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Entre Palantir y Marco Rubio: ¿el nacimiento de un nuevo paradigma autoritario?

Norelys Morales Aguilera.— Hay acontecimientos que parecen aislados hasta que una mirada más amplia revela un patrón. La historia rara vez avanza mediante un solo decreto o una única declaración; suele hacerlo a través de una sucesión de decisiones, documentos y alianzas que, poco a poco, modifican la forma en que concebimos el poder.

En ese contexto, dos hechos recientes merecen ser analizados conjuntamente. El primero es la difusión del llamado Manifiesto de Palantir, una propuesta que reivindica el uso intensivo de la inteligencia artificial, el análisis masivo de datos y la integración tecnológica como pilares de un nuevo modelo de administración pública. El segundo es la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, convocada el 16 de julio por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, con el propósito declarado de fortalecer la cooperación internacional frente a las amenazas políticas violentas.

A simple vista, ambos acontecimientos pertenecen a esferas diferentes: uno al universo tecnológico y empresarial; el otro, a la diplomacia y la seguridad internacional. Sin embargo, observados desde una perspectiva política más amplia, parecen converger en una misma lógica: la ampliación de las capacidades del Estado para identificar, clasificar y neutralizar aquello que considera una amenaza.

No se trata de afirmar que exista un plan único ni una coordinación explícita entre ambos procesos. La hipótesis es otra: que representan expresiones complementarias de una transformación más profunda del ejercicio del poder en Occidente.

Del terrorismo a la categoría de "terrorismo político"

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el concepto de terrorismo ha ocupado un lugar central en la política internacional. Bajo esa bandera se justificaron guerras, legislaciones de excepción, sistemas de vigilancia y restricciones a derechos fundamentales.

Lo novedoso es el desplazamiento semántico que parece producirse ahora. Ya no se habla únicamente de terrorismo, sino de terrorismo político.

El cambio no es menor. Mientras el terrorismo tradicional remite a actos de violencia definidos en el derecho penal internacional, la expresión "terrorismo político" abre un espacio mucho más amplio de interpretación. ¿Qué conductas quedan comprendidas en esa categoría? ¿Quién determina sus límites? ¿Qué mecanismos de control democrático existen para evitar que la etiqueta termine aplicándose a organizaciones, movimientos o actores que ejercen formas legítimas de oposición política?

La historia demuestra que las categorías jurídicas nunca son neutrales. También son instrumentos de poder.

El paradigma Palantir

En paralelo, la revolución tecnológica ha dado lugar a un fenómeno igualmente significativo. Empresas como Palantir representan mucho más que una innovación informática. Encarnan una nueva concepción de la gobernanza basada en la integración de enormes volúmenes de información procedente de organismos públicos, agencias de seguridad, sistemas financieros, redes digitales y registros administrativos.

El objetivo declarado es hacer al Estado más eficiente. Pero toda tecnología incorpora una filosofía política. Cuando los algoritmos identifican patrones de comportamiento, establecen perfiles de riesgo y anticipan posibles amenazas antes de que se materialicen, el centro de gravedad deja de situarse únicamente en los hechos para desplazarse hacia las probabilidades.

No se persigue solo lo que una persona hizo. Se comienza a gestionar lo que podría llegar a hacer. Ese cambio representa una mutación profunda del concepto clásico del Estado de derecho.

La convergencia

Aquí es donde ambos procesos parecen encontrarse. Por un lado, se amplían las categorías susceptibles de vigilancia mediante conceptos cada vez más elásticos relacionados con la seguridad política. Por otro, aparecen herramientas tecnológicas capaces de procesar millones de datos, identificar redes de relaciones y elaborar perfiles automatizados de individuos y organizaciones.

La combinación resulta extraordinariamente poderosa. No hace falta prohibir una organización si previamente puede clasificarse como potencialmente riesgosa. No es necesario censurar directamente un movimiento si basta con reducir su alcance mediante sistemas automatizados de monitoreo, clasificación o exclusión digital.

El poder ya no necesita mostrarse únicamente como coerción. Puede presentarse como eficiencia tecnológica.

¿Un nuevo fascismo?

La palabra fascismo exige prudencia. Su uso indiscriminado termina vaciándola de significado.

