La Unión Europea se dice, se contradice...o se doblega [+ video]

El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, rechazó  enérgicamente las más recientes declaraciones del alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Josep Borrell, sobre los disturbios registrados en la isla el pasado 11 de julio.

Rodríguez Parrilla fue categórico cuando aseveró que sobre Cuba, miente y manipula; y señaló que el alto representante podría ocuparse de la brutal represión policial en la UE.

En un mensaje en su cuenta de la red social Twitter, el canciller cubano agregó que Borrell dio una declaración en la que no se atrevió a mencionar por su nombre el genocida bloqueo económico, comercial y financiero que impone Estados Unidos (EE. UU.) al país caribeño, que viola la soberanía europea y le impone sus leyes y cortes.

"Rechazo enérgicamente declaración del Alto Representante UE en la q no se atreve a mencionar por su nombre el genocida bloqueo de EEUU q viola la soberanía europea y le impone sus leyes y cortes. Sobre #Cuba, miente y manipula. Podría ocuparse de brutal represión policial en UE", tuiteó el jefe de la diplomacia cubana.

Por su parte, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel,  expresó que esta postura es otra demostración del apoyo de la UE a la farsa injerencista imperial contra la mayor de las Antillas.

“Es increíble que el Alto Representante UE no mencione el bloqueo genocida y cruel. Miente, calumnia y asume la farsa injerencista imperial contra #Cuba. ¿Será falta de valor o sumisión? #CubaNoEstaSola #EliminaElBloqueo y #VeremosCómoTocamos”, tuiteó el mandatario cubano.

Curiosamente en una declaraciones emitidas por el Comisario de la UE, Josep Borrell, el pasado 14 de julio sí se refirió al bloqueo con todas sus letras.

¿Qué pasó entonces, el Comisario tuvo un ataque de amnesia o simplemente cedió ante las presiones del gobierno de Estados Unidos que intenta doblegar al mundo, para condenar a Cuba, en un intento por complacer a sus nuevos "aliados" de la mafia trumpista de Miami?


Tomado de Cubasí

Las víctimas estadounidenses del 11 de julio

José Ramón Cabañas Rodríguez.─ Si comparamos la línea del tiempo de estos días con una secuencia de hechos sucedidos en Cuba y en los Estados Unidos en la década de los años 90, encontraremos algunas claves para comprender mejor la arremetida de odio que ha sufrido la Isla en las últimas jornadas.

Con la desaparición de la URSS y el llamado campo socialista entre 1990 y 1991, varios “cubanólogos” predijeron el fin del proyecto revolucionario en Cuba. No había forma de explicar que una pequeña nación subdesarrollada resistiera la pérdida de un golpe del 85% de su comercio exterior y una caída del 35% en su producto interno bruto.

Para asegurarse de que Cuba colapsaría (y no solo su gobierno), elementos extremistas del Congreso estadounidense redactaron el borrador de lo que se conociera posteriormente como Ley Torricelli, que hacía aún más extraterritorial el bloqueo ya existente al imposibilitar las relaciones comerciales cubanas con filiales de empresas estadounidenses ubicadas en terceros países.

La situación económica en Cuba se siguió deteriorando, ocurrieron manifestaciones y hechos vandálicos en La Habana y otros puntos del país y sobrevino finalmente el flujo migratorio conocido como crisis de los balseros en 1994. A pesar de la reticencia inicial de las entonces autoridades demócratas en el poder en Washington, la única manera de poner fin a la indeseada llegada de inmigrantes fue a través de la negociación, que arrojó resultados en 1995.

El primer paso para una negociación es que ambas partes se reconozcan como iguales y procedan con respeto mutuo. Este hecho, más las proyecciones públicas del gobierno de Bill Clinton en el sentido de manejar una política de “dos vías” en relación con Cuba, saltaron las alarmas de los que veían próximo el fin del proyecto cubano.

