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IV Cumbre CELAC: La disputa entre dos modelos de integración regional
Obscenos despilfarros
Carlos Ayala Ramírez.-- Según Evangelii gaudium, la exhortación apostólica del papa Francisco, en la cultura predominante el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Y explica que una de las causas de esta situación es la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos sin problema su prevalencia sobre la persona y la sociedad. Pues bien, reconocido esto, podemos afirmar que una de sus principales consecuencias es el despilfarro irresponsable en distintas áreas de la vida. Hay despilfarro de alimentos, de agua, de energía. Despilfarro en los gastos militares, en la asignación de los fondos públicos, en la dinámica del motor capitalista que apuesta por una producción y consumo sin límite. Despilfarro en el mundo del deporte y la tecnología, y en el estilo de vida de los sectores y países ricos. Veamos algunos datos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que el volumen mundial de despilfarro de alimentos ronda los 1,600 millones de toneladas y que solo un bajo porcentaje de los alimentos desperdiciados es compostado; una gran parte termina en los vertederos y representa un porcentaje elevado de los residuos sólidos urbanos. Asimismo, reporta que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician equivale al caudal anual del río Volga en Rusia, o tres veces el volumen del lago de Ginebra. En la producción de esos alimentos se usan 1,400 millones de hectáreas, equivalentes al 28% de la superficie agrícola del mundo. El monto en metálico del despilfarro de alimentos (excluyendo el pescado y el marisco) alcanza los 750 millones de dólares anuales.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que el volumen mundial de despilfarro de alimentos ronda los 1,600 millones de toneladas y que solo un bajo porcentaje de los alimentos desperdiciados es compostado; una gran parte termina en los vertederos y representa un porcentaje elevado de los residuos sólidos urbanos. Asimismo, reporta que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician equivale al caudal anual del río Volga en Rusia, o tres veces el volumen del lago de Ginebra. En la producción de esos alimentos se usan 1,400 millones de hectáreas, equivalentes al 28% de la superficie agrícola del mundo. El monto en metálico del despilfarro de alimentos (excluyendo el pescado y el marisco) alcanza los 750 millones de dólares anuales.
Crisis española hace que cubanos regresen a la isla para crear negocios [+ video]
Antiguos inmigrantes cubanos que vivieron en España regresan a Cuba, debido a la crisis económica, para crear pequeños negocios que les ha permitido a 430.000 personas ser independientes gracias a las reformas económicas que ha llevado adelante el gobierno.
Crisis española hace que cubanos regresen a la... por islamiacu
Fuente: HolaCiudad.com
Fuente: HolaCiudad.com
Cronopiando: “Vienen tiempos muy duros”
Lo acaba de advertir el rey mientras despedía al gobierno que sale y daba la bienvenida al gobierno que llega.
Hace algo más de diez años, un día, el informativo de Televisión Española nos puso al corriente de la renovación de la flota de aviones de Iberia. A un costo de 2.500 millones de dólares y durante seis años, unos 80 nuevos aviones irían sustituyendo a los existentes, pero más que la noticia me llamó la atención entonces el tono de despilfarradora euforia con que el locutor anunciaba la buena nueva y que, además, completó con las ya tradicionales estadísticas que situaban la orden de compra española como la más importante, por su volumen, de la historia de Europa. O lo que es lo mismo, que nunca antes un país europeo se había gastado tanto dinero comprando aviones.
Me llamó la atención el desmedido entusiasmo del locutor del informativo porque tú, como yo, seguro que estás acostumbrado a escuchar las quejas de quienes luego de ir de compras al supermercado, regresan a casa lamentando los precios que debieron pagar. “¡Cincuenta euros y no he podido comprar ni la mitad de lo que necesitaba! A nadie, en esas circunstancias se le ocurre volver a casa para comunicarte entre saltos de alegría que acaba de hacer una compra ruinosa y que ningún vecino se ha dejado tantos cuartos en la registradora del supermercado. Nadie te va a confesar alborozado que ha batido el récord del barrio en pago de facturas.
Siguieron pasando los años y sucediéndose las compras y los gastos millonarios en el mismo exultante tono: aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros, estadios olímpicos sin deportistas… Los campos se llenaron de hoyos, pero no para sembrar patatas sino para “birdie”, para “eagle”, dado que pronto nos convertiríamos en el país europeo en contar con más campos de golf.
