Blumenthal argumenta que el DOJ usa lenguaje vago y cifras inconsistentes sobre supuestos envíos de cocaína, sin aportar pruebas concretas ni demostrar jurisdicción estadounidense, ya que muchos de los hechos alegados ocurrieron fuera de EE. UU. Además, ignora informes de inteligencia recientes que concluyen que Maduro no controla al grupo criminal Tren de Aragua, pese a que la acusación lo presenta como su aliado.
El texto subraya que el caso se apoya casi exclusivamente en testigos poco fiables, especialmente el exgeneral Hugo “El Pollo” Carvajal, un narcotraficante confeso que firmó un acuerdo secreto con fiscales estadounidenses para reducir su condena a cambio de incriminar a Maduro. El autor considera que su testimonio carece de credibilidad y responde a presiones judiciales.
Un punto central del artículo es que el llamado “Cartel de los Soles”, que el DOJ atribuye a Maduro y su entorno, no fue creado por el chavismo, sino que tiene su origen en operaciones encubiertas de la CIA en los años 80 y 90, algo documentado por medios estadounidenses como The New York Times y 60 Minutes. Según el autor, reactivar esta narrativa expone al propio gobierno de EE. UU. a que salgan a la luz antecedentes de tráfico de drogas vinculados a su inteligencia.
Finalmente, el artículo denuncia un doble rasero: mientras se persigue a Maduro con pruebas endebles, figuras claramente implicadas en el narcotráfico y aliadas de EE. UU., como el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, han recibido indultos. Para Blumenthal, el objetivo real del caso es legitimar una doctrina imperial, presentar secuestros y amenazas como “aplicación de la ley” y advertir a otros líderes que se opongan a los intereses estratégicos de Washington.

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