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Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme: Díaz-Canel

CUBA NO AMENAZA,

CUBA ES CONSTANTEMENTE

AMENAZADA

En más de seis décadas de Revolución socialista, a noventa millas de EE.UU, jamás ha salido de este territorio una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional de ese país.

En todo caso, y así está probado, documentado y hasta reconocido por organismos internacionales y agencias estadounidenses de administraciones anteriores, #Cuba ha contribuido con EE.UU a preservar su seguridad en el enfrentamiento a delitos transnacionales de diversa índole.

Contrario a cualquier amenaza hacia EE.UU, Cuba ha sido objeto de incontables acciones ofensivas fraguadas desde ese territorio, en todos estos años de Revolución, que han dejado miles de cubanos heridos o muertos.

Cuba ha debido trabajar en todo este tiempo para enfrentar con firmeza y serenidad las amenazas que llegan desde EE.UU y así seguiremos hasta las últimas consecuencias.

Señalar a Cuba como amenaza es, en primer lugar, cínico. Por lo que prueba la historia y por lo que dicen los hechos ahora mismo: cada día sale una nueva amenaza de EE.UU hacia Cuba. 

Señalar a Cuba como amenaza, mientras se decretan medidas coercitivas adicionales y se acusa a su gobierno de incapaz de sostener mínimamente su economía, es tan incoherente y fantasioso que ni quienes promueven la tesis son capaces de sostenerla con argumentos sólidos.

Todo forma parte de una construcción narrativa sobre la cual seguir asfixiando al pueblo cubano, además de escalar a un conflicto que pudiera tener consecuencias inimaginables para nuestros pueblos y región.

Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme.

La situación del Sistema Electroenergético Nacional es particularmente tensa en los últimos días. 

Para la jornada de hoy se pronostica un déficit de más de 2 mil MW en el horario de máxima demanda o pico nocturno.

Ese dramático agravamiento tiene una única causa:  el genocida bloqueo energético al que EE. UU somete a nuestro país, amenazando con aranceles irracionales a cualquier nación que nos provea de combustible.

Este miércoles, por ejemplo, lo que se deja de generar en #Cuba por indisponibilidad de combustibles, provocado por ese cerco criminal, asciende a 1 100 MW.

La mejor demostración de lo que afirmamos está en el sensible mejoramiento del servicio en el mes de abril. La entrada a puerto cubano de un solo un buque de combustible, de ocho que se necesitan como mínimo cada mes, permitió reducir el déficit y con ello los apagones que, aunque no desaparecieron del todo, lograron atenuarse.

En días recientes, medios estadounidenses que sirven a la agenda belicosa de agencias federales de ese país, mostraron desconcierto frente a la heroica resistencia del pueblo cubano, y la firmeza e inquebrantable unidad de nuestro Gobierno. 

Han tenido que reconocer que, pese a las cruentas medidas de asfixia económica y energética que EE.UU ha decretado, #Cuba sigue en pie, no es un estado fallido.

Admiten con ello que la crisis que nos atenaza es fruto de la severa guerra económica que nos imponen y de la  persecusión energética. 

En resumen: lo que los voceros del régimen estadounidense tratan de mostrar al mundo como consecuencia directa de una mala gestión del Gobierno cubano, es en realidad el resultado de un perverso plan que pretende llevar a niveles extremos las carencias y dificultades del pueblo.

Ni el bloqueo implantado hace más de seis décadas, ni las 243 medidas de  recrudecimiento impuestas por la anterior administración de Trump, pudieron destruir la Revolución.

Por eso adoptaron una orden ejecutiva que bloquea totalmente el suministro de combustible a Cuba y otra que persigue y penaliza a quienes comercien o inviertan en Cuba.

Es un diseño perverso que tiene como principal objetivo el sufrimiento de todo el pueblo, para tomarlo como rehén y conducirlo contra el Gobierno.

La flexibilización de algunas medidas del bloqueo hace pocos años evidenció, sin ninguna duda, cuánto pueden beneficiarse los pueblos de Cuba y EE.UU,  las relaciones comerciales entre ambos países y el desarrollo económico y social de nuestra nación, de no existir esta draconiana política.

A ese mejoramiento le teme un grupo reducido de ultraderechistas que han secuestrado la política hacia Cuba y mienten o desinforman deliberada y cínicamente sobre la realidad cubana, mientras exigen más asfixia y amenazas sobre nuestro pueblo.

Nuestra respuesta sigue siendo la misma: dispuestos siempre al diálogo en igualdad de condiciones, seguiremos resistiendo y creando convencidos cada vez más de que nos toca saltar con esfuerzos propios por encima de las enormes dificultades, unidos como nación, y firmes para enfrentar los más duros desafíos.

13 de Mayo 2026

La patria se defiende

Rosa Miriam Elizalde.—  El primero de mayo de 2026 quedará como una jornada de enorme densidad política para Cuba. Mientras más de 5 millones de personas se movilizaban en todo el país, con más de 600 mil habaneros concentrados frente a la embajada de Estados Unidos en el malecón, la Casa Blanca respondió con una nueva orden ejecutiva contra la isla. Fue una señal. Cuba llenó las calles para afirmar su voluntad de defenderse; Washington contestó endureciendo el cerco. 

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump no es simplemente “más bloqueo”. Su gravedad no está sólo en que congela bienes, impide transacciones y amplía castigos. Reside, sobre todo, en que no se dirige únicamente contra estadunidenses que violen las leyes del bloqueo, sino contra “cualquier persona extranjera” que, a juicio del secretario de Estado o del Tesoro, opere en sectores de la economía cubana o preste apoyo material, financiero o tecnológico al gobierno de Cuba. Es decir, convierte a funcionarios estadunidenses en jueces globales con capacidad para castigar a ciudadanos, empresas y bancos de terceros países por relacionarse con la isla. 

La discrecionalidad es el corazón del mecanismo. No hace falta una sentencia ni un delito probado ni una violación cometida dentro de Estados Unidos. Basta con que la burocracia de Washington determine que alguien ha tenido relación económica o institucional con Cuba para activar sanciones. Ése es el verdadero salto: el bloqueo deja de ser política bilateral abusiva y se reafirma como pretensión de jurisdicción mundial. Estados Unidos no sólo sanciona: pretende decidir quién puede comerciar, financiar, invertir o cooperar con la nación caribeña. 

Por eso la fecha importa. La orden fue emitida el mismo día en que Cuba demostraba músculo político, organización social y capacidad de movilización. El mensaje de la Casa Blanca fue transparente: frente a la calle cubana, más castigo; frente a la soberanía, más presión; frente a la resistencia, más asfixia económica. 

Horas después, Trump completó el cuadro con una intervención en Florida en la que afirmó que “tomará el control” de Cuba “casi de inmediato” y que la isla sería su siguiente objetivo después de “terminar” el trabajo en Irán. Añadió que quizá haría detener el portaviones USS Abraham Lincoln a “unas 100 yardas” (91.44 metros) de la costa cubana, hasta que los cubanos dijeran: “muchas gracias, nos rendimos”. La frase no sólo es agresiva: es absurda. Un portaviones de ese tamaño no se coloca a esa distancia de la costa. Sería técnicamente inviable, militarmente irracional y operativamente ridículo. 