Otro día, volví a asistir en el mismo informativo a una nueva exhibición de júbilo, tan exultante como la que citaba al principio, cuando nos informaron la compra, a cargo del Ministerio de Defensa del Estado español, de 24 misiles estadounidenses Tomahawk.
A un coste de 72 millones de euros, la operación incluía la integración de los artefactos en fragatas y submarinos. Con la elegancia que requería la noticia y el imprescindible toque de entusiasmo que aportó el locutor, la armada española dispondría de un misil capaz de alcanzar un objetivo situado a 1.600 kilómetros de distancia con un margen de error de sólo diez metros y sin necesidad de arriesgar a sus pilotos. Todo lo cual, agregaba alborozado el locutor, “posibilitará que España se convierta en el tercer país del mundo en disponer de dicha arma, tras Estados Unidos y Reino Unido”. El uso de los misiles, siguió el locutor ponderando las virtudes de la compra, quedará limitado a las ocasiones en que las Fuerzas Armadas españolas operen en coalición con las de Estados Unidos.
Nadie, cuando vuelve del supermercado, extiende regocijado su compra sobre la mesa mientras declara al resto de la familia, entre ovaciones, que acaba de hacer la compra más cara del año y que sólo el vecino del 2-B y el del 1-A han comprado tantas y tan caras angulas.
Lo normal es que tus compras en el supermercado se discutan en familia, se cotejen los precios, se comparen ofertas, se elija el día más adecuado, se busque la mejor manera de comprar lo imprescindible y pagar lo inevitable. Y a nosotros, al menos todavía, no hay cláusula de compra, como en el caso de los misiles, que nos obligue a que la merluza que compramos en la pescadería, además de pagarla, debamos comérnosla con la dependienta, pero quienes regían los destinos del mercado que, por cierto, siguen siendo los mismos que hoy lo dirigen, no compartían nuestra desconfianza y hasta lamentaban no haber gastado algunos millones más en circuitos para Fórmula-1, familias reales, guerras de perejil, visitas del Papa, finos trajes o medallas de oro del Congreso estadounidense, aunque fuese a costa de eliminar subsidios, de recortar derechos, de aumentar el desempleo.
Claro que, había una clara diferencia entre sus compras y las nuestras que explicaba por qué a nosotros nos alarmaba e indignaba el despilfarro y a ellos les daba risa, y es que nuestras cuentas debíamos pagarlas nosotros y las de ellos… también.
Hoy, mientras siguen, porque siguen los mismos, multiplicando dislates y beneficios, ya en otro tono, nos reprochan haber vivido por encima de nuestras posibilidades y nos anuncian, sin cuidar ni el disimulo, como si ni si quiera conserváramos la memoria, que vienen tiempos muy duros y que, a partir de ahora, hay que pagar el café.
Hace algo más de diez años, un día, el informativo de Televisión Española nos puso al corriente de la renovación de la flota de aviones de Iberia. A un costo de 2.500 millones de dólares y durante seis años, unos 80 nuevos aviones irían sustituyendo a los existentes, pero más que la noticia me llamó la atención entonces el tono de despilfarradora euforia con que el locutor anunciaba la buena nueva y que, además, completó con las ya tradicionales estadísticas que situaban la orden de compra española como la más importante, por su volumen, de la historia de Europa. O lo que es lo mismo, que nunca antes un país europeo se había gastado tanto dinero comprando aviones.
Me llamó la atención el desmedido entusiasmo del locutor del informativo porque tú, como yo, seguro que estás acostumbrado a escuchar las quejas de quienes luego de ir de compras al supermercado, regresan a casa lamentando los precios que debieron pagar. “¡Cincuenta euros y no he podido comprar ni la mitad de lo que necesitaba! A nadie, en esas circunstancias se le ocurre volver a casa para comunicarte entre saltos de alegría que acaba de hacer una compra ruinosa y que ningún vecino se ha dejado tantos cuartos en la registradora del supermercado. Nadie te va a confesar alborozado que ha batido el récord del barrio en pago de facturas.
Siguieron pasando los años y sucediéndose las compras y los gastos millonarios en el mismo exultante tono: aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros, estadios olímpicos sin deportistas… Los campos se llenaron de hoyos, pero no para sembrar patatas sino para “birdie”, para “eagle”, dado que pronto nos convertiríamos en el país europeo en contar con más campos de golf.
