Llegué a Cuba con la emoción de siempre. Hacía un año que no sentía el impacto que es llegar a esta isla, que inspiró la vida de nuestra generación.
En estos 12 meses aumentaron los problemas. En el último trimestre entró un solo barco con petróleo. Sin embargo, y aunque hay fastidio, la situación del pueblo cubano no parece quitarle el buen humor. Qué grata es esa grandeza: encontrarlos con esa sonrisa de dientes tan blancos, con esa salud y esa educación que la Revolución les dio.
Cuando uno escucha a Milei decir en Argentina que la inflación subió por la guerra, no puede dejar de preguntarse si hablará alguna vez en serio. Porque, ¿de qué puede quejarse quien tiene a sus pies al FMI, a los prestamistas del mundo, si en vez de producir, gobierna pidiendo plata prestada?
¿Se imaginan lo que podría hacer Cuba si le dieran, así de golpe, 200 mil millones de dólares? Bueno, como cualquier país, se las rebuscaría mejor. Con una diferencia: habría, seguramente, distribución, y no lo que pasa hoy en Argentina.
Cuando tenía 11 años, en 1959, en la escuela me nombraron director del diario escolar. 300 ejemplares de Siboney que compraron los padres. Siboney, porque estábamos en el año en que Cuba era la revolución y la utopía. Hacía pocos meses, Cuba había triunfado, y nosotros, los chicos, habíamos tomado nota.
Así que jueves y viernes serán los días del Quinto Coloquio Patria: una oportunidad para escuchar, aprender, conmoverse y sentir que acompañamos la lucha que le espera al pueblo cubano.
Sobre todo ahora, cuando Trump intenta salir del laberinto en el que se metió él solo con Irán. Con su propia torpeza, se lanzó sobre una presa que creía derribar en pocos días, y ahora el enredo lo está demorando. Podríamos decir, afortunadamente para Cuba, por ahora.
Pero como está tan fuera de eje, parado en medio de la cobardía del planeta, es capaz de intentar un desastre también aquí, en Cuba, que es un verdadero símbolo. Trump quisiera borrar ese símbolo de la faz de la tierra, pero no va a poder con el significado de esa palabra.
Ardiendo en su propio infierno, cuando Caronte se lo lleve, ahí estará Trump. Y Cuba seguirá iluminando el camino de la dignidad.
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