Entre Palantir y Marco Rubio: ¿el nacimiento de un nuevo paradigma autoritario?

Norelys Morales Aguilera.— Hay acontecimientos que parecen aislados hasta que una mirada más amplia revela un patrón. La historia rara vez avanza mediante un solo decreto o una única declaración; suele hacerlo a través de una sucesión de decisiones, documentos y alianzas que, poco a poco, modifican la forma en que concebimos el poder.

En ese contexto, dos hechos recientes merecen ser analizados conjuntamente. El primero es la difusión del llamado Manifiesto de Palantir, una propuesta que reivindica el uso intensivo de la inteligencia artificial, el análisis masivo de datos y la integración tecnológica como pilares de un nuevo modelo de administración pública. El segundo es la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, convocada el 16 de julio por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, con el propósito declarado de fortalecer la cooperación internacional frente a las amenazas políticas violentas.

A simple vista, ambos acontecimientos pertenecen a esferas diferentes: uno al universo tecnológico y empresarial; el otro, a la diplomacia y la seguridad internacional. Sin embargo, observados desde una perspectiva política más amplia, parecen converger en una misma lógica: la ampliación de las capacidades del Estado para identificar, clasificar y neutralizar aquello que considera una amenaza.

No se trata de afirmar que exista un plan único ni una coordinación explícita entre ambos procesos. La hipótesis es otra: que representan expresiones complementarias de una transformación más profunda del ejercicio del poder en Occidente.

Del terrorismo a la categoría de "terrorismo político"

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el concepto de terrorismo ha ocupado un lugar central en la política internacional. Bajo esa bandera se justificaron guerras, legislaciones de excepción, sistemas de vigilancia y restricciones a derechos fundamentales.

Lo novedoso es el desplazamiento semántico que parece producirse ahora. Ya no se habla únicamente de terrorismo, sino de terrorismo político.

El cambio no es menor. Mientras el terrorismo tradicional remite a actos de violencia definidos en el derecho penal internacional, la expresión "terrorismo político" abre un espacio mucho más amplio de interpretación. ¿Qué conductas quedan comprendidas en esa categoría? ¿Quién determina sus límites? ¿Qué mecanismos de control democrático existen para evitar que la etiqueta termine aplicándose a organizaciones, movimientos o actores que ejercen formas legítimas de oposición política?

La historia demuestra que las categorías jurídicas nunca son neutrales. También son instrumentos de poder.

El paradigma Palantir

En paralelo, la revolución tecnológica ha dado lugar a un fenómeno igualmente significativo. Empresas como Palantir representan mucho más que una innovación informática. Encarnan una nueva concepción de la gobernanza basada en la integración de enormes volúmenes de información procedente de organismos públicos, agencias de seguridad, sistemas financieros, redes digitales y registros administrativos.

El objetivo declarado es hacer al Estado más eficiente. Pero toda tecnología incorpora una filosofía política. Cuando los algoritmos identifican patrones de comportamiento, establecen perfiles de riesgo y anticipan posibles amenazas antes de que se materialicen, el centro de gravedad deja de situarse únicamente en los hechos para desplazarse hacia las probabilidades.

No se persigue solo lo que una persona hizo. Se comienza a gestionar lo que podría llegar a hacer. Ese cambio representa una mutación profunda del concepto clásico del Estado de derecho.

La convergencia

Aquí es donde ambos procesos parecen encontrarse. Por un lado, se amplían las categorías susceptibles de vigilancia mediante conceptos cada vez más elásticos relacionados con la seguridad política. Por otro, aparecen herramientas tecnológicas capaces de procesar millones de datos, identificar redes de relaciones y elaborar perfiles automatizados de individuos y organizaciones.

La combinación resulta extraordinariamente poderosa. No hace falta prohibir una organización si previamente puede clasificarse como potencialmente riesgosa. No es necesario censurar directamente un movimiento si basta con reducir su alcance mediante sistemas automatizados de monitoreo, clasificación o exclusión digital.

El poder ya no necesita mostrarse únicamente como coerción. Puede presentarse como eficiencia tecnológica.

