Para el representante, el escenario adverso imperante, está marcado por el auge de movimientos extremistas culpables de una horrible violencia, sangrientos conflictos y afectaciones por el cambio climático, así como las desigualdades económicas y ambiciones sin límites de algunos por el poder.
Sin embargo, al describir el contexto, las mismas Naciones Unidas plantean mal la ecuación.[1] Es el sistema imperante lo que desemboca en catástrofes humanas y ambientales. Los silenciados, que no silenciosos, porque gritan con desespero, tendrán que adueñarse de los cambios y poder definitivamente superar las tragedias.
