Cuba denuncia en la ONU escalada agresiva de Estados Unidos

Cuba denunció este 3 de febrero/2026 en la sede de las Naciones Unidas en Viena, la más reciente y grave escalada de la política hostil del Gobierno de los Estados Unidos, calificándola de brutal acto de agresión.

Karlen Regaiferos, Segundo Secretario de la Misión de Cuba, tuvo a su cargo la exposición durante la 63 sesión de la Subcomisisón Científica Técnica de la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos, informaron fuentes diplomáticas.

En su intervención, el diplomático cubano vinculó la nueva agresión (una Orden Ejecutiva que amenaza con un bloqueo total a las importaciones de combustible) con el histórico bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba.

“Estas medidas, junto con la inclusión de Cuba en la lista unilateral estadounidense de «Estados Patrocinadores del Terrorismo», constituyen el principal obstáculo que impide la plena participación de la isla en la cooperación internacional espacial”, afirmó.

Como parte del debate general, Cuba reafirmó su compromiso histórico con la defensa del espacio ultraterrestre como un ámbito exclusivo para la paz, la colaboración internacional y el desarrollo sostenible, en beneficio de toda la humanidad. 

https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/cuba-denuncia-en-la-onu-viena-nueva-escalada-agresiva-de-estados-unidos

Cuba y la honda de David

Fernando Buen Abad Domínguez*.- David frente a Goliat no es sólo una metáfora bíblica reciclada por la retórica política, sino una estructura profunda del sentido, una gramática histórica que organiza la lucha entre fuerzas asimétricas cuando la ética decide no rendirse ante la aritmética del poder. En el caso cubano, esa dialéctica ha sido elevada a virtud colectiva, a pedagogía de la resistencia, a una semiótica del hacer donde la debilidad material no se vive como carencia, sino como ocasión creadora. 

Cuba no ha sobrevivido al imperio por milagro ni por obstinación romántica, sino por una inteligencia política y revolucionaria que supo revertir muchos estragos del bloqueo y convirtió la desventaja en método, la escasez en lenguaje y la agresión permanente en conciencia organizada. Allí donde el imperialismo –con su maquinaria financiera, militar, mediática y simbólica– pretende imponer el relato de la inevitabilidad, la experiencia revolucionaria cubana opone la narración de lo posible, no como fantasía, sino como praxis social sostenida durante décadas de asedio. 

Una virtud cubana no es la negación del conflicto, sino su metabolización humanista, hacer de la necesidad una ética, del cerco una escuela y de la amenaza un espejo donde el pueblo revolucionario aprende a reconocerse como sujeto histórico. Trump no fue una anomalía, sino una hipérbole, una caricatura brutal del imperialismo que siempre ha operado con la misma lógica de intimidación, castigo y escarmiento ejemplar, sólo que esta vez sin maquillaje diplomático. 

Frente a esa obscenidad del poder, Cuba respondió como siempre con más organización, más cultura política, más densidad simbólica. La asimetría no se reduce, se resignifica. El bloqueo no sólo busca hambre material, sino hambre de sentido, y allí la Revolución responde con una semántica de la dignidad que convierte cada acto de resistencia en un signo mayor. No se trata de idealizar la dificultad, sino de comprender cómo una comunidad política decide no dejarse definir por el lenguaje del enemigo. 

En la dialéctica de las virtudes cubanas, la lucha diaria es una dialéctica de la conciencia: saber que el adversario es un canalla más fuerte y aun así no aceptar su hegemonía. David no vence a Goliat por fuerza física, sino por inteligencia estratégica y por una lectura correcta del terreno simbólico; Cuba no enfrenta al imperio copiando sus métodos, sino desmontando su lógica, revelando sus contradicciones, exponiendo su violencia estructural ante los ojos del mundo. 

Cada médico enviado donde nadie quiere ir, cada vacuna desarrollada en condiciones adversas, cada escuela sostenida contra el desfinanciamiento impuesto, es una piedra lanzada no contra un cuerpo, sino contra un discurso. El humanismo revolucionario no es una consigna, sino una práctica que reorganiza prioridades: salvar vidas antes que salvar ganancias, educar antes que endeudar, compartir antes que acumular. 

