El huracán María arrancó el verdor de nuestros bosques y árboles, pero provocó algo peor: dejó al desnudo la incapacidad, insuficiencias y las enormes limitaciones del gobierno de Puerto Rico. Como si fuera poco, también ha salido a flote el desprecio, la burla y la indolencia del gobierno de Estados Unidos, responsable principal de las carencias políticas y económicas del pueblo puertorriqueño.
Ha quedado en evidencia la ausencia de planificación y el torpe manejo del embate de un huracán intenso, como si el archipiélago borincano no estuviera en el Caribe, precisamente en la ruta de tormentas y huracanes. Claramente, ni el gobierno ni las agencias federales disponían de planes para responder a los distintos escenarios: