Observatorio denuncia campaña de “asedio cognitivo” contra Cuba en redes digitales

Norelys Morales Aguilera.—Un informe del Observatorio de Guerra No Convencional contra Cuba sostiene que las acciones de presión contra la Isla han evolucionado hacia formas de guerra híbrida y operaciones psicológicas desarrolladas principalmente en el entorno digital. Según el estudio, el objetivo sería influir sobre la percepción pública, erosionar la confianza institucional y amplificar el descontento social mediante narrativas coordinadas.

La investigación analizó 1.418 publicaciones únicas procedentes de medios y plataformas digitales vinculadas al espectro anticubano. Entre ellas, identifica a CiberCuba, Martí Noticias y Diario de Cuba como los principales emisores de contenidos, concentrando más de la mitad del flujo informativo estudiado.

El informe señala que los temas más recurrentes fueron derechos humanos, economía, crisis energética, migración y política, presentados desde enfoques que, según el Observatorio, buscan responsabilizar exclusivamente al Gobierno cubano por las dificultades que enfrenta el país y minimizar el impacto del bloqueo estadounidense.

Asimismo, denuncia la existencia de campañas de amplificación narrativa, el uso de redes de influencia digital y la promoción de contenidos destinados a generar frustración, incertidumbre y desconfianza social. Entre los casos examinados figura la cobertura de la visita del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, a la Base Naval de Guantánamo, interpretada por el estudio como parte de una estrategia de presión psicológica.

Hegseth en Guantánamo: cuatro mensajes que Cuba no puede ignorar

Norelys Morales Aguilera.— La visita del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, a la Base Naval de la Bahía de Guantánamo admite varias lecturas simultáneas. Como ocurre con muchos gestos de alto nivel en política internacional, el significado no está únicamente en el desplazamiento físico, sino en el momento político, el escenario elegido y el mensaje que se quiere proyectar.

El primer plano es simbólico

Para el Estado cubano, Guantánamo no es una instalación militar cualquiera. Desde hace décadas, La Habana sostiene que se trata de un territorio ocupado y reclama su devolución. Bajo esa mirada, la presencia del jefe del Pentágono en la base, en un contexto de elevada presión económica y política de Washington sobre la Isla, puede interpretarse como una reafirmación de la presencia estadounidense y de su ejercicio de soberanía sobre ese enclave.

El segundo nivel corresponde al mensaje militar y de disuasión

De acuerdo con las declaraciones públicas difundidas durante la visita, Hegseth advirtió contra cualquier intento de que Cuba adquiera capacidades militares que, desde la perspectiva estadounidense, pudieran representar una amenaza para su territorio o para la propia base. También afirmó que Estados Unidos está preparado para responder ante distintos escenarios.

Ese posicionamiento podría entenderse como una combinación de varios elementos: vigilancia estratégica sobre el Caribe, demostración de superioridad militar y advertencia política dirigida a limitar posibles acercamientos de La Habana con actores considerados rivales por Washington.

No necesariamente implica preparación inmediata para una acción militar, pero sí busca mantener una percepción de capacidad y control regional.

Existe además un tercer componente: el mensaje interno hacia Estados Unidos

La visita parece dirigida también a la audiencia doméstica estadounidense. En ese plano, el objetivo sería proyectar firmeza política, respaldar al personal militar desplegado y reforzar la narrativa de continuidad en una política de presión hacia Cuba. Oficialmente, el Pentágono presentó el viaje como parte de una agenda de contacto con tropas destacadas en Guantánamo.

Sin embargo, hay un cuarto elemento que conviene subrayar para evitar interpretaciones sobredimensionadas.

Una visita de alto nivel no equivale automáticamente a una escalada militar.

En relaciones internacionales, estos movimientos suelen funcionar como actos de comunicación estratégica: señales calculadas que buscan influir en percepciones, alianzas y expectativas. Su verdadero alcance suele medirse después.

Lo relevante será observar si esta visita viene acompañada por decisiones concretas como nuevas sanciones económicas, movimientos militares verificables, cambios doctrinales, ejercicios en la región, anuncios relacionados con la Base Naval de Guantánamo o una eventual ruptura de canales diplomáticos.

Hasta entonces, el viaje de Hegseth puede entenderse más como un gesto de posicionamiento político y estratégico que como el anuncio de una transformación inmediata del escenario bilateral.