Eso es lo intolerable para el imperialismo: no la existencia de un pequeño país rebelde, sino la demostración empírica de que otro orden de valores no sólo es deseable, sino funcional. Trump, con su retórica de muro, castigo y supremacía, encarnó la fase más cínica de un sistema que no tolera la diferencia cuando ésta se vuelve ejemplo. Por eso la agresión contra Cuba es también una agresión contra la idea misma de soberanía popular, contra la posibilidad de que los pueblos decidan sin pedir permiso. La respuesta cubana no ha sido el odio, sino la persistencia; no la claudicación, sino la memoria activa; no la imitación del verdugo, sino la profundización de su propio proyecto. 

En términos semióticos, la Revolución ha logrado algo excepcional, que es producir sentido desde la periferia, disputar el significado de palabras como democracia, libertad y derechos humanos desde una experiencia concreta y no desde un abstracto de mercado. Esa es la verdadera amenaza para el imperio: que el lenguaje deje de pertenecerle. Convertir la asimetría en fortaleza humanista implica asumir que no todo poder es cuantificable, que existe una potencia de lo colectivo que no entra en las estadísticas del Pentágono ni en los balances de Wall Street. Cuba ha hecho de su fragilidad un arma ética, de su vulnerabilidad una pedagogía política y de su resistencia una forma de amor social organizado. 

David no se convierte en Goliat al vencerlo; lo derrota sin dejar de ser David. Ahí reside la lección más profunda: no ganar pareciéndose al enemigo, sino triunfar sin traicionar la propia humanidad. En un mundo saturado de cinismo, esa coherencia es subversiva. Por eso el imperialismo insiste, amenaza, sanciona y miente; porque frente a la fuerza bruta sólo teme una cosa: la persistencia de un ejemplo que demuestra que incluso bajo asedio es posible vivir de otro modo, pensar de otro modo y luchar sin renunciar a la dignidad. 

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba no es una simple política exterior ni una “disputa bilateral”, sino una forma sistemática de violencia estructural que cumple con los rasgos de un crimen de lesa humanidad, en tanto ataca de manera deliberada, prolongada y consciente a una población civil con el objetivo explícito de provocar sufrimiento, desabastecimiento y desesperación social. 

No castiga a un gobierno, sino a un pueblo entero, restringiendo el acceso a medicamentos, alimentos, tecnología, financiamiento y relaciones normales con el resto del mundo, incluso en contextos de emergencia sanitaria y desastres naturales. Su lógica no es jurídica, sino punitiva; no es diplomática, sino ejemplarizante: busca escarmentar para que nadie la imite. Desde una perspectiva ética y semiótica, el bloqueo intenta naturalizar el dolor como herramienta política y convertir la crueldad en norma, violando principios elementales del derecho internacional y de la convivencia humana. Que se mantenga pese a condenas reiteradas de la comunidad internacional revela no sólo la impunidad del poder imperial, sino su bancarrota moral. Frente a ello, la resistencia cubana adquiere una dimensión aún más profunda; no sólo sobrevive a un cerco material, sino que denuncia con su sola existencia la obscenidad de un sistema que castiga la dignidad y criminaliza la soberanía. El bloqueo es un crimen de lesa humanidad. 


(*) Doctor en filosofía

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/03/opinion/cuba-y-la-honda-de-david

Nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba

 "En un mundo donde el servilismo es alta virtud, resulta raro escuchar la voz de la dignidad que representa Cuba. Esta revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos de lo que quería pero mucho más de lo que podía. Y sigue cometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos no están condenados a la humillación de los poderosos del mundo."   — Eduardo Galeano

Manu Pineda.- La decisión adoptada por Estados Unidos el pasado 29 de enero de declarar a Cuba como una amenaza para su seguridad y su política exterior, junto con la imposición de un bloqueo total al suministro de petróleo, constituye un nuevo y grave ataque contra la soberanía de la isla. Esta medida se inscribe en una estrategia sostenida durante décadas, articulada mediante sanciones económicas, presión política y criminalización del proyecto político cubano. El objetivo es imponer la voluntad de Estados Unidos sobre Cuba y forzar un cambio de régimen. 

