En medio de un entorno lleno de desafíos de diversas índoles, Cuba rememora hoy el reinicio en 1895 de la lucha por su independencia, conocida como la Guerra Necesaria, que fue lanzada por el Partido Revolucionario Cubano (PRC) bajo el liderazgo del Héroe Nacional José Martí.
Esto implicó una acción simultánea que se organizó en alrededor de 350 localidades en Cuba, incluyendo Baire, un pueblo situado a cerca de 75 kilómetros de la ciudad oriental de Santiago de Cuba, que se halla entre los acontecimientos más significativos de la historia de la isla.
En ese día, los cubanos que luchaban por su independencia, llamados mambises tanto en aquel entonces como en la actualidad, tomaron nuevamente las armas y comenzaron la Guerra Necesaria que había sido concebida por Martí para alcanzar la plena independencia del control colonial español.
Movidos por la urgencia de lograr verdadera libertad y soberanía, y guiados por la valentía y experiencia de líderes como Antonio Maceo y Máximo Gómez, el pueblo decidió poner fin a la lucha iniciada casi treinta años antes con el Grito de Yara, que había sido interrumpida repetidamente.
De esta forma, los cubanos validaron las acciones organizativas del PRC, mostraron la importancia de la unión entre las clases sociales y afirmaron, sin dudarlo, que su principal objetivo era la independencia de Cuba de cualquier tipo de dominio.
Alzando la voz, declararon que no solo buscaban la independencia definitiva de Cuba del control colonial español, sino que también deseaban establecer un proyecto político y social en el que pudieran tomar las riendas de su futuro.
Más allá de las luchas internas, priorizaron la independencia de Cuba y el sueño de construir un futuro sin ataduras coloniales ni de ninguna otra clase.
Recordar el levantamiento en la madrugada del 24 de febrero de 1895 nos invita a rememorar el sacrificio de los patriotas y la necesidad de mantener viva la memoria de ese paso hacia la independencia conseguido en 1898, aunque también surgieron otros retos.
Rememorarlo no debe ser solo un ejercicio nostálgico, sino una reafirmación del deseo de ver a una Cuba siempre libre y soberana, además de un homenaje a aquellos que sacrificaron su vida por un ideal compartido.
Esto es un acto de compromiso con la historia y el futuro del país, y debe ser un nuevo llamado a la conciencia, tanto individual como colectiva, para recordar que la soberanía y la justicia nunca deben considerarse logros permanentes, sino derechos que necesitan ser defendidos constantemente./Reelaborado de Prensa Latina

