En el 45º aniversario de la muerte de Ernesto 'Che' Guevara, reproducimos el perfil escrito por el periodista Emilio J. Corbière, en el cual se refiere a su significación ético-política. Más allá del mito, como personalidad de nuestra época.
Ernesto Guevara no es sólo el quijote revolucionario, el teórico de la construcción socialista, es algo mucho más importante: es el ejemplo moral.
Este recuerdo podrá parecer poco materialista, se podrá decir que se trata de una apreciación subjetiva. Pero me apresuro a responder que no es así, porque la moral revolucionaria integra, en un lugar principal, la cosmovisión que del hombre y la sociedad tiene el marxismo.
Guevara fue eso: un ejemplo militante de moral firme. Internacionalista, vibró ante el ataque criminal de los norteamericanos contra la Guatemala de Jacobo Arbenz. Eso, y otras razones políticas e ideológicas, le determinaron a unirse al grupo de patriotas cubanos, encabezados por Fidel Castro, para liberar a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista.
¿Qué hizo a Guevara abandonarlo todo: familia, fortuna personal, carrera profesional, para unirse a ese puñado de luchadores? ¿Qué fuerza lo movió a afincarse en la isla del Caribe, lejos de su patria de nacimiento? ¿ Porqué el Che, después del triunfo de la Revolución, y cuando ésta se consolidaba, ocupando altos cargos y responsabilidades ministeriales, abandonó esa seguridad y partió hacia Bolivia para enfrentar a los militares gorilas y los 'rangers' entrenados en los Estados Unidos?.
Esa fuerza no tenía nada de misterioso, ni había caído del cielo. Nació de su conciencia -individual y social- y se llama moral revolucionaria.
Fueron las mismas convicciones por las que el escritor norteamericano John Reed peleó en la Revolución de Octubre junto a los obreros y campesinos rusos. Fue el mismo idealismo que movilizó al médico Norman Bethune, quien en representación de la izquierda de Estados Unidos y Canadá, se unió a los revolucionarios comunistas chinos y se distinguió por su valor y sus conocimientos científicos en el 8° Ejército, donde murió a raíz de una infección, mientras curaba heridos.
Era el mismo espíritu moral de los brigadistas internacionales, muchos de ellos argentinos, que convergieron en 1936, a la España Republicana para luchar contra el fascismo. Y como estas hay muchos otros ejemplos.
Desde luego que el Che no rechazaba a quienes, desde la caída de Batista, se dieron a la ciclópea tarea de construir la nueva Cuba. El mismo fue ministro y funcionario. Pero en un momento de inflexión de su vida, creyó que debía continuar la lucha junto a otros pueblos latinoamericanos en su largo y empinado camino hacia la liberación. Y así partió a Bolivia.
Como Francisco de Miranda
Puede compararse a Guevara con Francisco de Miranda. Guevara era del mismo metal humano que el de Miranda. El venezolano, precursor de la Independencia, había combatido, como voluntario en las Revoluciones Norteamericanas de 1776, en la Revolución Francesa de 1789, y retornó a su América Latina, cuando llegó la hora de combatir por la emancipación de las colonias hispanoamericanas. Los españoles lo apresaron, lo encerraron en un calabozo bajo tierra, y al morir en cautiverio, cremaron sus restos, al parecer, para no dejar rastro de su vida. En el museo histórico de Caracas, junto al lugar donde reposan los restos del Libertador Bolívar y otros patriotas venezolanos, puede verse, aún, un féretro abierto, que como símbolo espera los restos de Miranda.
Los imperialistas de ayer y de hoy, se ensañan con los cuerpos de los revolucionarios, recurren al crimen, la tortura, la eliminación, y también al ocultamiento de los despojos de los caídos en combate.
Esa es la moral hipócrita de las clases dominantes. No saben que el ejemplo de revolucionarios como es el caso de Ernesto Guevara, su vida, sus ideas, su práctica social, trasciende a su propia persona para transformarse en un arma mucho más potente que las armas convencionales: la voluntad colectiva despliega en todos los sentidos la conciencia de la revolución y de la transformación.
En una entrevista realizada por el periodista Jean Daniel, en Argel, en Julio de 1963, para la revista L'Express, el Che decía: 'El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero luchamos al mismo tiempo contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es eliminar el interés, el factor 'interés individual' y el lucro de las motivaciones psicológicas. Marx se preocupa tanto de los factores económicos como de su repercusión en el espíritu. Llamaba a esto 'hecho de conciencia'. Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria.'
Etica y libertad
Guevara era un idealista, pero el suyo era un idealismo ético, que no debe confundirse con el llamado idealismo filosófico. Por el contrario, el moralismo de las clases dominantes, en realidad, su inmoralidad, siempre protege la ausencia de libertad, la desigualdad, la explotación, ni bien se determinan ásperos antagonismos de clase.
