Todo indica que la política exterior de EE.UU. sobre Cuba se decide en Florida

Misión Verdad.- Cuba atraviesa una de las crisis más graves de las últimas décadas. La escasez de combustible, el colapso del sistema eléctrico y el deterioro acelerado de las condiciones de vida se producen en un contexto de presión económica creciente por parte de Estados Unidos, marcada por sanciones, amenazas de aranceles secundarios y un cerco energético que ha reducido drásticamente las posibilidades de abastecimiento de la isla. La situación ha reactivado el debate sobre la política de Washington hacia La Habana.

En ese marco, el presidente Donald Trump ha afirmado públicamente que existen conversaciones en curso con altos funcionarios cubanos, presentándose como un actor dispuesto a explorar una salida negociada al actual impasse. Desde La Habana, el gobierno cubano ha reiterado en múltiples ocasiones su disposición a dialogar sobre una amplia gama de temas, siempre que las conversaciones se desarrollen sin presiones ni precondiciones y sobre la base del respeto a la soberanía.

Sin embargo, una investigación periodística y exclusiva publicada por Drop Site News desmonta esa narrativa. De acuerdo con fuentes cubanas y estadounidenses citadas por el medio, no existen ni han existido negociaciones de alto nivel entre Washington y La Habana. Las supuestas conversaciones a las que alude Trump serían, en realidad, una ficción construida desde el propio Departamento de Estado. Según el reportaje, el presidente estaría siendo deliberadamente desinformado sobre el estado real de los contactos con Cuba, parte de una estrategia interna para bloquear cualquier avance diplomático.

La investigación señala que el secretario de Estado, Marco Rubio, es el principal operador de esta maniobra para ganar tiempo, fabricar el relato de un diálogo fallido y, llegado el momento, justificar una política de endurecimiento aún mayor.

La ficción diplomática

Según el artículo de Drop Site News, un elemento clave para entender la política de Washington hacia Cuba en el actual gobierno de Donald Trump es la existencia de una diplomacia paralela operada desde el propio Departamento de Estado.

Este mecanismo cumple una función precisa. Permite simular un intento de negociación destinado al fracaso, de modo que, una vez agotada esa vía ficticia, pueda argumentarse que la intransigencia cubana dejó como única opción una política de "máxima presión". La maniobra no solo bloquea cualquier acercamiento real, sino que preserva a Rubio frente a un dilema político interno: firmar o facilitar un acuerdo con el gobierno cubano significaría traicionar a la base que sostiene su poder político.

La política hacia Cuba está condicionada por una constelación de intereses electorales, ideológicos y financieros asentados en el sur de Florida, capaces de castigar políticamente a cualquier figura republicana que se aparte de una línea dura contra La Habana. Rubio representa a esa base y actúa como su garante dentro del aparato ejecutivo.

Las declaraciones públicas de Trump muestran que el presidente no percibe a Cuba como un enemigo ideológico central. Fuentes citadas por Drop Site señalan que su interés se orienta más hacia oportunidades económicas y control migratorio que hacia un cambio de régimen en la isla. Esa diferencia de enfoque explica por qué el bloqueo interno resulta necesario. Rubio no puede oponerse abiertamente al presidente sin pagar costos políticos inmediatos, pero sí puede condicionar la información que recibe y administrar los tiempos de la diplomacia.

La dinámica no es nueva. Durante años, la política estadounidense hacia Cuba ha estado atravesada por un sistema de intermediación donde actores del exilio cubanoamericano han ejercido una influencia desproporcionada. Lo que distingue el momento actual es el grado de autonomía con el que esa lógica opera dentro del Ejecutivo.

El veto de Miami

Buena parte de la conducta de Marco Rubio en política exterior no puede entenderse únicamente como una expresión ideológica personal ni como una extensión mecánica de la agenda de Donald Trump. Responde, ante todo, a un veto político estructural asentado en el sur de Florida, donde el anticastrismo más radical funciona en calidad de factor de disciplinamiento interno dentro del Partido Republicano y constituye un límite infranqueable para cualquier intento de negociación con La Habana.

Ese veto explica por qué Rubio está dispuesto a operar incluso contra el propio presidente. En ese esquema, cualquier acercamiento real con el gobierno cubano supondría para él una ruptura con la base que sostiene su poder político, financiero y electoral.

