Elizardo Sánchez, el camaján, se infla con mentiras

Norelys Morales Aguilera.- Si solo una ínfima parte de las “denuncias” de los mercenarios cubanos sobre asesinatos y brutalidad policial fuesen ciertas, los cubanos podríamos ver amenazante a la Cuarta Flota frente a las costas de La Habana. Pretextos han buscado.

Y, pretextos suelen darles, en vano, los asalariados de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba y lo más recalcitrante de la ultraderecha miamense ramificada a otras capitales gracias a un entramado de dinero que fluye de las arcas del gobierno de Estados Unidos y se distribuye generosamente en el negocio de la contrarrevolución.

El más conspicuo grupúsculo tanto por su promoción internacional como por sus continuos fiascos y corruptelas es  la llamada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), que dirige Elizardo Sánchez Santa Cruz, apodado, el Camaján entre los isleños.

Emilio Ichikawa, nada condescendiente con La Habana, publicaba el 23 de enero que:
“Luego de tardar años en sacar a terroristas centroamericanos de sus listas periódicas y parciales de presos políticos en Cuba, el contador Elizardo Sánchez acaba de dar otra muestra de lento aprendizaje al elaborar su lista más reciente de «sancionados o procesados por motivos políticos o político sociales» con 17 personas que no están presas y por lo menos 32 que nada tienen de político ni de político-social, en el recto sentido de la norma internacional, sino que fueron sancionados por secuestro —incluso con pérdida de vidas— de naves o aeronaves (20), infiltración armada (9) y espionaje (3). Elizardo Sánchez llega incluso a atribuir a 2 sancionados esta cualidad política o político-social: «No era opositor militante cuando intentó el secuestro con armas de un yate de recreo».

Ya antes Sánchez había incluido en sus listas a deportistas peruanos y bolivianos, y hasta Dionisio Alcalá-Galiano, pintor  de Córdoba (España) nacido en 1760, supuesta víctima de la represión policial en Cuba. Pero, por eso cobra porque todo viene bien a las campañas para aparentar una "dictadura" y la necesidad para agredir a la Isla de cualquier manera.

El Camaján sigue mintiendo, no se le puede creer a un embustero compulsivo, y El Nuevo Herald le sigue dando credibilidad a un mentiroso de oficio, así como a otros vividores y oportunistas, que es el modo de representar a la cloaca de Miami.