¿Un nuevo fascismo?

La palabra fascismo exige prudencia. Su uso indiscriminado termina vaciándola de significado.

Sin embargo, diversos estudiosos han advertido que las formas contemporáneas de autoritarismo difícilmente reproducirán los modelos del siglo XX.

Umberto Eco describía el "Ur-Fascismo" como un conjunto de rasgos adaptables a diferentes contextos históricos.

Hannah Arendt analizó cómo los sistemas totalitarios necesitaban construir enemigos permanentes para justificar la expansión continua del aparato de control.

Más recientemente, Sheldon Wolin habló del "totalitarismo invertido" para describir formas de concentración del poder compatibles con instituciones democráticas formales.

Y Shoshana Zuboff mostró cómo el capitalismo de vigilancia convierte los datos personales en instrumentos de predicción y modificación del comportamiento humano.

Desde esa perspectiva, la convergencia entre seguridad, inteligencia artificial y concentración tecnológica merece una reflexión crítica.

No porque reproduzca exactamente el fascismo histórico. Sino porque comparte algunos de sus mecanismos fundamentales: la expansión del control, la identificación permanente del enemigo, la subordinación de las libertades individuales a objetivos superiores definidos por el poder y la creciente fusión entre intereses estatales y corporativos.

Del uniforme al algoritmo

El fascismo clásico necesitaba uniformes, marchas y propaganda de masas. El autoritarismo del siglo XXI puede prescindir de todo ello. Sus instrumentos son más discretos.

Algoritmos.

Bases de datos.

Reconocimiento automatizado.

Inteligencia artificial.

Vigilancia permanente.

La obediencia ya no depende únicamente del miedo visible. También puede construirse mediante la clasificación invisible. Quien controla los datos termina condicionando las decisiones. Quien controla los algoritmos termina influyendo sobre la realidad política.

Una pregunta para nuestro tiempo

La cuestión central no consiste en demonizar la tecnología ni en negar la necesidad de combatir el terrorismo. Las sociedades tienen derecho a protegerse frente a la violencia. Pero precisamente por ello deben preguntarse cuáles son los límites del poder que delegan en nombre de esa protección.

La reunión convocada por Marco Rubio y el paradigma representado por Palantir plantean interrogantes que trascienden la coyuntura estadounidense.

¿Estamos asistiendo a una modernización legítima de las políticas de seguridad?

¿O estamos presenciando la consolidación de un modelo donde la vigilancia permanente, la inteligencia artificial y la ampliación de las categorías de amenaza terminan redefiniendo la propia democracia?

Responder a esa pregunta exigirá algo más que avances tecnológicos.

Exigirá preservar el espíritu crítico, fortalecer las garantías jurídicas y recordar una lección que la historia ha enseñado repetidamente: las libertades rara vez desaparecen de un día para otro. Con mayor frecuencia, se erosionan lentamente, mientras el poder asegura actuar únicamente para protegerlas.

Cuba rechaza acusaciones de EEUU sobre supuesta subversión

Cuba rechazó este julio 21, 2026 enérgicamente un reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre una supuesta influencia subversiva de la nación caribeña contra ese país y lo calificó de propaganda destinada a justificar nuevas agresiones.

En una declaración, el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano afirmó que el documento pretende sostener la «mendaz» idea de que Cuba constituye una amenaza para Estados Unidos y fabricar consenso para una eventual agresión militar.

La Cancillería consideró hipócrita que Washington acuse a La Habana de promover acciones subversivas, mientras destina anualmente decenas de millones de dólares para intentar desestabilizar el orden interno cubano, provocar hambre y desesperación y propiciar el derrocamiento del Gobierno.

Asimismo, recordó el historial de injerencia y violaciones del derecho internacional atribuido al Gobierno estadounidense, al que acusó de intervenir en procesos electorales de Estados soberanos, patrocinar actos de genocidio y agredir a países independientes.

El Ministerio de Relaciones Exteriores rechazó también la calificación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo y afirmó que Estados Unidos no ha presentado pruebas ni indicios que sustenten esa acusación.

