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Gran marcha en Río de Janeiro rechaza propuestas de Río + 20

Además del duro cuestionamiento a las propuestas surgidas desde el encuentro de Naciones Unidas, las principales críticas durante la marcha apuntaron hacia las corporaciones multinacionales.

Fue durante el Día de Movilización Global que coincidió con el inicio de la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Río + 20.

Los jefes de Estado y altos representantes nacionales llegaron a Brasil para adoptar la declaración llamada “El Futuro que queremos”.

La declaración acordada por 193 países sólo recoge el reconocimiento de la delicada situación ambiental del planeta. Contempla vagas promesas de "movilizar fondos" para la aplicación de las llamadas "políticas sustentables" y no contempla objetivos precisos para los países.

Como esperaban las organizaciones sociales reunidas en la Cumbre de los Pueblos, el texto instala definitivamente a la llamada "economía verde" como concepto articulador de políticas "en el contexto del desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza".

Cabe señalar que la "economía verde" es rechazada por esas organizaciones como propuesta para enfrentar la crisis climática.

En el texto oficial, los países se comprometen a trabajar "para promover el crecimiento económico sostenido e incluyente, el desarrollo social y la protección del medio ambiente".

Las negociaciones descartaron la posibilidad de dar mayor autonomía al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Sólo se instó a fortalecer su rol como autoridad para fijar la "agenda ambiental global".

Además de la marcha, las organizaciones sociales presentes en Río preparan un documento final del encuentro global. Ese texto será entregado a las autoridades en Río + 20.

La Cumbre de los Pueblos continuará durante toda esta semana en forma paralela a la reunión de Río + 20 en Río de Janeiro. [PÚLSAR]


La Cumbre de los Pueblos en Río de Janeiro rechaza “economía verde” [+ audios]

Se trata de la propuesta que impulsa la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible Río + 20.

El Gobierno brasileño anunció en la madrugada del martes el logro de un texto de consenso. Una plenaria diplomática retocaba ese documento esta mañana.

El canciller Antonio Patriota [Audio] anunció la entrega a las delegaciones nacionales del borrador del documento "El futuro que queremos".

Durante la mañana del martes se realizaba una plenaria en Río + 20 para hacer los últimos retoques a este texto.

Se espera que este martes comiencen a llegar las autoridades de alto nivel que cerrarán entre miércoles y viernes el proceso de negociaciones de Río + 20.

Independientemente del documento presentado, las organizaciones de la sociedad civil reunidas en la Cumbre de los Pueblos adelantaron su rechazo a la llamada “economía verde”. Es la principal propuesta de la Conferencia de Naciones Unidas.

Las organizaciones cuestionan que esta iniciativa coloca a los intercambios financieros como eje de las soluciones a la crisis climática.

Por otra parte, la Cumbre de los Pueblos que se realiza esta semana en Río de Janeiro intenta advertir sobre temas que son desatendidos en la Conferencia Río + 20, según señalan las organizaciones sociales.

Juan Carlos Jintiach, [Audio] de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), advirtió sobre la ausencia de consultas previas a las comunidades indígenas.

Además, señaló problemáticas como la propiedad de las tierras, la instalación de hidroeléctricas en América Latina y el avance de la deforestación. [PÚLSAR]

Economía verde versus Economía solidaria

Leonardo Boff.- El documento cero de la ONU para la Río +20 todavía es rehén del viejo paradigma de la dominación de la naturaleza para extraer de ella los mayores beneficios posibles para los negocios y para el mercado. A través de él y en él el ser humano busca sus medios de vida y subsistencia. La economía verde radicaliza esta tendencia, pues como escribió el diplomático y ecologista boliviano Pablo Solón «ella busca no sólo mercantilizar la madera de la selva sino también su capacidad de absorción de dióxido de carbono». Todo esto puede transformarse en bonos negociables por el mercado y por los bancos. De esta manera el texto se revela definitivamente antropocéntrico, como si todo se destinase al uso exclusivo de los humanos y la Tierra los hubiese creado solo a ellos y no a otros seres vivos que exigen también la sostenibilidad de las condiciones ecológicas para su permanencia en este planeta.

En resumen: "el futuro que queremos", lema central del documento de la ONU, no es otra cosa que la prolongación del presente. Éste se presenta amenazador y niega un futuro de esperanza. En un contexto como este, no avanzar es retroceder y cerrar las puertas a lo nuevo.