Rubio construyó su carrera desde Florida articulando una identidad política inseparable del anticastrismo militante. Desde sus primeros cargos locales hasta su proyección nacional, el tema cubano es un eje estructurante de su discurso, convirtiéndose en un mecanismo de acumulación de poder dentro de una comunidad política altamente organizada, movilizada y con capacidad de castigo electoral.

Este posicionamiento le permitió consolidarse como portavoz privilegiado de los sectores más duros del exilio cubanoamericano, al tiempo que lo proyectó como operador clave en la agenda hemisférica de Washington. La consecuencia directa es una política exterior rígida, donde el margen de maniobra presidencial queda subordinado a los equilibrios internos de Florida.

Ese perfil ideológico se encuentra respaldado por estructuras materiales concretas. Tal como documentan investigaciones previas de nuestra tribuna, el ascenso de Rubio ha estado acompañado por lobbies empresariales y sectoriales con intereses bien definidos, entre ellos la industria carcelaria privada, desarrolladores inmobiliarios de Florida y grupos de presión proisraelíes.

El vínculo con empresas como GEO Group, altamente beneficiadas por políticas de criminalización migratoria y expansión del sistema de detención, refuerza una agenda securitaria donde la coerción estatal se traduce en rentabilidad económica. En este entramado, el discurso de "mano dura" hacia Cuba, Venezuela o la migración es funcional a intereses corporativos que financian y sostienen su carrera.

Más delicado aún es el ecosistema político que rodea a Rubio en el sur de Florida. El senador ha recibido respaldo explícito de organizaciones y figuras históricamente vinculadas a la violencia política y al terrorismo contra Cuba.

Entre ellas destaca la Brigada 2506, organización directamente asociada a la invasión de Bahía de Cochinos, referente simbólico y político del anticastrismo más extremo. A ese entramado se suman personajes como Orlando Gutiérrez-Boronat, dirigente que ha llamado reiteradamente a la intervención militar estadounidense en Cuba, y Luis Posada Carriles, responsable de múltiples acciones terroristas, incluida la voladura de un avión civil con 73 personas a bordo, fallecido en Miami sin rendir cuentas ante la justicia estadounidense.

El silencio institucional y mediático frente a estos respaldos revela hasta qué punto el control político del anticastrismo radical en Florida es capaz de condicionar a gobiernos, partidos y medios.

Desde esta perspectiva, el comportamiento del secretario de Estado frente a Cuba —y su disposición a sabotear cualquier vía de negociación— es la expresión coherente de un poder local que proyecta su influencia sobre la política exterior de Estados Unidos. Un poder que, en palabras del periodista cubano Iroel Sánchez, explica por qué en Washington no hay simple cautela frente al exilio de Miami, sino temor.

Política exterior capturada y consecuencias regionales

El caso cubano funciona como un laboratorio donde se observa un patrón más amplio: la captura de decisiones estratégicas por actores capaces de operar por encima del presidente y de las instituciones formales del Estado, precisamente por responder a intereses corporativos de mayor peso. Marco Rubio es una de las expresiones más acabadas de ese sistema.

Esto se replica en otros frentes. La obsesión de Rubio con el cambio de régimen no se limita a La Habana. Venezuela es un segundo eje permanente, donde la presión económica, la criminalización de la migración y la militarización discursiva cumplen funciones similares. Su capacidad para bloquear negociaciones, condicionar información y forzar escenarios de confrontación muestra hasta qué punto Estados Unidos admite y normaliza este tipo de prácticas.

Lo que confirma este caso es una arquitectura de poder donde la simulación diplomática, por un lado, y las medidas de asfixia económica, por el otro, se integran como herramientas habituales. En ese marco, la pregunta ya no es si habrá negociaciones con Cuba, sino quién decide realmente que no las haya. Y la respuesta deriva sobre Miami y sus alrededores.

En un lugar de Cuba: claves de una resistencia

Norelys Morales Aguilera.- Durante la Crisis de Octubre —como se le nombra en Cuba a lo que el mundo llamó Crisis de los Misiles— una niña preguntó dónde estaba su padre. Una persona mayor respondió con sobria discreción: “en un lugar de Cuba”. La frase quedó suspendida como un secreto compartido por toda una nación. Esa misma discreción acompañó años después a los primeros cubanos que partieron a misiones internacionalistas en África. Todos sabían, pero nadie necesitaba decirlo en voz alta hasta que correspondiera hacerlo.

