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Martí, estrategia de profundas lejanías

Norelys Morales Aguilera.─ Es cierto que cada cubano lleva a su Martí. Ora es que nadie debe terminar un día sin haber aprendido algo, ora es el amor a la patria, ora es a la familia, ora son los grandes peligros que se cernían sobre la Patria cubana; porque nadie como José Martí comprendió el ascenso del imperialismo estadounidense. "Viví en el monstruo y le conozco las entrañas", diría. Pero, al fin y al cabo José Lezama Lima lo consideró un misterio que nos acompaña; mientras la insigne Gabriela Mistral vio en él a un Gandhi en "nuestra Cuba", escribió.

Entre tanto, refiere Ezequiel Martínez Estrada: "El destino personal de Martí es una prolongación del destino familiar y éste lo es del destino nacional (...) toda la vida de Martí es epítome de la historia de Cuba, por lo que su biografía puede ser leída (...) como relato personal de una generación histórica", que ¿quién dudaría que esos reflujos llegan hasta hoy?

Un insulto a Martí nos concierne a todos

Fernando León Jacomino.─ En la mañana de hoy, jueves 22 de marzo de 2018, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos convocó a una conferencia de prensa para dar a conocer la programación de la 17 Muestra Joven ICAIC, que tendrá lugar del 3 al 8 de abril próximo. Previsto para el Centro Cultural Fresa y Chocolate, el encuentro comenzó con la intervención de Roberto Smith, presidente de la institución anfitriona.

En sus palabras, Smith hizo pública la puesta en circulación de la Declaración de la Presidencia del ICAIC, donde se explican las razones por las cuales no se autorizó la exhibición de Quiero hacer una película, obra financiada mediante la plataforma europea Verkami, una de las más reconocidas en el ámbito del micro mecenazgo.

19 de mayo de 1895: lo que hizo el Maestro

Luis Toledo Sande.─ Todos los días, y en especial cada 19 de mayo, son propicios para recordar la exclamación desgarrada, “¡oh Maestro, qué has hecho!”, por la cual —usemos una expresión coloquial llevada a la poesía por Fayad Jamís, acaso el mayor poeta en su generación literaria cubana— “tanto palo” se le ha dado a Rubén Darío, heraldo pionero de las grandezas luminosas de aquel a quien llamó “¡Maestro!”, el que, en un abrazo, le reciprocó el reconocimiento llamándolo “¡Hijo!”. La adolorida estupefacción del autor de Azul… remite al tamaño de la tragedia que en aquella fecha de 1895 ocurrió en Dos Ríos: Cuba perdió su mayor amparo, de gran significación también para el continente y para el mundo, para la humanidad.

Tanto es así, que diversas variantes de aquella exclamación seguirían y aun siguen brotando incluso de pensadores y líderes revolucionarios, alimentadas asimismo por la humana tendencia a especular, que la certidumbre de la tragedia refuerza en este caso. Pero muertes como la de José Martí, y tantas otras, remiten a la convicción que Ernesto Che Guevara plasmó en una carta de resonancias inapagables: “En una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera)”. Ese es un hecho probado a lo largo de la historia, una norma cuya dimensión luctuosa no borran las felices excepciones citables.