Graziella Pogolotti.-- Los habitantes de los países tropicales hemos aprendido a conocer bien las características del nacimiento, desarrollo y muerte de los ciclones. Comienzan por ser tormentas. Alimentadas por las aguas calientes de los mares, van subiendo por la escala que define su grado de violencia. Su muerte responde a la pérdida de los nutrientes que aseguran su ininterrumpida expansión.
El fenómeno natural puede traducirse en metáfora de los rasgos del capitalismo. Para sobrevivir, tiene que asegurar su constante expansión. Al producirse la independencia, los Estados Unidos dispusieron de un inmenso territorio virgen al que sumaron una zona importante de México. Desde entonces, aspiraban a incorporar la pequeña isla de Cuba, tan cercana a la Florida. Con el andar del tiempo, pasaron de la apropiación de fuentes primarias para impulsar la industria a lo que hoy conocemos como globalización, alianzas de poder financiero con la tecnocracia, sustentado todo en el control de los medios y de las nuevas tecnologías. De todo ello emerge una batalla cultural orientada a sembrar modelos de conducta, aspiraciones de vida y nociones de felicidad de naturaleza escapista ante los problemas de la realidad que nos concierne.
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Inigualable Graziella Pogolotti: Fábulas para un tórrido verano
Como Las mil y una noches profusamente publicada en ediciones para niños una vez depuradas de los pasajes con excesiva carga erótica, las fábulas tampoco fueron concebidas para la infancia. Las conocimos con el sabor moralizante de Iriarte y Samaniego. En verdad, estaban destinadas al consumo de adultos y, al igual que las historias de Scherezada, pasaron de una a otra civilización, de un milenio a otro.
Fedro llevó al latín las fábulas del mítico Esopo. Consciente del pragmatismo característico de la civilización romana, escribió un prologuillo para justificar, en términos de utilidad, que los árboles hablaran. El propósito era doble: divertir y aconsejar, seducir para transmitir un mensaje. Puente entre las tradiciones que recorrieron el Mediterráneo desde el Oriente más recóndito, la latinidad permeó las culturas que gestaba la pequeña Europa. La construcción de un imaginario anclado en el sentido común contrarrestaba la seducción ejercida por las palabras engañosas al servicio del más poderoso.
Fedro llevó al latín las fábulas del mítico Esopo. Consciente del pragmatismo característico de la civilización romana, escribió un prologuillo para justificar, en términos de utilidad, que los árboles hablaran. El propósito era doble: divertir y aconsejar, seducir para transmitir un mensaje. Puente entre las tradiciones que recorrieron el Mediterráneo desde el Oriente más recóndito, la latinidad permeó las culturas que gestaba la pequeña Europa. La construcción de un imaginario anclado en el sentido común contrarrestaba la seducción ejercida por las palabras engañosas al servicio del más poderoso.
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