Esa contención, esa certeza silenciosa, es una de las claves de la resistencia cubana.

A lo largo de su historia, Cuba ha sido objeto de presiones externas, intentos de aislamiento y narrativas que anuncian, una y otra vez, su inminente colapso. En enero de 2026, el gobierno de Estados Unidos volvió a declarar a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional y política exterior. La medida generó debate: ¿responde a riesgos reales o forma parte de estrategias políticas vinculadas a dinámicas internas estadounidenses?

En medio de tensiones internacionales, polarización política, protestas sociales y desafíos económicos dentro de Estados Unidos, las decisiones hacia Cuba suelen adquirir una dimensión simbólica que trasciende lo estrictamente bilateral. No es la primera vez que la Isla es colocada en el centro de disputas que responden también a agendas domésticas.

Sin embargo, Cuba no es un escenario pasivo. Existe una trama profunda que rara vez se capta desde fuera: la resistencia cotidiana.

Esa resistencia no se proclama; se ejerce. Está en los trabajadores que sostienen sus centros laborales en condiciones difíciles. En los maestros que perseveran con sus alumnos. En los médicos que continúan atendiendo aun con limitaciones materiales. En científicos, campesinos, estudiantes, artistas y emprendedores que buscan soluciones en medio de carencias. En instituciones que funcionan bajo tensión constante, intentando garantizar estabilidad y protección.

Nada de esto niega las dificultades reales. La vida diaria se ha visto marcada por apagones, escasez de combustible, carestía, falta de medicamentos, recuperación tras desastres naturales y brotes epidémicos. Son circunstancias que podrían generar desaliento generalizado. Existe preocupación. Existe cansancio. Existe incertidumbre.

Pero también existe otra cosa.

En Cuba se repite una frase aún vigente: “lo último que se pierde es la esperanza”. Y cuando la esperanza flaquea, emerge el humor. Un humor transversal, irreverente, profundamente popular, que funciona como válvula de escape y como mecanismo cultural de supervivencia.

A quienes observan a Cuba con lupa, les sería útil detenerse en fenómenos aparentemente insignificantes. Por ejemplo, una cola para comprar pan. Allí se despliega un laboratorio social: paciencia, queja, ironía, solidaridad improvisada, desahogo verbal y, finalmente, risa colectiva.

Recuerdo a un hombre que protestaba con la vehemencia característica del habla cubana. Concluyó diciendo que “habría que castigar a algún traidor”. Desde el grupo, una mujer respondió con un dicho popular que provocó silencio primero y carcajadas después. Más allá de la frase exacta, lo que se produjo fue un acto de regulación social espontánea: el humor como freno, como equilibrio, como sabiduría popular.

Así también opera la resistencia.

No es únicamente una postura política. Es un tejido cultural. Es memoria histórica. Es sentido de pertenencia. Es la convicción —expresada por Fidel en más de una ocasión— de que Cuba no puede ser reducida a una ecuación de presión externa y desgaste interno.

José Lezama Lima escribió que “llevamos un tesoro en un vaso de barro”. Tal vez esa imagen ayude a entender la paradoja cubana: fragilidad material y fortaleza simbólica conviviendo en tensión permanente.

Si Marx afirmó haber aprendido del capitalismo leyendo a Balzac, yo me atrevería a decir que del socialismo cubano se aprende observando al pueblo en su vida diaria. Allí, en lo cotidiano, en lo inesperado, en la mezcla de preocupación y orgullo, se revelan claves que no siempre aparecen en los análisis geopolíticos.

En algún lugar de Cuba —en muchos lugares de Cuba— la resistencia no se proclama con estridencia. Se practica.

Ya en Cuba ayuda solidaria procedente de México (+ video)

En dos buques de la armada de México llegó hoy al puerto de La Habana un cargamento con más de 800 toneladas de ayuda material enviada por el Gobierno de la nación de norteamérica, por instrucción de su presidenta, Claudia Sheinbaum.

Al recibir la carga, Betsy Díaz Velázquez, ministra de Comercio Interior, agradeció a la presidenta Sheinbaum, a su Gobierno, al pueblo mexicano, y a las instituciones que hicieron posible que esta ayuda llegara al pueblo cubano.