Entonces dichas fuerzas comenzaron a proponer otro borrador de ley, mucho más integral en cuanto a la concepción de estrangular a Cuba que aquel aprobado en 1992. Este tenía muy pocas posibilidades de contar con el respaldo de la Cámara y el Senado estadounidenses si no sucedía un hecho excepcional, que impactara de forma masiva sobre la opinión pública nacional e internacional y además ayudara a formar cierta coalición bipartidista a lo interno.

Durante meses, el gobierno cubano había estado alertando a la Casa Blanca (no solo al Departamento de Estado) sobre las acciones ofensivas y peligrosas de la organización contrarrevolucionaria conocida como Hermanos al Rescate, la cual en reiteradas ocasiones había enviado avionetas a violar el espacio aéreo cubano, penetrar en el territorio nacional y arrojar objetos sobre la población.

Finalmente, el 24 de febrero de 1996 sucedió lo que era evitable, si las autoridades estadounidenses hubieran cumplido con su función de controlar las acciones de personas que violaron las regulaciones federales por entregar planes de vuelos falsos y por interferir en la seguridad de un país vecino.

El derribo de aquellas dos avionetas y el fallecimiento de sus cuatro tripulantes fue presentado en la prensa estadounidense, no como un acto de legítima defensa de Cuba, sino como uso excesivo de la fuerza contra aeronaves “civiles”. Los que pusieron en riesgo la vida de aquellos pilotos, pero garantizaron su seguridad propia en casa, corrieron a pedir una intervención militar en Cuba, o un bombardeo masivo contra La Habana.

Cuando estas opciones fueron descartadas, el campo de batalla se trasladó al Congreso donde fue aprobada la infame Ley Helms Burton, cuyo texto no fue siquiera leído por la mayoría de los legisladores y llevó las sanciones contra Cuba a un extremo inusitado para la época.

Vale recordar que, aún después de que se diera tal paso y con ello se alejara el “peligro” de cualquier desliz demócrata de acercamiento hacia Cuba, tuvieron lugar los atentados terroristas en hoteles habaneros durante 1997, con importantes costos humanos y materiales.

Pero, ¿Cómo se relaciona todo esto con el actual escenario?

Los sectores anticubanos más extremistas apostaron por la reelección de Donad Trump como presidente en noviembre del 2020, no sólo de cara a los temas internos en aquel país, sino con la convicción de que daría continuidad a la imposición de medidas extremas contra Cuba, que produjeran el mismo resultado que han intentado y no han logrado desde Playa Girón.

Resultó electo Joe Biden, ex senador demócrata de amplia trayectoria, ex vicepresidente de Barack Obama por ocho años, que estuvo muy cerca de todos los cambios operados entonces en relación con Cuba y que durante su campaña electoral dijo voluntariamente y sin presiones que dejaría sin efecto “algunas” de las decisiones de Trump contra la Isla. Solo algunas. Peor aún, en esas mismas elecciones los demócratas mantuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes y equilibraron el poder en el Senado, con la posibilidad de definir votaciones a su favor contando con el voto de la vicepresidenta, si fuera necesario.

La derecha extremista anticubana, que tiene conexiones importantes (aunque no es exactamente igual) con los sectores que han polarizado en extremo el discurso y la actuación política al interior de Estados Unidos, sintió nuevamente el peligro de que se escapara de sus manos la posibilidad de “terminar el trabajo” contra Cuba, que ya sufría las medidas draconianas de Trump, combinadas con los efectos de la COVID19 que, aunque logró ser contenida en la isla en sus inicios, ya venía causando estragos por la acumulación del desgaste.

En paralelo, la parte del stablishment (que no es demócrata ni republicano) asociado a los temas de Seguridad Nacional venía observando con interés la evolución de los acontecimientos en Cuba.

Entonces, surgió nuevamente la pregunta de cómo podría cortarse de raíz un potencial acercamiento oficial, o una conducta menos hostil hacia Cuba de la Casa Blanca. Haciendo uso de un manual de procedimientos viejo y empolvado, la Derecha sintió que había que acudir a una provocación, a estructurar un hecho o una serie de ellos que impactara sobre la opinión pública y ayudara a formar cierta coalición bipartidista (repetimos el término) contra Cuba.