Por el contrario, señaló, en territorio estadounidense han encontrado protección e impunidad personas que financian, organizan e instigan actos violentos y terroristas contra Cuba.

La declaración cuestionó además la promoción del concepto de «terrorismo de izquierda» por parte del Gobierno estadounidense y su secretario de Estado, al considerar que busca convertirlo en un nuevo enemigo para perseguir expresiones progresistas, compromisos sociales y manifestaciones de izquierda.

Según la Cancillería cubana, esa política pretende incrementar la represión dentro de Estados Unidos y establecer un «neomacartismo», además de intimidar a quienes expresan solidaridad con Cuba y denuncian la agresión de Washington contra la isla.

El comunicado destacó que crece en Estados Unidos, incluidos sectores de la comunidad cubana y sus descendientes, el rechazo al cerco energético, el estrangulamiento de la economía cubana y las amenazas de agresión militar.

La Habana rechazó también los cuestionamientos estadounidenses a sus vínculos con otras naciones soberanas y defendió su trayectoria solidaria, anticolonialista e internacionalista, ampliamente reconocida en el mundo.

“Manipula y desvirtúa la trayectoria solidaria, anticolonialista e internacionalista de Cuba, ampliamente reconocida, incluso dentro de Estados Unidos. Cada año ese país sufre reiterado y contundente asilamiento en las Naciones Unidas por negarse a poner fin al bloqueo económico”, subrayó.

Cuba afirmó que continuará fomentando relaciones de amistad con el pueblo y las instituciones estadounidenses, en estricto apego al derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. 

Relacionado: https://www.youtube.com/watch?v=-8oEtJBWZ7E

Cómo Marco Rubio quiere administrar Cuba

Un artículo del The New York Times en Español titulado “Marco Rubio gestiona a Venezuela desde Washington” describe cómo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha convertido en la figura con mayor influencia sobre la gestión de Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro en enero de 2026. El reportaje se basa en entrevistas con funcionarios y personas cercanas a ambos gobiernos. 

El reportaje sostiene que Marco Rubio desempeña un papel central en las principales decisiones sobre Venezuela, hasta el punto de que funcionarios estadounidenses lo describen como la autoridad con mayor capacidad de decisión sobre el país desde Washington. 

Según la investigación periodistica, Rubio interviene en asuntos como: 

la administración de los ingresos del Estado venezolano; 

la política de sanciones; 

la reorganización del sector petrolero; 

la autorización de negocios e inversiones extranjeras; 

 y la relación cotidiana con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez. 

El artículo afirma que Donald Trump deposita una amplia confianza en Rubio, quien se ha convertido en el principal ejecutor de la política estadounidense hacia Venezuela. Incluso menciona que Trump llegó a bromear con que Rubio podría terminar gobernando el país, aunque sus colaboradores dijeron que se trataba de un comentario informal. 

El reportaje también señala que Delcy Rodríguez mantiene una comunicación frecuente con Washington, especialmente con Rubio, para abordar decisiones políticas y económicas relevantes. Según el Times, la relación refleja el elevado nivel de influencia que Estados Unidos ejerce sobre el proceso de transición venezolano. 

Finalmente, el diario compara la posición de Rubio con la de administradores estadounidenses que dirigieron procesos de transición en otros países tras intervenciones militares, destacando que su papel va mucho más allá de la diplomacia tradicional. 

En conjunto, el reportaje presenta la tesis de que Marco Rubio actúa como el principal gestor de la política estadounidense hacia Venezuela y como la figura con mayor influencia sobre las decisiones estratégicas del gobierno venezolano de transición, una caracterización basada en las fuentes consultadas por el periódico. 

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Rubio, actúa como virrey de facto de Venezuela

Los textos describen la crisis política en Venezuela tras una intervención militar de Estados Unidos en 2026 que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Tras este suceso, Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina bajo la tutela de Washington, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, ejerce un control financiero y político sin precedentes sobre la nación. Los informes detallan la indignación pública por la negligente respuesta gubernamental ante terremotos devastadores que cobraron miles de vidas, intensificando las tensiones sociales. Rodríguez enfrenta el desafío de equilibrar las exigencias de soberanía con la dependencia de los recursos liberados por el Tesoro estadounidense. Finalmente, las fuentes analizan las fracturas internas dentro del partido de gobierno y la presión externa para realizar una transición democrática definitiva.