Según reseña el diario Granma, la titular precisó que esta ayuda está compuesta por alimentos, productos de aseo y otros enseres que serán bien recibidos por el pueblo. 

Destacó la participación de la Secretaría de la Marina, a la de Relaciones Exteriores, a la embajada, la oficina de la Presidencia y todas las instituciones mexicanas que hicieron posible el envío. 

 "En momentos donde se sortean las dificultades, donde el recrudecimiento de las medidas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos y el intento por asfixiarnos se recrudece, se agradece mucho más", afirmó Díaz Velázquez.

Añadió que los cubanos se sienten acompañados por México, por su humanidad, su solidaridad y su hermandad. 

Según precisó la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, el buque Papaloapan transportaría alrededor de 536 toneladas, entre leche líquida, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, atún en agua, sardina y aceite vegetal, así como artículos de higiene personal.

 En tanto, el segundo barco, llamado Isla Holbox traería a Cuba unas 277 toneladas de leche en polvo.

Cuba, sin diálogo con EU a ningún nivel: vicecanciller (+ video)

Luis Hernández Navarro/La Jornada de México.- Carlos R. Fernández de Cossío, viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba desde enero de 2022, niega que haya conversaciones de alto nivel entre Washington y La Habana.

Representante de Cuba durante la primera fase del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, señala, sin embargo, que esas pláticas son factibles de realizar en un marco de respeto.

En conversación con La Jornada, explica que son chismes las versiones que difunden la idea de que familiares de figuras relevantes del gobierno de la isla pactan con Washington una transición. Se trata –dice– de rumores que funcionan como cortina de humo, para ocultar la responsabilidad de la Casa Blanca en el criminal e inhumano estrangulamiento energético contra el pueblo cubano.

Extractos sustanciales de la entrevista.

–Viceministro: Estados Unidos busca responsabilizar al gobierno cubano de las consecuencias del bloqueo que Washington aplica a la isla. ¿Es un enfoque justo?

–El gobierno de Estados Unidos actúa como actúa comúnmente el opresor. En la época de la esclavitud moderna, el opresor culpaba al esclavo por no trabajar lo suficiente, por quererse fugar, por no obedecer órdenes de un dueño. Lo castigaba, penalizaba y mutilaba. En muchas ocasiones, lo mataba. Esa conducta es parecida a lo que Estados Unidos está haciendo con Cuba.

“Hay que recordar que lo que sucede ahora con el combustible no comenzó en este momento. En 2019, hace siete años, Washington comenzó con la política de amenazar con sancionar a empresas transportistas, aseguradoras, reaseguradoras e incluso a puertos que transportaran combustible a Cuba. Eso implicó mayores limitaciones para importar combustible y lo encareció. Lo novedoso en la medida del 29 de enero es que amenaza con represalias económicas comerciales a los países que exporten combustible a nuestro país.

“Esto tiene implicaciones en dos sentidos. Primero, en el impacto sobre la población cubana, cruel y muy dañino. Cuba no puede producir el combustible para la distribución de alimentos o el abasto de agua.

“El segundo impacto es global. Plantea a todos los países que Estados Unidos tiene la prerrogativa de limitarlos o coaccionarlos en función de adónde destinar sus bienes nacionales. Es el caso del combustible. ¿Dónde está el freno de esto? Lo que hace es una amenaza para todo el mundo.

“Culpar a Cuba de ser responsable del bloqueo en su contra es cínico, mendaz. Detrás de esta acusación hay una inmensa mentira.

“La determinación de Washington de decirle al resto del mundo si pueden o no vender petróleo a Cuba significa que está acotando la soberanía de esas naciones.”

Pasividad internacional

–¿Lo que Estados Unidos e Israel hicieron en Gaza fue un punto de inflexión de lo que Washington hace ahora en Cuba?

–Hay que establecer diferencias en las dimensiones. A Gaza la sometieron a un bombardeo atroz. Se asesinó a decenas de miles de personas a la vista del mundo entero.

“Lo que tiene un grado de comparación con lo que nos acontece es la pasividad internacional. Lo que sucede con Cuba hoy, puede sucederle a cualquier país, sin límite.”

–¿Hay conversaciones de alto nivel entre el gobierno cubano y Estados Unidos?