Hay además un agravante: todo el texto gira en torno a la economía. La pintemos de verde o de marrón, ella guarda siempre su lógica interna que se formula en esta pregunta: ¿cuánto puedo ganar en el menor tiempo, con la menor inversión posible, manteniendo una fuerte competitividad? No seamos ingenuos: el negocio de la economía vigente es el negocio. Ella no propone una nueva relación con la naturaleza sintiéndose parte de ella y responsable de su vitalidad e integridad. Muy al contrario, le hace una guerra total como denuncia el filósofo de la ecología Michel Serres. En esta guerra no tenemos ninguna posibilidad de vencer. Ella ignora nuestros intentos, sigue su curso incluso sin nuestra presencia. Tarea de la inteligencia es descifrar lo que ella nos quiere decir (por los eventos extremos, por los tsunamis, etc), defendernos de los efectos perjudiciales y poner sus energías a nuestro favor. Ella nos ofrece informaciones pero no nos dicta comportamientos. Estos debemos inventarlos nosotros mismos. Solamente serán buenos si están en conformidad con sus ritmos y ciclos.

Como alternativa a esta economía de devastación, si queremos tener futuro, necesitamos oponerle otro paradigma de economía de preservación, conservación y sostenimiento de toda la vida. Necesitamos producir, sí, pero a partir de los bienes y servicios que la naturaleza nos ofrece gratuitamente, respetando el alcance y los límites de cada biorregión, distribuyendo con equidad los frutos alcanzados, pensando en los derechos de las generaciones futuras y en los demás seres de la comunidad de vida. Ella adquiere hoy cuerpo a través de la economía biocentrada, solidaria, agroecológica, familiar y orgánica. En ella cada comunidad busca garantizar su soberanía alimentaria: Produce lo que consume, articulando a productores y consumidores en una verdadera democracia alimentaria.

La Río 92 consagró el concepto antropocéntrico y reduccionista de desarrollo sostenible, elaborado por el informe Brundland de 1987 de la ONU. Se transformó en un dogma profesado por los documentos oficiales, por los estados y empresas sin ser nunca sometido a una crítica seria. Secuestró la sostenibilidad sólo para su campo y así distorsionó las relaciones con la naturaleza. Los desastres que causaba en ella eran vistos como externalidades que no cabía considerar. Pero ocurre que estos se volvieron amenazadores, capaces de destruir las bases fisicoquímicas que sustentan la vida humana y gran parte de la biosfera. Esto no ha sido superado por la economía verde. Esta configura una trampa de los países ricos, especialmente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que produjo el texto teórico del PNUMA, Iniciativa de la Economía Verde. Con esto descartan astutamente la discusión sobre la sostenibilidad, la justicia social y psicológica, el calentamiento global, el modelo económico fracasado y el cambio de punto de vista, una mirada distinta sobre el planeta que pueda proyectar un futuro real para la humanidad y para la Tierra.

Junto con la Río +20 sería muy positivo rescatar también la Estocolmo+40. En esta primera conferencia mundial de la ONU realizada del 5 al 15 julio de 1972 en Estocolmo (Suecia) sobre el Ambiente humano, el foco central no era el desarrollo sino el cuidado y la responsabilidad colectiva por todo lo que nos rodea y que está en acelerado proceso de degradación, afectando a todos y especialmente a los países pobres. Era una perspectiva humanística y generosa, que se perdió con la carpeta cerrada del desarrollo sostenible y, ahora, con la economía verde.

- Leonardo Boff es Teólogo/Filósofo, autor de “Sustentabilidade: o que é e o que não é”, Vozes 2012.


Arranca Rio+20 en busca de un pacto para un planeta amenazado [+ video]

Foto AFP
Gobiernos del mundo entero se dan cita desde el miércoles en la conferencia de la ONU Rio+20 en busca de un compromiso para salvar el planeta, pero en medio de serias dudas sobre la posibilidad de lograr un acuerdo a la altura de lo que se requiere para su supervivencia, según AFP.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, que será la anfitriona del evento, llamó al "compromiso de todos los países del mundo" para alcanzar un acuerdo que responda a las acuciantes necesidades ambientales y sociales del planeta, al inaugurar en Rio de Janeiro el pabellón de Brasil en la conferencia.

La cumbre Rio+20, que se extenderá por 10 días, será la mayor conferencia de la ONU jamás realizada, con más de 50.000 participantes entre líderes de gobierno, la sociedad civil y el mundo empresarial, informó la organización.

