José Alejandro Rodríguez.-- Cuba está de moda, andan pregonando por el mundo, como si este país fuera pasarela de ocasión, efímera fiebre de sábado en la noche o evanescente escenario de curiosidades al son de la compleja y dilatada normalización de las relaciones con Estados Unidos.
Después de medio siglo tirante, ahora Obama reconoció que fue infructuosa la carta de la hostilidad abierta hacia la «majadera» Cuba. Negocia mientras mantiene debajo de la manga un as de tácticas y estrategias sutiles. Pero no acaba de eliminar el bloqueo, aunque suavice ciertas clavijas, y empiecen a llegar a La Habana turistas autorizados por las 12 excepciones.
Ahora hasta The New York Times hace guiños a Cuba, con un «cheak to cheak». Y todo el mundo quiere estar en La Habana satanizada, vaya a saber por qué: artistas, hombres de negocios y gurúes de la comunicación, personajes del jet set… Cada quien vela por su trozo en el pastel que sueñan repartirse, como si los cubanos no los estuviéramos midiendo, y no precisamente para ropa.