–No existe ningún diálogo de alto nivel entre el gobierno de Estados Unidos y Cuba. Ni siquiera hay diálogo a nivel intermedio. Hemos tenido intercambio de mensajes. Lo que hay son las conversaciones usuales que han existido a lo largo de mucho tiempo. Incluso, menos que eso. Hasta hace un año, teníamos diálogos habituales a nivel de altos funcionarios con el Departamento de Estado. Hoy eso no existe.

–Se ha difundido que hay diálogo informal entre integrantes de familias relevantes de la isla y el gobierno de Estados Unidos, en la perspectiva de una transición en Cuba. Y que México serviría como puente.

–Son rumores. No es cierto que existan pláticas de familiares de nadie que represente al gobierno cubano y Estados Unidos, en función de un diálogo. México no está jugando ningún papel de este tipo.

“Pero depende de lo que significa ser puente. México desempeña un papel muy importante en sus relaciones amistosas y sus acciones solidarias con Cuba. Eso de por sí significa un puente, puesto que muestra un ejemplo de lo que otros países podrían hacer.”

Se requiere voluntad

–Estados como el Vaticano han mediado entre Estados Unidos y Cuba. ¿Podrían suceder eso ahora?

–Si tienen la voluntad de hacerlo, como sucedió en el pasado, diversos países podrían facilitar el espacio. Pero Cuba y Estados Unidos tenemos relaciones diplomáticas. Tenemos incluso embajadas en nuestras respectivas capitales. De modo que no es necesario que exista un canal de comunicación. Lo que tiene que existir es voluntad.

“Esa posibilidad se puede dar. Pero requiere voluntad y disposición del gobierno de Estados Unidos a tener un diálogo serio, respetuoso, que tome en cuenta que no puede violentar los derechos y las prerrogativas soberanas de las partes. No es mucho pedir. Nada de lo que Cuba plantea es irracional.

“Cuba no es un dominio de Estados Unidos. No es su colonia. Ni de Estados Unidos, ni de ningún país. Es un Estado soberano.

“Pensamos que es posible un diálogo con el gobierno del presidente Trump. Pero éste tiene que considerar cuáles son verdaderamente sus intereses nacionales, sus prioridades, los elementos que resultan de importancia para su seguridad nacional, para el bienestar y nivel de vida de su población.

“Debe dejar de lado las ficciones que los sectores anticubanos en Estados Unidos fabrican, para seguir viviendo y seguir lucrando con la hostilidad bilateral. Debe dejar de mentir al decir que Cuba es una amenaza, porque eso es imposible. Cuba no participa en el tráfico ilícito de drogas, ni permite que su territorio se utilice con esos fines. No hay crimen organizado. Cuba ha cooperado en innumerables ocasiones con Estados Unidos en estas esferas.

“Los ciudadanos estadunidenses no pueden vacacionar en Cuba porque su gobierno lo prohíbe. Las empresas estadunidenses no pueden hacer negocios, ni invertir, ni obtener ganancias en Cuba, porque su gobierno no lo permite. Cubanos que viven en Estados Unidos no viajan a Cuba, no se relacionan con su familia y no realizan negocios en la isla por la política de amenazas e intimidación que existe contra ellos dentro de Estados Unidos. Un diálogo permitiría eliminar todas esas prohibiciones.”

Castigo a la revolución

–¿De dónde viene esa animadversión hacia Cuba?

–Hay una noción política afincada en Estados Unidos durante 67 años, que no tiene que ver con la actual generación de sus políticos, de que hay que impedir que Cuba prospere porque hizo una revolución. El país se revolucionó, eso nadie lo puede cambiar. Y por eso se le sigue castigando.

“En adición a eso, hay una clase política estadunidense, que no es muy numerosa, pero está bien conectada, que ha hecho negocio y carrera política viviendo de la hostilidad hacia Cuba. Lucran con ello.”

–¿Provienen estos rumores de Marco Rubio?

–Puede ser, no podemos descartarlo. Pero ha funcionado como una cortina de humo para no hablar del crimen que se comete contra el pueblo cubano. En vez de preguntarse cuánto daño se le provoca a la gente, qué legitimidad tiene Estados Unidos para atacar a Cuba, o en qué medida se limita la soberanía de otros países, cierta prensa pregunta cuestiones como ésta.

