, cuando dijo: “Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”. 

En el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional −con su “Doctrina Donroe”, que combina seguridad nacional y militarización, guerra contra el “narcoterrorismo” y competencia con otras potencias globales extrarregionales− y de la Estrategia contra el Terrorismo, y en una coyuntura en que Estados Unidos bombardea e invade Venezuela y secuestra al presidente Nicolás Maduro, mientras lleva a cabo un desembozado injerencismo para imponer gobiernos cipayos (la libertad económica como servidumbre política) en América Latina (Noboa, Milei, Asfura, Kast, Fujimori, Bolsonaro), no parece baladí que Rubio se lamentara de que “incluso ahora, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza grave se trata como un delirio de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”. Y en un falaz intento homologativo justificador, mencionó la lucha armada de los tupamaros, los montoneros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso en los años 60 y 70 del siglo XX, con las luchas de resistencia actuales.

Ese argumento oscurantista, falsificador y embaucador, basado en una visión discrecional y maniquea increíblemente simplista que alude a la lucha de las fuerzas del mal contra las fuerzas del bien (hegemonizadas por Estados Unidos, con su vena ideológica que impulsa un colonialismo de nuevo cuño), persigue fines propagandísticos adoctrinadores que invitan, explícitamente, a un alineamiento con Washington en términos de lealtad y subordinación o, en su defecto, resignarse a ser blanco de acciones de coacción y desestabilización como en otras fases de la historia.

Si bien se trata de una estrategia de persecución ideológica que banaliza la categoría terrorismo como herramienta de terror y disciplinamiento interno de cara a las elecciones de noviembre próximo, la “semántica del terror” (Chomsky y Herman dixit, 1979) esbozada por Rubio remite, en su proyección exterior, a sangrientos episodios del pasado como el Plan Cóndor −la alianza clandestina de las dictaduras del Cono Sur con la asesoría y complicidad de Estados Unidos para el exterminio de la disidencia política mediante la práctica de la tortura, las ejecuciones sumarias extrajudiciales y la desaparición forzada−, la guerra de Vietnam y el uso de los campesinos de Indochina como conejillos de Indias para una tecnología militar entonces en desarrollo; hoy, el genocidio y la limpieza étnica en Gaza, el bloqueo criminal y el castigo colectivo contra Cuba o el asesinato de niñas y los ataques contra la población civil y la infraestructura crítica de Irán.

Como señala Chomsky, “el terrorismo no es el arma de los débiles, es el arma de los que están contra nosotros” (Estados Unidos). La palabra terrorismo es aplicada siempre contra el terrorismo del otro, mientras el propio es encubierto mediante eufemismos. Invariablemente, hoy como ayer, el buró político del terrorismo internacional opera desde el cuarto de guerra de la Casa Blanca. Y su enunciación, por Rubio, ahora, sigue siendo una forma disfrazada de apología del terror trumpista y el fascismo cliente. 

Entre Palantir y Marco Rubio: ¿el nacimiento de un nuevo paradigma autoritario?

Norelys Morales Aguilera.— Hay acontecimientos que parecen aislados hasta que una mirada más amplia revela un patrón. La historia rara vez avanza mediante un solo decreto o una única declaración; suele hacerlo a través de una sucesión de decisiones, documentos y alianzas que, poco a poco, modifican la forma en que concebimos el poder.

En ese contexto, dos hechos recientes merecen ser analizados conjuntamente. El primero es la difusión del llamado Manifiesto de Palantir, una propuesta que reivindica el uso intensivo de la inteligencia artificial, el análisis masivo de datos y la integración tecnológica como pilares de un nuevo modelo de administración pública. El segundo es la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, convocada el 16 de julio por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, con el propósito declarado de fortalecer la cooperación internacional frente a las amenazas políticas violentas.

A simple vista, ambos acontecimientos pertenecen a esferas diferentes: uno al universo tecnológico y empresarial; el otro, a la diplomacia y la seguridad internacional. Sin embargo, observados desde una perspectiva política más amplia, parecen converger en una misma lógica: la ampliación de las capacidades del Estado para identificar, clasificar y neutralizar aquello que considera una amenaza.

No se trata de afirmar que exista un plan único ni una coordinación explícita entre ambos procesos. La hipótesis es otra: que representan expresiones complementarias de una transformación más profunda del ejercicio del poder en Occidente.