Sin embargo, diversos estudiosos han advertido que las formas contemporáneas de autoritarismo difícilmente reproducirán los modelos del siglo XX.

Umberto Eco describía el "Ur-Fascismo" como un conjunto de rasgos adaptables a diferentes contextos históricos.

Hannah Arendt analizó cómo los sistemas totalitarios necesitaban construir enemigos permanentes para justificar la expansión continua del aparato de control.

Más recientemente, Sheldon Wolin habló del "totalitarismo invertido" para describir formas de concentración del poder compatibles con instituciones democráticas formales.

Y Shoshana Zuboff mostró cómo el capitalismo de vigilancia convierte los datos personales en instrumentos de predicción y modificación del comportamiento humano.

Desde esa perspectiva, la convergencia entre seguridad, inteligencia artificial y concentración tecnológica merece una reflexión crítica.

No porque reproduzca exactamente el fascismo histórico. Sino porque comparte algunos de sus mecanismos fundamentales: la expansión del control, la identificación permanente del enemigo, la subordinación de las libertades individuales a objetivos superiores definidos por el poder y la creciente fusión entre intereses estatales y corporativos.

Del uniforme al algoritmo

El fascismo clásico necesitaba uniformes, marchas y propaganda de masas. El autoritarismo del siglo XXI puede prescindir de todo ello. Sus instrumentos son más discretos.

Algoritmos.

Bases de datos.

Reconocimiento automatizado.

Inteligencia artificial.

Vigilancia permanente.

La obediencia ya no depende únicamente del miedo visible. También puede construirse mediante la clasificación invisible. Quien controla los datos termina condicionando las decisiones. Quien controla los algoritmos termina influyendo sobre la realidad política.

Una pregunta para nuestro tiempo

La cuestión central no consiste en demonizar la tecnología ni en negar la necesidad de combatir el terrorismo. Las sociedades tienen derecho a protegerse frente a la violencia. Pero precisamente por ello deben preguntarse cuáles son los límites del poder que delegan en nombre de esa protección.

La reunión convocada por Marco Rubio y el paradigma representado por Palantir plantean interrogantes que trascienden la coyuntura estadounidense.

¿Estamos asistiendo a una modernización legítima de las políticas de seguridad?

¿O estamos presenciando la consolidación de un modelo donde la vigilancia permanente, la inteligencia artificial y la ampliación de las categorías de amenaza terminan redefiniendo la propia democracia?

Responder a esa pregunta exigirá algo más que avances tecnológicos.

Exigirá preservar el espíritu crítico, fortalecer las garantías jurídicas y recordar una lección que la historia ha enseñado repetidamente: las libertades rara vez desaparecen de un día para otro. Con mayor frecuencia, se erosionan lentamente, mientras el poder asegura actuar únicamente para protegerlas.

Por qué debe preocupar Palantir y su manifiesto

El gigante tecnológico fundado por Peter Thiel y dirigido por Alex Karp, la compañía de inteligencia artificial Palantir, publicó recientemente 22 tesis sobre el futuro de EE.UU. y Occidente que trazan el camino a una preocupante deriva.

Cada uno de los puntos están basados en el libro 'The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West' [La República Tecnológica: Poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente], escrito por Karp —director ejecutivo de Palantir— junto con el asesor jurídico de esa compañía, Nicholas Zamiska.

Se trata de una declaración política e ideológica que parece despreciar la democracia como forma de organización social, además de destilar racismo y una ideología abiertamente supremacista.

La carrera armamentística de IA

El gigante de la inteligencia artificial cuestiona el pluralismo, defiende el servicio militar obligatorio, apuesta por una carrera armamentística impulsada por la IA y desecha otras culturas sin esconderse.

El manifiesto sostiene que la élite de Silicon Valley debe participar en la defensa de la nación con el objetivo declarado de ayudar al surgimiento de una 'República tecnológica'.

Del mismo modo, el manifiesto incluso pide poner fin a la "impotencia" de los ejércitos japonés y alemán, desarmados al final de la Segunda Guerra Mundial, para evitar que se alteren los equilibrios en Europa y Asia.

