Cuba frente a una nueva escalada de amenazas [+ video]

Norelys Morales Aguilera.— En las últimas semanas, las señales de tensión entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a encender alarmas preocupantes.

Declaraciones públicas de altos funcionarios estadounidenses, movimientos militares en el Caribe, nuevas medidas de asfixia económica y una narrativa mediática cada vez más agresiva dibujan un escenario que no puede ser ignorado.

La cronología reciente muestra una escalada sostenida: amenazas directas desde Washington, presiones energéticas para aislar a Cuba, despliegues navales cercanos al territorio cubano y reiteradas declaraciones que apuntan a un supuesto “cambio” en la isla como objetivo político.

Más allá de los discursos, lo que se observa es la construcción progresiva de un clima de hostilidad.

No sería la primera vez.

La historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha estado marcada por décadas de agresión económica, aislamiento diplomático, operaciones encubiertas y amenazas militares. Sin embargo, el momento actual adquiere un matiz particularmente delicado por el contexto internacional.

La administración estadounidense enfrenta un escenario de desgaste político y económico. La guerra en Medio Oriente, la inestabilidad energética y la presión interna generan un cuadro complejo. Y cuando una potencia atraviesa dificultades, la tentación de recurrir a enemigos históricos para reagrupar apoyos internos suele convertirse en una herramienta peligrosa.

En ese tablero, Cuba vuelve a aparecer como objetivo.

No porque represente una amenaza real para la seguridad de Estados Unidos, sino porque simboliza algo que durante décadas ha resultado intolerable para ciertos sectores de poder: la persistencia de un proyecto soberano a escasas millas de la mayor potencia militar del planeta.

La narrativa que intenta presentar a Cuba como un peligro estratégico busca justificar nuevas agresiones.

Pero la realidad es otra.

Cuba no representa una amenaza militar para Estados Unidos. No posee capacidad ofensiva comparable, ni desarrolla políticas hostiles contra el pueblo estadounidense. Por el contrario, la isla ha demostrado cooperación en áreas sensibles como la lucha contra el narcotráfico y el combate al crimen transnacional.

Sin embargo, la presión se intensifica.

Las recientes medidas para obstaculizar el suministro de combustible, las amenazas de sancionar a terceros países y la retórica beligerante forman parte de una estrategia orientada a profundizar las carencias internas y provocar desgaste social.

Es una política conocida: provocar asfixia económica para generar fractura política.

Lo grave es que esa estrategia no golpea estructuras abstractas; golpea directamente la vida cotidiana de millones de cubanos.

Afecta la electricidad, el transporte, los servicios básicos, la alimentación y la estabilidad social.

Por eso, cuando se habla de estas acciones como simples decisiones geopolíticas, se oculta su verdadera dimensión humana.

Pero hay otro elemento fundamental: la percepción de vulnerabilidad.

Desde ciertos centros de poder puede existir la idea de que Cuba, debido a sus dificultades económicas, sería hoy un objetivo fácil. Esa lectura ignora un factor decisivo: la capacidad histórica de resistencia del pueblo cubano.

La isla ha vivido bajo presión durante décadas y ha desarrollado una doctrina de defensa basada en la movilización nacional y en la convicción de preservar la soberanía.

Cuba apuesta por la paz. Ha reiterado su disposición al diálogo y a relaciones basadas en el respeto mutuo.

Pero defender la paz no significa estar indefensa.

Ese es quizás el mensaje central.

La voluntad de diálogo no debe confundirse con renuncia a la soberanía.

Cualquier cálculo que subestime la capacidad de resistencia cubana parte de una lectura equivocada de la historia.

Porque Cuba ha demostrado que, aun en las circunstancias más adversas, no cede ante la coerción.

En este contexto, lo más responsable es llamar la atención sobre el peligro de la escalada.

La retórica agresiva, la presión económica extrema y la construcción de pretextos políticos pueden empujar a escenarios impredecibles.

Y cuando las tensiones se alimentan desde la lógica de la fuerza, los pueblos terminan pagando costos demasiado altos.


El imperio no aprende de sus derrotas [Tres partes]

PARA CONTAR LA VERDAD DE LA VICTORIA CUBANA EN LAS ARENAS DE PLAYA GIRÓN, CUBA

José Luis Méndez Méndez* —
Hemos llegado a los primeros 65 años de esa epopeya, que significó la primera gran derrota del imperialismo en América Latina, su legado, lecturas y enseñanzas, no fueron aprendidas por el imperio, que repite sus errores. Quienes combatieron, murieron y vencieron en Playa Girón, lo hicieron por la Patria agredida, por el socialismo, ahora una vez más la agresión y la amenaza asechan. 

El secreto de la bandera y qué hacer con la brigada, son dos hechos ignotos de esta agresión estadounidense contra Cuba, que derivó en un contundente fracaso. Ahora, son develados para compartir las mentiras, mitos y tabúes, que han rodeado este engendro agresor durante décadas.