Del terrorismo a la categoría de "terrorismo político"

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el concepto de terrorismo ha ocupado un lugar central en la política internacional. Bajo esa bandera se justificaron guerras, legislaciones de excepción, sistemas de vigilancia y restricciones a derechos fundamentales.

Lo novedoso es el desplazamiento semántico que parece producirse ahora. Ya no se habla únicamente de terrorismo, sino de terrorismo político.

El cambio no es menor. Mientras el terrorismo tradicional remite a actos de violencia definidos en el derecho penal internacional, la expresión "terrorismo político" abre un espacio mucho más amplio de interpretación. ¿Qué conductas quedan comprendidas en esa categoría? ¿Quién determina sus límites? ¿Qué mecanismos de control democrático existen para evitar que la etiqueta termine aplicándose a organizaciones, movimientos o actores que ejercen formas legítimas de oposición política?

La historia demuestra que las categorías jurídicas nunca son neutrales. También son instrumentos de poder.

El paradigma Palantir

En paralelo, la revolución tecnológica ha dado lugar a un fenómeno igualmente significativo. Empresas como Palantir representan mucho más que una innovación informática. Encarnan una nueva concepción de la gobernanza basada en la integración de enormes volúmenes de información procedente de organismos públicos, agencias de seguridad, sistemas financieros, redes digitales y registros administrativos.

El objetivo declarado es hacer al Estado más eficiente. Pero toda tecnología incorpora una filosofía política. Cuando los algoritmos identifican patrones de comportamiento, establecen perfiles de riesgo y anticipan posibles amenazas antes de que se materialicen, el centro de gravedad deja de situarse únicamente en los hechos para desplazarse hacia las probabilidades.

No se persigue solo lo que una persona hizo. Se comienza a gestionar lo que podría llegar a hacer. Ese cambio representa una mutación profunda del concepto clásico del Estado de derecho.

La convergencia

Aquí es donde ambos procesos parecen encontrarse. Por un lado, se amplían las categorías susceptibles de vigilancia mediante conceptos cada vez más elásticos relacionados con la seguridad política. Por otro, aparecen herramientas tecnológicas capaces de procesar millones de datos, identificar redes de relaciones y elaborar perfiles automatizados de individuos y organizaciones.

La combinación resulta extraordinariamente poderosa. No hace falta prohibir una organización si previamente puede clasificarse como potencialmente riesgosa. No es necesario censurar directamente un movimiento si basta con reducir su alcance mediante sistemas automatizados de monitoreo, clasificación o exclusión digital.

El poder ya no necesita mostrarse únicamente como coerción. Puede presentarse como eficiencia tecnológica.

¿Un nuevo fascismo?

La palabra fascismo exige prudencia. Su uso indiscriminado termina vaciándola de significado.

Sin embargo, diversos estudiosos han advertido que las formas contemporáneas de autoritarismo difícilmente reproducirán los modelos del siglo XX.

Umberto Eco describía el "Ur-Fascismo" como un conjunto de rasgos adaptables a diferentes contextos históricos.

Hannah Arendt analizó cómo los sistemas totalitarios necesitaban construir enemigos permanentes para justificar la expansión continua del aparato de control.

Más recientemente, Sheldon Wolin habló del "totalitarismo invertido" para describir formas de concentración del poder compatibles con instituciones democráticas formales.

Y Shoshana Zuboff mostró cómo el capitalismo de vigilancia convierte los datos personales en instrumentos de predicción y modificación del comportamiento humano.

Desde esa perspectiva, la convergencia entre seguridad, inteligencia artificial y concentración tecnológica merece una reflexión crítica.

No porque reproduzca exactamente el fascismo histórico. Sino porque comparte algunos de sus mecanismos fundamentales: la expansión del control, la identificación permanente del enemigo, la subordinación de las libertades individuales a objetivos superiores definidos por el poder y la creciente fusión entre intereses estatales y corporativos.

Del uniforme al algoritmo

El fascismo clásico necesitaba uniformes, marchas y propaganda de masas. El autoritarismo del siglo XXI puede prescindir de todo ello. Sus instrumentos son más discretos.

Algoritmos.

Bases de datos.

Reconocimiento automatizado.

Inteligencia artificial.

Vigilancia permanente.

La obediencia ya no depende únicamente del miedo visible. También puede construirse mediante la clasificación invisible. Quien controla los datos termina condicionando las decisiones. Quien controla los algoritmos termina influyendo sobre la realidad política.