Pero el problema no es sólo la bravuconería: es la ignorancia con poder. Trump ya había dicho que por Cuba no pasan huracanes, como si desconociera la geografía elemental del Caribe. También afirmó que no le importaba que un buque ruso llevara petróleo a la isla porque “la gente necesita calefacción”, confundiendo la realidad energética cubana con la de países de invierno continental. Ahora imagina un portaviones estacionado a un palmo del malecón. La acumulación de disparates revela que se amenaza alegremente a un país que ni siquiera se conoce. 

El primero de mayo mostró dos imágenes opuestas. En La Habana y en toda Cuba, un pueblo movilizado bajo la consigna “La patria se defiende”. En Washington y Florida, un poder que responde con sanciones y fantasías de rendición. Pero cuando se amenaza a una nación que no se conoce, el error no es sólo político, es estratégico. 

Cuba es una sociedad organizada, con memoria histórica, con experiencia en resistir bajo duras presiones y con clara disposición a defender su soberanía. Pensar que una aventura bélica sería rápida o indolora es una peligrosa subestimación de la realidad. Lo que Trump imagina como trámite que le reportará el gesto

Cuba no está indefensa

José Ernesto Nováez Guerrero. ̶  El medio independiente norteamericano Zeteo levantaba las alarmas este 14 de abril al hacer pública una nueva filtración aportada por tres fuentes anónimas, las cuales afirman que la Casa Blanca envió una nueva directiva al Pentágono y otras instancias gubernamentales instruyéndoles intensificar los preparativos para posibles operaciones militares contra Cuba. Aunque no es la primera vez que noticias de este tipo se filtran a los medios en Estados Unidos luego del 3 de enero, dado el peligro de la situación no podemos dejar de prestarles atención.

La declaración hecha en la Orden Ejecutiva 14380 del pasado 29 de enero, donde se declara a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, prueba que se han dado pasos por la actual administración para fabricar un marco justificatorio a la agresión contra la isla. Visto en perspectiva, se hace visible como tanto al nivel federal y la política local en la Florida se han hecho grandes esfuerzos por fabricar excusas diversas.

Además de la Orden Ejecutiva antes mencionada, pudiéramos añadir las acusaciones hecha en tribunales de La Florida contra líderes cubanos de formar parte de la ficticia trama de narcotráfico del Cartel de los Soles; las acusaciones de supuestas bases chinas o rusas, retomadas nuevamente por varios medios y políticos en la medida que el Anatoly Kolodkin se acercaba a la isla; las recientes acusaciones, repetidas incluso por el secretario de Salud Robert Kennedy Jr sobre la supuesta vinculación del estado cubano en una trama de estafa al Medicare y la lancha cargada de hombres armados que salió del territorio norteamericano sin ser interceptada por ninguna de las autoridades competentes de este país.

Adicionalmente, el presidente cubano ha dado varias entrevistas en los últimos tiempos a varios medios norteamericanos. Destacan las que concediera a Newsweek y al espacio “Meet the Press” de NBC. Ambas fueron ampliamente compartidas por otros medios. En ambos casos, el presidente respondió a las preguntas sobre una posible agresión contra la isla que Cuba no quería la guerra, que estaba dispuesta al diálogo, pero que si no quedaba otra opción, el país se defendería.

Esta posición fue levantada por varios grandes medios corporativos y presentada como un reto directo de Cuba a los Estados Unidos. Este tipo de lecturas torcidas apuntan directamente al sensible ego del presidente, algo que los medios corporativos conocen y suelen presionar con relativa frecuencia. A esta campaña en torno a las declaraciones del presidente cubano se sumaron, por supuesto, los medios financiados de la contrarrevolución.

Y no es que la existencia y resistencia de Cuba no sean un reto a las intenciones del imperialismo norteamericano, lo son y es una de las razones por las cuales el castigo colectivo contra el pueblo cubano dura ya casi siete décadas. Pero una cosa es defender con firmeza la Patria y los valores y principios que sustentan el proyecto cubano y otra es la provocación irresponsable en un momento de máximo riesgo. La respuesta del presidente cubano deja en claro las posiciones de la isla y está en línea con la postura histórica de la Revolución.

La administración norteamericana y su máxima figura política atraviesan por un momento sumamente delicado. La guerra de Irán y sus efectos han erosionado sus números de aprobación. Una encuesta realizada por CBS entre el 8 y 10 de abril arrojó que el 68 por ciento de los encuestados se declaran “preocupados” por la guerra en Irán y 54 por ciento “molestos”, frente a solo un 29 por ciento que se declaran “orgullosos”. A esto se suma el aumento sostenido del precio de los combustibles. Las recientes acciones de la administración han llevado a que el precio del crudo producido en Estados Unidos aumente en torno a un ocho por ciento este 14 de abril, hasta superar los 104 dólares por barril. El Brent internacional, otro crudo de referencia en los mercados, subió un siete por ciento en la misma fecha, hasta los 103 dólares por barril. Los precios mayoristas de la gasolina se dispararon un seis por ciento.

Trump, en declaraciones a Fox News este 13 de abril, reconoció que es poco probable que los precios de los combustibles disminuyan significativamente antes del otoño, lo cual lo colocaría en una escenario sumamente complejo, de cara a las elecciones de medio término en noviembre. Sin embargo, este 15 de abril se contradijo y afirmó que pronto abrirían completamente el estrecho de Ormuz y bajarían los precios del combustible.

Estas declaraciones, además de pretender incidir en el mercado, sirven de indicativo de la falta de un horizonte claro para la actual administración respecto al conflicto en Irán. El no haber sido capaz de derrotar a la nación iraní y menos rápidamente, tal y como le hicieron creer Netanyahu y algunos de sus asesores, lo ha dejado en una situación sumamente inestable desde el punto de vista político. A pesar de sus constantes declaraciones de victoria, la realidad en el terreno es otra:

El pantano iraní ha destruido el breve halo de poderío que la administración ostentó luego de los sucesos del 3 de enero de 2026. Esto erosiona la figura del presidente de cara a los sectores más belicistas de su electorado. Y no es descartable que, en este escenario, Trump y su equipo estén mirando hacia alguna posible “presa fácil”, que permita reconstruir el halo sin peligro de abrir otro frente que pueda estancarse también.

Cuba está en esa lista de posibles presas por muchas razones. Al histórico pecado de haber pretendido construir un proyecto socialista y soberano a las mismas puertas del imperio, suma su historia de solidaridad, de compromiso con la justicia social y de denuncia de los desmanes del imperialismo. Cuba es la obsesión de la casta derrotada que se refugió en La Florida y que ha lucrado durante décadas con la política contra la isla, logrando una influencia y representación sobredimensionada en el país, en relación con la comunidad a la cual dice representar. La agresión militar contra la isla es, por decirlo de alguna manera, uno de los “anhelos fundacionales” de esta casta y forma parte de su identidad como grupo político.

La isla está cerca de Estados Unidos y tiene una base militar estadounidense ilegalmente enclavada en su territorio. Su principal arsenal armamentístico es de origen soviético, el cual no siempre ha podido modernizar dadas sus circunstancias económicas desde 1991 hasta la actualidad. Desde la pandemia de la covid-19 y bajo los efectos de un Bloqueo recrudecido, su economía se ha contraído y reducido sustancialmente sus niveles de actividad. Para los estrategas de la Casa Blanca, luce como la presa que permita reeditar una operación espectacular de asesinato o secuestro de sus líderes, retirada y rimbombante victoria mediática. 