Más que anticipar un cambio de rumbo, la visita parece encajar dentro de una política de presión sostenida y de reafirmación estratégica de Washington en el Caribe. La cuestión no es si anuncia una etapa distinta, sino si este gesto quedará como una señal política de alto impacto simbólico o si terminará acompañado por medidas concretas que aumenten aún más la tensión regional.

El verdadero significado de la visita no estará en las imágenes desde Guantánamo, sino en las decisiones que lleguen después.

"Ponen vidas en peligro": la ONU demanda el fin de las sanciones contra Cuba

El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, demandó esta jornada el cese de las sanciones estadounidenses sobre Cuba, al considerar que la más reciente ampliación de las coerciones, vigentes desde hace más de seis décadas, están "causando graves daños a la población y poniendo vidas en peligro", según consta en una nota de prensa difundida por su oficina.

"Las restricciones al combustible impuestas desde principios de 2026 y el reciente endurecimiento de las sanciones extraterritoriales, en conjunto, perjudican directamente a los cubanos, especialmente a los más vulnerables. Hay niños que mueren porque los médicos carecen de acceso a suministros médicos y medicamentos esenciales. Esto es inaceptable. Estas sanciones deben levantarse de inmediato", valoró el funcionario.

Sostuvo asimismo que los paquetes de sanciones "severas", capaces de afectar "a sectores enteros de la economía", "producen efectos generalizados, indiscriminados y severos en las poblaciones" y "son incompatibles con los principios básicos del derecho internacional de los derechos humanos"

Arreciamiento peligroso

El organismo explicó que tras la orden ejecutiva de enero pasado, cuando EE.UU. declaró al país antillano una amenaza para su seguridad nacional, se interrumpieron los envíos de combustible a la isla, lo que trajo como consecuencia una caída drástica en los inventarios locales y una crisis eléctrica persistente, con apagones que superan las 20 horas diarias.

A esas dificultades se añadieron las sanciones adicionales impuestas en mayo, "algunas de ellas con efecto extraterritorial sobre entidades privadas, como comerciantes, aseguradoras, empresas turísticas o navieras, instituciones financieras y otras involucradas en el suministro de combustible o relacionadas con los sectores energético, de defensa, minero, financiero y de seguridad del país".

Así, desde la oficina del alto comisionado advirtieron que el conjunto de las medidas coercitivas unilaterales de la Casa Blanca sobre La Habana afectan "significativamente los derechos humanos de la población, en particular su acceso a suministros y servicios esenciales, como agua, alimentos y atención médica".

En detalle, aludieron a la "presión extrema" que pesa hoy sobre servicios médicos esenciales en áreas como salud materna, diálisis y oncología, al tiempo que recalcaron que los más recientes datos oficiales relativos a la salud pública muestran "tendencias alarmantes", al registrar retrocesos en la mortalidad infantil y en la sobrevivencia de niños con cáncer.

"Los medicamentos esenciales escasean gravemente, con niveles de suministro reducidos a cerca del 30 %. La escasez de combustible está afectando la cadena agroalimentaria, lo que ha provocado una disminución del 60 % en la producción de alimentos y un aumento drástico en los precios de los productos básicos", ilustraron.

Obstáculos

Para la entidad de la ONU especializada en derechos humanos, el arreciamento de las sanciones estadounidenses también ha dificultado la labor de entidades humanitarias, incluso de aquellas que hacen parte del sistema de Naciones Unidas.

En adenda, destacaron que si bien "en cualquier circunstancia, las actividades humanitarias básicas deben permanecer protegidas", en la práctica, "muchos actores del sector privado están imponiendo restricciones que van más allá de los requisitos legales debido a la preocupación por las sanciones", lo que se ha traducido en "mayores retrasos en las adquisiciones, interrupciones en el transporte marítimo y una creciente incertidumbre en las cadenas de suministro humanitarias".

"Cuba enfrenta un creciente aislamiento. Las empresas se están marchando. Cada vez menos aerolíneas vuelan al país. Está prácticamente desconectada de los sistemas de pago internacionales. El aumento de las temperaturas estivales incrementa el riesgo de propagación de enfermedades transmitidas por vectores y por el agua. La temporada de huracanes aumenta aún más la exposición. Esto crea una tormenta perfecta para el deterioro social y económico, y el sufrimiento del pueblo cubano", puntualizó Türk.