Una pregunta para nuestro tiempo

La cuestión central no consiste en demonizar la tecnología ni en negar la necesidad de combatir el terrorismo. Las sociedades tienen derecho a protegerse frente a la violencia. Pero precisamente por ello deben preguntarse cuáles son los límites del poder que delegan en nombre de esa protección.

La reunión convocada por Marco Rubio y el paradigma representado por Palantir plantean interrogantes que trascienden la coyuntura estadounidense.

¿Estamos asistiendo a una modernización legítima de las políticas de seguridad?

¿O estamos presenciando la consolidación de un modelo donde la vigilancia permanente, la inteligencia artificial y la ampliación de las categorías de amenaza terminan redefiniendo la propia democracia?

Responder a esa pregunta exigirá algo más que avances tecnológicos.

Exigirá preservar el espíritu crítico, fortalecer las garantías jurídicas y recordar una lección que la historia ha enseñado repetidamente: las libertades rara vez desaparecen de un día para otro. Con mayor frecuencia, se erosionan lentamente, mientras el poder asegura actuar únicamente para protegerlas.

Cuba rechaza acusaciones de EEUU sobre supuesta subversión

Cuba rechazó este julio 21, 2026 enérgicamente un reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre una supuesta influencia subversiva de la nación caribeña contra ese país y lo calificó de propaganda destinada a justificar nuevas agresiones.

En una declaración, el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano afirmó que el documento pretende sostener la «mendaz» idea de que Cuba constituye una amenaza para Estados Unidos y fabricar consenso para una eventual agresión militar.

La Cancillería consideró hipócrita que Washington acuse a La Habana de promover acciones subversivas, mientras destina anualmente decenas de millones de dólares para intentar desestabilizar el orden interno cubano, provocar hambre y desesperación y propiciar el derrocamiento del Gobierno.

Asimismo, recordó el historial de injerencia y violaciones del derecho internacional atribuido al Gobierno estadounidense, al que acusó de intervenir en procesos electorales de Estados soberanos, patrocinar actos de genocidio y agredir a países independientes.

El Ministerio de Relaciones Exteriores rechazó también la calificación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo y afirmó que Estados Unidos no ha presentado pruebas ni indicios que sustenten esa acusación.

Por el contrario, señaló, en territorio estadounidense han encontrado protección e impunidad personas que financian, organizan e instigan actos violentos y terroristas contra Cuba.

La declaración cuestionó además la promoción del concepto de «terrorismo de izquierda» por parte del Gobierno estadounidense y su secretario de Estado, al considerar que busca convertirlo en un nuevo enemigo para perseguir expresiones progresistas, compromisos sociales y manifestaciones de izquierda.

Según la Cancillería cubana, esa política pretende incrementar la represión dentro de Estados Unidos y establecer un «neomacartismo», además de intimidar a quienes expresan solidaridad con Cuba y denuncian la agresión de Washington contra la isla.

El comunicado destacó que crece en Estados Unidos, incluidos sectores de la comunidad cubana y sus descendientes, el rechazo al cerco energético, el estrangulamiento de la economía cubana y las amenazas de agresión militar.

La Habana rechazó también los cuestionamientos estadounidenses a sus vínculos con otras naciones soberanas y defendió su trayectoria solidaria, anticolonialista e internacionalista, ampliamente reconocida en el mundo.

“Manipula y desvirtúa la trayectoria solidaria, anticolonialista e internacionalista de Cuba, ampliamente reconocida, incluso dentro de Estados Unidos. Cada año ese país sufre reiterado y contundente asilamiento en las Naciones Unidas por negarse a poner fin al bloqueo económico”, subrayó.

Cuba afirmó que continuará fomentando relaciones de amistad con el pueblo y las instituciones estadounidenses, en estricto apego al derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. 

Relacionado: https://www.youtube.com/watch?v=-8oEtJBWZ7E

Cómo Marco Rubio quiere administrar Cuba

Un artículo del The New York Times en Español titulado “Marco Rubio gestiona a Venezuela desde Washington” describe cómo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha convertido en la figura con mayor influencia sobre la gestión de Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro en enero de 2026. El reportaje se basa en entrevistas con funcionarios y personas cercanas a ambos gobiernos. 

El reportaje sostiene que Marco Rubio desempeña un papel central en las principales decisiones sobre Venezuela, hasta el punto de que funcionarios estadounidenses lo describen como la autoridad con mayor capacidad de decisión sobre el país desde Washington. 