En su calidad de Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio desempeña un papel determinante y sin precedentes en la política hacia Venezuela, siendo descrito por diversas fuentes y expertos como el "virrey de facto" del país

. Su autoridad se consolidó tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en enero de 2026, lo que permitió a Rubio ejercer un control directo sobre la nación sudamericana desde Washington

.Las funciones principales de Rubio en este rol incluyen:

Control Financiero y de Recursos: Rubio supervisa efectivamente las finanzas de Venezuela y la distribución de sus recursos naturales, especialmente el petróleo

. Bajo este esquema, el Tesoro de EE. UU. recauda los ingresos de las exportaciones venezolanas y los desembolsa gradualmente a través de bancos privados, bajo condiciones estrictas dictadas por Rubio y su equipo

.Dirección del Gobierno Interino: Mantiene una comunicación constante y estrecha, principalmente a través de WhatsApp, con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez

. Rubio influye en decisiones cotidianas, aprueba nombramientos gubernamentales clave (como el del ministro de Defensa) e incluso revisa y autoriza las publicaciones de Rodríguez en redes sociales antes de que se emitan

Política Exterior y Sanciones: Rubio dicta la política exterior venezolana, llegando a exigir la eliminación de mensajes oficiales que critiquen las acciones de EE. UU. en otros países

. Además, supervisa la aplicación de sanciones, decidiendo qué empresas pueden operar en el país, favoreciendo notablemente a las firmas estadounidenses sobre las europeas

Plan de Transición: Su estrategia para el país se divide en tres fases: recuperación económica, estabilización nacional y transición a la democracia

. En este contexto, Rubio tiene la última palabra sobre el calendario electoral y ha optado por relegar a líderes de la oposición popular, como María Corina Machado, para evitar desestabilizar al aparato militar venezolano

Este nivel de influencia ha sido calificado por críticos y académicos como una forma de imperialismo moderno o "diplomacia del dólar", comparando la gestión de Rubio con la administración estadounidense en Irak en 2003

https://www.nytimes.com/es/2026/07/11/espanol/estados-unidos/venezuela-rodriguez-rubio-trump.html

https://www.democracynow.org/2026/7/13/headlines/nyt_us_secretary_of_state_rubio_serving_as_de_facto_viceroy_of_venezuela


Proisraelíes y cubanoamericanos : Marco Rubio y sus inversionistas

Hernando Calvo Ospina.— En agosto de 1991, recién llegada al Congreso estadounidense, Ileana Ros-Lehtinen, de origen cubano, empezó una ardua campaña para que se le retirara a Cuba la sede de los Juegos Panamericanos. No lo logró y hasta la delegación estadounidense hizo presencia. Al año siguiente, apoyó de todas las formas la Ley Torricelli, que buscaba ahogar la economía cubana, aprovechando el derrumbe de la Unión Soviética. Como con ella no pudieron derrumbar a la Revolución, cuatro años después se instauró la Ley Helms-Burton, que reforzó aún más el proceso de estrangulamiento a la débil economía cubana: la congresista había utilizado todo a su alcance para que fuera aprobada.

Detrás de ella siempre estuvo el apoyo político y económico de la contrarrevolución en la Florida, liderada por la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

Desde su llegada al Congreso en 1989, Ros-Lehtinen se convirtió en una de las congresistas más firmemente proisraelíes, apoyando resoluciones para fortalecer la alianza bilateral, aumentar la cooperación en seguridad y respaldar la ayuda militar estadounidense a Israel. Impulsó resoluciones criticando decisiones de la ONU y otros organismos internacionales que, según ella, discriminaban a Israel. Fue reconocida como una de las “mayores contribuciones estadounidenses a la relación Estados Unidos–Israel”.

A cambio, siempre contó con el apoyo político y económico del poderoso lobby israelí, respaldo que ya tenía desde que era senadora estatal en Florida.