¿Habrá una invasión a Cuba? Peter Kornbluh

 ¿Una acusación judicial o el anuncio de algo mayor? Mientras Washington intensifica su presión sobre Cuba, surgen versiones sobre la imputación contra Raúl Castro por el caso de las avionetas de Hermanos al Rescate. Analistas advierten que el movimiento podría ir más allá de lo legal y abrir preguntas sobre el futuro de la relación entre Estados Unidos y Cuba. En este video revisamos el contexto, las señales y las implicaciones de una escalada que vuelve a poner a la Isla en el centro del tablero.Puedes ver las imágenes de las avionetas vo9lando sobre Cuba, que fue adbvertido al Gobierno mde Estados Unidos.

Estados Unidos debería tener cuidado con lo que desea para Cuba

A pesar de las duras críticas que la administración Trump ha hecho al gobierno cubano, La Habana sigue siendo la mejor opción para la seguridad del Caribe.

Hal Philip Klepak*.—En una audiencia del Congreso el 3 de junio, el secretario de Estado Marco Rubio calificó  a Cuba como "un estado fallido que representa una amenaza para Estados Unidos" para justificar el endurecimiento de las sanciones por parte de la administración Trump , un bloqueo casi total del combustible y las repetidas amenazas de acción militar contra la isla. 

Esta afirmación contradice las evaluaciones realizadas por el Pentágono y el Comando Sur durante las últimas tres décadas. A mediados de la década de 1990, las solicitudes del Congreso al Departamento de Defensa sobre hasta qué punto Cuba representaba una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos recibieron, de la forma más clara, una evaluación que consideraba a la isla como una amenaza nula, salvo que prevaleciera el desorden y provocara un éxodo masivo hacia Estados Unidos y la región en general.

Desde entonces, la cooperación en materia de seguridad con la isla ha demostrado su eficacia, con una colaboración activa en la interdicción de narcóticos ilegales, el control de la migración ilegal, la ayuda en casos de desastres naturales e incluso la eliminación de residuos tóxicos. El Departamento de Defensa, junto con otros departamentos, acogió con beneplácito la idea de abrirse a Cuba durante la presidencia de Barack Obama , y ​​la cooperación se intensificó hasta la primera administración Trump.

Independientemente de lo que se pueda opinar sobre las políticas internas del Estado unipartidista, existen pocas pruebas de que la afirmación del secretario Rubio tenga fundamento en la actualidad. Por el contrario, si la política estadounidense continúa por el camino actual, podría materializarse una amenaza a la seguridad nacional. El colapso del poder estatal en Cuba podría crear un vacío legal para las fuerzas del orden, a tan solo 145 kilómetros de las costas estadounidenses.

En una región asolada por redes criminales y narcotráfico , Cuba ha sido durante mucho tiempo una excepción notable. El Índice Global de Crimen Organizado, financiado por el gobierno estadounidense, sitúa a Cuba en el puesto 168 de 193 países en términos de criminalidad. En comparación, Haití, su vecino, ocupa el puesto 35. Jamaica el 53. Y Estados Unidos el 60.

De hecho, a menudo se olvida que antes de la revolución de 1959, ni Caracas ni Bogotá eran el centro del narcotráfico en América. Más bien, era La Habana la que ostentaba esa dudosa distinción.

Desde entonces, Cuba ha trabajado intensamente no solo para controlar la propagación del consumo de estupefacientes dentro del país, sino también para cooperar activamente en la región del Caribe y a nivel internacional con el fin de frenar el tráfico de estas sustancias. Su éxito ha sido notable, y el país cuenta con decenas de acuerdos de cooperación vigentes con otros países para combatir este flagelo.

En 2016, el Departamento de Estado de Estados Unidos reconoció este logro: “Cuba no es un importante consumidor, productor ni punto de tránsito de estupefacientes ilícitos… La intensa presencia de seguridad y los esfuerzos de interdicción de Cuba han mantenido baja la oferta y han impedido que los traficantes se establezcan… Cuba dedica importantes recursos a prevenir la propagación de las drogas ilegales y su consumo, y los traficantes regionales suelen evitar Cuba”.

Cuba ha colaborado de forma constante con las fuerzas del orden estadounidenses, al menos en los periodos en que Estados Unidos estaba dispuesto a cooperar. Entre 1990 y 2025, Cuba proporcionó a la Guardia Costera estadounidense más de 1500 pistas sobre narcotraficantes. Barry McCaffrey, zar antidrogas de la administración Clinton, elogió repetidamente los esfuerzos de Cuba en materia de intercambio de inteligencia y habló de "todo tipo de comunicaciones directas" entre los gobiernos durante su mandato. Incluso en periodos de mayor tensión entre ambos países, cuando Estados Unidos mantuvo una política de silencio, Cuba, según se informa, continuó compartiendo información con las fuerzas del orden estadounidenses sin recibir nada a cambio por parte de Estados Unidos.

