Alain Gresh.- Imaginemos por un instante dos mil presos políticos en China en huelga de hambre desde hace varias semanas, u otros dos mil presos políticos en un movimiento similar en Rusia. No cabe duda de que las televisiones y las radios, tan rápidas en movilizarse acerca de los ataques a los derechos humanos en países lejanos, abrirían sus boletines de noticias con esta noticia, se indignarían por esta violación de unos derechos elementales, harían un llamamiento a nuestras autoridades a que reaccionaran e incluso a que intervinieran, a imponer sanciones a Pekín o a Moscú.
Hay verdaderamente dos mil presos políticos en huelga de hambre, pero en Palestina. Y no parece que la información interese a mucha gente. Pero desde hace tiempo sabemos que los palestinos, los árabes y los musulmanes no son realmente seres humanos como los demás.
Vayamos en primer lugar a los hechos, de los que informó el corresponsal de Le Monde (« Le mou¬vement de grève de la faim des prisonniers palestiniens en Israël s'étendrait à 2 000 détenus » , Lemonde.fr, 6 de mayo):
«Israel tiene cada vez más dificultades para controlar el movimiento de huelga de hambre de los presos palestinos, que no deja de extenderse. Esta acción, que empezó el 17 de abril para protestar contra la práctica de la detención administrativa (que permite mantener a un sospechoso en la cárcel sin juicio durante un periodo de seis meses renovables), estaría secundada hoy por unos dos mil presos, según Addameer, la asociación palestina de defensa de los derechos de los presos palestinos» [...]
Hay al menos dos presos que están en estado crítico: Bilal Diab, de 27 años y originario de Jenin, y Thaer Halahla, de 33 y originario de Hebrón (tambos miembros de la Yihad Islámica), que empezaron la huelga de hambre el 29 de febrero. Después de sesenta y seis días sin alimentación, habrán entrado en lo que los médicos llaman "una fase aleatoria de supervivencia". Ambos hombres comparecieron, en silla de ruedas, el pasado 3 de mayo ante el Tribunal Supremo israelí, pero este ha remitido a una fecha posterior su decisión sobre su puesta en libertad.
Al menos otros seis presos están en un estado de salud que se considera alarmante. Este movimiento de huelga se ha extendido a los principales centros de detención de Israel y se han unido a ellos varias figuras destacadas de la resistencia palestina, como Ahmad Saadat, secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Mientras las manifestaciones de solidaridad se multiplican en varias villas palestinas, el gobierno del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, duda sobre la conducta que debe adoptar».
Esta huelga plantea en primer lugar la cuestión de las detenciones administrativas (es decir, sin pruebas y sin juicio), una práctica heredada de la época del Mandato británico, cuando Londres luchaba (1944-1948) contra el «terrorismo sionista». Como lo recuerdo en De quoi la Palestine est-elle le nom ?, estas leyes de excepción habían sido denunciadas por muchos juristas, entre ellos el doctor Moshe Dunkelblum, que más tarde formaría parte del Tribunal Supremos de Israel. El 7 de febrero de 1946 declaraba: «Estas ordenanzas constituyen una amenaza constante contra los ciudadanos.