Otro día, volví a asistir en el mismo informativo a una nueva exhibición de júbilo, tan exultante como la que citaba al principio, cuando nos informaron la compra, a cargo del Ministerio de Defensa del Estado español, de 24 misiles estadounidenses Tomahawk.
A un coste de 72 millones de euros, la operación incluía la integración de los artefactos en fragatas y submarinos. Con la elegancia que requería la noticia y el imprescindible toque de entusiasmo que aportó el locutor, la armada española dispondría de un misil capaz de alcanzar un objetivo situado a 1.600 kilómetros de distancia con un margen de error de sólo diez metros y sin necesidad de arriesgar a sus pilotos. Todo lo cual, agregaba alborozado el locutor, “posibilitará que España se convierta en el tercer país del mundo en disponer de dicha arma, tras Estados Unidos y Reino Unido”. El uso de los misiles, siguió el locutor ponderando las virtudes de la compra, quedará limitado a las ocasiones en que las Fuerzas Armadas españolas operen en coalición con las de Estados Unidos.
Nadie, cuando vuelve del supermercado, extiende regocijado su compra sobre la mesa mientras declara al resto de la familia, entre ovaciones, que acaba de hacer la compra más cara del año y que sólo el vecino del 2-B y el del 1-A han comprado tantas y tan caras angulas.
Lo normal es que tus compras en el supermercado se discutan en familia, se cotejen los precios, se comparen ofertas, se elija el día más adecuado, se busque la mejor manera de comprar lo imprescindible y pagar lo inevitable. Y a nosotros, al menos todavía, no hay cláusula de compra, como en el caso de los misiles, que nos obligue a que la merluza que compramos en la pescadería, además de pagarla, debamos comérnosla con la dependienta, pero quienes regían los destinos del mercado que, por cierto, siguen siendo los mismos que hoy lo dirigen, no compartían nuestra desconfianza y hasta lamentaban no haber gastado algunos millones más en circuitos para Fórmula-1, familias reales, guerras de perejil, visitas del Papa, finos trajes o medallas de oro del Congreso estadounidense, aunque fuese a costa de eliminar subsidios, de recortar derechos, de aumentar el desempleo.
Claro que, había una clara diferencia entre sus compras y las nuestras que explicaba por qué a nosotros nos alarmaba e indignaba el despilfarro y a ellos les daba risa, y es que nuestras cuentas debíamos pagarlas nosotros y las de ellos… también.
Hoy, mientras siguen, porque siguen los mismos, multiplicando dislates y beneficios, ya en otro tono, nos reprochan haber vivido por encima de nuestras posibilidades y nos anuncian, sin cuidar ni el disimulo, como si ni si quiera conserváramos la memoria, que vienen tiempos muy duros y que, a partir de ahora, hay que pagar el café.
Pobres ricos.
En medio de la crisis del capitalismo, las perspectivas de futuro son contradictorias. Para las burguesías y los empresarios se trata de un momento amargo. Practicar la lujuria, la gula, la avaricia, la envidia o la soberbia está mal visto en momentos de recesión. Las plutocracias se ven obligadas a ocultar su obscena forma de vida con el fin de que no las ataquen. Los dueños de grandes fortunas se sienten víctimas. Ellos, dirán, no son culpables del actual desaguisado. La responsabilidad es de los gobiernos, los que, independientemente de su color político, se mostraron incapaces de actuar a tiempo, dejando crecer la burbuja especulativa y financiera. Por consiguiente, ahora les toca hacer frente a su desidia. En otras palabras, gobernar con mano de hierro. La tarea: salvar al capitalismo de su colapso.
En esta dinámica, se perfilan las medidas de austeridad. Todas cortadas por el mismo patrón. Rebajan los salarios, congelan las pensiones, abaratan el despido, suben el IVA y reducen las inversiones públicas en salud, educación o vivienda social. Bajo este paraguas se busca reducir el déficit fiscal, olvidando que su origen, entre otras cosas, está motivado por la aportación de miles de millones de euros o dólares del erario público, destinados a salvar la banca privada.
Para que no los tilden de parcialidad y los acusen de hacer que recaigan los efectos de la crisis en las clases populares, los ricos y acaudalados miembros de las oligarquías políticas, financieras e industriales se reparten el papel. A quienes gobiernan se les pide dar ejemplo. Si primero se subieron los sueldos, ahora les llegó el tiempo de apretarse el cinturón.