Cuando los invasores derrotados regresaron a su origen en diciembre de 1962, después de ser canjeados por alimentos, maquinarias y otros insumos, de cuya negociación el Gobierno estadounidense adeuda al de Cuba todavía, cerca de cincuenta millones de dólares, por incumplimiento de lo pactado. Los miembros de la llamada Brigada 2506, organizaron un desfile de agradecimiento ante el presidente John F. Kennedy, quien reconoció la paternidad de la humillante derrota invasora organizada por sus predecesores republicanos.

Parte de sus diezmadas fuerzas mercenarias veneraron al mandatario, quien se hizo acompañar de su esposa Jacqueline y después se congregaron para escuchar al inquilino de la Casa Blanca, en el estadio Orange Bowl de Miami.

Algunos mercenarios se negaron a participar en ese acto, por considerar que la administración demócrata los había abandonado a su suerte cuando más necesitaban su apoyo militar. 

En la agresión perdieron la vida 114 mercenarios y varios estadounidenses contratados como mercenarios para tripular los aviones agresores el último día de la batalla, por negarse a combatir los asustados pilotos mercenarios cubanos. 

En el mitin se le entregó, por parte de los mercenarios, al mandatario, una bandera cubana, que aseguraban los habría acompañado durante los cruentos combates, después había estado escondida en la cárcel en Cuba, tras la derrota, y preservada para ser traspasada en esa ocasión, en señal de agradecimiento. El presidente emocionado les juró devolverla en una “cuba libre”, su esposa anegada en llanto, exclamó el deseo de tener hijos tan bravíos como ellos.

Como la historia confirma con sobradas pruebas y razones, todo es secreto hasta un día, ese momento llegó y se develó. La bandera entregada nunca había estado en Cuba, se confeccionó para la ocasión y les fue devuelta por correo postal, a los embusteros, años después. Sobre la bravura de los invasores, se ha escrito en extenso.

Cómo justificar a la derrotada invasión, ha sido una obsesión de los seguidores de este suceso histórico, han escudriñado durante décadas, sin embargo hay secretos poco conocidos como el dilema de la administración demócrata al regreso de los vencidos, el católico John F. Kennedy se enfrentó una vez más al no resuelto “the disposal problem”-eliminación del problema-, qué hacer con los mercenarios cubanos. En abril de 1961 se había decidido lanzarlos en Cuba, sí allí era donde querían ir, pocos días después, asume el humillante fracaso de la invasión, los canjea y recibe.

Un aprieto surgió de nuevo, con la llegada de los mercenarios: ¿Qué hacer con ellos? se preguntaban los políticos y militares de la época. Ni antes ni ahora, estos servidores al imperio han conocido el desprecio y el odio, que esa administración, que los empleó, sintió tras la llegada del contingente vencido. Se escribieron propuestas y las remitieron al presidente, con varias opciones. 

Después, se ha revelado y divulgado poco lo que realmente ocurrió. El memorando del Asistente Especial para los Asuntos de Seguridad Nacional McGeorge Bundy al Presidente Kennedy del 4 de enero de 1963, casi una semana después de regresar los mercenarios, es revelador: “La organización y manejo de los refugiados necesita reestudiarse. Necesitamos una mejor, más abierta y constante comunicación, precisamos clarificación de las oportunidades a ser ofrecidas a los voluntarios cubanos, sean o no veteranos de la Brigada. Si podemos manejar esto, necesitamos lograr un proceso de imagen mejorada hacía los cubanos libres”. Durante la estancia de los mercenarios en Cuba, en el proceso de juicio, que siguió al descalabro, las autoridades estadounidenses, recibieron múltiples informes, que reafirmaban el rencor y malestar de los derrotados, que culpaban de abandono y traición al mandatario. Por ello, la administración de turno les dispensó un trato reciproco, aunque persistían en que podían aun ser útiles en sus planes agresivos contra la joven Revolución. 

Esta idea de qué hacer con los mercenarios fue tomando forma. El 25 de enero, tres semanas después, en la Reunión 38 del Comité ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad, las propuestas y sentimientos hacia la Brigada parecían expresar una realidad no declarada en el decembrino discurso de Kennedy, lo cual confirmaba la dosis de hipocresía que reinó en el recibimiento.

Por su parte, Sterling Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado opinó: “La recomendación, que orienta nuestra política es no mantener la Brigada como el núcleo duro y todos deseamos un curso medio de acción”. El sentimiento era no preservar esa estructura militar, por lo politizada que se pronunciaba 

El general Maxwell Taylor, expresó sus reservas acerca de permitir a los miembros de la Brigada, después de completar su entrenamiento militar en Estados Unidos, se convirtieran en elegibles para ser miembros de una unidad de reserva estadounidense. Estaba preocupado de que esas unidades se volvieran políticas. 

Mientras el citado Sr. McGeorge Bundy, expresó su opinión de que el curso de acción propuesto y decidido, sería difícil de aceptar por los miembros de la Brigada, que en esencia disponía su disolución como fuerza de combate.