Ministros de todo el mundo dedicarán los próximos tres días a definir un acuerdo que lleva meses en negociación y del que se estima que menos de un tercio ha sido consensuado. La ONU no descartaba que las negociaciones puedan extenderse hasta la cumbre oficial de líderes, del 20 al 22 de junio.

La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20 contará con decenas de actos paralelos organizados por movimientos civiles, empresas y grupos ecologistas que pondrán el acento en lo social y en el medio ambiente.

Un importante aporte es la Cumbre de los Pueblos, organizada por decenas de movimientos sociales internacionales y brasileños, es el principal evento alternativo y el que está dotado de un espíritu más crítico con el tono de las discusiones de los jefes de Estado, que se reúnen los días 20, 21 y 22 de junio.

Esta cumbre alternativa que va a reunir a unas 20.000 personas entre los días 15 y 22, contará con asambleas populares, manifestaciones y numerosas actividades culturales organizadas en el céntrico Aterro do Flamengo, según sus organizadores.

El objetivo principal de la Cumbre de los Pueblos es denunciar "las causas estructurales" de las crisis económica y ambiental, poner en evidencia las "falsas soluciones" propuestas por los Gobiernos y plantear "nuevos paradigmas" de desarrollo sostenible.

 


Documento de Río+20: escamoteo por países ricos contra los pobres

Numerosos desacuerdos, uno de ellos por la llamada economía verde, obligó a Naciones Unidas a agregar una semana más de negociaciones sobre el documento final de la próxima conferencia sobre Desarrollo Sostenible (Río+20), según PL.

La segunda ronda de discusiones debía concluir el pasado viernes con al menos 90 por ciento del trabajo terminado, pero una elevada cantidad de puntos polémicos forzó a agregar un nuevo espacio del 29 de mayo al 2 de junio.

Luego de esas jornadas, solo quedará una fase de negociación, fijada para comenzar en Río de Janeiro el 13 de junio, ocho días antes del inicio de la reunión de jefes de Estado y Gobierno, programada del 20 al 22 de ese mes.

Fuentes diplomáticas indicaron que el tema de la denominada economía verde, impulsado por los países industrializados y la propia ONU, concentra buena parte de la oposición de las naciones subdesarrolladas.

Entre los argumentos para ese rechazo está la pretensión encerrada en ese nuevo concepto para mercantilizar la cuestión de la lucha por el desarrollo sostenible y contra el cambio climático, sin alterar en nada los actuales patrones de producción y consumo en el mundo.

Tratan de imponer una noción que sirva de plataforma para colocar las reglas del mercado en el centro de las supuestas soluciones de los problemas del medio ambiente, la naturaleza y el desarrollo sostenible, aseguró un delegado latinoamericano.

Otro eje de polémicas radica en la idea de establecer una veintena "objetivos de desarrollo sostenible" para ser cumplidos por todos los países en un tiempo determinado.

Esas metas tratan sobre clima, energía limpia, biodiversidad, agua, mares y océanos, bosques, agricultura, centros urbanos y otros temas, pero siempre bajo el prisma mercantilista.

En el año 2000, la ONU estableció los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo cumplimiento total, fijado para 2015, ya resultan casi imposibles de alcanzar en algunos de sus aspectos.

Brasil condiciona discusión de concepto economía verde en Río+20

El ministro de Desarrollo Agrario José Vargas afirmó que el gobierno brasileño solo acepta discutir el concepto de economía verde en la Conferencia Río+20 si involucra sostenibilidad y progreso social.

"No hay problema en discutir el concepto (economía verde) desde que signifique una economía que priorice las actividades económicas y la inclusión social en primer lugar", así como a la reducción de la emisión de carbono y la preservación de los recursos naturales estratégicos, sostuvo Vargas, según un reporte de la Agencia Brasil.

Si es dentro de esos términos, no tenemos problemas en debatir sobre economía verde, pero no lo haremos si es para justificar otras cosas, aseveró Vargas, en alusión a la preocupación oficial de que ese tema sea usado por los países desarrollados para imponer medidas proteccionistas.