En un acto de constricción moral diputados, senadores, alcaldes y presidentes de gobierno o de Estado, en España salvo el rey, renuncian a los coches oficiales, a viajar en primera clase o a los privilegios inherentes al cargo. En este afán ahorrador, aparcan los BMW, Audi o Mercedes Benz y se decantan por los utilitarios. No faltan los que se arriesgan al límite y optan por el transporte público. Todo un catálogo de virtudes. Con dichos gestos quieren trasladar a la población una nueva imagen de políticos responsables y serios. En tiempos de vacas flacas no se debe presumir de riqueza.
El Estado neoliberal protege a los delincuentes de cuello blanco. No actúa contra ellos, y si lo hace es de forma excepcional. Siempre es bueno contar con un chivo expiatorio. Lava la cara y de paso crea una cortina de humo. Nunca persigue de manera sistemática a quienes defraudan a la hacienda pública, la seguridad social y evaden capitales. Sirva como ejemplo la actual reforma laboral. Mientras se avala el despido exprés por razones objetivas del empresario evitando con ello pagar indemnizaciones, los gerentes de bancos, directivos, miembros de los consejos de administración y altos cargos siguen blindándose ante la crisis. Sus nóminas no sufren recortes y sus contratos contemplan el abono de millones de euros en caso de despido.
No cabe duda, la vida de los ricos está llena de sinsabores. En estos momentos se sienten observados, criticados y maldecidos por quienes no comprenden lo difícil que es elegir entre comprar un reloj de diamantes o de platino. Tarea compleja a la cual se debe unir el estrés provocado por la indecisión de adquirir un yate o un Maserati. La verdad, son unos auténticos sufridores. Seres débiles y frágiles a los cuales debemos agradecer sus actos de beneficencia en pro de la comunidad.Siempre están pensando en los más débiles y necesitados.
Tienen un espíritu cristiano sin igual. Cuando unen sus esfuerzos, organizan cenas con el fin de recaudar fondos para los niños hambrientos del tercer mundo. Asimismo, abren fundaciones y dedican una parte ínfima de sus astronómicas fortunas a realizar obras de caridad. Por citar dos nombres relevantes de nuevos ricos, tanto a George Soros como a Billy Gates, o si se quiere en menor medida a Carlos Slim, les gusta que los vean como los Médici del siglo XXI.
Compran pinturas, esculturas, incunables, joyas o cualquier bien mueble o inmueble que posea un valor de cambio elevado y sea único en su especie. Tampoco este comportamiento es exclusivo de quienes amasan fortunas particulares. Este comportamiento no difiere del practicado por los grandes bancos y las empresas transnacionales. BSHC, Santander, Nestlé, Endesa, Telefónica o Petrobras otorgan becas doctorales, posdoctorales, se comprometen con el medio ambiente, la naturaleza y patrocinan investigaciones sobre el cáncer, el genoma humano y las nuevas tecnologías. Les falta tiempo para apadrinar estudios sobre energías alternativas o convertirse en auspiciadores de equipos de futbol, ciclismo, baloncesto, Fórmula Uno, atletismo o regatas.
Todo, claro está, debidamente complementado y acorde con las leyes recaudatorias. Aquello que destinan a obra social tiene sus compensaciones. Desgrava y facilita seguir acumulando capital y engordando el patrimonio. Qué más podemos pedir. Al fin y al cabo son unos auténticos benefactores. Crean sus museos, salas de exposición y permiten que los mortales contemplen sus posesiones considerándolo un acto desinteresado y humanitario.
Cómo les vamos a exigir un comportamiento simple. Debemos dejarlos en libertad para practicar los pecados mundanos. El robo, la usura, la lujuria, la gula y cualesquiera que sirva para sus fines de mecenazgo. Pobres ricos, son santos a quienes hay que venerar. Su vida está llena de peligros y encima son unos incomprendidos. ¡Qué fatalidad!
Fuente: Crônicas e Críticas da América Latina
Raúl: Ahí está la tierra y aquí los cubanos

¡200 mil holgüineros amanecieron junto a Raúl!
El presidente Raúl Castro, destacó la actitud de los cubanos tras el paso de devastadores huracanes en 2008, y afirmó que realmente han sido meses difíciles y de arduo trabajo.