El afán de una casta y la necesidad de reafirmación de la administración pueden ser los factores que están presionando que se valore este escenario. Con el mismo desdén mostrado por la vida humana en Gaza, Líbano, Irán y muchas otras partes, los estrategas del mayor aparato de destrucción organizada de la historia de la humanidad, se entregan a proyectar escenarios que, siempre, acabarían constando innumerables vidas de inocentes. 

Por supuesto, resulta casi innecesario reiterar que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Por el contrario, la isla, como han reconocido múltiples agencias de este país, es un aliado confiable en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico en la región. La política de cero tolerancia a las drogas en el país lo convierte en el más firme bastión del Caribe en el combate a este flagelo. Igualmente, Cuba ha mostrado una firme voluntad en el combate al crimen transnacional.

Aunque no cuenta quizás con el más moderno armamento, la isla no está para nada desarmada. Su doctrina de guerra de todo el pueblo convierte el proceso de resistencia y enfrentamiento contra un posible invasor en una tarea de toda la nación, haciendo que virtualmente cualquier palmo del territorio nacional sea un bastión frente a la agresión. Las tropas cubanas están preparadas para la guerra irregular, aprovechando la topografía del terreno nacional, particularmente las formidables cadenas montañosas de las tres principales regiones geográficas del país. Y el pueblo cubano, en su mayoría, es profundamente celoso de la soberanía nacional y ha demostrado, en numerosas oportunidades desde 1868, su voluntad de soportar todos los sacrificios con tal de lograr y preservar la independencia.

Si los estrategas trumpistas creen que una victoria en Cuba sería la respuesta al fracaso en Irán, quizás debieran pensarlo dos veces. La isla tiene la voluntad y la experiencia para convertir cualquier ataque en un infierno para el agresor. Ser un país que defiende la paz y el diálogo no implica, bajo ningún concepto, que estemos indefensos. 

La continuada agresión económica y política de Estados Unidos contra Cuba entró en una nueva y brutal fase de asfixia energética con la reciente orden ejecutiva que amenaza con sanciones a terceros países por suministrar combustible a la isla. Esta escalada es un brutal acto de agresión que se enmarca en el objetivo de provocar "hambre y desesperación" entre la población. Pero Cuba, su liderazgo político de la generación histórica guiada por los ideales de Fidel Castro y la continuidad revolucionaria con el presidente Miguel Díaz-Canel, junto a su pueblo, han tenido la capacidad de resiliencia para defender el derecho a la autodeterminación y la soberanía.

https://espanoa-indefensal.almayadeen.net/articles/2161447/cuba-no-est

Motín entre los aliados de Trump ...

POR SU POSTURA ERRÁTICA Y EXTREMA

Jim Cason y David Brooks, corresponsales de La Jornada/Washington y Nueva York.- La guerra del presidente Donald Trump contra Irán, sus comentarios cada vez más extremos –como su amenaza de llevar a “la muerte a toda una civilización”–, su intento de compararse con Jesucristo, su ataque verbal contra el Papa y las consecuencias económicas de sus políticas están nutriendo un creciente motín entre sus propias bases derechistas, muchas de ellas influyentes voces que antes eran leales, lo cual ha llevado a la antes impensable especulación de la destitución del mandatario estadunidense y temores de una derrota del Partido Republicano en las próximas elecciones legislativas de noviembre.

Aunque las encuestas indican que el control del presidente sobre el Partido Republicano y su movimiento Make America Great Again o MAGA (Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande) sigue firme, por primera vez en su mandato hay señales de disidencia y hasta oposición entre algunos de sus simpatizantes más leales ante su comportamiento cada vez más errático y extremo. “Genuinamente creo que Trump está actualmente poseído por el demonio”, declaró el pastor ultraconservador Joel Webbon en sus redes sociales después de que el mandatario subió una imagen asemejándose a Jesús y atacar públicamente al papa León XIV. “No estoy diciendo que Trump sea el anticristo, pero está emitiendo el espíritu del anticristo, sin duda”, comentó Rod Dreher, escritor conservador y amigo del vicepresidente JD Vance en entrevista con The Wall Street Journal. “No hay lado positivo para un político que se pelea con el Papa”, sentenció.

“Yo dejaría de molestar a la Iglesia”, indicó el líder republicano de la mayoría en el Senado y aliado del mandatario, John Thune, antes de que la presidencia bajara la imagen de Trump como Jesucristo. Otros dos senadores republicanos, John Curtis y Susan Collins, calificaron los mensajes del presidente de “ofensivos”. El vicepresidente Vance intentó defender a su jefe el lunes y explicó: “pienso que el mandatario estaba bromeando. Claro que lo bajó (el meme) porque reconoció que mucha gente no lo estaba entendiendo así, su humor en ese caso”.

La imagen de Trump como Jesús también provocó reacción entre una creciente red de influyentes comentaristas ultraconservadores que fueron claves en su elección, pero que ahora abiertamente denuncian la decisión del jefe de la Casa Blanca de librar la guerra contra Irán, sus declaraciones cada vez más controversiales y las consecuencias económicas de sus políticas.

El comentarista Tucker Carlson declaró a sus 4 millones de seguidores que los últimos mensajes de Trump son “malévolos”. Por su parte, Megan Kelly expresó a sus 4 millones de simpatizantes: “no sé si ustedes, pero yo estoy harta de esta mierda, basta de todo esto. ¿Trump no puede comportarse como un humano normal?”

Sumándose al coro de disidentes contra la guerra está otro comentarista clave, Joe Rogan, quien calificó la guerra contra Irán de “una locura” y resaltó que los simpatizantes del presidente deberían de sentirse “traicionados” porque Trump, cuando era candidato, había prometido no comenzar nuevas guerras.

La lista de figuras antes promotoras del mandatario crece, incluyendo el cómico Theo Von, quien tenía a Trump en su pódcast durante la campaña; así como el derechista teórico de conspiraciones Alex Jones, quien sostuvo que Trump debe ser destituido, y Candace Owens, quien aseguró que el presidente es “un genocida lunático”. El republicano respondió a varios de ellos en su medio social, acusándolos de ser poco inteligentes, “son gente estúpida, lo saben, sus familias lo saben, y todos los demás lo saben”.

Tales respuestas funcionaban antes para imponer disciplina entre sus seguidores, pero ahora tienen el resultado opuesto: incrementan las expresiones disidentes.

La ex diputada federal y ahora comentarista Marjorie Taylor Greene recordó que se dedicó a lograr la elección del mandatario y fue una de sus fanáticas más vociferantes, pero denunció a su ex ídolo por su manejo del caso Epstein y ahora por sus políticas bélicas. “El presidente Trump enloqueció al librar la guerra contra Irán”, escribió.

Comienza lucha por el poder

Pero la crítica no es sólo de opositores a esa guerra, sino ahora por críticos al manejo del conflicto bélico. Tanto la junta editorial de The Wall Street Journal como el ex alto funcionario que trabajó para Trump en su primer periodo John Bolton, han cuestionado al comandante en jefe por pausar la confrontación sin haber logrado un cambio de régimen en el país islámico.

