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La guerra en el siglo XXI, tiempos muy peligrosos

Imágenes de cámaras de seguridad del comando atacante a Charlie Hebdo
¿Cómo se libran las guerras en este 2015? En gran medida, ingenierizando procesos de caos social dentro de los países elegidos como víctimas. Esto se lleva a cabo de manera oficial y no-oficial, utilizando la fuerza militar, las operaciones negras de inteligencia, los servicios inconfesables de oscuros “contratistas privados”, y una amplia gama de operadores clandestinos quienes financian, entrenan, arman, apoyan, brindan cobertura mediática y lanzan cortinas de humo, a través de un aún más amplio conjunto de agentes, mercenarios y traidores locales: se lo llame “primavera árabe”, o “cambio de régimen” en Ucrania, o luchadores “mujadeyines” contra la URSS en Afganistán (Hilary dixit), o “soldados de liberación” en Libia o Siria… la lista es muy larga.

Incluso no debemos sorprendernos cuando de esta larga cadena de “Comando y Confusión Organizada”, algunos de sus mercenarios terminan militando en las filas del Estado Islámico, ISIS, EIIL, ISIL, Al-Qaeda de Yemen, o vaya a saber que otras extrañas agrupaciones…

Este “Modelo de Guerra” cuenta con “módulos” específicos que tienen como misión “generar las circunstancias adecuadas” que ayuden a “justificar acciones de guerra contra…”: determinadas naciones, ideologías, o algún “grupo terrorista” difuso, ambiguo, inexplicado e inexplicable. En pocas palabras creando las circunstancias necesarias que permitan satanizar al nuevo “enemigo”.

Mafalda: ¿por qué “Todos somos Charlie”? en La Jornada

José Steinsleger.-- Nacida en el emblemático decenio de 1960, Mafalda era una niña que pasaba buena parte del día oyendo noticias en su radio de transistores, y luego descolocaba a los adultos con preguntas acerca de las realidades políticas del mundo. Mafalda no era cómica. Cómicos eran los adultos, haciéndose bolas cuando trataban de consolar las angustias de la niña frente a las guerras, el hambre, la pobreza, el racismo, las injusticias, la violencia.

En los años del terrorismo de Estado, un lector indignado escribió a la revista argentina Humor, observando: “Y ustedes… ¿de qué se ríen?” Parafraseando a Oscar Wilde, los editores le recordaron que el humor podía ser “…otra forma de la desesperación”. En efecto. Nada más serio que el (mejor dicho) humorismo, vocablo que la Real Academia asocia con la manera graciosa o irónica de enjuiciar las cosas.

El humorismo nada tiene que ver con la alegría imbécil de los animadores mediáticos, y menos con lo que degrada, humilla, discrimina. Sin ofender a nadie, Miguel de Cervantes se burlaba de los vicios y ridiculeces de los hombres, diferenciando el humor cáustico y mordaz del satírico y burlón “…que a infames precios y desgracias guía” (Viajes al Parnaso, 1614).

El olvidado erudito y periodista español Santos López Pelegrín (1800-45) decía que a diferencia de la parodia, lo burlesco es una bufonada miserable que no puede agradar más que al populacho. Tal era la postura del grupo de periodistas de Charlie Hebdo (CH), asesinados en una operación comando de un modo mucho más miserable que sus hirientes y reaccionarias bufonadas.

Preguntas incómodas de Julian Assange sobre el ataque a Charlie Hebdo

Para el fundador de WikiLeaks, la masacre contra periodistas de "Charlie Hebdo" es responsabilidad del gobierno francés e incluso podría ser "cómplice".

Julian Assange escribió una reflexión en Twit Longer donde cuestiona las medidas tomadas por las autoridades antes y después del ataque debido a que los perpetradores del crimen eran islamistas reconocidos.

De acuerdo con el australiano, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde hace dos años, existen dudas sobre si Francia protegió a los hermanos Kouachi por motivos de intervención política en África o, incluso, para presentar un arresto mediático, señala la reseña de SDP Noticias.

La nueva Santa Cruzada

¿El 11-S de Francia?
Manlio Dinucci. -- Se mueven y disparan como verdaderos comandos. Nada de ráfagas, para no desperdiciar municiones. Sólo uno a dos disparos para cada víctima, como el policía ya herido y ultimado en el suelo de un solo tiro por el asesino que pasa a su lado, vuelve al automóvil y, antes de abordarlo, recoge con toda calma un zapato deportivo –que habría podido servir de prueba mediante un análisis de ADN.

Sin embargo, cuando esos mismos individuos, después de haber dado muestras de una preparación digna de un comando de fuerzas especiales, cambian de vehículo, «olvidan» en el primer auto –según la versión de la policía– un documento de identidad. Y así firman oficialmente el atentado. En pocas horas, el mundo entero conocerá sus nombres y sus biografías: «dos delincuentes de poca monta, radicalizados, conocidos de la policía y los servicios de inteligencia franceses».