“Se ha dañado muchísimo al pueblo cubano y se le puede dañar más. Cuando se deprimen la producción de alimentos, de servicios de salud, se hace mucho daño. Una sala de terapia intensiva, un salón de cirugía y una hemodiálisis no pueden funcionar sin electricidad. No se pueden distribuir alimentos si no hay combustible para transportarlos. No se puede bombear agua si no hay combustible para generar la energía requerida. Sin combustible no pueden funcionar las ambulancias ni los taxis, ni pueden acudir a su trabajo maestros y médicos.

“Todas esas limitaciones existen. Pero Estados Unidos no logrará alcanzar la meta que se ha propuesto. Este milagro se explica porque este país ha tenido durante 67 años una revolución socialista, concebida para el ser humano, para la justicia social, para que todo el mundo cargue con los desafíos y todo el mundo se beneficie.” 

Con los fascistas no sólo Cuba está en riesgo; el mundo peligra: Abel Prieto (+video)

En entrevista con La Jornada Abel Prieto, intelectual cubano, presidente de Casa de Las Américas, sostiene que el momento actual que se vive en el mundo le recuerda una frase de Iván Karamázov, el personaje de Fiódor Dostoyevski, en la que Karamázov dice que, si Dios no existe, todo está permitido. Y como para Trump el único Dios que hay es él mismo, puede hacer lo que le dé la gana. Sus caprichos nos han colocado ante un mundo sin reglas.

Según Prieto, Cuba se enfrenta en la actualidad al viejo dilema de: colonia o soberanía, colonia o independencia. Y, para ellos, independencia es sinónimo de socialismo. Si pierden el socialismo, se pierde la nación, y se regresa a ser vergonzosa colonia estadunidense, como la que fueron hace más de 60 años.

–¿Cómo se vive en Cuba la nueva ofensiva de Donald Trump?

–Lo que Trump pretende con esta nueva ofensiva es asfixiarnos directamente a corto plazo. Quiere que este país, su economía y servicios queden estrangulados por la falta de combustible. Por ello, está amenazando con sancionar a los países que nos lo vendan.

Es grotesco, sólo falta un bloqueo naval

“Está poniendo en práctica un bloqueo en su versión más grotesca y brutal. ¡Sólo le falta un bloqueo naval! Su objetivo es el mismo que se tenía desde la época de Eisenhower: crear pobreza, carencias, dificultades a la gente.

“Busca crear dificultades y multiplicarlas para que el pueblo responsabilice de lo que sucede a su gobierno y a su partido. Quieren precipitar el cambio de régimen. Piensan que con el golpe a Venezuela van a darle el golpe final a la revolución cubana.”

–¿Qué se hizo mal para que la batalla de la comunicación la vaya ganando la derecha?

–Hay una cosa que me comentó a mí Ignacio Ramonet, en la que tiene mucha razón. La izquierda tiene una limitación para el combate comunicacional: la ética. Fidel Castro nos dijo que no hay que mentir jamás ni violar principios éticos. Nuestros enemigos en las redes mienten todo el tiempo. Se la pasan insultando a nuestros líderes, calumniando, diciendo cosas sin ningún tipo de prueba. La mentira es arma esencial de este nuevo fascismo. Y, a pesar del daño que inflingen, no podemos responderles mintiendo. Hay que defender la verdad.

“Hay que colocar la verdad del modo en que sea más eficaz. Soy rockero. La nueva canción de Bruce Springsteen no impresiona desde el punto de vista musical. Pero es un hermoso himno de solidaridad.

“Y está lo que pasó con Bad Bunny. Reivindicó a los latinos. Dijo que sus vidas importan. Y le dolió muchísimo a Trump. Respondió diciendo que era show terrible, una bofetada para su país. Si no fuera tan siniestro sería hasta cómico.”

–¿Qué reacciones ha provocado Trump en el pueblo cubano?

–Trump ha polarizado. Nos ha radicalizado. Nos ha hecho más antimperialistas, más antifascistas.

“Venezuela fue un golpe durísimo. Lo sentimos como una herida muy íntima. Como si nos lo hubieran hecho también a nosotros. Pero la forma en la que este país lloró a nuestros 32 hermanos que murieron defendiendo al presidente Maduro fue un mensaje tremendo para Trump y Marco Rubio. Fue un mensaje de unidad y firmeza.