Mientras, Robert Kennedy, el entonces Fiscal General recomendó: “Algunos miembros deberán ser enviados a América Latina, otros miembros escogerán pasar el entrenamiento militar, mientras que otros podrían ser útiles colocados en unidades de fuerzas especiales asignadas a países de América Latina”. Se le daría continuidad a su empleo mercenario.

17 de abril de 2026

SEGUNDA PARTE

Los debates sobre cómo deshacerse de los mercenarios cubanos, aumentaron, el resentimiento estuvo presente en cada discusión. El Fiscal General Robert Kennedy, añadió que los miembros de la Brigada debían ser tratados, para evitar que se volviesen hostiles, pensaba que se obtendría mucho de ellos si se les manejaba correctamente. Una forma podría ser decirles, que no podemos invadir a Cuba ahora y que ellos pueden combatir al comunismo mucho más efectivamente en la actualidad en otros países de América Latina, como miembros de las fuerzas especiales. Estaban en desarrollo los planes de contrainsurgencia de Estados Unidos, para combatir todo intento de protesta contra la hasta entonces monolítica hegemonía de Estados Unidos.

Concluyó, el hermano del presidente, que los miembros de la Brigada deberán participar en la planificación de las acciones de inteligencia. Insistió que no solamente escojamos miembros de la Brigada y utilizarlos como agentes, sino más bien debemos estimularlos a tomar parte en la selección de objetivos y métodos de operación. Reconoció, que una razón por la que hasta ahora eso no se ha hecho era por la mala reputación, que tenían los cubanos de ser incapaces de guardar secretos. 

En el momento de emitir su parecer, Sr. McCone, de la CIA, insistió en utilizarla como un recurso político, preferiblemente trabajando con miembros de la Brigada de manera individual. El presidente expresó su esperanza de que numerosos miembros de la Brigada, escojan el entrenamiento militar.

Esto no sucedió, existía una desconfianza recíproca, las autoridades recelaban de los efectos políticos en los mercenarios de la estancia en Cuba, de una probable influencia anti estadounidense, que podían haber recibido; en cambio los mercenarios se consideraban abandonados, engañados, dejados a su suerte por los demócratas en el poder, esos sentimientos provocaron que pocos invasores se sumaron a las llamadas Unidades Cubanas del Ejército de Estados Unidos, convocadas por Kennedy en octubre de 1962, concebidas para invadir a la Isla, nuevamente.

Miembros de varias delegaciones negociadoras integradas por mercenarios, que fueron autorizadas por las autoridades cubanas para resolver la liberación de los más de mil detenidos y juzgados, desertaron al llegar a Miami, dejaron a sus colegas a su suerte, lo cual avala, la falta de ética, en el colectivo agresor.

De la cantera general de emigrados cubanos, los entrenadores estadounidenses, en varios campamentos militares, prepararon cerca de tres mil nuevos mercenarios, esta vez vestidos con el uniforme militar de Estados Unidos.

El 24 de enero de 1963, cuando el entrenamiento de los voluntarios cubanos estaba en pleno desarrollo se efectuó la reunión del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional para analizar un memorando enviado por el Coordinador de Asuntos Cubanos, con un tema único en su contenido: La Brigada Cubana. 

La valoración general sobre integrarlos a las fuerzas armadas estadounidenses fue: “La Brigada Cubana entrenada sería de un valor militar relativamente secundario debido a sus limitaciones cuantitativas y a la capacidad militar restringida, pero su valor psico-político como símbolo de la resistencia cubana al comunismo de Castro puede ser más que compensado por su limitada utilidad militar”.

Se propusieron tres posibles cursos de acción con los mercenarios cubanos regresados: Primero, provocar que la Brigada sea desmantelada como unidad militar, sin una ayuda especial adicional por parte de Estados Unidos. Esta opción tenía la siguiente valoración: “Este curso de acción constituiría la forma más económica y simple de librarnos del problema”.

En este momento de reflexión obligada del lector atento, valdría la pena recordar “Roma no paga a traidores” y “Consumada la traición, el traidor sobra”. Expresiones, que advierten como la deslealtad no es recompensada ni por aquellos que la fomentan.

La segunda opción consistía en: “Entrenar a la Brigada y a los cubanos como una unidad especial. Mantenerlos y apoyarlos como un componente de la reserva militar de las fuerzas armadas norteamericanas”. 

Una objeción al respecto señalaba: “Sin embargo, inevitablemente, se convertiría en un punto focal por las actividades políticas del exilio cubano, la moral, la disciplina y el espíritu de combate, serían difíciles de mantenerlos a largo plazo sin el empleo inicial de la motivación para retomar a Cuba. Presuponían, que los isleños, no se prestarían para participar en otros escenarios bélicos, donde Estados Unidos, tendría intereses o participara, pero se equivocaron, demostraron que eran soldados de fortuna convencidos e identificados con el Imperio, que los utilizó con profusión en Vietnam, Congo ex belga, Centroamérica, en el Cono Sur de América Latina y las agencias de espionaje de ese país los captaron para diversos usos.

La tercera propuesta y final consistía en: “Un programa militar y civil para los miembros de la Brigada. Instar a que la Brigada continúe como una unidad «fraternal». Alentar a los miembros de la Brigada a que se incorporen al entrenamiento militar preparado en especial para los cubanos a fin de establecer un componente de la reserva militar de la Brigada”.