Ante los hechos que están siendo definidos como «el 11 de septiembre de Francia», no podemos menos que recordar lo sucedido en el momento del 11 de septiembre estadounidense, cuando –sólo unas horas después del atentado contra las Torres Gemelas– rápidamente circulaban los nombres y biografías de las personas designadas como autores de los hechos y miembros de al-Qaeda. También en Estados Unidos, en el momento del asesinato del presidente Kennedy, el presunto asesino fue descubierto de inmediato. Y lo mismo sucedió en Italia, con la masacre de la Piazza Fontana. Resulta por lo tanto legítima la sospecha de que, detrás del atentado perpetrado en Francia, pueda estar el largo brazo de los servicios secretos.

Los dos presuntos autores de la matanza de París, si son ciertas sus biografías, pertenecen al mundo subterráneo creado por los servicios secretos occidentales –incluyendo los de Francia– que en 2011 financiaron, entrenaron y armaron en Libia diversos grupos islamistas, que poco antes eran calificados de terroristas.

Entre esos grupos se hallaban precisamente los primeros núcleos del futuro Emirato Islámico y los servicios secretos occidentales les proporcionaron el armamento a través de una red organizada por la CIA –según una investigación del New York Times publicada en marzo de 2013– cuando, después de haber participado en el derrocamiento de Muammar el-Kadhafi, fueron enviados a Siria para tratar de derrocar al presidente Assad y posteriormente para atacar Irak, en el preciso momento en que el gobierno de al-Maliki se alejaba de Occidente y se acercaba a Pekín y Moscú.

El Emirato Islámico, nacido en 2013, recibe financiamiento de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Turquía, países que además –al igual que Jordania– le facilitan el tránsito a través de sus territorios. Y no hay que olvidar que los países que acabamos de mencionar son todos estrechos aliados de Estados Unidos y de las demás potencias occidentales, incluyendo a Francia. Lo cual no significa que la masa de miembros de los grupos islamistas, a menudo provenientes de diferentes países occidentales, tengan conciencia de esa complicidad. En todo caso, es altamente probable que tras los terroristas se escondan agentes secretos occidentales y árabes especialmente entrenados en la realización de ese tipo de operaciones.

Aún a la espera de nuevos elementos que puedan aclarar el verdadero origen de la masacre perpetrada en Francia, resulta lógico que nos preguntemos: ¿Quién se beneficia con todo esto?

La respuesta se deduce de lo que declaró Nicolas Sarkozy, quien –cuando era presidente de Francia– fue uno de los principales artífices del respaldo a los grupos islamistas que participaron en la guerra de agresión contra Libia. Sarkozy calificó el atentado perpetrado en Francia de «guerra declarada contra la civilización, cuya responsabilidad es defenderse».

Se busca así convencer a la opinión pública de que Occidente está en guerra contra quienes quieren destruir la «civilización» –lo cual implica que es Occidente quien representa la «civilización»– y que por ello tiene que defenderse aumentando sus fuerzas militares y enviándolas a todos los lugares donde surja esa «amenaza».

Se trata así de transformar el dolor de las masas por las víctimas de la masacre en movilización a favor de la guerra. El David, cubierto en Florencia con un velo negro en señal de duelo, está llamado ahora a empuñar la espada de la nueva Santa Cruzada. /Voltairenet.org

“Si quieren combatir al terrorismo deben investigar a la OTAN”

La periodista Stella Calloni reflexiona sobre el atentado a la revista Charlie Hebdo en entrevista de Juan Ciucci para la Agencia Paco Urondo (APU).

"Me parece muy simplista, muy burdo, que por una foto de Mahoma se quiera atribuir automáticamente el hecho a islamistas".

APU: ¿Cuál es su opinión sobre el atentado?

Stella Calloni: Es una situación muy trágica. Golpea a un grupo de personas vinculadas con la cultura. Ha tenido una gran repercusión en el mundo. Ha sido, naturalmente, repudiado por todos. Es un hecho conmovedor. Se puede aceptar o no el tipo de humor de la revista, pero eso no tiene nada que ver con repudiar lo que ha pasado que es verdaderamente muy trágico.

APU: Ahora empiezan las especulaciones sobre los autores del atentado.

SC: Me parece muy simplista, muy burdo, que por una foto de Mahoma se quiera atribuir automáticamente el hecho a islamistas. Estamos perdiendo de vista muchas situaciones que se dieron durante mucho tiempo en Europa. Por ejemplo, la OTAN tenía un ejército secreto que llevó adelante operaciones en la región que mataron a muchas personas. Sobre ese terrorismo nadie ha actuado, excepto algún valiente juez italiano. Hoy sabemos que varios atentados que fueron atribuidos a las Brigadas Rojas fueron realizados por ese ejército. Eso está comprobado. Por otro lado, hay que analizar un hecho ocurrido en enero de 2013 cuando un comando similar asesinó a tres dirigentes kurdos en París. No se está analizando la posibilidad de que pueda ser un comando de falsa bandera el que realizó el atentado.