Aquí vale explicar que para muchos dentro de esos sectores extremistas que operan fuera del gobierno el objetivo es mantener la hostilidad contra Cuba por revancha, por odio, por razones ideológicas. Pero para un grupo importante se trata de garantizar que cada año se vuelvan a aprobar presupuestos federales millonarios para programas con un propósito ilimitado en el tiempo de “cambio de régimen”, que por el camino garantiza la manutención de cientos y miles de empleados (más sus familiares) en el sur de la Florida.

¿Alguien ha calculado cuál sería el impacto sobre el desempleo en esa región si de pronto se apagaran Radio y TV Martí y sus ramificaciones digitales, si la USAID no diera un centavo más para “defender los valores democráticos en Cuba”? ¿Cómo afectaría esa falta de financiamiento a las campañas políticas de aquellos que reciben el “agradecimiento” de sus electores por mantenerle empleos con financiamiento federal?

Y el conglomerado no termina ahí. Con el advenimiento y desarrollo de las redes sociales existe en los medios cubanoamericanos un entramado de “servicios informativos” digitales que viven de la publicidad que generan entes económicos de las áreas con mayor concentración de ese grupo de inmigrantes y que se debaten entre los extremos de enviar paquetería a Cuba, hasta promover acciones hostiles.

Estos sectores habían venido promoviendo y financiando de conjunto acciones públicas en Cuba a escala menor, que poco a poco fueron brindando una idea de hacia donde se dirigían. Se les pagó a individuos para que atentaran contra símbolos nacionales en parques y avenidas cubanas, para que descarrilaran trenes y atentaran contra objetivos económicos. Surgió la idea de crear un “movimiento” a partir de supuestas acciones “culturales” en la barriada de San Isidro y finalmente se promovió una confusa reunión frente al Ministerio de Cultura cubano el 27 de noviembre del 2020.

Pero nada de esto impactaba lo suficiente al interior de la sociedad estadounidense, ni permitiría atraer la atención e influir sobre un grupo importante de legisladores estadounidenses que han pedido de modo insistente a su nuevo presidente que actúe en consecuencia con la conclusión de que “la política de bloqueo contra Cuba es un fiasco”, como reza en varios documentos oficiales de gobiernos tanto demócratas como republicanos. Ninguno de estos intentos exigía que Washington prestara una “atención urgente” a la cuestión cubana.

Y entonces llegó el 11 de julio. Más que los hechos en sí mismos en cuanto a manifestaciones públicas y vandalismo, que merecen un análisis constante, lo que el mundo conoció fue un elaborado plan para dibujar en la prensa corporativa internacional y en las redes asociadas una imagen de estallido social innegable, que requería una acción inmediata. Un plan que, por cierto, requiere contar con ciertos recursos y resortes estatales. Era la explosión del Maine con esteroides.

La avalancha de hechos reales y supuestos, la utilización falseada de fotos y videos, la repetición hasta la locura de mensajes negativos desde el exterior, la creación ficticia de listas de torturados y desaparecidos, la incitación al odio extremo y todo lo demás tenía un público al interior de Cuba, pero quizás una parte importante de las “víctimas” del bombardeo habitaban en los Estados Unidos.

El grupo cubanoamericano en el Congreso redactó a partir de ese momento una multiplicidad de proyectos de resolución, comunicados, declaratorias y cualquier texto que permita de manera urgente comprometer a aquellos otros legisladores que algún día osaron proponer algún tipo de acercamiento con Cuba. Han tratado igualmente de influir en gobiernos y organizaciones latinoamericanas y europeas.

Como clase social, la mayoría de los políticos estadounidenses en lo primero que piensa después de una elección es cómo ser reelecto en el próximo ciclo y los comicios de medio término están a la vuelta de la esquina.

Estados Unidos vivió cuatro años de polarización extrema, en los que ser asociado con ideas que no estén contenidas en el concepto de capitalismo más duro y puro le pueden significar a cualquier figura pública ser sometido a una guillotina mediática que muchos desearían evitar.