De esas dos fuentes bebieron a caudales las arcas de sus campañas electorales.

El hoy jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio, estuvo al lado de Ros-Lehtinen desde 1991, viviendo todos esos procesos como asistente, siendo aún estudiante de derecho en Miami. Dos años después se graduó, ignoró lo aprendido en la universidad y se dedicó a seguir formándose en la política, siempre al lado de la congresista. Había encontrado la veta de oro que requería su inmensa ambición.

Al ver su capacidad organizativa y su perfil conservador, Ros-Lehtinen le ayudó a abrir camino con los mismos que la habían apoyado a ella para llegar a representante y luego a senadora estatal de Florida por el Partido Republicano entre 1982 y 1989. Lo ayudó a visibilizarse dentro del mundo republicano de Florida y, poco a poco, en Washington.

Y lo más esencial en la política estadounidense: cómo lograr financiamiento.

Rubio llamó la atención de la dirección partidaria y de las redes de poder en Florida por la forma en que se dirigía a la nueva generación electoral, principalmente latina y, en particular, cubanoestadounidense. Empezaron entonces a organizarle su propia red de apoyo institucional y financiero.

En 1998, con 27 años, se casó con Jeanette y fue elegido comisionado de la ciudad de West Miami. Dos años después ganó un escaño en la Cámara de Representantes de Florida.

Como Ros-Lethinen, desde sus inicios Rubio contó con el apoyo económico y político de la FNCA. Esta había nacida en 1981 en el seno del Consejo Nacional de Seguridad de Ronald Reagan como parte de su maquinaria de política exterior. La Fundación fue creada bajo el asesoramiento del lobby proisraelí. Estuvo involucrada, entre muchos casos, en el escándalo de financiación con tráfico de cocaína hacia la contrarrevolución nicaragüense durante la década de los ochenta, algo que quedó plasmado en las investigaciones realizadas por el entonces senador John Kerry. Muchos dirigentes de la FNCA se beneficiaron de los millones que dejó ese tráfico y la guerra. Jorge Mas Canosa, líder de la Fundación, quedó implicado en ello, pero Bush padre se salvó y salvó a muchos implicados de la FNCA. Recordemos que Mas Canosa es el padre de Mas Santos, dueño del equipo de fútbol donde juega el argentino Messi. Vaya a saber cómo se volvieron multimillonarios...

Siendo Alfonso “Al” Cárdenas, otro directivo de la FNCA, quien se convertiría en el principal mecenas de Rubio y su guía en los inicios de su vida política. Cárdenas fue el primer y único hispano en dirigir el Partido Republicano de Florida entre 1999 y 2003, e hizo parte de su Comité Ejecutivo a nivel nacional, además de ser asesor de líderes como Ronald Reagan y Jeb Bush. Por lo que Rubio contó también con el padrinazgo del clan Bush, por intermedio de Jeb.

A pesar de estar rodeado política y económicamente de conservadores duros, Rubio empezó a construir su imagen política desafiando al aparato republicano en Florida, que estaba plegado al “Washington establishment”. Se le toleró porque esa postura le dio prestigio entre los jóvenes votantes que querían confrontar a las élites del partido, principalmente en el llamado “Tea Party”, una ola política conservadora dentro del mismo partido que cobró fuerza en 2009 como reacción al aumento del gasto público, los impuestos y el tamaño del gobierno federal.

Como oportunista que ya era en su proceso de acumulación de poder, usó la fuerza de ese movimiento para impulsar su carrera al Senado, cuando casi nadie lo veía como candidato viable: pasó de menos del 3% en encuestas a ganar de forma inesperada. Lo hizo con una campaña bien organizada y con apoyos de congresistas clave y donantes poderosos. Ante la realidad, acomodándose a las necesidades del futuro político que ambicionaba y presionado por sus principales financiadores, muy pronto fue dejando ese ciclo juvenil insurgente dominado por el enojo antiélite, para convertirse en un representante viable del estamento republicano: de “retador del aparato” a “candidato del aparato”. Por ello, para la contienda presidencial de 2016, su perfil se volvió más aceptable para el establishment republicano nacional, mientras la prensa política lo exhibía frente a rivales como Donald Trump y Ted Cruz. Y los dólares fluían para su campaña.