Si bien la administración Trump ha designado a Cuba como "Estado patrocinador del terrorismo", se entiende ampliamente que esta designación tiene motivaciones políticas. Altos funcionarios de inteligencia de administraciones tanto demócratas como republicanas han calificado la etiqueta de "falsa". Larry Wilkerson, exjefe de gabinete de Colin Powell, la describió como "una ficción que hemos creado... para reforzar la justificación del bloqueo". Tampoco existen muchas pruebas de que Cuba permita bases secretas de espionaje chinas en la isla, como han alegado algunos informes. Si bien China y Rusia ciertamente utilizan instalaciones en sus embajadas en La Habana para obtener información de inteligencia sobre Estados Unidos, esto es cierto para todas sus misiones diplomáticas en el mundo y no es exclusivo de Cuba.

El gobierno cubano es responsable de su parte de crímenes. Sin embargo, su estabilidad a largo plazo, sus sólidas instituciones y su compromiso con el cumplimiento de la ley lo han convertido en un oasis de orden en una región plagada de delincuencia. Esto es fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Si el presidente Donald Trump continúa desestabilizando el país mediante el estrangulamiento económico o inicia una guerra que pocos votantes estadounidenses parecen desear, este baluarte podría ceder ante algo mucho peor para los intereses de Estados Unidos.

La historia de las operaciones estadounidenses de cambio de régimen no tiene un historial alentador en cuanto a estabilidad y seguridad. Si bien Cuba no es Irak ni Libia , se encuentra a tan solo 80 kilómetros de Haití , donde las bandas criminales han tomado el control de la capital. En otras partes de la región, el debilitamiento del control estatal ha propiciado la proliferación de organizaciones de narcotráfico. Cuba se ubica estratégicamente entre estos focos de crimen organizado en Sudamérica y el mercado estadounidense. Hasta la fecha, los narcotraficantes evitan cuidadosamente el territorio, el espacio aéreo y marítimo de la isla, conscientes de la seriedad de la política cubana de "tolerancia cero". Sin embargo, si el gobierno colapsa, esto podría cambiar drásticamente.

El presidente Trump y el secretario Rubio afirman que el colapso del Estado no es su objetivo. Sin embargo, sus políticas actuales están empujando a Cuba en esa dirección. La guerra económica ha sumido a la economía cubana en una grave crisis humanitaria . El bloqueo de combustible vigente desde enero ha hecho insoportables las condiciones de vida. Cuba se ha quedado sin combustible. El hambre se extiende. El agua escasea. Pacientes cubanos, incluso bebés , mueren por falta de atención médica.

El objetivo de esta política de sufrimiento indiscriminado ha sido desde hace tiempo instigar un levantamiento popular. El descontento masivo puede, en efecto, conducir al derrocamiento del gobierno actual. Pero en un país sin una oposición política unificada u organizada, difícilmente podrá instaurar una alternativa estable y preparada.

El resultado más probable del enfoque actual es o bien el colapso del Estado y el consiguiente vacío de seguridad, o bien una ocupación militar estadounidense a largo plazo y un proyecto de reconstrucción nacional, una tarea que tendría pocas posibilidades de tener un resultado mejor que en Irak o Afganistán 

Ninguno de estos caminos beneficia a los estadounidenses de a pie. Tampoco deberían ser aceptables para nuestros legisladores. 

Las necesidades del pueblo cubano y las exigencias de la seguridad nacional de Estados Unidos apuntan en la misma dirección: evitar una guerra, poner fin a las sanciones económicas indiscriminadas y retomar una política de normalización, compromiso y cooperación.


(*) El Dr. Hal Philip Klepak es profesor emérito de Historia y Estrategia en el Real Colegio Militar de Canadá. Se desempeñó como analista estratégico en el Cuartel General de la Defensa Nacional en Ottawa y en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas. El Dr. Klepak también ha impartido clases en el Colegio Militar Real de Saint-Jean, la Universidad de Oxford, la Universidad Queen's y la Universidad de Montreal. Actualmente, es asesor en asuntos de seguridad interamericana del Comandante del Ejército canadiense y, en diversos cargos, ha asesorado a los ministerios de Asuntos Exteriores y de Defensa de Canadá, a organizaciones internacionales y a consejos académicos.

https://nationalinterest.org/feature/the-us-should-be-careful-what-it-wishes-for-in-cuba