La sombra del socialismo ha vuelto a ser utilizada en los medios floridanos con el propósito de ampliar la dominación republicana en dicho estado, para convertirlo permanentemente en un bastión dominado por su partido que sume 29 votos del colegio electoral en cada elección presidencial.

Los enemigos de Cuba oficiales y oficiosos trataron de actuar con celeridad e inmediatez, pero en todo este escenario hay un actor que no se ha mencionado: el pueblo de los Estados Unidos.

Los terroristas mediáticos han tratado de “representarlo” y actuar a su nombre. Pero gigabytes de tuits, posts, blogs y toda la jerga postmoderna no pueden ocultar la posición de un pueblo que mayoritariamente se ha expresado una y otra vez contra el bloqueo y por una política de acercamiento hacia Cuba.

Estados Unidos sigue siendo un país con un vasto movimiento de solidaridad con Cuba en los 50 Estados de la Unión. Desde los sectores cultural, académico, científico, económico, religioso, comercial, se han expresado una y otra vez esas voces.

Sería importante saber si durante estas jornadas en que funcionarios estadounidenses han andado a hurtadillas por los pasillos de las agencias federales haciendo cálculos políticos y electorales, respondiendo con la voz entrecortada a las llamadas de legisladores y operativos que ofenden e inculpan para atacar a Cuba, han consultado alguna vez a sus bases electorales.

Sería útil conocer si han llamado a alguna de las más de 30 ciudades estadounidenses que han aprobado una resolución para establecer cooperación médica con Cuba, a alguna de las asociaciones de productores agrícolas que han reclamado una y otra vez el fin del bloqueo para comerciar con sus similares cubanos, si han pedido la opinión de los miles de estudiantes y profesores que han participado en intercambios académicos, si se han sentado a conversar con los empresarios que vieron irse de sus manos oportunidades de negocios gracias al antojo personal de un gobernante. ¿Con los liderazgos de cuántas congregaciones religiosas han orado de conjunto por el futuro sus hermanos de fe en Cuba?

Y finalmente, importaría saber si para atacar a Cuba cuentan con el beneplácito de todos y cada uno de los cubanos residentes en Estados Unidos que perderían a familiares o amigos en la isla en caso que se produjera una agresión militar, o se creara un clima de caos sin control.

https://www.alainet.org/es/articulo/213261

Extensa declaración de funcionario de Biden sobre Cuba

Dayli Pérez Guillén..─ Si alguna duda podía existir sobre el rediseño de la comunicación política del Gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, para lanzarla sobre las plataformas digitales, una directa transmitida recientemente con la presencia del director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y asesor principal del presidente Joe Biden en cuestiones de política latinoamericana, Juan González, y artistas plegados a la contrarrevolución, borra cualquier incertidumbre.

Se trata de la más extensa declaración de un funcionario estadounidense en relación con Cuba, desde que Joe Biden tomó las riendas de la Casa Blanca. Durante casi media hora y como un diálogo entre «hermanos», con tuteos incluidos, Juan González escuchó y siguió el guion en el que ambas partes dejaron muy bien definidas sus líneas de mensajes. Si bien los «moderadores» se hicieron eco de las más extremistas peticiones al Gobierno estadounidense luego de los acontecimientos del 11 de julio, el funcionario puntualizó que su Gobierno explora «qué más puede hacer fuera de la acción militar».

«Presionar, sancionar y abrir un espacio democrático para que los artistas, los periodistas y los cubanos comunes y corrientes que no están involucrados en la política sigan demandando sus derechos», ha sido la opción reiterada por González a través de la transmisión en directo por Instagram y el canal de YouTube de un joven influencer cubano, con más de dos millones de vistas desde su creación en diciembre de 2019, que inicia sus programas con un tema de música urbana, jóvenes bailando, mujeres en trajes de baño y un llamado a seguir el «chisme» de la farándula cubana. Por esos canales también se dirige hoy el mensaje del Gobierno de ee. uu. a los cubanos de dentro y de fuera de la Isla.