Trump continúa descalificando a todo aquel que se atreve a criticarlo. La Casa Blanca señala que los sondeos registran que dos tercios de todos los conservadores apoyan la guerra. Pero eso no esconde que se empieza a librar una lucha de poder sobre el futuro del movimiento derechista que retornó a Trump a la Casa Blanca por segunda vez.

Bajo la Constitución, el presidente tiene prohibido buscar un tercer periodo (aunque juega a que lo contempla), pero desea mantener control del Partido Republicano y de MAGA, y si no se lanza por lo menos buscará coronar a su sucesor.

Pero MAGA no fue construido en los medios e instituciones tradicionales, sino en un universo alternativo de pódcasts y redes sociales derechistas, redes cristianas ultraconservadoras y otros líderes que ahora se amotinan públicamente contra quien era su capitán.

La gran mayoría de los políticos republicanos, con algunas excepciones, aún se hincan ante el altar de Trump. Pero con el deterioro económico, el precio de la gasolina subiendo y los aranceles fracasando en generar los empleos prometidos, así como una creciente preocupación por derrotas electorales en noviembre, las fracturas entre el movimiento conservador se incrementarán, ayudados por las exageraciones y retórica extremista que antes fueron clave para la elección del magnate y ahora apuntan en su contra.

Episodios de declaraciones y comportamiento erráticos también generan cada vez más especulación sobre la estabilidad mental del presidente. Uno de los abogados de Trump durante su primer periodo, Ty Cobb, comentó al veterano periodista Jim Acosta que el mandatario “es un hombre que claramente está loco”. Su ex secretaria de prensa durante su primer periodo mencionó que su ex jefe “claramente no está bien”. The New York Times, al informar de estos comentarios, agregó que funcionarios de la Casa Blanca insisten en que el mandatario emplea su retórica como una táctica sofisticada de negociación y para confundir a sus opositores, algo que siempre ha hecho.

Pero en Washington, cada vez menos aceptan esta explicación ante cada vez más ejemplos de su comportamiento y declaraciones erráticas o cuando de pronto pierde el control de su mensaje. Aunque demócratas han argumentando durante los días recientes que es tiempo de pensar en su destitución, es casi nula la posibilidad de que su gabinete invoque la Enmienda 25, que permite la remoción del mandatario con un voto de mayoría. Con republicanos en control de ambas cámaras del Congreso, es también casi imposible pensar que podría ser expulsado del puesto por un proceso de impeachment.

Sin embargo, los indicios de la fragmentación y amotinamiento de su coalición marcan la primera vez en su presidencia en que Trump ya no está en control de sus bases, de su partido y del poder casi absoluto que estaba consolidando.

Por ahora, el público estadunidense y el mundo parecen estar obligados a esperar el próximo exabrupto, decisión u orden de ataque dentro o fuera de su país.

¿Será que “Cuba es la siguiente”?

Himno Nacional de Cuba

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió ayer que “Cuba es la siguiente”, sin dar más detalles, durante un discurso pronunciado en un foro de inversión celebrado en Miami, en el que alabó el éxito de la intervención militar estadunidense en Venezuela e Irán.

“Yo construí este gran ejército. Dije: 'Nunca tendrán que usarlo'. Pero a veces hay que hacerlo. Y, por cierto, Cuba es la siguiente”, aseguró el magnate republicano.

“Pero finjan que no he dicho eso. Pero Cuba es la siguiente”, reiteró el jefe de la Casa Blanca.

El ministerio de las Fuerzas Armadas cubanas, en una inusual respuesta, publicó las dos estrofas de su himno nacional, que son un llamado al combate en defensa de la patria.

En su cuenta de X, el mando castrense reposteó la amenaza de Trump y escribió: “Cuba responde: Al combate corred, bayameses, que la patria os contempla orgullosa/No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir/En cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido/Del clarín escuchad el sonido/¡A las armas, valientes, corred!”.

El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, declaró a periodistas que “cualquier información sobre Cuba que no provenga de mí o del presidente es falsa”, al tiempo que reiteró que la economía cubana “necesita cambiar, y no lo hará a menos que cambie el sistema de gobierno”. Rubio afirmó que abordó este tema con sus homólogos del G-7 durante una reunión celebrada en París.

En tanto, seis médicos cubanos entrevistados por The New York Times afirmaron que el rápido deterioro de las condiciones en los hospitales y clínicas de toda la isla está provocando muertes que, de otro modo, serían evitables.

El sistema de salud pública cubano fue durante mucho tiempo un aspecto positivo porque el gobierno destinó aproximadamente una quinta parte de su presupuesto al sector, casi el doble del promedio mundial, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Hasta la pandemia de covid-19, la esperanza de vida y las tasas de mortalidad infantil en Cuba eran comparables a las de países desarrollados, mientras que la proporción de médicos por paciente se encontraba entre las mejores del mundo, según el Banco Mundial.

Hoy, los efectos del bloqueo estadunidense se extienden a todo el sistema y los hospitales cancelan cirugías, envían pacientes a casa porque el personal no puede llegar al trabajo, y hay dificultades para administrar tratamientos como la quimioterapia y la diálisis debido a los cortes de electricidad.

“No puedo decirles cuántas muertes hay, pero estoy seguro de que son más que en el mismo periodo del año pasado”, dijo Alioth Fernández, jefe de anestesiología del hospital pediátrico más grande de La Habana.

Ambulancias están estacionadas por falta de gasolina; farmacias vacías porque el Estado está en bancarrota; la producción de medicamentos, paralizada porque las fábricas funcionan con diésel, y las reservas de vacunas refrigeradas podrían estropearse pronto si continúan los apagones./La Jornada de México


Trump vs Cuba, pero los archivos Epstein no están en la Isla cubana (+ video)

"Cuba es la siguiente", ha dicho el incalificable presidente de Estados Unidos, nuevamente. Pero, sí, los archgivos de Eipstein no están en la Isla cubana, parafraseando a un ciudadano estadounidense que se ha vuelto pupular en las calles, con un cartel "los archivos no están en Irán".

Después de las agresiones de las tropas del Pentágono contra Venezuela e Irán, "Cuba es la siguiente" en la lista.

"A veces hay que emplear la fuerza (militar) y Cuba es la siguiente", dijo Trump durante una intervención pronunciada en un discurso para la Iniciativa de Inversión Futura en Miami, Florida, donde en tono irónico pidió a los medios de comunicación que "por favor" ignoraran esa declaración.

El mandatario estadounidense recordó que recientemente empleó "la fuerza" del Ejército de EE.UU., al enviar en enero pasado la Delta Force, unidad élite del Pentágono para bombardear la capital venezolana y secuestrar al presidente de ese país, Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, luego de meses de asedio que incluyeron ataques del Comando Sur en el Caribe.

"Cuba es la siguiente", reiteró Trump en el foro, para luego continuar su discurso contra la migración y defender sus políticas de "EE.UU. para los estadounidenses".

La declaración de Trump surge luego de que el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel informara que su país tomó la decisión de dialogar con EE.UU. de manera "colectiva", motivo por el cual, aclaró, "no está en juego" el sistema político de la isla. 

"En esa decisión no está en juego nuestro sistema político ni ninguna decisión que sea propia de nuestro pueblo", afirmó el líder cubano en una entrevista en La Jornada, donde enfatizó que el futuro de La Habana "No depende de EE.UU.", país que siempre ha anhelado, dijo, "apoderarse de Cuba".