Añadió Raúl que de un extremo a otro de la nación se ha puesto de manifiesto la capacidad de resistencia, organización y solidaridad del pueblo cubano.
Crecen los ejemplos de cómo se debe trabajar en estos tiempos, esa fue la actitud asumida por los holgüineros tras el paso del huracán Ike, así sucedió en todas partes, muchos compañeros se mantuvieron movilizados, lejos de sus familias, aunque las suyas estuvieran también afectadas, afirmó.
Confiaron en la Revolución y cumplieron las tareas asignadas, reiteró.
Raúl destacó la solidaridad demostrada en el enfrentamiento a los huracanes y señaló que dice mucho de nuestro pueblo el acoger en sus hogares a vecinos cuyas casas no ofrecen seguridad ante este tipo de adversidades.
En esos valores está educado el pueblo cubano, en la genuina solidaridad, comparte lo que tiene con sus hermanos, sean cubanos o de otras tierras, no lo que le sobra, y aquí generalmente no sobra nada, acotó.
En esa misma medida el pueblo cubano agradece la ayuda, los gestos de solidaridad y apoyo recibido desde diversos rincones del planeta, y reconoció especialmente la labor de la fundación interreligiosa Pastores por la Paz, a su líder, el reverendo Lucius Walker, a los integrantes de la XX Caravana de la Amistad EE.UU.-Cuba, y a la brigada Venceremos que arribó a su 40 aniversario.
Los daños de los huracanes a la vivienda son un asunto muy serio, apuntó Raúl, y citó que solo en Holguín resultaron afectadas cerca de 125 mil, de las cuales se han recuperado alrededor de la mitad.
A nivel nacional, si se agregan a las dañadas por estos tres ciclones, las pendientes de huracanes anteriores, suman más de 600 mil, al cierre 2008. Por eso alerté que se requería tiempo para resolver esa situación, agregó.
Es significativo que hasta el 20 de julio estuviera solucionado el 43 por ciento de las afectaciones, o sea más de 260 mil viviendas, indicó, y dijo que no obstante resta "muchísimo trabajo por hacer".
Es necesario evitar que vuelvan a acumularse en el futuro esas enormes cifras, teniendo en cuenta que por cambio climático los científicos pronostican que los huracanes podrían ser de mayor intensidad y más frecuentes.
Igualmente se trabaja para estar en condiciones de prevenir y afrontar los efectos de los recurrentes periodos de sequía, mediante diversas medidas, entre ellas el trasvase de agua incluso de una provincia a otra, remarcó Raúl.
Dijo que a Holguín le ha correspondido una gran responsabilidad, por ser una extensa provincia con más de un millón de habitantes y con una gran incidencia en la economía, y ratificó que la selección del territorio como sede es un premio al esfuerzo y al trabajo realizado.
Felicitamos a los holgüineros y holgüineras, a Miguel Díaz Canel Bermúdez, primer secretario del PCC en la provincia en ese momento difícil y en los años previos que también fueron de intensa trabajo, y a Jorge Cuevas Ramos, actual primer secretario en Holguín, agregó.
También felicitó a las provincias destacadas "sin dejar de conocer al esfuerzo realizados por todas", a los compatriotas de Pinar del Rio y la Isla de la Juventud que afrontaron daños sumamente severos, así como a camagüeyanos y tuneros, en particular a los habitantes de Santa Cruz del Sur y Guayabal, con afectaciones severas y en algunos casos con la destrucción casi total.
En su intervención el segundo secretario del PCC se refirió a temas económicos, a las obras hidráulicas que se ejecutan y puntualizó la necesidad de hacer producir a la tierra.
Ahí está la tierra y aquí los cubanos, veremos si producimos o no, no queda más remedio que hacerla producir, significó al referirse al tema abordado hace dos años en Camagüey un día como hoy.
No podemos sentirnos tranquilos si hay una sola hectárea sin utilizar, esperando porque la trabajen, y recalcó que tierra que no sirve para producir alimentos debe servir para sembrar árboles.
Raúl anunció importantes reuniones en los próximos días, entre ellas una de Consejo de Ministros para analizar el segundo recorte presupuestario ante la crisis financiera internacional, un pleno del comité Central del Partido y las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que debatirá, entre otros asuntos, el proyecto de ley de la Contraloría General de la República. (AIN)
Texto íntegro del Discurso de Raúl en Holgüin
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