La mayor parte de la programación televisiva actual corre a cargo de empresas mediáticas interesadas en los contratos con la CIA, es una programación donde se exalta la violencia a nombre del gobierno estadounidense, se venera al hombre de acción, asesino y torturador, claro, siempre que este actúe a nombre del gobierno y en defensa de los «intereses» de la sacrosanta «seguridad nacional» de Estados Unidos.
EE.UU. tiene un desproporcionado número de series de televisión dedicadas a las fuerzas de seguridad, programas que condicionan al público para que mantengan una buena opinión sobre ellos.