Fernández de Cossio: nuestro ejército siempre está preparado (+ video)

NBC News.- En una entrevista exclusiva con Meet the Press, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, afirma que "nuestras fuerzas armadas siempre están preparadas", pero que "no representamos ninguna amenaza para Estados Unidos", luego de que el presidente Trump amenazara con una toma de control estadounidense de Cuba.

Respuestas del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, al programa Meet the Press, de la cadena NBC:

- “Cuba es un país soberano. Y tiene el derecho de ser un país soberano y tiene el derecho a la autodeterminación. Cuba no aceptaría convertirse en un estado vasallo o un estado dependiente de cualquier otro país o de cualquier otra superpotencia”.

- “Esperamos que no haya una acción militar y, francamente, no vemos ninguna razón, no vemos ninguna justificación para una acción militar contra Cuba. Cuba es un país pacífico. No somos un enemigo de los Estados Unidos. No representamos ninguna amenaza para los Estados Unidos. De hecho, deseamos, y lo hemos dicho abiertamente, que nos gustaría tener una relación amistosa y respetuosa con los Estados Unidos, con su gobierno, y la hemos desarrollado, la hemos estado desarrollando durante mucho tiempo con el pueblo de los Estados Unidos”.

- “Nuestro ejército siempre está preparado y, de hecho, se está preparando estos días para la posibilidad de una agresión militar. Seríamos ingenuos si, mirando lo que está sucediendo en todo el mundo, no hiciéramos eso, pero realmente esperamos que no ocurra. No vemos por qué tendría que ocurrir y no encontramos justificación alguna. ¿Por qué el gobierno de los Estados Unidos obligaría a su país a tomar acciones militares contra un país vecino como Cuba?”.

- “Puedo decirle que, en conversación con los Estados Unidos y en diálogo con los Estados Unidos, la naturaleza del gobierno cubano, la estructura del gobierno cubano y los miembros del gobierno cubano no son parte de la negociación. Eso es algo que ningún país soberano negocia. No sé cuántos ejemplos hay de países que negocien con una potencia extranjera su sistema de gobierno o la naturaleza del gobierno; estoy seguro de que los Estados Unidos no están listos para negociar con otro gobierno su sistema constitucional o su sistema político. Ahora, el gobierno de los EE. UU. sabe que los problemas que enfrenta Cuba son, en gran medida, el resultado de políticas de los Estados Unidos destinadas a causar el mayor daño posible a la economía cubana, a la sociedad cubana y al pueblo de Cuba, lo que hace que para cualquier gobierno sea muy difícil gestionar las cosas y obtener buenos resultados cuando una superpotencia está ejerciendo tal nivel de presión, sobre todo económica, sobre el país”.

- “Permítame ser claro: estamos en diálogo con los Estados Unidos para hablar de temas bilaterales. No estamos hablando de prisioneros en los Estados Unidos —y los EE. UU. tienen el récord más alto de prisioneros en el mundo— estamos hablando de problemas. Estamos hablando de presos políticos o del sistema constitucional... bueno, los Estados Unidos tienen una cantidad enorme de personas que están en la cárcel por las razones que sean, pero que tienen posiciones políticas sólidas. Si hablamos de posiciones políticas, no estamos hablando de esos casos en los Estados Unidos. En Cuba no estamos hablando de prisioneros en nuestra negociación con los Estados Unidos. Es un asunto interno de Cuba. No es un asunto bilateral con los Estados Unidos y los EE. UU. lo saben, pero hay muchos, muchos temas importantes de naturaleza bilateral que deberían y podrían ser discutidos entre Cuba y los Estados Unidos para el beneficio de ambos países, y eso es con lo que estamos listos para comprometernos en conversaciones con el gobierno de los Estados Unidos”.

- “Los Estados Unidos tienen solo dos partidos políticos que pueden llegar al gobierno. ¿Están ellos listos para negociar tener 10 con iguales posibilidades de llegar a la presidencia o al congreso? Estoy seguro de que los Estados Unidos no negociarían eso con ningún país. No sé si tienen la voluntad de hacerlo, pero estoy seguro de que no lo negociarán. Cuba es una nación soberana, como dije al principio del programa. Y, por supuesto, es algo que no está sobre la mesa negociar la realidad de Cuba.

Y los problemas de Cuba no son el resultado de tener un solo partido”.

- “Nuestro objetivo es tratar de construir una relación respetuosa. El gobierno de los EE. UU., el gobierno actual, ha dicho que quiere hacer a Estados Unidos grande de nuevo; no tenemos ningún problema con eso. Que quiere tener fronteras seguras; no tenemos ningún problema con eso; de hecho, podemos ayudar con eso. Que quiere que los inmigrantes que entren a los Estados Unidos lo hagan legalmente, no ilegalmente; y no tenemos ningún problema con eso. De hecho, podemos ayudar con eso desde nuestro lado, y esos son los tipos de temas que creemos que son de interés para el pueblo de los Estados Unidos y para el gobierno de los Estados Unidos. Podemos trabajar juntos para combatir el narcotráfico, para combatir el crimen organizado en nuestra región, para combatir las amenazas en general en nuestra región, y eso es lo que hacen los gobiernos y los países entre sí cuando dialogan y cuando cooperan. También podemos hablar de negocios. Hay cambios ocurriendo en Cuba hoy en nuestra política de inversión, en la estructura de la propiedad en Cuba, en la forma en que funcionan las diferentes formas de propiedad en Cuba, lo cual podría ser de interés para los Estados Unidos y para los estadounidenses que hoy no pueden hacer negocios en Cuba porque se lo prohíbe su gobierno. Esos son temas de los que podemos hablar y podemos encontrar espacio para el entendimiento. No estamos cerrados a tener algún entendimiento si podemos mejorar la relación con los Estados Unidos en esas áreas y estoy seguro de que hay muchas áreas en las que, si nos sentamos y discutimos seriamente, podemos tener mucho terreno sobre el cual trabajar para el beneficio, de nuevo, de ambos países”.

-“ Tenemos una posición, una larga posición de tener diálogo y estar listos para dialogar con los Estados Unidos para resolver nuestros problemas, y no es solo una posición de larga data, es una posición lógica. ¿Cuál es la alternativa a tener un diálogo con un país con el que tienes problemas? Por eso enfrentamos el diálogo como la vía natural, lógica y necesaria para discutir. También tenemos experiencia de diálogo con los Estados Unidos, algunos con buenos resultados, pero también algunos en los que Cuba ha cumplido con todos los compromisos acordados y, sin embargo, los Estados Unidos han revertido muchos de ellos. El mejor ejemplo fue durante 2014, 2015, 2016 e incluso 2017, cuando alcanzamos acuerdos. Cuba cumplió con todos ellos y los Estados Unidos, por su propio reconocimiento, rompieron todos esos acuerdos y dijeron que no seguirían lo acordado los años anteriores; pero aun con eso, seguimos el diálogo”.

-“Estamos listos para negociar con la persona que el gobierno de los EE. UU., como nación soberana, designe como su portavoz, como su negociador principal. Estamos listos para negociar con quien sea designado por el gobierno de los EE. UU. Ellos son una nación soberana. Nosotros no interferimos en eso”.