“El día en que se pusieron las urnas en el Ministerio de las Fuerzas Armadas, la gente desfiló por horas. Era un día lluvioso y frío. Y la gente no se salió de las enormes colas. Llevaron a sus niños y a sus viejos. Todos hicieron esa fila interminable. Desde Martí, tenemos la idea de que patria es humanidad. Y esa idea está muy arraigada en este pueblo.

“Nuestro pueblo tiene un sentido del momento histórico. Sabe cuándo hay que dar una muestra de unidad, de firmeza, de dignidad, de amor a la soberanía y a los principios.”

–¿Cómo ha afectado esta nueva vuelta de tuerca al mundo cultural?

–Estamos ante un brutal golpe colonial, que pretende provocar un cambio de régimen. Se viven momentos durísimos. Los que se quedan sin gasolina y sin petróleo son hospitales, son los hogares de ancianos. Quien sufre es el pueblo cubano.

“Este momento me recuerda a una frase de Iván Karamázov, el personaje de Fiódor Dostoyevski, que dice: si Dios no existe, todo está permitido. Y como para Trump, el único Dios que existe es él mismo, todo le está permitido. Son los caprichos de un personaje grotesco y brutal los que nos han colocado ante un mundo sin reglas. Él pateó el tablero. Ya no hay normas.

“Pero aquí hay mucha historia, demasiada historia. Hay una cultura anticolonial y antimperialista. Cuba es un país con una fuerza cultural muy vigorosa y un sentimiento nacional muy grande. Cultura y nación van de la mano. En los artistas hay un sentimiento patriótico muy íntimo, asociado a su forma de entender la vida. Así se han manifestado.

“El significado de este momento es que estamos ante el viejo dilema de: colonia o soberanía, colonia o independencia. Y, para nosotros, independencia es sinónimo de socialismo. Si perdemos el socialismo, se pierde la nación. Si la revolución es derrotada, vamos a volver al estatus de una humillada y vergonzosa colonia yanqui, lo que fuimos hace más de 60 años. Este país no va a ser eso jamás.”

–¿Cómo ha afectado la creación artística este bloqueo?

–A pesar de los apagones, hicimos el Festival de Cine de La Habana con mucho éxito. Se hizo el Festival de Jazz, al que vinieron muchos estadunidenses. Pero tuvimos que posponer la Feria del Libro. Vamos a mantener el premio Casa de las Américas, pero los análisis del jurado se harán online.

–Has insistido en la necesidad de aliarse con el pueblo de Estados Unidos. ¿Sigue siendo esa tu posición?

–Hay un movimiento antifascista dentro de Estados Unidos. Y tiene que enviarse un mensaje al pueblo que lucha allí. Fidel le dijo a Ramonet que cuando el pueblo de los Estados Unidos conocía la verdad de un hecho, reaccionaba de forma noble y justa. Fidel nos invitó a confiar en los sentimientos y virtudes de ese pueblo. Pablo González Casanova lo entendió muy bien. Hay que formar un frente antifascista internacional, apoyándose en la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

–¿Cuál es la relevancia de don Pablo en un momento como éste?

–Pablo fue el que ideó la Red. Su sentido ético y lucidez iban juntos. Era un hombre brillante, con una mirada agudísima sobre los procesos culturales, políticos históricos y con una ética extraordinaria. Nos hace falta. Siempre nos hace falta un hombre como Pablo. Un hombre extraordinario.

“Pero no olvidemos que no es sólo Cuba la que está en peligro. Creo que América Latina, el Caribe, el mundo están en peligro con este auge del fascismo. Incluso están tratando de ganar la memoria. Quieren lavar la imagen de Franco, de Hitler, de Mussolini, la de quienes cometieron el genocidio de los pueblos indígenas.”

–¿Ni los muertos están en paz?

–La batalla es por el presente y el futuro, y también por nuestra memoria.

–Te han calificado de ser marxista-lennonista. ¿Qué piensas que Lennon puede decirnos para una época como la actual?

–Adoro a Lenin, pero me encanta la etiqueta de marxista-lennonista. El Beatle hubiera sido un militante anti-Trump incansable. Fue un gran batallador contra el genocidio en Vietnam, un luchador por la paz. Dejó canciones extraordinarias contra los señores de la guerra.”

–¿Con cuál te quedas?

–Con Imagine, se trata de una utopía hermosísima.