La orden ejecutiva califica a Cuba como una "amenaza inusual y extraordinaria" para Estados Unidos. Esta calificación responde a una interpretación unilateral que convierte el ejercicio de la soberanía cubana en un supuesto riesgo estratégico. La declaración de emergencia nacional habilita la aplicación de medidas excepcionales, como el endurecimiento de sanciones y bloqueos, con consecuencias directas y profundamente dañinas para la población. 

El texto de la orden vincula a Cuba con otros Estados y organizaciones a los que Estados Unidos identifica como enemigos, entre ellos Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbollah. Sostiene que Cuba permite el desarrollo de actividades de inteligencia y seguridad de estos actores en su territorio, presentando dichas relaciones como una amenaza. Este planteamiento desconoce el derecho soberano de Cuba a definir sus alianzas internacionales y construye una imagen de hostilidad sin aportar pruebas verificables de riesgo alguno. 

La dimensión ideológica ocupa un lugar central en la orden, al afirmar que Cuba "difunde sus ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental". Esta formulación evidencia que el conflicto se sitúa en el terreno de la disputa política e ideológica. La existencia de un proyecto soberano, alternativo al modelo estadounidense, se presenta como un factor a erradicar. 

El núcleo de la orden es de carácter económico. Estados Unidos se arroga la capacidad de imponer aranceles y sanciones a cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba, de forma directa o indirecta. Esta medida impacta de manera inmediata en la vida cotidiana del pueblo cubano: afecta al transporte, al suministro eléctrico, a la producción de alimentos y a la prestación de servicios básicos. La intensificación de la guerra económica actúa como una herramienta deliberada de presión y asfixia social, orientada a generar desgaste interno y facilitar la intervención política. 

La orden extiende sus efectos a terceros países. Aquellos Estados que mantengan relaciones comerciales normales con Cuba quedan expuestos a represalias económicas, lo que restringe la libertad de comercio y somete a otros gobiernos a la política exterior de Estados Unidos. De este modo, la soberanía de múltiples países queda subordinada a decisiones unilaterales de Trump, y el comercio internacional se instrumentaliza como mecanismo de dominación política. 

El texto otorga amplias facultades al presidente Trump para modificar la orden en función de la evolución del contexto o como respuesta a eventuales represalias. Esta flexibilidad convierte la emergencia nacional en una carta blanca para Trump: permanente, adaptable y escalable. Un instrumento que permite incrementar la presión tanto sobre Cuba como sobre otros países. 

De manera cínica, la orden afirma que su finalidad es proteger los intereses del pueblo cubano y su derecho a vivir en una sociedad libre y democrática. Sin embargo, las medidas adoptadas profundizan el deterioro de las condiciones de vida y agravan el sufrimiento social y económico. El bienestar de la población se instrumentaliza como un medio de presión política, creando condiciones orientadas a la injerencia y al cambio de régimen. 

Esta agresión se inscribe en una historia de más de 65 años de bloqueos y sanciones contra Cuba. El 6 de abril de 1960, Lester D. Mallory, vicesecretario de Estado asistente para Asuntos Interamericanos, expuso en un memorándum secreto del Departamento de Estado la lógica que guiaría el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto meses después de forma unilateral. En dicho documento se afirmaba: "La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno". La política injerencista y coercitiva de Estados Unidos continúa profundizando ese daño, restringiendo el acceso a recursos esenciales y debilitando deliberadamente la economía cubana, en una estrategia de dominación que ignora límites legales y morales. 

Esta medida forma parte de un patrón global de agresión. Se articula con la violencia ejercida contra Venezuela, con las amenazas reiteradas contra Irán y con la presión sistemática sobre países que cuestionan la hegemonía de Estados Unidos. A ello se suma la corresponsabilidad directa de Estados Unidos, junto a Israel, en el genocidio que perpetran contra el pueblo palestino en la franja de Gaza, sostenido política, diplomática y militarmente desde Washington. El mismo patrón se manifiesta en las amenazas abiertas contra México, mediante la militarización del discurso migratorio y la criminalización de su soberanía, y en la presión creciente sobre Colombia, orientada a condicionar su política exterior y su margen de autonomía regional. En todos estos casos, la estrategia combina coerción económica, intimidación política y disciplinamiento ideológico para imponer obediencia y castigar la independencia. 