El contenido del nuevo ideal moral deriva de una profunda necesidad social, de una cálida aspiración, de una enérgica voluntad de algo distinto, de algo opuesto a lo que existe. En pocas palabras. El ideal moral es el conjunto de deseos y aspiraciones que provoca el antagonismo con el estado de cosas existente.
El ideal moral así entendido es un medio de reunir e incitar a las fuerzas transformadoras en la lucha contra el ordenamiento existente y se constituye en una palanca poderosa para superar ese estado de cosas.
La moral revolucionaria, entonces, no es sólo negación, contradicción, sino medio para reunir e impulsar a las fuerzas de las clases oprimidas. Surge de las condiciones económico-sociales, del desarrollo tecnológico de cada sociedad nacional, y del desarrollo cultural y al igual que el instinto social, el ideal moral no es un fin, sino una fuerza, o bien un arma en la lucha social por la existencia; el ideal moral es un arma particular en la particular situación de la lucha de clases, en la lucha por la liberación nacional.
Los héroes de que hablaban los historiadores burgueses, como Guizot, Michelet, Carlyle, eran 'iniciadores', 'grandes', que parecían generarse respecto de su época. El hombre nuevo del que habla el socialismo, no es aquel quimérico héroe de los clásicos o de la historiografía liberal-reaccionaria del Siglo XIX.
El viejo Jorge Plejanov decía que las particularidades individuales de las personalidades eminentes determinan el aspecto individual de los acontecimientos históricos, y el elemento casual, desempeña siempre cierto papel en el curso de estos acontecimientos, cuya orientación está determinada, en última instancia, por las llamadas causas generales, es decir, por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones mutuas entre los hombres en el proceso económico-social de la producción, que aquel determina. Pero hay en realidad una interdeterminación, una interrelación entre persona y medio, que no es mecánica sino que se transforma dialécticamente en creación. Lo dijo Mariátegui, el socialismo es 'creación heroica'.
Guevara reflexionó en forma creadora sobre este tema de la moral revolucionaria, sobre el rol del individuo y de las masas en una sociedad en la sociedad.
Sostenía que hay una estrecha unidad dialéctica entre el individuo y la masa, y que esta como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.
En cuanto a individuo, Guevara señalaba que como producto no acabado, los aspectos negativos del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual, y que para erradicar esa falsa conciencia, debía realizarse un trabajo continuo.
Persona y autoeducación
Un proceso doble, donde actúa, por un lado la sociedad con la educación directa e indirecta, y en donde el individuo se somete también a un proceso de formación o autoeducación.
En los momentos revolucionarios es fácil potenciar los estímulos morales, pero para mantener esa nueva conciencia que se forja con el desarrollo de la nueva sociedad es necesario desarrollar una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas, y para ello, decía el Che, 'la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela'.
En el período de construcción del socialismo, señalaba Guevara, 'podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas'.
El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, dirigentes y masas se separan. Para lograr los cauces que permitan un crecimiento armónico y creativo, es necesario crear los mecanismos, las instituciones revolucionarias que permitan la 'identificación -decía el Che- entre el gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa'.
Advertía Guevara que es preciso acentuar la participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarlos a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo éstos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. 'Así logrará -decía el Che- la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación'.
Agregaba que 'esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana través de la cultura y el arte'.
Sin dogmas ni teoremas
Guevara no creía que el socialismo, su construcción, fuera un dogma o un teorema. Tampoco una forma de capitalismo de Estado. Por eso reflexionaba diciendo que 'el socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y sufren de la influencia de la sociedad que los creó. La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben.'
Es por eso que pensaba que la lucha contra el dogmatismo y la superficialidad, era una tarea de todo momento en la construcción del socialismo.
En su carta a 'Marcha' de Montevideo, publicada por el semanario el 12 de marzo de 1965, titulada 'El socialismo y el hombre en Cuba', Guevara concluye de la siguiente manera:
'Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres' y agrega después: 'el camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta'.
Las nuevas generaciones
Esta era la moral revolucionaria de la que hablaba el Che, es su gran legado a las nuevas generaciones latinoamericanas. El Che era férreo mojón del hombre nuevo, y así los testimonió con su propia vida, con su propio desinterés, con su abnegación. Como en los casos de John Reed o Norman Bethune, y en el de tantos otros.
Hay muchos temas para recordar en la vida polifacética de ese hombre que murió a los 39 años, cuando todavía se podía esperar lo mejor de su preclara inteligencia. Pero lo que se debe aprender de él, antes que nada, es su mensaje de libertad para los oprimidos, para todos los hombres y mujeres de esta América latina sufriente y para todos los pueblos y naciones oprimidas. |ARGENPRESS.info
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La crisis moral del capitalismo en los rostros de sus soldados [+ fotos inquietantes]
Norelys Morales Aguilera.- La guerra continúa siendo lo más retrógrado de nuestra especie, un primitivismo inconcebible y más perverso por ser en nombre de intereses, ganancias, mercados, materias primas, poder o riquezas. El capitalismo sobrevive en un belicismo rapaz, humana y ambientalmente.