Occidente primero

El ideario hace un llamamiento a posicionar a Occidente primero, en clara analogía con el 'America First' que enarbola la administración del presidente estadounidense, Donald Trump. En esa línea, señala una hipotética decadencia que propone revertir mediante el poder militar y el auge de la inteligencia artificial.

La sinergia entre la compañía y Trump es obvia. De hecho, el anuncio de la reelección del político republicano hizo que la empresa registrara una subida en bolsa que alcanzó los 23.000 millones de dólares.

¿Una distopía autoritaria?

Este manifiesto, con visos notables de programa político, también propone una suerte de distopía autoritaria que aboga por otorgar más poder a las élites, siempre que sean occidentales. 

Entre las principales tesis planteadas se encuentran la implicación de las tecnológicas de Silicon Valley en la defensa de la nación estadounidense; la promoción de una disuasión de nuevo cuño basada en la inteligencia artificial, en sustitución de la amenaza atómica; y un servicio militar obligatorio universal.

Del mismo modo, en paralelismo con el discurso expuesto por las camarillas de la Casa Blanca, en el manifiesto tampoco falta una referencia a la promoción de cierto ideario de fe. El texto asegura que "hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos" de la élite. Una intolerancia que consideran que no hay que combatir sino fomentar, en el caso de otras culturas.

¿Qué es Palantir?

Palantir nació después del 11 de septiembre de 2001, una fecha que removió los cimientos de las sociedades de comienzos del siglo XXI. Su crecimiento fue exponencial y actualmente tiene firmados varios contratos con el Gobierno de EE.UU. por valor de miles de millones de dólares.

Su software permite procesar datos tras recopilar información dispersa en distintas plataformas, con el objetivo de identificar patrones complejos.

La empresa trabaja con las principales agencias del ámbito de la seguridad, como la CIA, el FBI, la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) y está metida en el Pentágono de la mano de su responsable de tecnología, Shyam Sankar, a quien la administración Trump elevó al cargo de asesor con rango de teniente coronel. Como parte del Destacamento 201, su labor es asesorar tecnológicamente al Ejército de EE.UU.

Los servicios de Palantir también han sido ampliamente utilizados por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en su implacable y violenta campaña de deportaciones.

El ámbito de las colaboraciones también alcanza al Ejército de Israel. En 2024, la empresa firmó una alianza estratégica para redoblar el esfuerzo bélico del país hebreo, al que le ha proporcionado herramientas de análisis para su ofensiva en la Franja de Gaza, que ha dejado ya más de 70.000 muertes de palestinos y la destrucción casi total del territorio.

¿Quiénes son Thiel y Karp?

El multimillonario Peter Thiel pertenece a la élite de Silicon Valley y es uno de los nombres más influyentes del capitalismo tecnológico actual. Cofundó PayPal y fue uno de los primeros inversores de Facebook, por poner solo algunos de los ejemplos más conocidos.

Sus inclinaciones libertarias son de sobra conocidas y también se ha convertido en un referente político de peso, especialmente después de respaldar a Trump en sus dos campañas. Sus pensamientos cuestionan los principios democráticos liberales y se inclinan por modelos de gobernanza autoritarios.

"Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles", llegó a escribir en un ensayo publicado en 2009 y titulado 'La educación de un libertario'.

Por su parte, Alex Karp es el cerebro del manifiesto. Al igual que Thiel, tiene formación filosófica y cofundó Palantir. Sus mayores intereses se centran en la aplicación de la tecnología para la seguridad nacional y en asegurar la superioridad cultural de Occidente.

¿Tecnofascismo?

En los últimos años se ha criticado reiteradamente la acumulación de poder de las gigantescas empresas tecnológicas, apuntando que aspiran a evitar las regulaciones nacionales y a operar sin restricciones.

En el marco de esas críticas, el manifiesto de Palantir se ha convertido en un símbolo que ha hecho sonar muchas alarmas dentro de la academia. El filósofo Mark Coeckelbergh, profesor en la Universidad de Viena, no ha dudado en calificar sus postulados de "tecnofascismo".

"Es un manifiesto. Y para cualquier defensor de la democracia, leerlo es como abrir un alimento que sospechabas que estaba en mal estado, pero no sabías que lo estaba tanto", escribió Coeckelbergh en su blog.