La orden ejecutiva refleja un modelo de relaciones internacionales de carácter vertical, en el que la cúspide del poder se concentra en la figura de Trump, quien se atribuye la facultad de decidir de manera unilateral qué constituye una amenaza y qué castigos deben aplicarse. Este enfoque prescinde del derecho internacional y margina a instituciones multilaterales como la ONU, el Tribunal Penal Internacional o la Corte Internacional de Justicia. En el marco de esta actualización de la Doctrina Monroe, rebautizada por el propio Trump como "Doctrina Donroe", se normaliza el castigo colectivo y la imposición unilateral, debilitando el orden internacional basado en normas y principios de equidad. 

La resistencia histórica de Cuba expresa la capacidad de un pueblo para sostener su dignidad y su soberanía frente a agresiones prolongadas. La escalada actual pone de relieve los límites de un modelo sustentado en el castigo económico y la presión política, y confirma que la coerción no logra doblegar la voluntad de los pueblos. La condena de estas medidas constituye, por tanto, una defensa de la soberanía, de la autodeterminación, del derecho internacional y de la convivencia pacífica entre países. 

Desde una perspectiva pedagógica, esta orden ejecutiva permite comprender cómo Estados Unidos ejerce el poder en esta fase de imperialismo neofascista o matonismo trumpista. Se combinan legislación interna, narrativas de seguridad nacional y sanciones económicas para presionar, aislar y controlar a otros Estados. La declaración de emergencia, la criminalización de ideas, la manipulación de recursos estratégicos y las amenazas a terceros países revelan la relación entre poder, economía y política en el actual escenario global. 

Defender a Cuba en cualquier circunstancia equivale a defender la vida, la humanidad, la solidaridad internacional y la fraternidad entre los pueblos. En el contexto actual, supone afirmar la soberanía, el derecho de los pueblos a decidir su propio camino y el respeto a la legalidad internacional. Garantizar el acceso a recursos esenciales, proteger la autonomía política y rechazar las sanciones unilaterales constituye un acto de afirmación de justicia y de equidad global. La agresión estadounidense refuerza la necesidad de una solidaridad internacional activa frente a la dominación unilateral y al uso de la presión económica como arma central de la política exterior. 


https://www.publico.es/opinion/columnas/nueva-escalada-estados-unidos-cuba.html

Fernández de Cossío: Cuba no tiene una mesa de diálogo con EEUU

Entrevista AP:  tras últimas amenazas de Trump.

Cuba no tiene una mesa de diálogo con Estados Unidos de cara a las tensiones ocasionadas luego de que el presidente Donald Trump incrementara drásticamente las sanciones a la nación caribeña la semana pasada, afirmó el lunes un alto funcionario isleño.

 Los intercambios de mensajes y las conversaciones son las habituales (migración y drogas sobre todo) en el marco de las relaciones diplomáticas bilaterales, dijo en una entrevista con The Associated Press el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío.

 'Si me preguntan si hoy tenemos una mesa de diálogo (con Estados Unidos), no la tenemos', indicó enfático Fernández de Cossío, aunque reiteró que están dispuestos 'a mantener ese diálogo informal con los Estados Unidos' para discutir 'las diferencias', respetando el modelo político de la isla.

 Trump firmó la semana pasada una orden ejecutiva por la cual amenazó con imponer aranceles a los bienes de los países que se atrevieran a vender o entregar petróleo a Cuba, un giro de tuerca en las sanciones contra Cuba impuestas hace más de seis décadas para presionar a un cambio en el país.

 El fin de semana Trump señaló, además, que Estados Unidos ya había comenzado una conversación con los líderes cubanos mientras su gobierno intenta cortar su suministro de petróleo procedentes de Venezuela y México. El mandatario sugirió que eso obligaría a Cuba a sentarse a la mesa de negociaciones.

 Cuando se le preguntó a Fernández de Cossío, cuánto tiempo podrá Cuba soportar las condiciones actuales, dadas la aguda crisis económica  que ya vive la isla en los últimos años  con severos apagones y desabastecimiento , aseguró que no podía revelar 'ninguna vía' que tenga la isla para garantizar el suministro de petróleo.