-“No entraré en detalles, pero el punto que necesito aclarar es que el liderazgo político cubano está comprometido con esto. Unidos. Cohesionados. Esto está liderado por el líder de la Revolución Raúl Castro y por el Presidente de Cuba, quien reconoció esto públicamente y lo dijo públicamente”.

-“Es importante señalar que para cualquier país exportar combustible a Cuba es legal. Y para Cuba importar combustible de cualquier país —bueno, con la excepción de los EE. UU. debido a las regulaciones del bloqueo económico— pero de cualquier otro país es legal. Lo que está sucediendo hoy es que los EE. UU. están amenazando con medidas coercitivas a países que podrían exportar combustible a Cuba, y esa es la razón por la cual Cuba no ha recibido combustible durante mucho tiempo.

Es muy grave y estamos actuando de la manera más proactiva posible para hacer frente a la situación.

Esperamos que el combustible llegue a Cuba de una forma u otra y que este boicot que los Estados Unidos han estado imponiendo no dure y no pueda sostenerse para siempre, pero supongo que la pregunta es cuánto tiempo y, francamente, esperamos sentir que prevalezcan las mentes claras en los Estados Unidos y que lleguen a la conclusión de que es bastante desagradable tratar a toda la población de un país de la manera en que los Estados Unidos están tratando a Cuba. Ayer publicamos que 96,000 cubanos están esperando cirugía como resultado de la falta de combustible y falta de energía, entre ellos 11,000 niños. Así que pensaría que el pueblo estadounidense, la gente en los Estados Unidos, sentiría: ¿por qué nuestro gobierno trata a toda la población de Cuba de esta manera? Y espero que el pueblo de los Estados Unidos comprenda que no es correcto tratar a otra nación de la forma en que los EE. UU. lo están haciendo simplemente para tratar de lograr objetivos políticos, porque eso es lo que está detrás del enfoque de los Estados Unidos. Así que, de nuevo, confiamos en que esto no se pueda sostener a largo plazo”.

-“Cuba no tiene ningún conflicto con los Estados Unidos. Tenemos la necesidad y el derecho de protegernos, pero estamos dispuestos a sentarnos. Estamos abiertos a los negocios y estamos abiertos a tener una relación respetuosa que estoy seguro de que la mayoría de los estadounidenses apoyaría y estoy seguro de que el presidente de los Estados Unidos apoyaría si pudiéramos sentarnos y hablar seriamente sobre ello”./Transcripción de Cubadebate.

Cuba frente a una Guerra en Curso: video

Video generado por https://notebooklm.google.com, a partir de un audio producido por Norelys Morales Aguilera. Esa guerra en curso no será "pan comido", frase cubana que indica que si el desenlace fuera lo no deseado, el costo sería inmenso tanto para Cuba como para Estados Unidos, algo que muchas veces han sopesado las élites militares de Estados Unidos, lo que les equivale a la cautela para un "error costoso".

No hay que callar: video

Norelys Morales Aguilera.- Cuba no es una amenaza para la mayor potencia militar y económica del planeta. Sin embargo, un decreto de Donald Trump, firmado el 29 de enero de 2026, vuelve a presentarla como un peligro extraordinario. 

 La contradicción es evidente: se describe a Cuba como colapsada… y al mismo tiempo como una amenaza estratégica. No es un error. Es una lógica de castigo. 
Se fabrican enemigos para justificar sanciones permanentes. Desde el pensamiento crítico se ha señalado con claridad: los bloqueos políticos, económicos y financieros producen daño intencional. 

El caso de Cuba es uno de los ejemplos más prolongados del mundo. Los pueblos muestran solidaridad. Pero muchos gobiernos callan. Callan por miedo. O por alineamiento. Mientras tanto, conglomerados mediáticos y voceros que dicen hablar de Cuba llegan incluso a celebrar el sufrimiento que provocan estas políticas. 

 Pero Cuba no se rinde. Cuba se reorganiza. Frente a la asfixia, resiste. 

 Se intenta repetir una estrategia conocida: provocar hambre, desesperación y ruptura social para forzar un cambio interno. No es nuevo. Es presión política. Y, aun así, no logran comprender a Cuba. Ese Norte revuelto y brutal del que habló José Martí sigue sin entender que hay pueblos que eligen dignidad. 

 La realidad es clara: solidaridad frente a la asfixia. Resistencia frente a la presión imperial. Para el pueblo cubano, la disyuntiva permanece intacta: colonia o soberanía

 Vean el clip de la más reciente de la amenaza de Donald trump, donde admite que existe asfixia a los cubanos. Es una retórica política, que obedece a un plan macabro, que no es nuevo, inducir hambre y desesperación en la población cubana, para que se subleve contra su gobierno y haga el trabajo, según Estados Unidos, para derrocar al régimen de La Habana.

 Pido paz para Cuba. Pido paz para el mundo. Cierro con un mantra de paz y concordia: Nam Myoho Renge Kyo.

Estados Unidos y su nueva fase de colonialismo global

Un análisis desde América Latina

David Fonseca*.- Vivimos tiempos convulsos en la política mundial. Frente a un escenario global fragmentado, Estados Unidos — la potencia occidental que más se erige a sí misma como guardián del “orden internacional”— ha entrado en una etapa de expansión que recuerda —con métodos distintos, pero con objetivos similares — a los viejos modelos colonialistas del siglo XIX y XX. Esta comparación no es casual: el espíritu de dominio global que caracterizó al Imperio británico parece resurgir bajo nuevas banderas, bajo la retórica de la “democracia” y la “seguridad nacional”, y con tácticas modernas que mezclan intervención militar directa con control económico y geopolítico.

Colonialismo británico vs. expansión estadounidense

Para comprender el fenómeno actual es necesario retornar a la tradición histórica del imperialismo europeo. El colonialismo británico durante los siglos XIX y XX se basó en la conquista territorial directa, la explotación económica de recursos naturales y la sujeción política de pueblos enteros. Reino Unido controlaba vastos territorios de África, Asia y Oceanía, implantando sistemas de administración colonial que generaron siglos de injusticias y legados traídos hasta hoy.

Estados Unidos, por su parte, surgió como una potencia tras expulsar a los colonizadores europeos de su propio territorio. Sin embargo, desde el siglo XIX su política exterior comenzó a adoptar rasgos expansionistas. La Doctrina Monroe de 1823, proclamada para rechazar la expansión europea en América, terminó siendo reinterpretada como un “derecho” estadounidense para intervenir en el continente. Este discurso evolucionó en una justificación de dominio regional —como ocurrió en la crisis venezolana de 1895, donde Washington se involucró en un conflicto fronterizo entre Venezuela y Reino Unido bajo la justificación de la doctrina, sentando las bases del intervencionismo norteamericano.

El colonialismo europeo era explícito y directo; el estadounidense contemporáneo combina formas modernas de dominación, que van desde sanciones económicas, presiones diplomáticas, hasta intervenciones militares encubiertas o directas. El colonialismo ya no siempre se expresa en la anexión formal de territorios, sino en un control económico, financiero y político que subordina la soberanía de los pueblos a los intereses estadounidenses.