Para su campaña hacia la Cámara de Florida y su inicio en el Senado (2000–2010), Rubio ya tenía alianzas importantes con líderes y comunidades judías de Florida. Líderes influyentes, como Norman Braman —concesionario de automóviles y expresidente de la Greater Miami Jewish Federation— comenzaron a verlo como un político republicano proisraelí y le brindaron apoyo financiero y político. Braman se convirtió en su mayor donante individual desde esos años. En su campaña al Senado, grupos proisraelíes y organizaciones judías republicanas apoyaron su candidatura, como la Republican Jewish Coalition (RJC), al considerarlo un aliado clave. Otros de los grandes financiadores de Rubio han sido Sheldon y Miriam Adelson, magnates de casinos y centros vacacionales en Las Vegas, Macao y Singapur. Sheldon era considerado un megadonante proisraelí. J. Philip Rosen, empresario inmobiliario, no solo fue un importante recaudador de fondos (“bundler”) para Rubio en las primarias republicanas de 2016, sino también su asesor de política exterior durante la campaña, según el Jewish Journal.

Era entonces absolutamente normal que, desde su primer mandato en el Senado, Marco Rubio fuera uno de los defensores más activos de Israel. Esto reforzó el apoyo de la comunidad judía. La Republican Jewish Coalition (Coalición Judía Republicana), RJC, ha servido como sólido soporte político y económico: durante los períodos electorales de 2015 y 2022 lanzó campañas de publicidad digital que movilizaron millones de dólares, principalmente para su reelección al Senado en 2022. Aún en el 2024 seguía magnificando su imagen por medios digitales. Mientras tanto, Braman aportaba más de 2 millones de dólares a grupos que apoyaban a Rubio.

Paul Singer, inversionista y gestor de fondos en Wall Street, es otro de los grandes donantes de causas proisraelíes. Contribuyó a Rubio con dinero, apoyo público y acceso a redes de grandes donantes. En 2015 lo respaldó como candidato presidencial, aportando unos 2,5 millones de dólares a su estructura de apoyo. Ese respaldo fue valioso porque Singer no es solo un donante: tiene gran influencia en el Partido Republicano, por lo que su patrocinio constituye una señal política.

Es importante mencionar que Singer, a través de Elliott Management, se apoderó de CITGO utilizando una filial llamada Amber Energy, mediante una subasta vinculada a litigios con el gobierno venezolano. CITGO era una refinería asociada a la petrolera estatal PDVSA en Estados Unidos, que distribuía petróleo y gasolina, incautada por Washington con la complicidad del “gobierno” de Juan Guaidó.

La relación es muy estrecha entre Rubio y el American Israel Public Affairs Committee (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos), AIPAC. Rubio ha participado en múltiples eventos de este Comité, donde ha defendido la alianza entre Estados Unidos e Israel. En un discurso de 2018 afirmó que el apoyo a Israel debía ser militar, económico y diplomático por tratarse de un aliado estratégico.

Diversos análisis de registros públicos indican que Rubio figura entre los principales beneficiarios de contribuciones vinculadas a AIPAC y a donantes alineados con esa organización. En 2024–2025, cuando Trump lo nominó como Secretario de Estado, la Republican Jewish Coalition respaldó abiertamente su nombramiento, considerándolo una garantía de apoyo a Israel en esa administración.

“Inversionistas” es el verdadero nombre de quienes aportan a las campañas políticas en Estados Unidos. Según esta lógica, quienes financian esperan resultados políticos concretos para sus intereses. Los enemigos de la revolucion cubana y los que han apoyado y apoyan al gobierno genocida de Israel, Rubio les ha funcionado a las maravillas: como nos sirves te apoyamos. Sin nosotros no estarías en el cargo.