Según la investigación periodistica, Rubio interviene en asuntos como: 

la administración de los ingresos del Estado venezolano; 

la política de sanciones; 

la reorganización del sector petrolero; 

la autorización de negocios e inversiones extranjeras; 

 y la relación cotidiana con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez. 

El artículo afirma que Donald Trump deposita una amplia confianza en Rubio, quien se ha convertido en el principal ejecutor de la política estadounidense hacia Venezuela. Incluso menciona que Trump llegó a bromear con que Rubio podría terminar gobernando el país, aunque sus colaboradores dijeron que se trataba de un comentario informal. 

El reportaje también señala que Delcy Rodríguez mantiene una comunicación frecuente con Washington, especialmente con Rubio, para abordar decisiones políticas y económicas relevantes. Según el Times, la relación refleja el elevado nivel de influencia que Estados Unidos ejerce sobre el proceso de transición venezolano. 

Finalmente, el diario compara la posición de Rubio con la de administradores estadounidenses que dirigieron procesos de transición en otros países tras intervenciones militares, destacando que su papel va mucho más allá de la diplomacia tradicional. 

En conjunto, el reportaje presenta la tesis de que Marco Rubio actúa como el principal gestor de la política estadounidense hacia Venezuela y como la figura con mayor influencia sobre las decisiones estratégicas del gobierno venezolano de transición, una caracterización basada en las fuentes consultadas por el periódico. 

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Rubio, actúa como virrey de facto de Venezuela

Los textos describen la crisis política en Venezuela tras una intervención militar de Estados Unidos en 2026 que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Tras este suceso, Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina bajo la tutela de Washington, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, ejerce un control financiero y político sin precedentes sobre la nación. Los informes detallan la indignación pública por la negligente respuesta gubernamental ante terremotos devastadores que cobraron miles de vidas, intensificando las tensiones sociales. Rodríguez enfrenta el desafío de equilibrar las exigencias de soberanía con la dependencia de los recursos liberados por el Tesoro estadounidense. Finalmente, las fuentes analizan las fracturas internas dentro del partido de gobierno y la presión externa para realizar una transición democrática definitiva.

En su calidad de Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio desempeña un papel determinante y sin precedentes en la política hacia Venezuela, siendo descrito por diversas fuentes y expertos como el "virrey de facto" del país

. Su autoridad se consolidó tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en enero de 2026, lo que permitió a Rubio ejercer un control directo sobre la nación sudamericana desde Washington

.Las funciones principales de Rubio en este rol incluyen:

Control Financiero y de Recursos: Rubio supervisa efectivamente las finanzas de Venezuela y la distribución de sus recursos naturales, especialmente el petróleo

. Bajo este esquema, el Tesoro de EE. UU. recauda los ingresos de las exportaciones venezolanas y los desembolsa gradualmente a través de bancos privados, bajo condiciones estrictas dictadas por Rubio y su equipo

.Dirección del Gobierno Interino: Mantiene una comunicación constante y estrecha, principalmente a través de WhatsApp, con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez

. Rubio influye en decisiones cotidianas, aprueba nombramientos gubernamentales clave (como el del ministro de Defensa) e incluso revisa y autoriza las publicaciones de Rodríguez en redes sociales antes de que se emitan

Política Exterior y Sanciones: Rubio dicta la política exterior venezolana, llegando a exigir la eliminación de mensajes oficiales que critiquen las acciones de EE. UU. en otros países

. Además, supervisa la aplicación de sanciones, decidiendo qué empresas pueden operar en el país, favoreciendo notablemente a las firmas estadounidenses sobre las europeas

Plan de Transición: Su estrategia para el país se divide en tres fases: recuperación económica, estabilización nacional y transición a la democracia

. En este contexto, Rubio tiene la última palabra sobre el calendario electoral y ha optado por relegar a líderes de la oposición popular, como María Corina Machado, para evitar desestabilizar al aparato militar venezolano

Este nivel de influencia ha sido calificado por críticos y académicos como una forma de imperialismo moderno o "diplomacia del dólar", comparando la gestión de Rubio con la administración estadounidense en Irak en 2003

https://www.nytimes.com/es/2026/07/11/espanol/estados-unidos/venezuela-rodriguez-rubio-trump.html

https://www.democracynow.org/2026/7/13/headlines/nyt_us_secretary_of_state_rubio_serving_as_de_facto_viceroy_of_venezuela