América Latina: una larga historia de intervenciones

América Latina ha sufrido de manera recurrente las intervenciones de Washington. Desde Cuba hasta Nicaragua, desde Guatemala hasta Chile, la historia moderna del continente está marcada por golpes de Estado, invasiones, ocupaciones militares, operaciones encubiertas y apoyo a dictaduras.

Ejemplos de esta historia son múltiples:

La invasión de Bahía de Cochinos en Cuba en 1961, apoyada por la CIA para derrocar al gobierno revolucionario de Fidel Castro.

El respaldo estadounidense a golpes de Estado en Chile, Guatemala o la participación radical en la Operación Cóndor, durante la Guerra Fría, que coordinó represiones, apoyo a dictaduras y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Las ocupaciones militares de Honduras, Nicaragua o República Dominicana durante el siglo XX; o la invasión de Panamá en 1989, cuando Washington expulsó al general Manuel Noriega para imponer su propia narrativa política.

Todos estos episodios tienen un punto en común: justificaciones de seguridad o estabilidad que encubren intereses económicos y geopolíticos. El objetivo siempre fue la subordinación del continente a los cuadros de influencia estadounidense, sin respetar la autodeterminación de nuestros pueblos.

La operación en Venezuela: un quiebre histórico

En enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Venezuela que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, trasladándolos a territorio estadounidense para enfrentar cargos.

Este hecho, sin precedentes en la historia moderna del continente, fue respaldado por sectores minoritarios en la comunidad internacional y fuertemente criticado por otros gobiernos de la región, incluyendo Brasil y México, que denunciaron la violación de la soberanía nacional y el peligro de un precedente global. La justificación oficial — lucha contra el narcotráfico y defensa de la seguridad nacional estadounidense — fue utilizada como argumento para legitimar lo que en esencia fue una intervención militar en el corazón de América. Especialistas en derecho internacional han subrayado que no hubo mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni una legítima amenaza que justificara esta acción bajo la carta de la ONU. Además de la captura de Maduro, Washington ha buscado controlar la riqueza petrolera venezolana mediante restricciones, acuerdos y planes para canalizar las ganancias del sector energético a través de mecanismos centralizados que beneficien intereses norteamericanos.

La operación en Venezuela se ha presentado como una nueva forma de ocupación indirecta, donde el control de los recursos se convierte en el eje del nuevo colonialismo del siglo XXI.

Los métodos de dominación son distintos, pero los fines son los mismos

A diferencia del colonialismo británico, que se apoyaba en la ocupación directa, la expansión estadounidense contemporánea utiliza mecanismos más sofisticados: sanciones económicas, presión financiera, imposiciones de regímenes afines, control de recursos estratégicos y operaciones militares bajo pretextos legales que buscan legitimarse ante la comunidad internacional.

La política estadounidense actual combina varios elementos:

1. Dominio económico y financiero — sanciones, bloqueos y control de recursos estratégicos, como el petróleo en Venezuela o presión económica sobre Cuba mediante nuevas sanciones energéticas.

2. Control político indirecto — apoyar o debilitar gobiernos según su alineación con los intereses estadounidenses, sin necesidad de anexión territorial formal.

3. Intervenciones militarizadas actuales — operaciones de fuerzas especiales y apoyo militar bajo la bandera de la lucha contra el crimen transnacional o el terrorismo, como el despliegue de tropas en Nigeria para “cooperación contra amenazas terroristas”.

Este último punto muestra que la expansión estadounidense ya no se limita al continente americano, sino que se extiende a África y otras regiones bajo justificaciones globales. Sin embargo, aunque el caso nigeriano responde públicamente a cooperación contra terroristas, la implicación permanente de fuerzas estadounidenses reforzaría un patrón geopolítico donde EE.UU. se posiciona como “policía global”, desplazando los debates de soberanía nacional y generando dependencia militar en gobiernos que buscan respaldo frente a desafíos internos.

Groenlandia: la nueva frontera de la expansión estadounidense

Un capítulo aparte se escribe con respecto a Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa. El presidente estadounidense Donald Trump ha expresado repetidas veces su interés en adquirir o incluso controlar Groenlandia, bajo argumentos de seguridad nacional frente a la supuesta amenaza de Rusia y China.

La reactivación de este ambicioso objetivo ha generado tensiones diplomáticas con Dinamarca, que ha rechazado explícitamente cualquier intento de venta o invasión de su territorio. Aunque la presencia de bases estadounidenses en Groenlandia data de la Segunda Guerra Mundial, como la Pituffik Space Base y otras instalaciones estratégicas que monitorean el Ártico, el discurso del gobierno estadounidense sobre Groenlandia ha pasado de cooperación militar a propuestas directas de anexión o adquisición, una idea que recuerda las etapas más agresivas del colonialismo europeo. Esta hipótesis de expansión territorial es un ejemplo claro de cómo Washington busca reconfigurar su presencia global, utilizando tanto instrumentos militares como presiones económicas (como aranceles) para tratar de subordinar territorios estratégicos sin importar su soberanía.

Resistencia en Venezuela, Cuba y México

La respuesta de los pueblos y gobiernos latinoamericanos frente a estas tendencias imperialistas no ha sido homogénea, pero sí firme en muchos casos. Venezuela, Cuba y México han manifestado su rechazo categórico a las intervenciones unilaterales.

Venezuela, tras el golpe estadounidense, ha llamado a la defensa de su soberanía y a la unidad regional frente al intervencionismo. Ha denunciado internacionalmente la violación de su integridad territorial y ha llamado a la solidaridad de los países del Sur.

Cuba, históricamente objetivo del intervencionismo estadounidense desde la Revolución de 1959, enfrenta ahora nuevas presiones económicas. La reciente estrategia estadounidense de imponer sanciones sobre países que proveen petróleo a la isla se ha traducido en un recrudecimiento de la crisis energética en La Habana, generando dudas sobre si estas medidas buscan frenar la colaboración con Venezuela o debilitar aún más al gobierno cubano.

México, por su parte, ha sido claro en rechazar el uso de la fuerza en Venezuela y ha reafirmado la importancia de una solución pacífica que respete el Derecho Internacional. Su posición representa un llamado a la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos y a la defensa del principio de no intervención, pilares esenciales para la soberanía regional.

Consecuencias negativas del expansionismo estadounidense

Las implicaciones de esta política expansionista son profundas para América Latina:

1. Pérdida de soberanía: Los pueblos latinoamericanos pueden verse forzados a subordinar sus decisiones políticas y económicas a las agendas de Washington.

2. Fragmentación política: Las alianzas inducidas desde el extranjero pueden profundizar divisiones internas y debilitar movimientos populares y democráticos auténticos.

3. Desestabilización regional: Intervenciones militares o presión diplomática generan tensiones que pueden escalar en conflictos abiertos.

4. Control de recursos: El caso venezolano demuestra que la principal riqueza estratégica (el petróleo) puede convertirse en un vector de control geopolítico, privatizando, de facto o de iure, los recursos de naciones enteras.

5. Normas internacionales debilitadas: La violación de la carta de la ONU y la utilización de pretextos ambiguos generan un precedente peligroso para el derecho internacional.

La unidad latinoamericana como respuesta

La lección fundamental que América Latina debe extraer de esta nueva fase de expansionismo es que ningún país aislado podrá enfrentar por sí solo la presión de una superpotencia global. La respuesta debe ser colectiva y estratégica:

Fortalecimiento de organizaciones regionales como la CELAC y la UNASUR, con independencia de influencias externas.

