Estados Unidos acusa a Cuba de violar libertad religiosa

Estados Unidos incluyó este viernes (02.12.2022) a Cuba, a Nicaragua y al grupo mercenario ruso Wagner en una lista negra sobre libertad religiosa internacional, abriendo el camino a posibles sanciones, según la alemana DW.

Cuba y Nicaragua fueron incorporados a la lista como "Países de particular preocupación", lo que significa que ambas naciones, ya objeto de sanciones de Estados Unidos, podrían enfrentar medidas adicionales.

La designación de Cuba es la última presión sobre el gobierno de la isla por parte de la administración del presidente Joe Biden, que ha evitado en gran medida la política del anterior presidente demócrata Barack Obama de buscar un acercamiento de Washington con La Habana.

La diplomática cubana Johana Tablada escribió en Facebook que "...Parecería interesado (Biden) en señalar que es propia y no impuesta por la Florida ( que perdió) su apuesta por la política de guerra económica y máxima presión de Trump y las operaciones engañosas y deshonestas de desinformación que la sostienen para su propio descrédito. 

En resumen: se trata de la recomendación a no otorgar la licencia para ampliar la conexión de Cuba a la internet mediante un cable submarino de los cientos q pasan alrededor de Cuba y la designación de nuestro país en la categoría de especial preocupación en el listado politizado, unilateral y arbitrario de “libertad religiosa”. 

Ello demuestra, una vez más que solo echando mano a la mentira, para descrédito de su política exterior, se pueden sostener y prolongar las medidas crueles de máxima presión que tanto daño provocan a nuestra población.

EE. UU. niega conectar a Cuba al cable submarino

Norelys Morales Aguilera.─ Sobran las acusaciones de Estados Unidos a Cuba por "bloquear" Internet a los cubanos. La inculpación de censura es constante. Forma parte de la guerra comunicacional contra la Isla. Sin embargo, el país está rodeado de cables submarinos a los cuales no hay acceso por la negativa de estadounidense. Pero, la verdad sea dicha. Se trata de la última negación, la real hipocresía de una gran potencia contra la Cuba, que es el dolor de cabeza imperial. Ni más ni menos. Inconcebible, Cuba les asusta demasiado. 

El Departamento de Justicia de Estados Unidos recomendó este miércoles (30.11.2022) a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) negar un permiso para la instalación del primer cable de telecomunicaciones submarino que conectaría a EE. UU. con Cuba. 

El Gobierno cubano representa una "amenaza de contrainteligencia" para Estados Unidos y, dado que la empresa estatal de comunicaciones ETECSA administraría el sistema de aterrizaje de cables, La Habana podría "acceder a datos sensibles de EE. UU. que viajen a través del nuevo segmento de cable", explicó la Justicia estadounidense en un comunicado.

La torcida argumentación la dio el vicefiscal de Seguridad Nacional, Matthew G. Olsen en un comunicado:  "Mientras que el Gobierno de Cuba siga siendo una amenaza de contrainteligencia para EE. UU., y sea aliada de otros que hacen lo mismo, los riesgos para nuestra infraestructura son simplemente muy grandes", sentenció.

Una vez más se contradicen y una lógica al revés se patentiza: Olsen señaló que EE. UU., no obstante, "apoya que exista una red de Internet segura, confiable y abierta alrededor del mundo, incluyendo a Cuba". 

De modo que, si Estados Unidos es el dueño de soporte y contenido, es lo único que les parece bien, aunque tengan que usar argumentos mentirosos y traídos de los pelos frente a la diferencia de un país pequeño ante la superpotencia mundial. 

El sistema de cables subacuáticos ARCOS-1 USA Inc. hizo la solicitud a la FCC para adaptar su red incluyendo la primera y única conexión de este tipo entre Estados Unidos y Cuba. 

La red ARCOS-1 conecta a 24 puntos de aterrizaje en 15 países del continente, incluyendo a Colombia, Estados Unidos, México, Nicaragua, Panamá y Venezuela.    

¿Qué de la participación electoral en Cuba?