A pesar de ser uno de los principales asuntos en la agenda de la Río+20 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible), a celebrarse en junio venidero, existe desconfianza en los países en desarrollo de que la economía verde puede justificar medidas proteccionistas, barreras comerciales e imposición de patrones tecnológicos y precondiciones para recibir ayuda externa. [PL]

Economía verde: se fragua un negocio destructivo para la humanidad

Norelys Morales Aguilera.- El concepto de Economía Verde transcurre en las tres últimas décadas entre libros, expertos, movimientos sociales y organismos internacionales desde la necesidad de un desarrollo sostenible, definido como “el desarrollo que satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras”. [1]

Se necesita de forma apremiante ese desarrollo sustentable cuando  se ha llegado al punto de una crisis ambiental cada vez más profunda. Pero, al “Desarrollo Sustentable” lo han acabado rotulando como “Economía Verde” para emplear combustibles renovables pero continuar con el mismo sistema productivo, comercial, financiero y de consumo, que ha demostrado largamente ser insustentable.

En la Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro, Brasil, en 1992, los gobiernos del mundo reconocieron que el planeta atravesaba una severa crisis ambiental. Fue el momento del visionario llamado de Fidel Castro: una especie está en riesgo de extinción.

Sin embargo, no hubo cambios sustantivos debido al sistema capitalista y su lógica de crecimiento inhumano. Los intereses creados fueron más fuertes y  las respuestas fueron las salidas neoliberales que han significado la mercantilización de la naturaleza. El cuadro resulta sombrío pese a la publicidad bucólica que imponen los medios y el lucro propagandístico. 

Apenas 147 empresas trasnacionales controlan el 40 por ciento del volumen total de ventas de todas las del globo. Están estrechamente interconectadas a través de acciones y participaciones entre ellas, constituyendo una súper entidad global que ejerce un control enorme sobre mercados, producción y políticas nacionales e internacionales. Las tres cuartas partes de estas 147 súper poderosas son bancos e intermediarios financieros, que a su vez tienen un importante porcentaje de acciones en las mayores empresas de capital productivo. [2]

Hacia Rio+20

Bajo estos presupuestos, de cara a la cumbre Rio+20 (20 al 22 de Junio)  la principal propuesta de los países ricos es su “economía verde” con el objetivo de crear un ambiente propicio para la inversión privada en el agua, la biodiversidad, los océanos, los bosques, etc. Estos incentivos a la inversión privada incluyen desde asignarle precio al agua hasta garantizar las utilidades del inversionista privado. 

Para la “economía verde” el desequilibrio con nuestro medio ambiente se debe a que no se trató a la naturaleza como un “capital”. Por eso pregonan un capitalismo tridimensional que incluya no sólo a las máquinas y a los seres humanos, sino también a la naturaleza.

La “economía verde” lejos de generar productos reales y tangibles desarrollará un mercado ficticio de bonos y certificados financieros que se negociaran a través de los bancos. La gran banca que provocó la crisis financiera del 2008, y luego fue premiada con trillones de dólares de fondos públicos, ahora tendrá a su disposición a la Naturaleza para especular y realizar fabulosas ganancias. 

Los países ricos esperan que Rio+20 le dé un mandato a las Naciones Unidas para empezar a desarrollar un conjunto de indicadores y mecanismos de medición que creen las bases para un mercado mundial de servicios ambientales y de los ecosistemas, según el analista Pablo Solón. O sea, van por un nuevo negocio con la naturaleza que los haga más ricos.

Por su parte, los mal llamados en desarrollo no han articulado una verdadera plataforma alternativa viable: esencialmente están planteando propuestas ya acordadas en el marco de las Naciones Unidas que nadie cumple y de las que los ricos se burlan.  

Cambiar las reglas del juego

Urge pasar de las consideraciones a los hechos. Se trata de forjar una articulación en todos los países. Pronunciarse y movilizarse  en contra de la “economía verde” mercantilizadora de la naturaleza para avanzar en un camino de articulación práctica a las propuestas que vienen desde los pueblos como son el Acuerdo de los Pueblos de Tiquipaya y los debates del Foro Social Porto Alegre.

En 2010 Bolivia realizó la Conferencia Mundial de los pueblos sobre cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra en Tiquipaya, Cochabamba. Allí, con la participación de 35000 personas de los cuales 9000 eran delegados internacionales, se aprobó una propuesta que va mucho más allá del desarrollo sostenible porque plantea que no sólo hay que buscar el bienestar de las generaciones futuras sino el bienestar de la Madre Tierra. 

