Ángel Roca.- Es curioso hoy me ha vuelto a sorprender la millonaria mercenaria Yoani Sánchez, en un nuevo artículo que pretende establecer una relación entre perros y cubanos, entre diferentes estratos sociales y estas mascotas, que sin duda son o merecen mucho más respeto que algunos humanos.
Algunos humanos que no conocen en lo absoluto el significado de la palabra fidelidad, y que continuamente se venden ya no por un plato de comida que hasta cierto punto podría encontrársele alguna lógica y no justificación, se venden por alcanzar lo que supuestamente denigran que es abolengo y sobre todo un reconocimiento de sus amos, o dueños.
Como alguien como Yoani Sánchez, colmada de títulos y honores para no hablar de su cuantiosa fortuna habla de mansiones y de solares y de los diferentes perros que se encuentran en un lugar y en otro, y además por su condición de pobre su predilección por los animalitos que como ella deambulan por las calles de nuestro País con costillares al aire.
Qué pena que una vez más hoy esta supuesta defensora de los cubanos y sus derechos nos iguale a simples perros, aun cuando en mi opinión estos últimos merecen mucho más respeto que ella, como es posible que todo sea utilizable para tratar de desprestigiar a los cubanos todos.
Cuantos cubanos viven en las casa heredadas de sus Padres y que sin dudas son buenas casas, que pasa que son delincuentes y ladrones, que sucede que un cubano que con méritos propios en su trabajo logre ciertas comodidades es una raza de perro y además desprecia a el resto de los que no considera de su condición.
No será que una vez más la Yoani expresa de manera muy clara que la que desprecia profundamente a todos los Cubanos es ella misma, que trata a unos de espías a otros de dictadores y que al final termina ofendiendo a todos los que no piensan como ella, no será que le cuesta en el fondo aceptar que hay algunas cuestiones con las que se nace y que es imposible adquirir a pesar de miles de premios y de millones de pesos.
Es necesario que Yoani sepa que hasta el más humilde ser humano puede ser el más educado y el de más clase que muchos que esgrimen títulos y otros honores, puede ser cualquier Cubano mucho más honesto, honrado y decente que algunos parásitos que tenemos viviendo del cuento, y que por supuesto no es una raza de perro la que define el estatus de ningún cubano si no su buen hacer, cuestión que además le es ajena.
Los perros son famosos por su nobleza y por su fidelidad de lo primero conoce poco Yoani, de lo segundo nunca jamás he visto ningún perro que pueda ser más fiel a su amo que Yoani Sánchez con los suyos, y es que algunos perros satos agradecerían con más honor y decencia tantos premios inmerecidos y una gran fortuna amasada solo moviendo la colita, la realidad de este pueblo que ella se empeña en desconocer, es que aun lleno de diferentes razas de esos nobles animales sigue estando fuerte e inmunizado contra la rabia que como espuma sale de la boca de algunos nuevos nobles y millonarios luchadores de la libertad.
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Canallas contrastes
Empiezo sentando una necesaria premisa: siento afición por los perros, a los que hace tiempo dediqué aquí una amable columna (Perro amor) y los he tenido en casa solo cuando contaba con todas las condiciones para proporcionarles una afectiva atención responsable.
Pero me declaro alérgico a las desmesuras y los excesos, como los que presencié durante los años que residí temporalmente en Nueva York por obligación profesional.
Perplejo recorrí una vez una tienda en la avenida Lexington que vendía la más inusitada variedad de artículos para esas mascotas, que incluían ropajes con diseños exclusivos, botines, collarines y collares, champús y hasta espejuelos para el sol.
La sección de alimentos exhibía un interminable repertorio de sabores, olores y colores en envases de lujo. Así la posesión de un canino deja de concebirse para la protección y la compañía y funciona, contra natura, como un mero adorno de lujo y ostentación.
Todo podría pasar tal vez como un raro excentricismo de adinerados opulentos, si no fuera porque a pocas cuadras, en la sede central de la ONU, representantes de países pobres con justa y frecuente cólera reclamaban una verdadera y efectiva contribución al enfrentamiento del hambre, en un mundo en que la pobreza extrema se extendía a cerca de un millón de seres humanos.
En una de esas sesiones el viceministro cubano del MINREX, Abelardo Moreno, puso en rojo sobre la mesa las astronómicas cifras de dólares, del orden de miles de millones, que los países ricos dilapidan cada año en sofisticados alimentos caninos y productos cosméticos de marcas, sin cumplir una engavetada promesa de aportar apenas el 0,7 por ciento del Producto Interno al desarrollo de los más desfavorecidos.
Las imágenes contrastantes de aquellas vivencias me visitaron en ráfagas cortantes pocos días atrás, mientras miraba en un canal de televisión uno de esos reportajes que llegan a disfrutarse cuando se está desprevenido, con la guardia baja, en el que se proyectaba una ciudad de maravillas para el mundo animal.
Un correcto y piadoso cuerpo de dedicados policías especiales investigaba casos de perros maltratados, la hipotética cara opuesta de los agentes uniformados que a sangre y fuego persiguen, hostigan y atrapan a emigrantes latinoamericanos. A los animalitos rescatados se les somete después a un riguroso examen médico veterinario mediante equipos de diagnósticos de última generación.
Mirando las enternecedoras escenas, la más elemental sensibilidad impide olvidar que sucesivos gobiernos de esa sociedad en la que se mistifican imágenes, impiden la venta a Cuba de componentes médicos esenciales para niños que padecen cáncer, y castigan con severidad a empresas que le suministren, aunque sea por terceros países, bienes indispensables para la salud de la población y para salvar vidas, en virtud de un bloqueo que la actual administración mantiene intacto.
Nada de esto último aparece en los espacios de los conglomerados mediáticos dominantes que fabrican historias edulcorantes o sensacionalistas, como tampoco las perturbadoras visiones del hambre y la desposesión en Asia, África y América Latina.
Por estos días el llamado continente negro encontró sitio en los medios, pero apenas como escenografía de fondo para focalizar a la secretaria de Estado Hilary Clinton, en visita que apunta exclusivamente hacia los intereses de la superpotencia. El hambre y la pobreza si acaso se deslizarán como sombras incómodas que los medios tratarán de exorcizar.
Cuánta elaborada perfección. Cuántos canallas contrastes.
Hugo Rius digital@juventudrebelde.cu
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