 ¿Se puede calificar como "baja participación electoral" casi un 70 % de convocatoria en unos comicios? Pues si es en Cuba, parece que sí. Analizamos, en "El Batazo", cómo se ha contruido una matriz de opinión y una línea de propaganda en torno a la supuesta falta de legitimidad de las elecciones municipales de Cuba, celebradas el pasado domingo, en las que el pueblo tomó parte de manera masiva aunque, como consecuencia lógica de la situación económica tan grave que vive la Isla, el nivel de afluencia fuera algo menor que en comicios anteriores. En todo caso, en opinión de los analistas de Cubainformación TV, Lázaro Oramas y José Manzaneda, estas elecciones deben considerarse, tomando en cuenta la guerra económica despiadada contra el país y el incesante bombardeo comunicacional, un éxito para la Revolución, que debería sorprender al mundo.

También hablamos de Internet en Cuba porque, ¿creen que la Isla es de los países de América con menor penetración de la red de redes, o justo lo contrario, qué creen?; de la politización del béisbol cubano desde Miami y de la política mafiosa de presiones y expulsión de peloteros que, aún jugando en EEUU, han decidido tomar parte en la selección nacional de Cuba; o de la ola de revisionismo histórico acerca de la Cuba de antes de 1959, que fue ¿un país "desarrollado" económicamente o todo lo contrario?

Fuente: Cubainformacion.tv

Teoría del odio

En el odio de la clase opresora se coagulan -y sinceran- todas las patologías del capitalismo. Es uno de sus espejos más nítidos. Su trasparencia. Es odio “refinado”, que se ha sofisticado, instrumentalizado y maquillado (minuciosamente) hasta parecer, incluso, “amor al prójimo” o filantropía para anestesiar, con palabrerío moralista, instituciones y jurisprudencias, las insurrecciones populares. Mientras los odiadores ponen cara de “buenos”.

Odio pasteurizado para reconfigurar el escenario general de la vida sobre un tablero mañoso donde: el debate capital-trabajo ocurra como cosa fuera del control de las empresas; el papel de los trabajadores parezca independiente de la realidad capitalista; y, además, el trabajo parezca una actividad  individual e independiente al margen de las “leyes” económicas del capitalismo. Emboscadas para ocultar el odio a los trabajadores; para no pagarles el seguro social ni derecho laboral alguno. Para minimizar “costos” y dar por muerto el pago de horas extras, viáticos y otras remuneraciones consideradas como derechos adquiridos. Odio disfrazado de modernidad administrativa. “Nada es lo que parece”. Odio inoculado como “cultura” del burocratismo.

En el relato de las burguesías el “odio” reviste galanuras de época muy cómodas para la apropiación del producto del trabajo. Con el beneplácito de algunos “expertos” en teorías semióticas, y de sus jefes, surge una corriente desenfrenada cargada con “nuevas clasificaciones” para el odio, donde reina -sin tapujos- la idea de que es condición de los seres humanos odiarse a sí mismos con odio funcional y contra su propia clase… en las “apps”, los teléfonos móviles… “gerencialmente” y por cuenta propia… Determinismo del odio que no tiene horarios. No permitas que los noticieros burgueses te convenzan de odiar a tu propio pueblo. No te tragues el odio oligarca como si fuese tuyo.

Es odio con determinación de clase expresado como pasión que cancela razones. Rompe los nexos humanos solidarios y fija códigos de alianza sectaria. En algunos casos se convierte en “placer” inconfeso. Así se desliza en la vida cotidiana y “embriaga” o cuanta forma expresiva le está cerca, objetiva y subjetivamente. Se ha vuelto parte del paisaje y transita los diarios, los noticieros, los cancioneros, las películas, las historias de amor, las relaciones familiares y, desde luego, las relaciones jurídicas y las de producción. Donde menos lo imaginas habita, todo o en partes, el odio de clase convertido en moral de época.