En ese sentido se planteó un proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y se hizo una serie de proposiciones para que los presupuestos militares y de defensa se destine a la preservación de la naturaleza, para que se promueva la soberanía alimentaria en oposición al agronegocio, para que se prohíban la geoingeniería y los organismos genéticamente modificados, para que los servicios básicos estén bajo control de la sociedad y no sean privatizados, para que se preserven los derechos de los pueblos indígenas incluyendo el derecho a la consulta libre previa e informada, para que no se mercantilicen los bosques a través de REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques), etc, etc.

Los debates del Foro de Porto Alegre este año 2012 permitieron vislumbrar líneas de alternativas a presentarse y sobre las que habrá que presionar para que entren en las agendas políticas nacionales e internacionales, con la centralidad y la defensa de los bienes comunes de la humanidad como respuesta a la mercantilización, privatización y financierización de la vida, implícita en el concepto de “economía verde”, según señala Boaventura de Sousa Santos.[3
 
Así, también el pasaje gradual de una civilización antropocéntrica a una civilización biocéntrica, lo que implica reconocer los derechos de la naturaleza; redefinir el buen vivir y la prosperidad de modo que no dependan del crecimiento infinito, entre otros tópicos. 

Nunca como hoy hubo más conciencia de que la mercantilización neoliberal de la naturaleza no es el camino para solucionar la crisis ambiental y salvar al planeta, pero si verdaderamente no se obliga a los ricos a una negociación justa, frente a sus abusos como el Protocolo de Kioto, puede ser demasiado tarde para todos. [ESPECIAL PARA CUBAHORA.CU]

Notas:


Viejos caminos con ropajes nuevos: el negocio se viste de verde

La humanidad transita viejos caminos con ropajes nuevos. El actual modelo civilizatorio, que se presenta como hegemónico pero en realidad corresponde a una minoría del planeta, lo está arrastrando hacia sus límites, enfrentándolo a múltiples crisis.

En la Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro, Brasil, en 1992, los gobiernos del mundo reconocieron que el planeta atravesaba una severa crisis ambiental. A partir del famoso informe Brundtland surgió el concepto del “Desarrollo Sustenable”, un tipo de desarrollo según el cual sería posible mantener y aumentar el crecimiento sin poner en riesgo las futuras generaciones. A partir de ese momento se adoptaron una serie de Convenciones sobre Biodiversidad, Desertificación y Cambio Climático que supuestamente estaban dirigidas a frenar la crisis ambiental.

Parecía que el futuro de la humanidad tenía una chance. Sin embargo no se abordó la raíz del problema: el sistema capitalista y su lógica de crecimiento sin fin. Los intereses creados fueron más fuertes y en lugar del cambio necesario la respuesta fue abrazar e impulsar animosamente salidas neoliberales que han significado la mercantilización de la naturaleza.

Ahora, 20 años después, rumbo a otra Cumbre en Río, la crisis ambiental se ha profundizado y el “Desarrollo Sustentable” lleva el rótulo de “Economía Verde”. Incorporada en 2008 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la “Economía Verde” plantea cambiar a combustibles renovables pero continuar con el mismo sistema productivo, comercial, financiero y de consumo, que ha demostrado largamente ser insustentable.

Sin duda que la propuesta beneficia a las principales economías capitalistas que, sumidas en graves crisis financieras y económicas, encuentran en la “economía verde” una salida para que sus empresas puedan nuevamente acumular capital y obtener más ganancias a partir de actividades productivas y también especulativas. Se trata de redireccionar las inversiones hacia la naturaleza – que se transforma en ´capital natural´– además de invertir en nuevas tecnologías supuestamente limpias -como el uso de la biomasa- y en el ´mercado de emisiones de carbono´.

En ese marco el concepto de pago por servicios ambientales está en el centro de la tormenta. “La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad” (TEEB por su sigla en inglés), una propuesta del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha sido instrumental para asignarle valor económico a la biodiversidad – un obstáculo importante para los impulsores del comercio de la naturaleza.

En esa perspectiva, los “servicios ambientales” y su “comercialización” se tornaron un elemento central de la “Economía Verde”. El resultado será, según Silvia Ribeiro del grupo ETC que monitorea e investiga este proceso, una “mayor mercantilización y privatización de la naturaleza y de los ecosistemas, integrando sus funciones (definidas como ‘servicios') a los mercados financieros". 

Los mercados de carbono entran en esta lógica perversa. Si bien su origen es anterior a la difusión actual del concepto de “Economía Verde”, son una muestra de cómo se pretende mercantilizar y por lo tanto privatizar el aire, el agua, los bosques, la diversidad.