De acuerdo con el real propósito de la administración Kennedy, esta variante permitía: “Dispersar geográficamente a los miembros de la Brigada en diferentes actividades, desmantelando así de manera efectiva la Brigada actual en su totalidad como una unidad”. Sobre esta propuesta el Coordinador escribió: “Recomiendo la propuesta 3, un programa especialmente diseñado para los miembros de la Brigada”. 

Y añadió: “Recomiendo inducir, más que a forzar a la Brigada para que acepte esta propuesta, “Debido a la falta de una utilización militar inmediata para la Brigada, debemos desmantelar ésta como tal. Como puede ser que en un futuro deseemos contar con la presencia de cubanos entrenados militarmente en las fuerzas armadas de Estados Unidos, debemos alentar a los miembros de la Brigada para que se enrolen en el programa de entrenamiento militar existente para los cubanos y que a partir de ahí se incorporen a la unidad de reserva de Estados Unidos”.

Fue objetada con el siguiente sustento: “Esto podría generar una crítica política y militar nacional al incorporar grupos extranjeros organizados en el componente de reserva de las fuerzas armadas estadounidenses. Existe el riesgo de que un acto impulsivo e irracional de los miembros de la Brigada, como miembros de las fuerzas de reservas norteamericanas, pudiera ser la fuente de serias molestias para Estados Unidos”. El recelo, resentimiento y desconfianza de la administración fue evidente, por haber tenido que reconocer la paternidad del fracaso, ante la comunidad internacional, a menos de tres meses de haber asumido la presidencia.

El colofón de ese criterio reticente fue expresado: “Debemos ofrecerles cierta ayuda especial, pero no hasta el punto de que se conviertan en una clase privilegiada de forma perpetua…”. Este era el sentimiento adverso hacia los vencidos.

18 de abril de 2026

TERCERA PARTE

Cuando la invasión, que trajo a más de mil mercenarios cubanos a mancillar la tierra que los vio nacer, estaba derrotada de manera fulminante, por la respuesta decidida de los patriotas orgullosos de ser hijos de Cuba, un puñado de sus jefes abandonaron en estampida a sus vencidos seguidores sin mirar atrás, guiados por la conocida frase de “sálvese quien pueda”.

Los medios navales empleados fueron disimiles para quienes aspiraban a reembarcarse y llegar a puerto seguro. La retaguardia había sido cortada, los barcos hundidos y las barcazas no alcanzaban para el motín a bordo que les impedía zarpar, cuando no se conocía a nadie ni se respetaban rangos ni ordenes, eso era pasado. 

Las historias fueron variadas, unas creíbles, otras adaptadas para preservar el “valor” de sus autores, esta es una de ellas, que compartimos, para mostrar hasta dónde se pueden degradar los seres humanos cuando los principios, valores y sentimientos están ausentes. 

Ya no había nada que hacer, las siluetas de los barcos estadounidenses, que habían prometido participar si se lograba la imaginaria “cabeza de playa”, eran sombras en el horizonte y las esteras de los tanques que defendieron el suelo patrio se había mojado en el irredento mar, un mensaje de derrota surcó el éter para llegar a los organizadores de la catástrofe: «Jamás abandonaremos nuestra patria», fueron las últimas palabras entrecortadas y gemebundas de José Pérez San Román, al mando de la agresión como jefe de la titulada Brigada 2506, eran las dos de la tarde del histórico 19 de abril de 1961. 

Seguidamente el vencido, se dirigió a la tropa, notificándole que todo estaba perdido y que cada uno quedaba en libertad de escoger el camino apropiado para proteger sus vidas. No atinó a organizar la retirada, proteger a los heridos, ni llevar a sus muertos, estaba desmoralizado.

Un grupo de mercenarios en estampida sugirió la salida por mar para intentar llegar hasta los buques estadounidenses, que en realidad ya no se divisaban en el lejano horizonte, tras recibir órdenes de abandonar el área de conflicto bélico y dejar atrás el descalabro, comenzado por su predecesor republicano. 

Se avistó un barco de pequeño tamaño, anclado en la costa, el grupo lo asaltó con violencia y hubo peleas para abordarlo. Ya a bordo, cortaron la soga que sujetaba el ancla. Izaron la vela y trataron de echar a andar el motor, que no arrancó. No soplaba brisa para seguir a la deriva y comenzaron a remar con las manos y con tablas que arrancaron al piso del bote, este se deslizó lentamente. La brisa llegó con desgano y el sobre pesado hacinado frágil “navío”, se enrumbó proa hacia los imaginarios barcos. Los improvisados tripulantes, eran 22 en total, todos hambrientos, sedientos, sofocados por el calor acumulado, de mal humor, vencidos, desmoralizados y con un objetivo común: escapar.

La luz de un faro inquietó. Los más cautos propusieron llegar hasta él, otros alegaron que podía ser Cuba y ser apresados. Prevaleció la percepción de riesgo y siguieron el rumbo de los “timoneles”, sin destino fijo.