Sobrevivimos en un escenario planetario infestado por odios de todos los géneros. Es una Cultura, Política y Comunicación del odio y para el odio a diario, el odio condensado y odio compartido, hilvanado, cambiante, tenso, entre la vigilia y los sueños; odio que sirve para conjugar la práctica de mil conductas envenenadas por sus entrecruzamientos. Odio de clase, de “raza”, de género, sexual, político, ontológico… el odio que nos inunda con sus umbrales y nos distancia de los otros entre convulsiones antidemocráticas, conservadoras y de castigo que aparecen en todas partes y a toda hora en forma de violencia, rabia, impotencia, desesperación y autoritarismo de derechas.

Es cierto que el odio es viejo compañero de los seres humanos. Su vigencia sigue siendo avasallante y empeora  en las condiciones históricas de conquista, coloniajes, guerras o revoluciones. Se recrudece en las relaciones de dominación y explotación o en los intentos que los pueblos hacen por emanciparse, pero no por eso hemos de aceptar fatídicamente que somos animales odiadores por naturaleza, aunque debamos responder con toda claridad hasta dónde se ha infiltrado el odio en nuestras vidas y si nos ha convertido en sus esclavos bobos en plena “modernidad” marcada por Auschwitz, Hiroshima y Gulag.

El odio cancela la igualdad, la libertad, la tolerancia, el respeto a la dignidad y a la autonomía del otro. Es impensable una sociedad igualitaria y digna mientras haya gente produciendo odio y vendiéndolo como uno de los más grandes negocios de la Historia.

Y es que el odio subsiste tanto en los medios como en los fines del capitalismo agazapado en sus formas originarias de racismo, integrismo religioso, étnico o nacionalista en espera de su maquillaje (a veces televisivo o cinematográfico) para intoxicar las relaciones sociales. De un modo u otro, cerca o lejos está entre nosotros (a veces dentro) el odio de clase. Incluso el odio entre hermanos, compañeros y camaradas. Es imprescindible entender su naturaleza, sus raíces, causas y efectos… combatir un tema de tal complejidad en sus más diversas facetas y su impacto en las visiones y conductas deformadas por las ideologías del odio (racistas, sexistas, integristas que la fomentan) y, derrotarlo… en y con todo lo que tengamos a mano, incluyendo la literatura, las artes, el cine y los “mass media”.

Otra cosa es el recurso del concepto “odio” para enfatizar las posiciones de lucha contra-hegemónica y por la emancipación definitiva de nuestros pueblos y, entonces, el “odio” adquiere una dimensión semántica de combate no contra las personas sino contra los sistemas de dominación , exclusión, aniquilamiento y envilecimiento de la humanidad. Por eso insistió Antonio Gramsci en su “odio a los indiferentes”. Por eso lo convirtió en una declaración de principios, de fines y de posiciones.

Hay que llamar a todos los frentes dignos, y en pie de lucha, a frenar la propagación del discurso del odio contra migrantes y contra todos los grupos llamados “minoritarios”. Contra el odio a los líderes sociales, a los movimientos emancipadores a los mandatarios de las naciones progresistas. Contra el odio desatado y cultivado en las “redes sociales”.  Frenar el odio generalizado para amenazar a la voluntad democrática de los pueblos. Contra el odio para sofocar el disenso legítimo, la libre expresión popular, el derecho a vivir sin violencia…  y, además, exigir que cesen las operaciones con mecanismos “trolls”, “bots” (o como quieran llamarlos) por donde transita el odio de clase y la violencia burguesa disfrazada de “libertad de expresión”.

Fuente: Cubaperiodistas 

El odio: reivindicación de la derecha mundial

Marcos Roitman Rosenmann.─ No importa que mientan, sean corruptos o ignorantes, sus argumentos no se encuentran en la verdad, ni siquiera en la ideología liberal. Son el nuevo batallón que se articula en torno a la manipulación de las emociones. Les une un sentimiento primario del cual obtienen su fuerza: el odio. En origen no se diferencian del surgimiento del nacionalsocialismo o el fascismo: ser excrecencia de las derechas tradicionales, y desencantados de la socialdemocracia.