Y mientras el Director de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental asegura que Biden está actualizado de cuanto sucede en Cuba, y que los senadores Bob Menéndez y Marcos Rubio han sido escuchados, comunica que la orientación del Presidente es hacer «todo lo que podemos como Gobierno para responder a las necesidades del pueblo cubano». Esto mientras un bloqueo económico, comercial y financiero fue recrudecido con 243 medidas al unísono de la peor epidemia que ha conocido la humanidad, y que también suma en Cuba enfermos, fallecidos y convalecientes. Pero el señor González insiste en llamarlo embargo y exculparlo de quitar cualquier derecho a las personas que lo padecen.

Eso sí, Biden usará «todas las herramientas que tengamos a nuestra disposición para poder garantizar el acceso a la información». En ese punto el asesor  recuerda, sin mencionarlas por su nombre, iniciativas ya puestas en práctica cuando el actual Presidente ocupaba el segundo peldaño del gobierno en la Casa Blanca: «Autorizamos que llegaran celulares a la Isla, pero también cualquier aplicación que pudieran bajarla al celular y pudieran comunicarse». Añadiría el bloqueo de sitios y aplicaciones que se describe aquí: http//www.juventudrebelde.cu/suplementos/informatica/2021-05-26/comunicaciones-en-cuba-poner-bits-y-bytes-al-bloqueo.

Una alusión a las aplicaciones Zunzuneo y Piramideo, fracasados intentos de disfrazar, con información no controversial o red de mensajería, el propósito de lograr audiencias de miles de usuarios y gestionar a través de ellos convocatorias multitudinarias para «renegociar el equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad». Así lo definía un documento de la Agencia Internacional para el Desarrollo, que corrió con los gastos de una de estas operaciones digitales y también de las faenas del contratista Alan Gross, encargado de instalar una red ilegal de telecomunicaciones en Cuba y que fuera juzgado y condenado por violar las leyes nacionales.

Entre tanto, la agenda de la actual administración para Cuba sigue la estrategia heredada, según se desprende de este diálogo. «Seguir apoyando a esos artistas, a esos periodistas independientes, a esos que están demandando sus derechos», palabras del asesor del presidente Biden que corroboran, además, los informes públicos sobre el destino de los financiamientos que las organizaciones llamadas a llevar la «democracia» de Estados Unidos al resto del mundo –la Ned y la Usaid– publican en sus sitios oficiales de internet.

Pero Washington tiene otro objetivo muy claro, necesita «borrar la legitimidad y credibilidad de la Revolución Cubana internamente y en el escenario internacional». Para ello presionarán a sus aliados contra el «régimen». Con total descaro le ha plantado el reto a la diplomacia cubana González: «Eso es algo que después de 62 años han podido manejar internacionalmente muy bien. Hay que cerrar ese espacio».

Llegado hasta ese punto el intercambio, los voceros de la contrarrevolución colaboraron con la actual administración sugiriendo, incluso, incriminar al Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ante la Corte Penal Internacional, pero como Estados Unidos se retiró de esa instancia para no rendir cuentas por los crímenes de guerra de sus militares en Irak, Yugoslavia y en Afganistán,  González respondió que eso lo tendrían que hacer otros países.

Antes de concluir, insistió: «el enfoque tiene que ser en Cuba, no entre el debate de Estados Unidos y Cuba». Con ese final, no hay que esperar ya por los resultados de una revisión. Esta parece ser la política de la actual administración: esperar un desenlace violento favorable a sus intereses de una coyuntura interna marcada por la crisis sanitaria, una economía de guerra y el azuzamiento constante a través de las plataformas digitales.

Original en http://www.uneac.org.cu/secciones/washington-necesita-borrar-la-legitimidad-y-credibilidad-de-la-revolucion-cubana/

Derrotada la maniobra anticubana con la OEA

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, celebró este miércoles que la mayoría de los países que conforman la Organización de Estados Americanos (OEA) rechazaran celebrar una sesión permanente convocada para hablar sobre la "situación" en la isla.