Ambos tienen una postura de “suprema presión” contra gobiernos considerados “anticapitalistas” o de izquierda en el Medio Oriente y en América Latina. Lo expresan al máximo, y actúan, contra Cuba e Irán por intermedio de sus políticos en Washington, como Marco Rubio y el mismo Donald Trump. Así lo hicieron contra la Venezuela revolucionaria Bolivariana. Y cuando el presidente colombiano Gustavo Petro, señaló a Israel de genocida, todos ellos se unieron contra él, en voz de Marco Rubio.

“Cuando alguien dona dinero a mi campaña, está apoyando mi agenda. Yo no apoyo la de ellos”, expresó Marco Rubio en un programa político de NBC el 9 de marzo de 2016.

Lo que no reconoció el entonces el senador por Florida es que una cosa son quienes pagan la entrada al espectáculo y otra quienes contratan al artista: estos invierten porque les traerá ganancias y pueden exigir la música. Porque en Estados Unidos, un político sin gran apoyo económico no llega ni a la panadería. 

https://blogs.mediapart.fr/hernando-calvo-ospina/blog/070726/proisraelies-y-cubanoamericanos-marco-rubio-y-sus-inversionistas

EEUU intenta impedir debate en ONU sobre bloqueo a Cuba

Washington intenta impedir mediante presiones a otros países el debate solicitado por Cuba a la Asamblea General de la ONU sobre los efectos del bloqueo económico que impone a la isla caribeña.

Una comunicación del Departamento de Estado del país norteño, enviada al servicio diplomático, y con la firma de su titular Marco Rubio, insta a sus embajadores en todo el mundo a impedir que Naciones Unidas aborde este 7 de julio los efectos de la agresiva política económica en el pueblo cubano, publicó la víspera The Nation.

El cable filtrado a la prensa estadounidense procura silenciar el debate internacional sobre el bloqueo o, en su defecto, responsabilizar al gobierno cubano de la grave crisis económica que atraviesa el país caribeño, agravada en 2026 por el cerco energético que impide el suministro de combustibles.

De acuerdo con los autores del artículo periodístico, Peter Kornbluh y Ken Klippenstein, el documento “confirma lo que Cuba viene denunciando: Washington no solo mantiene el bloqueo, el cerco energético y las sanciones financieras, sino que además intenta silenciar el debate internacional sobre sus consecuencias humanitarias”.

Ante la posibilidad de la convocatoria cubana en la ONU avance, Estados Unidos ordenó a sus embajadas pedir a sus aliados “que ataquen a Cuba en sus discursos, que la acusen de incompetencia, corrupción y fracaso económico, y que eviten responsabilizar al bloqueo por la crisis”.

Washington también intimida a los países que tradicionalmente han apoyado a Cuba en Naciones Unidas, al indicarle que deben ser “extremadamente cuidadosos” en sus intervenciones y evitar comentarios favorables a Cuba, bajo la amenaza expresa de que podrían generar “fricciones” en sus relaciones bilaterales con Estados Unidos.

Según la opinión de Kornbluh y Klippenstein, la administración Trump “intenta imponer una mordaza global: presiona a los gobiernos para que no hablen, para que no denuncien, para que no nombren el bloqueo y para que no reconozcan el sufrimiento que esa política provoca en el pueblo cubano”.

Asimismo, la pieza periodística da cuentas del doble rasero evidente en la narrativa de Washington, que mientras afirma que “se preocupa profundamente por el pueblo cubano”, mantiene una guerra económica abierta: bloqueo petrolero, sanciones contra empresas extranjeras, amenazas a países que comercian con Cuba y obstáculos incluso a la cooperación humanitaria”.

La Asamblea General de la ONU ha condenado durante 31 votaciones consecutivas el bloqueo contra Cuba, de manera abrumadora, recuerda The Nation.

De acuerdo con la fuente, la administración Trump no quiere debatir porque conoce la postura de la mayoría del mundo contra “esa política ilegal, cruel y extraterritorial”.

El texto trae a colación las advertencias del alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien señaló “que sanciones tan severas, dirigidas contra sectores completos de una economía y con efectos indiscriminados sobre la población, son incompatibles con el derecho internacional”, concluye.