En la década de los 70, tras la derrota de Estados Unidos en Vietnam, bajo el mantra del neoliberalismo emerge la nueva derecha. No ha transcurrido un año del golpe de Estado que derrocase al presidente Salvador Allende en Chile, cuando los ataques a los derechos democráticos y las conquistas sociales se generalizan en Occidente. Allí comienza el proceso de involución política que se acompaña de un discurso xenófobo, racista, chovinista y homófobo; defensor de los valores de la familia, donde resaltan el antiaborto, el patriarcado y el antifeminismo. Poco a poco, esta nueva derecha rompe con el keynesianismo y la vertiente democrática asentada en los partidos liberales y conservadores de posguerra.

En 1974, nace la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), cuyo primer orador sería Ronald Reagan. Una plataforma que patrocina y apoya a Margaret Thatcher, convirtiéndola en primera ministra de Gran Bretaña (1979-1990). En 1980 daría cobertura a la campaña presidencial del propio Reagan. Sin aspaviento, esta nueva derecha irá adueñándose de las estructuras partidarias y, cuando no, formarán las propias. (Fujimori en Perú, Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile o Abascal en España). Su protagonismo correrá paralelo a la desafección y pérdida de credibilidad de las élites gobernantes y los partidos de la derecha tradicional.

Si el rechazo al comunismo transformó a sus dirigentes en adalides del mundo libre, Lech Walesa sin ir más lejos, presidente de Polonia y premio Nobel de la Paz, hoy invitado de honor de la CPAC en la Ciudad de México; tras la caída del Muro de Berlín, sus integrantes redefinen la propuesta, sin abandonar el anticomunismo. En la actualidad, son negacionistas y acientíficos. En su interior habitan quienes rechazan el cambio climático, la violencia de género o los derechos de los pueblos originarios. Se declaran enemigos de la igualdad de género, los derechos de los inmigrantes y de la comunidad LGBT+. Dicen formar parte de una raza y una cultura superiores: la blanca, bajo la bandera de Cristo salvador y Dios omnipotente y omnipresente. Su lucha, dirán, quiere evangelizar las instituciones hoy en manos del diablo: socialistas y comunistas.

Ellos, superiores, los blancos, los elegidos de Dios, los patrocinadores del odio, se reúnen en la Ciudad de México. Su anfitrión, Eduardo Verástegui, recalca en sus palabras de bienvenida el objetivo: ser un bastión frente a la amenaza socialista. Su mensaje: no se quedarán con las manos cruzadas. Vienen de todo el mundo. En el programa encontramos a Zuri Ríos o Ramfis Domínguez Trujillo. La primera, hija del criminal de lesa humanidad Ríos Montt en Guatemala, y el segundo, nieto del tirano Leónidas Rafael Trujillo en República Dominicana.

La pléyade de participantes, algunos en directo, otros por Zoom, harán sus intervenciones. Todos a una, defender la familia, Dios y la patria. Se enfrentan a una nueva cruzada. Requieren guerreros. No ocultan su simpatía con las bandas paramilitares, cuerpos de choque y grupos neonazis. Ellos las protegen, cuando las potencian. Son los patriotas que luchan por salvar a sus países de migrantes, homosexuales, feministas, socialistas y comunistas. La frase de Santiago Abascal, presidente de Vox: no somos la derechita cobarde, retumba en la sala y está activa en el subconsciente colectivo de los invitados. Destacan el argentino, futuro candidato de la derecha a la presidencia en 2023, Javier Milei. El hijo de Bolsonaro, Eduardo, y el senador Ted Cruz, representante del odio estadunidense contra Cuba. Son muchos y todos llenos de odio.

Han relaborado la agenda de miedos políticos. El extranjero, el pobre, los inmigrantes, la clase obrera y sus pretensiones de justicia social. Han logrado capitalizar el desencanto. Una parte de la población renuncia de buen grado a sus derechos civiles a cambio de orden y progreso. La seguridad de un régimen totalitario, que les devuelva la paz y combata el crimen organizado que se adueña de la vida cotidiana, con una clase política corrupta que la alienta y protege. La CPAC, bajo una red de organizaciones, entidades financieras, culturales, fundaciones, periódicos y redes digitales, ha logrado anclar su relato. Se saben fuertes, lo cual les convierte en un peligro real para la humanidad. Hay que pasar de la denuncia a desactivar con democracia su discurso de odio.

Fuente: La Jornada de México


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