Tras noticias de escándalos de soldados norteamericanos en Afganistán, que van desde asesinatos, profanación de víctimas o cadáveres hasta el irrespeto por la cultura árabe con la quema del Corán, incluidas hipócritas disculpas e impunidad, el hecho incuestionable es el espeluznante deterioro moral del poder político estadounidense y de sus invasores, así como el drama humano de hombres puestos en condiciones bélicas por intereses.
Queda al descubierto una filosofía de guerra, fragmentada en los medios corporativos, que tiene en su práctica común la tortura con depravada legalización y otras violaciones de los derechos humanos tanto para víctimas como para victimarios por parte del imperio norteamericano y sus aliados, que explicarían en parte el gran número de suicidios de soldados.
La “guerra total”, aquella sin límites legales, morales, geográficos, temporales o espaciales, proclamada por Bush, Rumsfeld y los sionistas del Pentágono y sostenida por la administración Obama, ha llegado al máximo de perversión: hallaron enemigos en todas partes: sus santuarios, sus cómplices, sus barriadas, sus familias, sus instituciones religiosas, así como a todo aquel que pudiera ofrecerle apoyo material o espiritual, protección o aliento. [1]
La perversión se vuelve desmoralizante y deja en esas sociedades imperiales un enorme costo financiero, ético, psicológico y vivencial en particular en los seres humanos envueltos en esas experiencias. En los agredidos se maximizan esos efectos.
Rostros de los soldados implicados en tales conflictos los captó el fotógrafo escoses Lalage Snow, en 2010, precisamente cuando sucedieron los hechos de Afganistán que vuelven a escandalizar al mundo hoy.
Snow realizó una serie de fotografías tituladas “We are the not dead: soldiers of afghan misión” traducido al español como “Somos los no muertos: soldados de la misión afgana”. [2]
En éstas imágenes se muestra un patrón en el que se puede apreciar el antes, durante y el después de los soldados escoceses, que no es difícil extender a norteamericanos, ingleses, franceses, etc. que han estado en las guerras de rapiña actuales.
El mundo interior de esos hombres, invita a pesar humana y responsablemente, y si produce estos efectos en los invasores, obviamente ha multiplicado el drama en los invadidos. ¡Que no nos sea ajeno!
[1] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1727-81202007000300005&script=sci_arttext
[2] http://abcnews.go.com/blogs/headlines/2011/12/we-are-the-not-dead-soldiers-on-afghan-mission, diciembre 2011
Tras noticias de escándalos de soldados norteamericanos en Afganistán, que van desde asesinatos, profanación de víctimas o cadáveres hasta el irrespeto por la cultura árabe con la quema del Corán, incluidas hipócritas disculpas e impunidad, el hecho incuestionable es el espeluznante deterioro moral del poder político estadounidense y de sus invasores, así como el drama humano de hombres puestos en condiciones bélicas por intereses.
Queda al descubierto una filosofía de guerra, fragmentada en los medios corporativos, que tiene en su práctica común la tortura con depravada legalización y otras violaciones de los derechos humanos tanto para víctimas como para victimarios por parte del imperio norteamericano y sus aliados, que explicarían en parte el gran número de suicidios de soldados.
La “guerra total”, aquella sin límites legales, morales, geográficos, temporales o espaciales, proclamada por Bush, Rumsfeld y los sionistas del Pentágono y sostenida por la administración Obama, ha llegado al máximo de perversión: hallaron enemigos en todas partes: sus santuarios, sus cómplices, sus barriadas, sus familias, sus instituciones religiosas, así como a todo aquel que pudiera ofrecerle apoyo material o espiritual, protección o aliento. [1]
La perversión se vuelve desmoralizante y deja en esas sociedades imperiales un enorme costo financiero, ético, psicológico y vivencial en particular en los seres humanos envueltos en esas experiencias. En los agredidos se maximizan esos efectos.
Rostros de los soldados implicados en tales conflictos los captó el fotógrafo escoses Lalage Snow, en 2010, precisamente cuando sucedieron los hechos de Afganistán que vuelven a escandalizar al mundo hoy.
Snow realizó una serie de fotografías tituladas “We are the not dead: soldiers of afghan misión” traducido al español como “Somos los no muertos: soldados de la misión afgana”. [2]
En éstas imágenes se muestra un patrón en el que se puede apreciar el antes, durante y el después de los soldados escoceses, que no es difícil extender a norteamericanos, ingleses, franceses, etc. que han estado en las guerras de rapiña actuales.
El mundo interior de esos hombres, invita a pesar humana y responsablemente, y si produce estos efectos en los invasores, obviamente ha multiplicado el drama en los invadidos. ¡Que no nos sea ajeno!
Soldados antes, durante y después de Afganistán
[1] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1727-81202007000300005&script=sci_arttext
[2] http://abcnews.go.com/blogs/headlines/2011/12/we-are-the-not-dead-soldiers-on-afghan-mission, diciembre 2011
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