Cooperación en defensa, economía y diplomacia, con iniciativas conjuntas frente a sanciones y presiones.

Promoción de mecanismos de integración económica que reduzcan la dependencia de Estados Unidos y de instituciones financieras que imponen condicionamientos.

Construcción de una narrativa geopolítica propia, basada en la soberanía, el respeto mutuo y la cooperación Sur-Sur.

Conclusión

La amenaza imperialista del siglo XXI no siempre se presenta con banderas y ejércitos coloniales a la vista. Estados Unidos ha demostrado que puede concebir nuevas formas de dominación — militares, económicas, políticas — que buscan integrar pueblos enteros bajo su órbita de influencia. Esta nueva fase, aunque distinta en método al colonialismo británico, persigue fines similares: controlar recursos, subordinar gobiernos, dictar agendas regionales y preservar la hegemonía global.

Para América Latina, la defensa de la soberanía significa resistir estas tentativas de control y construir una alianza sólida entre nuestros pueblos y gobiernos. Solo desde la unidad estratégica — sin renunciar a nuestros valores, culturas, historias y aspiraciones — podremos garantizar que el futuro de nuestra región lo decidamos nosotros, y no las potencias extranjeras.

Esta lucha no es solo geopolítica: es una lucha por la dignidad de nuestros pueblos, por el derecho a decidir nuestro propio destino y por la justicia en las relaciones internacionales./Cortesía del autor al Blog Cuba, Isla Mía.

(*) periodista venezolano

EE.UU. se asienta en una raíz colonizadora, con el uso constante de la fuerza

María Victoria Valdés Rodda.- Una de las definiciones más escurridizas en cuanto a su utilización como marco de condena y acciones a él asociadas es la de Terrorismo de Estado. Visto desde la academia y la izquierda mundial, es “aquella modalidad de la multifacética violencia predominantemente reaccionaria ejercida por los aparatos militares, paramilitares, policiales e ideológico-culturales de las clases dominantes y de los gobiernos de uno o más Estados nacionales o por sus correspondientes testaferros con el propósito deliberado de provocar pavor en la población civil, en los principales dirigentes o activistas de las fuerzas socio-políticas-culturales contestatarias de su propio territorio”.

También se le asocia a “la violencia de un Estado contra otras naciones sometidas a diversas formas de dominación política, económica, étnica, racial, cultural, religiosa o militar-policial o de aquellos Estados nacionales que sobre la base de su soberanía y de su derecho a la autodeterminación han emprendido, en uno u otro momento de su historia, su liberación nacional, política-económica, cultural y social”.

Sin embargo, a pesar de las anteriores precisiones, el Occidente de la OTAN, los Estados Unidos e Israel han ido diluyendo esa mirada incisiva y directa, desviando la atención hacia el llamado “terrorismo internacional” o hacia el “terrorismo” a secas, con lo cual se eximen ellos mismos de responsabilidades, a veces históricas y otras más contemporáneas. Así, más allá de la denuncia puntual, se limitan los mecanismos condenatorios y punitivos.

Esta evasión no es casual: responde a la autodefensa que sobre sí mismos hacen el capitalismo y el imperialismo, y -aunque en declive- siguen existiendo como sistemas de referencia mundial, donde se impone “la violencia” del capital, las transnacionales y los grupos de poder cuyas infinitas apetencias coloniales les son inherentes.

Por ello hemos visto como en reiteradas ocasiones Estados Unidos aprovecha su asiento permanente en el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU precisamente al haber salido fortalecido después de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, desde allí frena cualquier condena y acción contra el sionismo israelí en relación con el genocidio en Gaza. El pueblo palestino se ve atacado por el Terrorismo de Estado de Israel y EE.UU., aliados a conveniencia al gran capital tecnológico y militar.

De todas formas, los pueblos contamos con algunos mecanismos para plantear nuestras justas reivindicaciones, y también señalar con el dedo a quienes nos atacan desde un poder despótico. Se trata de Convenios, Protocolos y Resoluciones de la ONU por separado, los cuales tipifican ciertas acciones de Terrorismo de Estado.

Recientemente, la hija del presidente Muammar Gaddafi, Aisha Gaddafi, hizo un llamado al pueblo iraní: “Les advierto: no caigan en las palabras seductoras y los eslóganes de los imperialistas occidentales (…) las concesiones a un enemigo solo traen destrucción, división y sufrimiento. Negociar con el lobo no salvará a la cordera ni traerá la paz; solo fija la hora para la próxima comida”.

En marzo de 2003, el presidente George W. Bush dio la orden de iniciar el ataque aéreo en una operación militar bautizada como “Libertad para Irak”. Y también en marzo, pero de 2011, las fuerzas de la OTAN, azuzadas por los EE.UU., comienzan sus bombardeos a Libia, escudándose en una resolución del CS de la ONU supuestamente destinada a establecer una zona de exclusión aérea sobre ese país norafricano. Sobrevino el Infierno, y las petroleras extranjeras atentas.

Cuba acusa

Cada 6 de octubre, Cuba conmemora el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, en tributo a los más de 3400 compatriotas fallecidos como resultado de las agresiones yanquis. La fecha se instauró en ocasión del estallido en pleno vuelo de una nave de Cubana de Aviación donde viajaban 73 personas, que murieron a causa de un atentado con explosivos ejecutado en 1976 por los vulgares terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). La mayor de las Antillas demanda al gobierno yanqui por los daños económicos, las operaciones encubiertas y los miles de sabotajes emprendidos ya en 1959.  Washington, en un cinismo enorme, ha ideado colocarnos en una ilegítima lista de pretendidos patrocinadores del terrorismo cuando el planeta coincide en asumirla como otra vía de barrer la Revolución.

El imperialismo estadounidense persiste en su política de máxima presión por todos los canales. Ahora, Donald Trump acaba de firmar (29/2/2026) un decreto para declarar una “emergencia nacional” en virtud de la “amenaza” de Cuba a su país y al resto de la región. La Casa Blanca considera imponer aranceles a los productos de los países suministradores de petróleo a Cuba. Se escuda en su mentirosa excusa de que somos terroristas si bien está suficientemente probado que somos un pueblo guerrero, sí, pero cuando peligran altos valores humanistas: de lo contrario brindamos solidaridad, respeto y justicia social, aun en medio de condiciones adversas.

Fidel Castro, en su Reflexión “El imperio y la mentira”, del 11 de septiembre de 2007, escribió: “El camino no es la fuerza ni la guerra. Lo digo aquí con toda la autoridad de haber hablado siempre con honradez, poseer convicciones sólidas y la experiencia de haber vivido los años de lucha que ha vivido Cuba. Sólo la razón, la política inteligente de buscar la fuerza del consenso y la opinión pública internacional puede arrancar de raíz el problema. (…) la lucha internacional contra el terrorismo no se resuelve eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes. Se resuelve poniendo fin, entre otras cosas, al terrorismo de estado y otras formas repulsivas de matar, poniendo fin a los genocidios, siguiendo lealmente una política de paz y de respeto a normas morales y legales que son ineludibles. El mundo no tiene salvación si no sigue una línea de paz y de cooperación internacional”.

https://bohemia.cu/el-desafio-vigente/