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Obama y el contrapunteo con la rosa blanca [1/2]


Norelys Morales Aguilera.-- Música a los oídos de Barack Obama debieron ser los aplausos del pueblo cubano, después de su discurso en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y en el más emblemático estadio de pelota (béisbol) de Cuba, mientras en el "Air Force One" viajaba a la República Argentina, y el mundo estaba conmocionado este 22 de marzo de 2016 por los ataques terroristas en Bélgica.

Noticias y análisis abrumadoramente se dirigen a lo que dijo o no dijo Obama, supuestamente al pueblo cubano con la reacción inmediata a su alocución sin preguntas o diálogos -mucha democracia-, con toda la artillería del monopolio mediático acentuando en quién gana y quién pierde: banalización o silenciamiento del real pensamiento de nuestros nacionales, y la consiguiente tautología de Internet.

La luz de Yara

Fernando Martínez Heredia.-- Hace casi siglo y medio de aquel 20 de octubre y, sin embargo, una nación entera se sigue emocionando cada vez que lo escucha, y se imagina al músico y poeta que supo ir a la gloria y al cadalso, escribiendo sobre la montura, y la ciudad ardiendo. “Que Bayamo fue un sol refulgente”, decía la Bayamesa de la Guerra. La canción que se quedó en ocho versos que invitan a pelear, retan a la muerte necesaria y prometen vida eterna. Es el himno de Bayamo, la marcha de la bandera, el himno nacional de Cuba. No nació por encargo ni en un concurso, lo compuso una y otra vez un pueblo entero que se sacrificó para tener patria.

Todas las naciones se van formando de comunidades que se reconocen singulares y únicas, y tejen lentamente su madeja de palabras, comidas, costumbres, gestos, ritos, fiestas, trabajos, prejuicios, recuerdos, olvidos. Pero las hay que también necesitan gestas, epopeyas en las que un pueblo impar se ratifica y se vuelve dueño de sí mismo entre dolores y hazañas, victorias y derrotas, esfuerzos supremos y jornadas asombrosas. Este fue el caso de la formación de la nación cubana.