La historia se repite: EE.UU. vuelve vs Cuba a planes fracasadoss

Cierre de embajadas, presión diplomática, campañas mediáticas y hasta la fantasía de un "levantamiento popular". Lo que Washington está haciendo hoy contra Cuba no es nuevo. Es un calco de las operaciones diseñadas en 1962 para aislar a la Isla y preparar el terreno para una intervención. Los documentos desclasificados hablan por sí solos. Y también hablan de una lección que el imperio nunca ha querido aprender: el pueblo cubano no se rinde.

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No se sabe realmente quién asesora la política contra Cuba en Washington. Porque los planes y acciones que hoy ejecutan son exactamente los mismos que aplicaron hace 67 años. Y los resultados, hasta ahora, han sido los mismos: fracaso tras fracaso.

Lo que estamos viendo en las últimas semanas —el cierre de embajadas cubanas en Ecuador y Costa Rica, las presiones sobre Argentina para que haga lo mismo, las declaraciones de congresistas republicanos pidiendo una intervención militar— no es producto de una estrategia nueva. Es la reedición de un libreto viejo, escrito en los años sesenta, que Estados Unidos se empeña en repetir como si esta vez el desenlace fuera a ser distinto.

El aislamiento regional: una jugada de 1962 que vuelve a escena

El cierre de las embajadas cubanas en Ecuador y Costa Rica, y las presiones para que Argentina siga el mismo camino, no son decisiones soberanas. Son órdenes ejecutadas al pie de la letra.

En el Proyecto Cuba presentado a John F. Kennedy por el Grupo Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional y aprobado el 18 de enero de 1962, la primera tarea era precisamente esa:

«El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero de 1962, esperando obtener amplio respaldo del hemisferio occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del hemisferio».

El documento añade:

«La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista».

Hoy, la estrategia es idéntica. Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar han salido a respaldar las expulsiones y a llamar a otros países a sumarse. El politólogo Julio Shiling, director del laboratorio de ideas Patria de Martí, fue más allá: «ya es hora de una intervención militar de Estados Unidos en Cuba».

No hay nada nuevo bajo el sol. Solo viejas ambiciones recalentadas.

El guion de la «rebelión interna»: fabricar un levantamiento que no existe

La situación actual en Cuba, producto del recrudecimiento de la guerra económica y la asfixia petrolera impuesta por Washington, genera una euforia enfermiza en quienes sueñan con apoderarse de la Isla. Pero esa euforia se alimenta de una fantasía que ya estaba escrita en los mismos documentos de 1962.

El Proyecto Cuba describía con claridad lo que buscaban:

«El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental, producido por un incidente, o de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen o de ambos incluso. (Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto). El movimiento popular aprovechará el momento del clímax para iniciar un levantamiento abierto».

Y más adelante:

«De ser posible, Estados Unidos en concierto con otras naciones del hemisferio occidental, brindaría apoyo abierto a la sublevación del pueblo cubano. Tal apoyo incluiría una fuerza militar, si fuera necesario».

Hoy, los toques de cazuelas y los pequeños actos de alteración del orden público que se producen en medio de la crisis energética son presentados por la prensa financiada desde Miami como «el inicio del levantamiento». Es el mismo montaje que intentaron hace 63 años. Y fracasó.

Guerra psicológica, iglesias, mujeres, jóvenes: los mismos blancos

El Proyecto Cuba detallaba también cómo llegar a sectores específicos de la población para crear la ilusión de un movimiento popular:

«Tanto el Departamento de Estado como la CIA continúan explorando sus capacidades para montar operaciones especiales dentro de Cuba, centradas sobre elementos activos de la población, específicamente operaciones a través de la Iglesia para llegar a las mujeres y sus familiares, así como mediante los contactos laborales para alcanzar a los trabajadores. Otros elementos alistados incluyen a las agrupaciones de jóvenes y profesionales».

Hoy, esas mismas estrategias se ejecutan a través de redes sociales, sitios web financiados desde el exterior, y organizaciones que operan bajo la fachada de «ayuda humanitaria» o «defensa de derechos humanos». La tecnología cambió, pero el método es el mismo.

La CIA lo resumió en aquel entonces con una honestidad que hoy sorprende:

«La CIA ha concluido que su papel real será el de crear la ilusión de un movimiento popular que gana apoyo exterior y ayudar a establecer un clima que permitirá actos provocativos».

Crear la ilusión. No la realidad. Porque la realidad en Cuba es que el pueblo, a pesar de las carencias, no respalda una intervención extranjera.

La raíz histórica: el plan de 1898 que nunca caducó

Para entender por qué Estados Unidos insiste en los mismos errores, hay que remontarse más atrás. En 1898, durante la intervención estadounidense en la guerra hispano-cubana, el secretario de Guerra John Milton Hay envió un informe «top secret» al Mayor General Nelson Appleton Miles. En él se exponían los verdaderos objetivos de Washington:

«Debemos destruir todo lo que esté dentro del radio de acción de nuestros cañones. Debemos concentrar el bloqueo de modo que el hambre y su eterna compañera, la peste, minen a la población civil y diezmen al ejército cubano. […] Debemos crear dificultades al gobierno independiente, y estas y la falta de medios para cumplir con nuestras demandas y las obligaciones creadas con nosotros, los gastos de guerra y la organización del nuevo país, tendrán que ser confrontados por ellos».

Y la frase que resume la política de más de un siglo:

«Nuestra política debe ser siempre apoyar al más débil contra el más fuerte, hasta que hayamos obtenido el exterminio de ambos, a fin de anexarnos a la Perla de las Antillas».

Ese es el origen. Esa es la mentalidad que sigue vigente. El bloqueo, la asfixia económica, las campañas de desestabilización, la promoción de divisiones internas… todo responde a la misma lógica: debilitar para anexar.

La respuesta que Washington no logra entender

Los yanquis repiten sus viejos planes. Pero todos fracasaron. Y fracasarán de nuevo, porque los objetivos perseguidos, derrocar la Revolución socialista, siguen siendo inamovibles para una nación que ha aprendido a resistir.

El pueblo cubano sabe lo que le espera si Estados Unidos volviera a apoderarse de la Isla. Sabe que volverían los gobiernos que se pliegan a Washington, la devolución de las propiedades nacionalizadas, la privatización de la salud y la educación. Sabe que la «Perla de las Antillas» dejaría de ser un país soberano para convertirse en lo que siempre soñaron los expansionistas: una colonia renovada.

Por eso, como escribió José Martí a su amigo Manuel Mercado:

«De esta tierra no espero nada, ni para Vds. ni para nosotros, más que males».

Pero también por eso, los cubanos no esperan nada de Washington. Confían en sí mismos. Y están dispuestos a defender su independencia, como condición de esencia de la vida.

Los mismos errores, la misma respuesta

Marco Rubio y Donald Trump creen que esta vez será diferente. Creen que la asfixia petrolera, las presiones diplomáticas y las campañas mediáticas lograrán lo que no lograron ni la invasión de Bahía de Cochinos, ni los atentados terroristas, ni la guerra biológica, ni el bloqueo más largo de la historia.

Pero subestiman una vez más la firmeza de un pueblo que ha resistido 67 años y que tiene la memoria histórica muy despierta.

Los planes son los mismos. Las equivocaciones también. Y la respuesta del pueblo cubano, también.

Tomado de Razones de Cuba

1 comentario:

Norelys Morales Aguilera dijo...

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