 'Cuba, por supuesto, se está preparando con creatividad, con estoicismo y con austeridad', señaló.

 La isla produce apenas el 40% del crudo que necesita para su economía, y hasta comienzos de enero dependía de las importaciones de Venezuela, México y Rusia. La intensidad de las sanciones le ocasionó 7.556 millones de dólares en pérdidas para el ciclo entre marzo del 2024 y febrero del 2025, un 49% superiores con relación a igual período anterior, según las autoridades.

 En los últimos seis años, la nación caribeña perdió un 15% de su Producto Interno Bruto, el resultado fue además una fuerte migración.

 Tras firmar la orden para imponer aranceles Trump dijo que Cuba era una nación 'en quiebra' y que no sobreviviría sin el apoyo de Venezuela, su gran aliada en las últimas décadas, luego del ataque estadounidense que capturó al entonces presidente Nicolás Maduro, el 3 de enero. El líder republicano conminó a la isla a negociar con Estados Unidos antes de que fuera demasiado 'tarde'

https://apnews.com/article/cuba-cossio-us-trump-dialogue-negotiations-diplomat-bf386bb43bf9e101f0d76d24781c26e6

¿Es verdad que EE.UU. y Cuba estarían negociando para llegar a un acuerdo?

Norelys Morales Aguilera.- Adelanto que categóricamente, no, en los términos que quiere Donald Trump. El "Señor" de la Casa Blanca ha dicho: "Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba. Estamos hablando con las más altas esferas de Cuba. Veamos qué pasa." (We’re talking to the people from the highest levels in Cuba. Let’s see what happens. I think we’re going to make a deal with Cuba.). Se escucha en un audio, en inglés, del el 31 de enero a bordo del Air Force One en ruta hacia Palm Beach, FL, (min. 13.22)

En respuesta a las declaraciones de la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum sobre el daño derivado de la imposición de tasas a las importaciones de productos de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. Trump opinó que desde La Habana recurrirán a Washington, ya que, aseguró, no recibirán dinero ni petróleo, "y llegarán a un acuerdo". 

Cabe recordar que  el "Señor Presidente" firmó el 29 de enero una orden ejecutiva que declara una "emergencia nacional" ante la supuesta "amenaza inusual y extraordinaria" que, según Washington, representaría Cuba para la seguridad del país norteamericano y la región. El texto acusa al Gobierno cubano de alinearse con "numerosos países hostiles", de acoger a "grupos terroristas transnacionales" como Hamás y Hezbolá y de permitir el despliegue en la isla de "sofisticadas capacidades militares y de inteligencia" de Rusia y China.

El Gobierno Revolucionario fijó posición en una Declaración. "La decisión es una: ¡Patria o Muerte, Venceremos!"

Sin embargo, ahora, este 1 de febreo /2026 la Cancillería de La Habana ha sido contundente otra vez: en declaración enfatizó la disposición cubana a reactivar y ampliar la cooperación bilateral para enfrentar amenazas transnacionales compartidas, sin comprometer en ningún momento la defensa de su soberanía e independencia nacional, según la reseña de Prensa Latina.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla enfatizó que Cuba no da cabida, apoyo, financiamiento ni permisividad a grupos terroristas o extremistas. El texto señaló que la nación mantiene una política de cero tolerancia hacia el financiamiento del terrorismo y el lavado de activos, alineada con las normas internacionales vigentes.

La Cancillería aclaró que eventuales vínculos anteriores con individuos posteriormente designados como terroristas ocurrieron exclusivamente en contextos humanitarios limitados, asociados a procesos de paz reconocidos y por solicitud de los gobiernos involucrados.

En dicha declaración, fue rechazada categóricamente toda caracterización de Cuba como amenaza para la seguridad de otras naciones, negó la existencia de bases militares o de inteligencia extranjeras en su territorio y desmintió cualquier apoyo a actividades hostiles contra terceros países.

Entre los ámbitos propuestos para la colaboración técnica destacan la lucha antiterrorista, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros.

El documento concluyó ratificando la apertura al diálogo respetuoso y recíproco con otros gobiernos, fundamentado en el interés mutuo, el derecho internacional y la búsqueda de resultados concretos.