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EE.UU. no logra aplacar escándalo sobre programas de espionaje gubernamental

Lejos de aplacarse, el escándalo del espionaje masivo de la Agencia Nacional de Inteligencia (NSA) de Estados Unidos vuelve hoy a las noticias debido a la repercusión de nuevas revelaciones difundidas por el diario The Washington Post.

Grupos defensores de las libertades civiles reaccionaron con indignación ante los informes de que espías de la NSA rompieron las reglas de privacidad o excedieron su autoridad legal miles de veces desde 2008.

"Lo denunciado es increíble. Demuestra que las normas que regulan la vigilancia gubernamental son muy permisivas", consideró Jameel Jaffer, director legal de la Unión Americana de Libertades Civiles.

Simbolismos de una cumbre

Stella Caloni.- Fue, sin duda, un hecho histórico en la historia contemporánea de los procesos de integración de América Latina y el Caribe, que se reafirmaban en una segunda reunión después de Caracas, en diciembre de 2011. El viejo mundo europeo llegó al encuentro en momentos de enorme debilidad, perdidos los objetivos de unidad -que parecía indestructible-, en las brumas de imposiciones neoliberales tardías, que están produciendo una verdadera tragedia en sus pueblos, despojados de toda seguridad hacia el futuro, y el otro, este “mundo posible”, pero cierto, que nuestra región está construyendo hacia otro futuro emancipatorio y justo.

La Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) realizada en Santiago de Chile, entre los días 26 y 27 de enero pasado, estuvo dividida en dos momentos: la reunión conjunta con la Unión Europea (UE), curiosamente cerrada a la prensa, y la de los presidentes de la CELAC, como tal, abierta y descomprimida, creando y construyendo, consciente de las amenazas que la rodean, pero también de la fuerza liberadora de sus objetivos.

Fueron evidentes tanto las coincidencias como las diferencias y dejaron asomar la calidad de los avances logrados en la región, como las dificultades futuras en los acuerdos.

Quizás una de las figuras más dramáticas resultó la del presidente de España, Mariano Rajoy, quien parecía representar un imperio, en momentos en que en su país se anunciaban las cifras más altas de desempleo -unos seis millones de desocupados en los últimos tiempos- y la caída sin red que representa imponer en pleno siglo XXI proyectos neoliberales que han fracasado y llevado a la quiebra a otros países.