La llegada veloz de la noche pasada, impidió un sondeo de la embarcación, se encontraron pocos víveres, arroz, papas, cebollas, azúcar, disimulado un fogón casero, pero no había agua, tampoco cómo encenderlo, Decidieron organizarse y conocer, qué sabía hacer cada cual, ninguno declaró saber cocinar. Esto fue una paradoja, durante el juicio que se les celebró a los capturados, más de mil, decenas de ellos afirmaron haberse enrolado como cocineros.

Apareció la documentación del barco, registrado en el puerto de Cienfuegos. Su nombre «Celia», 18 pies de estora, tipo Cienfueguero. 

El “Celia” tenía una brújula, calcularon que la noche anterior habían navegado hacia el Sur, unas 30 o 40 millas, acercándose a Centroamérica o estaban en medio del Caribe sur. Solo a vela, y por medio del timón, una caña larga, incrustada en un agujero, controlaba la mecánica hélice. 

Coincidían en que los estadounidenses los rescatarían, recibidos como héroes y les entregarían el dinero que les adeudaban, desde que estaban en Guatemala, no se les había pagado.

La muerte como solución apareció en la mente de varios. El primero cayó rendido, de ahí en adelante, ese tema se apoderó de todos, fue recurrente. Cómo sobrevivir era la interrogante, obsesionaba. 

En otra ocasión, alguien argumentó, que debería usarse la sangre de los muertos para calmar la sed. Algunos se opusieron. En total, diez mercenarios, murieron de inanición, de enfermedades o devorados por sus acompañantes, tras una travesía increíble, que los llevó, en quince días, desde la costa sur de Cuba, hasta cien millas de las costas de Nueva Orleans. Bordearon la costa sur de Cuba, salieron a su extremo occidental, al Cabo de San Antonio, para internarse, sin saberlo, en el inmenso Golfo de México y enrumbarse al norte en busca de lo desconocido hasta ser avistados por un barco, que ya había socorrido a dos miembros de la Brigada 2506, quienes murieron después de ser rescatados. La nave tenía el nombre de Atlanta Seaman.

Pasaron los años y como entre el cielo y la tierra no hay nada oculto y todo es secreto hasta un día, ese momento llegó el 17 de abril de 1998, treinta y siete años después, cuando uno de los caníbales, reveló todo lo guardado con tanto celo. En vísperas de un aniversario de la derrota, declaró a una cadena estadounidense, que se había alimentado de carne humana de uno de sus acompañantes. El escalofriante relato fue prolijo en detalles de la profanación del o los cadáveres. Alegó que se hizo para sobrevivir, no explicó por qué no siguieron pescando para alimentarse. Comenzaron con la idea de beber la sangre de los fenecidos a fin de mitigar la sed, después la carne, de cuerpos de algunos de los diez fallecidos en la travesía. 

Otros del grupo, negaron conocimiento, incluso aseguraron que desconocían lo sucedido, todo lo cual es imposible por la diminuta eslora del bote y el hacinamiento en tan estrecho espacio, aun cuando murió el último, una hora antes de ser rescatados y por tanto el más fresco para ser digerido, quedaron doce sobrevivientes ocupando esa breve área.

La desaparición de estos diez hombres, por las implicaciones jurídicas que tuvo, fue objeto de la apertura de causas judiciales individuales, se les asignaron sus distintivos números de expediente de investigaciones, no bastó con las declaraciones de los que sobrevivieron, debido a que se podían haber dado otras causas de muerte, como consecuencia de lógicas trifulcas, rencillas por motivos personales acumuladas y que se estimularon por la ansiedad del momento, habían quienes en la invasión tuvieron cargo de mando y abandonaron a sus subordinados, también actos de cobardía en las acciones combativas se habían sucedido, circunstancias que podían haber provocados riñas, que terminaron en homicidios y que fueron explicados a consecuencia de la desesperación. Aún no se puede afirmar que los diez, murieron por las causas señaladas, aunque los implicados disfrutan del beneficio de la duda.

Una página horrible de la brigada mercenaria, que se suma a otras no menos escalofriantes, después sucesivas administraciones estadounidenses los emplearon como mercenarios, el 17 de abril de 2017, el ambarino en su primera temporada utilizó la sede de la derrotada formación, para exponer su plan unilateral de medidas coercitivas contra Cuba. Juró, como lo hace ahora, tomar Cuba cualquier costo, no aprende de recientes derrotas en el Medio Oriente, miente y encubre sus errores, que se repiten.

19 de abril de 2026

Especial de Resumen Latinoamericano

(*) Escritor, historiador, profesor universitario, diplomático, investigador titular y profesor titular cubano.

Misteriosa desaparición y muerte en EE.UU. de científicos de élite


EE.UU. ha iniciado una investigación formal sobre una desconcertante serie de desapariciones y muertes repentinas recientes de sus científicos de élite.

Casi una docena de científicos prominentes vinculados a investigaciones avanzadas militares, aeroespaciales y gubernamentales de Estados Unidos, han aparecido muertos en circunstancias sospechosas o simplementehan desaparecido sin dejar rastro en los últimos tres años.