"Derrotada [la] maniobra anticubana en OEA. Rechazo de [la] mayoría Estados Miembros obligó suspensión del Consejo Permanente", escribió el diplomático cubano en su cuenta de Twitter, tras agradecer a los países "que defendieron dignidad latinoamericana y caribeña".

El Consejo Permanente de la OEA, órgano ejecutivo de la organización e integrado por sus 34 miembros activos, tenía previsto realizar este miércoles la sesión.

Sin embargo, Washington Abdala, presidente del consejo permanente, informó que "tras recibir planteos por parte de algunos países" se decidió postergar la reunión para "realizar las consultas que puedan resultar útiles".

Abdala añadió que ha solicitado a la Secretaría de Asuntos Jurídicos de la organización un informe "respecto a la situación de Cuba en relación con la OEA", que será compartido con las delegaciones cuando esté disponible.

"No conocer lo que se está viviendo en Cuba no significa que los dramáticos hechos no se sigan produciendo. La realidad, tristemente, sigue su curso, no se esconde por detrás de papeles, declaraciones o dilaciones", espetó.

"Campaña contra Cuba"

Cuba no participa en la OEA desde 1962. "El próximo, vergonzoso y anunciado paso del macabro plan contra Cuba es la imposición del Consejo Permanente de la OEA", escribió el martes en Twitter el presidente Miguel Díaz-Canel.

Mientras, el canciller cubano destacó que en "su campaña contra Cuba", EE.UU. trata de imponer una reunión del consejo de la OEA, una organización que "se encuentra al servicio de Washington y apoya intentos de aislamiento e intervenciones militares y golpes de Estado en la región".

La Administración de Joe Biden anunció recientemente la imposición de nuevas sanciones contra funcionarios de Cuba por presuntos "abusos contra manifestantes" en las protestas que se registraron en algunos puntos de la isla el pasado 11 de julio.

Por su parte, Cuba acusó a EE.UU. de mentir al referirse únicamente a manifestantes pacíficos, sin reconocer que se registraron "actos violentos" durante las movilizaciones, y aseguró que Washington "no tiene absolutamente ninguna autoridad moral" para pedir que se libere a personas detenidas en las protestas. 

"Se están cumpliendo en Cuba todas las garantías legales y procesales para los detenidos", aclaró el titular de Exteriores.

RT

Cuba denuncia uso de aplicación Clubhouse contra su estabilidad

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció hoy el uso de la aplicación móvil Clubhouse, de la plataforma Apple, para organizar a sectores contrarrevolucionarios en planes de desestabilización.

De acuerdo con el titular de Relaciones Exteriores, por esta vía grupos adversos al Gobierno en la isla reciben instrucciones de los operadores políticos desde Estados Unidos.

'Debido al bloqueo, en #Cuba es una pesadilla utilizar cualquier aplicación de la multinacional @Apple Inc, salvo para ciertos usuarios Premium que participan en disturbios', escribió en su cuenta en Twitter.

El canciller denunció además que la aplicación Clubhouse, de Apple, 'está siendo utilizada para organizar a la contrarrevolución' desde territorio norteamericano.

La Casa Blanca no debería olvidar que cibertropas organizadas en la Internet profunda asaltaron el Capitolio en enero de 2021, convocadas por la mentira de que el actual mandatario, Joe Biden, arrebató la presidencia a Donald Trump, agregó en otro mensaje.

Clubhouse, red social de chat de audio, cuenta con una amplia variedad de grupos y salas virtuales para dialogar sobre diversos temas, programas de entrevistas, música, contactos, citas, presentaciones, discusiones políticas y más.

La aplicación fue lanzada en 2020 por la compañía Alpha Exploration y en diciembre de 2020 estaba valorada en casi 100 millones de dólares.

Sin embargo, un reciente escándalo denunció la filtración de tres mil 800 millones de números de teléfono de la aplicación desde la denominada red oscura.

De acuerdo con reportes de prensa, esto afectó incluso a personas sin perfil en Clubhouse al sincronizar sus contactos con la app.

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