Artículo completo Mujeres en alerta ante el negocio vestido de verde

“Economía verde”: trampa de los ricos para mercantilizar también la Naturaleza

Norelys Morales Aguilera.- Del 20 al 22 de Junio se llevará a cabo en Rio de Janeiro la Conferencia  Rio+20. Asistirán numerosos jefes de estado para sacarse una foto y hacer discursos, pero el documento que será aprobado está siendo arreglado en las rondas de negociación que actualmente se llevan a cabo en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, según el analista Pablo Solón.

La próxima ronda de negociación será del 23 de abril al 4 de Mayo. Es fundamental forjar una articulación en todos los países para pronunciarnos y movilizarnos en contra de la economía verde mercantilizadora de la naturaleza y para avanzar por un camino que recoja las propuestas que vienen desde los pueblos como es el Acuerdo de los Pueblos de Tiquipaya, continúa un artículo de Ecoportal.net. [1]

La principal propuesta para Rio+20 de los países ricos es la “economía verde”. Ellos buscan desarrollar a nivel mundial un conjunto de indicadores y medidas para cuantificar y valorizar económicamente las distintas funciones de la naturaleza para introducirlas al mercado a través de una serie de mecanismos financieros.

Su “economía verde” busca no sólo la mercantilización de la parte material de la naturaleza sino la mercantilización de los procesos y funciones de la naturaleza a través del comercio de los servicios de los ecosistemas. En otras palabras, la “economía verde” busca ya no sólo mercantilizar la madera de los bosque sino la capacidad de absorción de dióxido de carbono de los bosques.

Para la “economía verde” el desequilibrio con nuestro medio ambiente se debe a que no se trató a la naturaleza como un “capital”. Por eso pregonan un capitalismo tridimensional que incluya no sólo a las máquinas y a los seres humanos, sino también a la naturaleza. 

El objetivo de la “economía verde” es crear un ambiente propicio para la inversión privada en el agua, la biodiversidad, los océanos, los bosques, etc. Estos incentivos a la inversión privada incluyen desde asignarle precio al agua hasta garantizar las utilidades del inversionista privado.

La “economía verde” lejos de generar productos reales y tangibles desarrollará un mercado ficticio de bonos y certificados financieros que se negociaran a través de los bancos. La gran banca que provocó la crisis financiera del 2008, y luego fue premiada con trillones de dólares de fondos públicos, ahora tendrá a su disposición a la Naturaleza para especular y realizar fabulosas ganancias.

Los países ricos esperan que Rio+20 le dé un mandato a las Naciones Unidas para empezar a desarrollar un conjunto de indicadores y mecanismos de medición que creen las bases para un mercado mundial de servicios ambientales y de los ecosistemas.

Los países en desarrollo están incómodos con este concepto, ya que puede significar cosas distintas para diferentes personas. Su temor es que este término, de ser aceptado demasiado genéricamente, pueda permitir que los temas ambientales sean utilizados como base para un proteccionismo comercial o la inclusión de nuevos condicionamientos a la hora de otorgar ayuda y préstamos. [2]

Sin embargo, mientras los países ricos van por un nuevo negocio con la naturaleza que los haga más ricos, los países en vías de desarrollo están a la defensiva, sin que se haya informado que se estén debatiendo los acuerdos de la Conferencia Mundial de los pueblos sobre Cabio Climático y los derechos de la Madre Tierra, celebrada en Tiquipaya, Bolivia. 

Por su parte, el borrador actual contiene una propuesta según la cual la Organización Mundial del Comercio (OMC) debería cambiar sus normas a efectos de que los países puedan utilizar medidas comerciales sobre un producto en función de la forma en que es elaborado. En otras palabras, la contaminación o las emisiones que se provocan cuando se fabrica el producto pueden convertirse en la base de aranceles que se le aplicarían. Las normas actuales de la OMC no permiten esto, o por lo menos lo desestimulan.

Los países europeos quieren un mapa de ruta elaborado de la economía verde, con objetivos y metas, para que sea adoptado en la cumbre. Los países en desarrollo, por su parte, pretenden restringir el texto de la economía verde a principios amplios y acercarlo lo más posible al desarrollo sustentable, algo que no será viable ante el empuje de las economías poderosas, que ya organizan la trampa.

[1] http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Que_pasa_en_la_Negociacion_para_Rio_20
[2] http://rio20.net/documentos/temas-candentes-en-rio20