Según informes, eran figuras clave vinculadas a información clasificada de suma importancia, incluyendo sistemas de armas avanzados, tecnología de defensa de última generación, contramedidas contra armas biológicas, avances cuánticos y otros programas secretos.

El jueves, el presidente Donald Trump se refirió al posible patrón, describiendo los sucesos como “asuntos bastante serios”. “Espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”, añadió.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que la administración está buscando respuestas y señaló que la situación es “definitivamente algo que creo que este gobierno y esta administración considerarían digno de investigar”.

Cinco de los diez científicos desaparecieron sin dejar rastro, a menudo en circunstancias repentinas y dejando atrás objetos personales esenciales.

Entre los casos más sonados se encuentra el del mayor general retirado de la Fuerza Aérea, William “Neil” McCasland, de 68 años, quien desapareció de su casa en Albuquerque el 27 de febrero de 2026.

Según informes de los medios estadounidenses, McCasland, quien anteriormente supervisaba programas de investigación altamente clasificados, dejó su teléfono en casa, aunque le faltaban la cartera y un revólver calibre .38.

Las autoridades recalcaron que no había indicios de que estuviera desorientado, y un teniente de policía comentó: “Podría decirse que seguiría siendo la persona más inteligente de la sala”.

Otras desapariciones presentan similitudes. Monica Jacinto Reza, de 60 años, directora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la agencia espacial estadounidense (NASA, por su acrónimo en inglés), desapareció mientras hacía senderismo en un sendero muy transitado de California en junio de 2025. Su acompañante declaró a la policía que se distrajo solo unos instantes antes de que ella desapareciera.

Steven Garcia, de 48 años, contratista del gobierno vinculado al arsenal de armas nucleares de Estados Unidos, abandonó su casa en agosto de 2025, dejando atrás su teléfono, billetera, llaves y automóvil. De manera similar, Melissa Casias, de 53 años, y Anthony Chavez, de 78, ambos afiliados al Laboratorio Nacional de Los Alamos, desaparecieron en Nuevo México con pocas semanas de diferencia en 2025, dejando atrás objetos personales importantes y sus vehículos.

Si bien la mitad de los científicos siguen desaparecidos, otros han tenido muertes violentas o inexplicables. Dos destacados investigadores fueron asesinados en tiroteos.

Nuno Loureiro, de 47 años, físico de plasma del MIT de renombre internacional, fue asesinado en su casa de Massachusetts en diciembre de 2025.

Dos meses después, el renombrado astrónomo de Caltech, Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado a tiros frente a su casa en una zona rural de California. Las autoridades identificaron a los sospechosos de ambos homicidios, pero no han indicado que estas muertes estén relacionadas con sus investigaciones.

Otros casos involucran muertes repentinas e inexplicables. Jason Thomas, de 45 años, investigador farmacéutico, desapareció en diciembre de 2025 antes de que su cuerpo fuera recuperado de un lago de Massachusetts en marzo de 2026.

Además, dos investigadores veteranos del JPL de la NASA, Frank Maiwald, de 61 años, y Michael Hicks, de 59, fallecieron repentinamente en los últimos tres años sin que se hayan revelado públicamente las causas de su muerte.

La coincidencia en las fechas y las profesiones de las víctimas —muy concentradas en el ecosistema de investigación militar estadounidense, los laboratorios nacionales y los proyectos aeroespaciales avanzados— ha alimentado una intensa especulación./Resumen Latinoamericano.

Cuba no está indefensa

José Ernesto Nováez Guerrero. ̶  El medio independiente norteamericano Zeteo levantaba las alarmas este 14 de abril al hacer pública una nueva filtración aportada por tres fuentes anónimas, las cuales afirman que la Casa Blanca envió una nueva directiva al Pentágono y otras instancias gubernamentales instruyéndoles intensificar los preparativos para posibles operaciones militares contra Cuba. Aunque no es la primera vez que noticias de este tipo se filtran a los medios en Estados Unidos luego del 3 de enero, dado el peligro de la situación no podemos dejar de prestarles atención.

La declaración hecha en la Orden Ejecutiva 14380 del pasado 29 de enero, donde se declara a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, prueba que se han dado pasos por la actual administración para fabricar un marco justificatorio a la agresión contra la isla. Visto en perspectiva, se hace visible como tanto al nivel federal y la política local en la Florida se han hecho grandes esfuerzos por fabricar excusas diversas.

Además de la Orden Ejecutiva antes mencionada, pudiéramos añadir las acusaciones hecha en tribunales de La Florida contra líderes cubanos de formar parte de la ficticia trama de narcotráfico del Cartel de los Soles; las acusaciones de supuestas bases chinas o rusas, retomadas nuevamente por varios medios y políticos en la medida que el Anatoly Kolodkin se acercaba a la isla; las recientes acusaciones, repetidas incluso por el secretario de Salud Robert Kennedy Jr sobre la supuesta vinculación del estado cubano en una trama de estafa al Medicare y la lancha cargada de hombres armados que salió del territorio norteamericano sin ser interceptada por ninguna de las autoridades competentes de este país.

