21/10/13

La última llamada de John F. Kennedy fue a una coleccionista de arte

En la imagen cedida por el Museo Amon Carter de Fort Worth, aspecto de la suite.
La última llamada telefónica de John F. Kennedy no fue a un asesor o a un mandatario, sino a una coleccionista de arte que quiso sorprenderlo decorando con obras de Picasso y Monet la habitación de hotel donde se alojó la noche anterior a su asesinato, hace casi 50 años, según relata Efe.

El anuncio de que el matrimonio Kennedy pasaría la
noche en Fort Worth (Texas) el 21 de noviembre de 1963 no despertó inicialmente el interés de Ruth Carter Johnson, una coleccionista de arte local que se definía como republicana de toda la vida. Pero no lo dudó ni un instante cuando un crítico de arte, Owen Day, le propuso convertir la suite donde se alojaría la pareja, la número 850 del Hotel Texas, en un espacio con el mejor arte del momento, que hoy puede volver a verse en una exposición recién inaugurada en el museo Amon Carter de Fort Worth.

La suite 850 "no era la más lujosa del hotel" y estaba decorada con "láminas comerciales, sin mucho arte original", por lo que Johnson y Day se propusieron "redecorarla con obras de calidad" recopiladas de varias colecciones privadas, explicó a la encargada de la exposición 'Hotel Texas', Shirley Reece-Hughes.

En ese momento, Pablo Picasso era "el artista internacional vivo más famoso" y su escultura de bronce "Búho enfadado" (1953) fue la elegida para dar la bienvenida a Kennedy y su esposa Jackie en la entrada de la suite, según Reece-Hughes. Pero cuando el matrimonio llegó al Hotel Texas hacia las 11 de la noche, tras una larga jornada que incluyó paradas en San Antonio y Houston, "estaban agotados y se fueron directamente a dormir", sin prestar atención a la decoración. No fue hasta la mañana siguiente cuando Jackie reparó en el catálogo que Carter Johnson y sus colaboradores habían preparado para guiarles a través de las 16 piezas de la exposición, y fue admirándolas una por una.

Conscientes del gusto de la primera dama por el arte europeo, los coleccionistas colocaron un cuadro de Claude Monet en el salón y obras impresionistas de Vincent Van Gogh y Maurice Prendergast en la habitación donde creían que ella dormiría. Para el cuarto del presidente eligieron arte estadounidense de principios de siglo, y situaron sobre su cama el clásico 'Nadadores', de Thomas Eakins, en una cuidadosa operación coordinada con la silenciosa complicidad del servicio secreto.

Los restos de crema de afeitar en el cuarto de baño correspondiente a la habitación del arte impresionista y las trazas de maquillaje halladas en el lavabo de la sala decorada al gusto del presidente revelaron más tarde que cada uno de los Kennedy había dormido en la habitación opuesta a la diseñada para ellos. Pero eso no rebajó su entusiasmo cuando descubrieron la sorpresa. "Tenían muchas ganas de dar las gracias a Ruth Johnson, así que el servicio secreto llamó a todas las mujeres que figuraban con ese nombre en el listín telefónico. Cuando finalmente dieron con ella, Kennedy se puso al teléfono y le dijo lo mucho que apreciaban su esfuerzo al crear la exposición", relató Reece-Hughes.

"Después pasó el teléfono a Jackie, que le dijo que estaba disfrutando tanto del arte que le costaba abandonar la habitación. Y, hasta donde sabemos, ésa fue la última llamada que Kennedy hizo antes de su asesinato en Dallas, apenas unas horas después", agregó. Encontrar hoy la suite 850 del Hotel Texas es tarea imposible.

El edificio conserva su fachada original, la misma ante la que Kennedy dio su última conferencia de prensa aquel 22 de noviembre, aunque la última habitación del octavo piso es la 838. Pero cada pasillo, habitación y salón de este hotel, que cambió de nombre media docena de veces hasta convertirse en 2006 en el Hilton Fort Worth, tiene un detalle que recuerda aquella última noche, en la que los Kennedy durmieron rodeados de una efímera muestra digna del mejor museo.

"La inesperada tragedia que sucedió después ha eclipsado este gran gesto", señaló a periodistas Andrew Walker, director del museo Amon Carter. Según Reece-Hugues, la extremada sofisticación que adquirió el sistema de seguridad presidencial precisamente a raíz del asesinato de Kennedy en Dallas la mañana siguiente hace imposible que una exposición similar pudiera repetirse hoy en honor, por ejemplo, de Barack Obama. "Nunca se les ocurriría revelar cuál es la suite del presidente de Estados Unidos", aseguró.

Foto: EFE

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