El diputado liberal demócrata británico, Martin Wrigley, calificó el texto como un "desvarío narcisista e inquietante de una organización arrogante", mientras que el profesor de la Universidad de Georgia e investigador de política autoritaria, Cas Mudde, instó a Europa a detener toda nueva cooperación e inversiones con esa empresa. Hasta ahora, la mayoría de las críticas apuntan hacia la misma dirección.

Estos son los 22 polémicos principios:

  1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación.
  2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las apps. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el coronamiento de nuestra civilización? El objeto ha cambiado nuestras vidas, pero ahora también puede estar limitando y constriñendo nuestro sentido de lo posible.
  3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y en efecto de su clase gobernante, solo será perdonada si esa cultura es capaz de entregar crecimiento económico y seguridad para el público.
  4. Los límites del poder blando, de la retórica altisonante por sí sola, han sido expuestos. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.
  5. La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán.
  6. El servicio nacional debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente alejarnos de una fuerza totalmente voluntaria y solo pelear la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el costo.
  7. Si un marine de EE.UU. pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo aplica para el software. Como país, deberíamos ser capaces de continuar un debate sobre la conveniencia de la acción militar en el extranjero mientras permanecemos inflexibles en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se adentren en el peligro.
  8. Los servidores públicos no necesitan ser nuestros sacerdotes. Cualquier negocio que compensara a sus empleados de la manera en que el gobierno federal compensa a los servidores públicos lucharía por sobrevivir.
  9. Deberíamos mostrar mucha más gracia hacia aquellos que se han sometido a la vida pública. La erradicación de cualquier espacio para el perdón —un abandono de cualquier tolerancia por las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un elenco de personajes al timón que llegaremos a lamentar.
  10. La psicologización de la política moderna nos está llevando por mal camino. Aquellos que miran a la arena política para nutrir su alma y sentido del yo, que dependen demasiado de que su vida interna encuentre expresión en personas que quizás nunca conozcan, quedarán decepcionados.
  11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa por apresurar, y a menudo alegre ante, la desaparición de sus enemigos. La derrota de un oponente es un momento para pausar, no para regocijarse.
  12. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre I.A. está a punto de comenzar.
  13. Ningún otro país en la historia del mundo ha avanzado valores progresistas más que este. Estados Unidos está lejos de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuánto más oportunidad existe en este país para aquellos que no son élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
  14. El poder americano ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Demasiados han olvidado o quizás dan por sentado que casi un siglo de alguna versión de paz ha prevalecido en el mundo sin un conflicto militar de gran potencia. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas y sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.
  15. La neutralización de posguerra de Alemania y Japón debe deshacerse. El desarme de Alemania fue una sobre-corrección por la que Europa ahora está pagando un precio alto. Un compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.
  16. Deberíamos aplaudir a aquellos que intentan construir donde el mercado ha fallado en actuar. La cultura casi se ríe con sorna del interés de Musk en la gran narrativa, como si los multimillonarios debieran simplemente quedarse en su carril de enriquecerse a sí mismos. Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente desestimado, o quizás acecha por debajo de un desprecio apenas velado.
  17. Silicon Valley debe jugar un rol en abordar el crimen violento. Muchos políticos en Estados Unidos han esencialmente encogido los hombros cuando se trata de crimen violento, abandonando cualquier esfuerzo serio para abordar el problema o asumir cualquier riesgo con sus electorados o donantes en idear soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas.
  18. La exposición despiadada de las vidas privadas de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio gubernamental. La arena pública —y los ataques superficiales y mezquinos contra aquellos que se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se queda con un registro significativo de vasijas ineficaces y vacías cuya ambición uno perdonaría si hubiera alguna estructura de creencia genuina acechando dentro.
  19. La cautela en la vida pública que inadvertidamente alentamos es corrosiva. Aquellos que no dicen nada malo a menudo no dicen nada sustancial en absoluto.
  20. La intolerancia generalizada hacia la creencia religiosa en ciertos círculos debe resistirse. La intolerancia de la élite hacia la creencia religiosa es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos dentro de él reclamarían.
  21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras permanecen disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. La crítica y los juicios de valor están prohibidos. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas e incluso subculturas han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor, regresivas y dañinas.
  22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero, ¿inclusión en qué?

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