Adicionalmente, el presidente cubano ha dado varias entrevistas en los últimos tiempos a varios medios norteamericanos. Destacan las que concediera a Newsweek y al espacio “Meet the Press” de NBC. Ambas fueron ampliamente compartidas por otros medios. En ambos casos, el presidente respondió a las preguntas sobre una posible agresión contra la isla que Cuba no quería la guerra, que estaba dispuesta al diálogo, pero que si no quedaba otra opción, el país se defendería.

Esta posición fue levantada por varios grandes medios corporativos y presentada como un reto directo de Cuba a los Estados Unidos. Este tipo de lecturas torcidas apuntan directamente al sensible ego del presidente, algo que los medios corporativos conocen y suelen presionar con relativa frecuencia. A esta campaña en torno a las declaraciones del presidente cubano se sumaron, por supuesto, los medios financiados de la contrarrevolución.

Y no es que la existencia y resistencia de Cuba no sean un reto a las intenciones del imperialismo norteamericano, lo son y es una de las razones por las cuales el castigo colectivo contra el pueblo cubano dura ya casi siete décadas. Pero una cosa es defender con firmeza la Patria y los valores y principios que sustentan el proyecto cubano y otra es la provocación irresponsable en un momento de máximo riesgo. La respuesta del presidente cubano deja en claro las posiciones de la isla y está en línea con la postura histórica de la Revolución.

La administración norteamericana y su máxima figura política atraviesan por un momento sumamente delicado. La guerra de Irán y sus efectos han erosionado sus números de aprobación. Una encuesta realizada por CBS entre el 8 y 10 de abril arrojó que el 68 por ciento de los encuestados se declaran “preocupados” por la guerra en Irán y 54 por ciento “molestos”, frente a solo un 29 por ciento que se declaran “orgullosos”. A esto se suma el aumento sostenido del precio de los combustibles. Las recientes acciones de la administración han llevado a que el precio del crudo producido en Estados Unidos aumente en torno a un ocho por ciento este 14 de abril, hasta superar los 104 dólares por barril. El Brent internacional, otro crudo de referencia en los mercados, subió un siete por ciento en la misma fecha, hasta los 103 dólares por barril. Los precios mayoristas de la gasolina se dispararon un seis por ciento.

Trump, en declaraciones a Fox News este 13 de abril, reconoció que es poco probable que los precios de los combustibles disminuyan significativamente antes del otoño, lo cual lo colocaría en una escenario sumamente complejo, de cara a las elecciones de medio término en noviembre. Sin embargo, este 15 de abril se contradijo y afirmó que pronto abrirían completamente el estrecho de Ormuz y bajarían los precios del combustible.

Estas declaraciones, además de pretender incidir en el mercado, sirven de indicativo de la falta de un horizonte claro para la actual administración respecto al conflicto en Irán. El no haber sido capaz de derrotar a la nación iraní y menos rápidamente, tal y como le hicieron creer Netanyahu y algunos de sus asesores, lo ha dejado en una situación sumamente inestable desde el punto de vista político. A pesar de sus constantes declaraciones de victoria, la realidad en el terreno es otra:

El pantano iraní ha destruido el breve halo de poderío que la administración ostentó luego de los sucesos del 3 de enero de 2026. Esto erosiona la figura del presidente de cara a los sectores más belicistas de su electorado. Y no es descartable que, en este escenario, Trump y su equipo estén mirando hacia alguna posible “presa fácil”, que permita reconstruir el halo sin peligro de abrir otro frente que pueda estancarse también.

Cuba está en esa lista de posibles presas por muchas razones. Al histórico pecado de haber pretendido construir un proyecto socialista y soberano a las mismas puertas del imperio, suma su historia de solidaridad, de compromiso con la justicia social y de denuncia de los desmanes del imperialismo. Cuba es la obsesión de la casta derrotada que se refugió en La Florida y que ha lucrado durante décadas con la política contra la isla, logrando una influencia y representación sobredimensionada en el país, en relación con la comunidad a la cual dice representar. La agresión militar contra la isla es, por decirlo de alguna manera, uno de los “anhelos fundacionales” de esta casta y forma parte de su identidad como grupo político.

La isla está cerca de Estados Unidos y tiene una base militar estadounidense ilegalmente enclavada en su territorio. Su principal arsenal armamentístico es de origen soviético, el cual no siempre ha podido modernizar dadas sus circunstancias económicas desde 1991 hasta la actualidad. Desde la pandemia de la covid-19 y bajo los efectos de un Bloqueo recrudecido, su economía se ha contraído y reducido sustancialmente sus niveles de actividad. Para los estrategas de la Casa Blanca, luce como la presa que permita reeditar una operación espectacular de asesinato o secuestro de sus líderes, retirada y rimbombante victoria mediática. 

El afán de una casta y la necesidad de reafirmación de la administración pueden ser los factores que están presionando que se valore este escenario. Con el mismo desdén mostrado por la vida humana en Gaza, Líbano, Irán y muchas otras partes, los estrategas del mayor aparato de destrucción organizada de la historia de la humanidad, se entregan a proyectar escenarios que, siempre, acabarían constando innumerables vidas de inocentes. 

Por supuesto, resulta casi innecesario reiterar que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Por el contrario, la isla, como han reconocido múltiples agencias de este país, es un aliado confiable en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico en la región. La política de cero tolerancia a las drogas en el país lo convierte en el más firme bastión del Caribe en el combate a este flagelo. Igualmente, Cuba ha mostrado una firme voluntad en el combate al crimen transnacional.

Aunque no cuenta quizás con el más moderno armamento, la isla no está para nada desarmada. Su doctrina de guerra de todo el pueblo convierte el proceso de resistencia y enfrentamiento contra un posible invasor en una tarea de toda la nación, haciendo que virtualmente cualquier palmo del territorio nacional sea un bastión frente a la agresión. Las tropas cubanas están preparadas para la guerra irregular, aprovechando la topografía del terreno nacional, particularmente las formidables cadenas montañosas de las tres principales regiones geográficas del país. Y el pueblo cubano, en su mayoría, es profundamente celoso de la soberanía nacional y ha demostrado, en numerosas oportunidades desde 1868, su voluntad de soportar todos los sacrificios con tal de lograr y preservar la independencia.

Si los estrategas trumpistas creen que una victoria en Cuba sería la respuesta al fracaso en Irán, quizás debieran pensarlo dos veces. La isla tiene la voluntad y la experiencia para convertir cualquier ataque en un infierno para el agresor. Ser un país que defiende la paz y el diálogo no implica, bajo ningún concepto, que estemos indefensos. 

La continuada agresión económica y política de Estados Unidos contra Cuba entró en una nueva y brutal fase de asfixia energética con la reciente orden ejecutiva que amenaza con sanciones a terceros países por suministrar combustible a la isla. Esta escalada es un brutal acto de agresión que se enmarca en el objetivo de provocar "hambre y desesperación" entre la población. Pero Cuba, su liderazgo político de la generación histórica guiada por los ideales de Fidel Castro y la continuidad revolucionaria con el presidente Miguel Díaz-Canel, junto a su pueblo, han tenido la capacidad de resiliencia para defender el derecho a la autodeterminación y la soberanía.

https://espanoa-indefensal.almayadeen.net/articles/2161447/cuba-no-est

España y Latinoamérica favorecen democracia y multilateralismo

Iniciativas en favor de la democracia y el multilateralismo, y el combate contra la desinformación y el extremismo, son prioridades destacadas este 18 de abril/2026 por España y varios países latinoamericanos, según Prensa Latina desde Barcelona, España.

Durante la IV Reunión en Defensa de la Democracia y los coloquios al amparo de la Global Progressive Mobilisation (GPM) en Gran Vía de Fira de Barcelona, también hubo pronunciamientos contra una intervención militar en Cuba.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, pidió la responsabilidad de todos los países para actuar en tres áreas prioritarias: la defensa del multilateralismo, la gobernanza digital y el combate a la desigualdad.

Remarcó que “la democracia no solo se defiende, sino que se fortalece y perfecciona día a día (…) no puede darse por sentada”.

En su intervención en la sesión plenaria del encuentro, se pronunció por la renovación del sistema de Naciones Unidas para adaptarlo al siglo XXI más eficaz y eficiente, más transparente y democrático, más inclusivo y representativo.

Sánchez puso en valor la puesta en marcha en Barcelona de la Mesa Redonda de democracia Digital, como la materialización del compromiso adquirido para intercambiar experiencias y coordinar acciones.

También, hizo énfasis en que atajar la desigualdad representa uno de los ejes prioritarios de acción, y por ello, “nuestra agenda democrática es también la agenda de justicia social”.

El jefe del Ejecutivo español sostuvo varios encuentros bilaterales. Con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, abordó la relación bilateral y los retos globales a los que se enfrenta el mundo.

Con el mandatario de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, abordó la relevancia de fortalecer la cooperación, en un contexto marcado por las guerras y lainestabilidad, y con la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, ambos coincidieron en la arquitectura de cohesión social a escala global o la lucha frente al cambio climático.

España y México, por otro lado, dieron nuevos pasos en la reconducción de sus nexos bilaterales, en plena armonía mostrada por Pedro Sánchez, y la presidenta, Claudia Sheinbaum.

Sheinbaum se reunió este sábado con Sánchez al término de la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, para poner fin a varios años de fricciones que parecieron quedar atrás.

«Quiero proponer una declaración en contra de la intervención militar en Cuba. Que el diálogo y la paz prevalezcan», apuntó la jefa de Estado de México en su intervención en la cita.

A su turno, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, proclamó que “nadie tiene derecho a imponer reglas a otros países”, para luego mostrarse muy preocupado por lo que ocurre en Cuba.

«Hay que parar con ese bloqueo a Cuba y dejar que los cubanos vivan su vida. No es posible que nos quedemos en silencio ante eso», sentenció