¿Cómo en Cuba hemos podido resistir?

Raúl Alejandro.- ¿Cómo en Cuba hemos podido resistir? ¿Qué artículo, equipo, pieza, medicamento, producto químico, equipamiento médico, marítimo, aéreo, o terrestre que se produzca en el mundo no contiene el 10% o más en sus componentes procedentes de la primera potencia industrial? Esto desmiente que sea una medida de carácter bilateral.

¿Cómo producir alimentos suficientes, hacer funcionar la industria, el transporte y los servicios sin petróleo o con petróleo inestable y a altos precios? Se desfasan las producciones agrícolas industriales y de los servicios.

¿Cómo transportar el petróleo, los alimentos, medicamentos u otra mercancía si las navieras son sancionadas y se les prohíbe recalar en sus puertos después de hacerlo? ¿Cómo pagarle si sancionan por hacerlo?

¿Dónde adquirir créditos con la banca internacional para inversiones o necesidades impostergables eventuales de la economía, la industria o la alimentación de la población?

¿Cómo vender nuestros productos si los clientes son sancionado y restringidas sus operaciones por la mayor potencia económica del mundo?

¿Cómo comprar si las operaciones bancarias del acto de pago son sancionadas con multas o confiscaciones millonarias y no es permitido a sus subsidiarias por accionistas importantes?

¿Cómo evitar comprar a grandes distancias que encarecen los productos entre el 50 y el 60% de sus precios, con menor calidad y a precios de riesgo?

¿Cómo lograr que los ingresos por remesas constituyan un significativo por ciento en los ingresos, tal y como sucede en la mayoría de los países de América u otras regiones como la India?

¿Cómo lograr que nuestro principal sector, el turismo, reciba turistas de altos estándares y con alta masividad, si el país más rico y mayor emisor de turismo es Estados Unidos y a 90 millas de Cuba le prohíbe a su pueblo visitarla?

¿Cómo lograr que navieras de cruceros turísticos de alto rendimiento incluyan a Cuba en sus itinerarios, especialmente si son de capital estadounidense o subsidiarias de compañías de ese país?

¿Dónde podemos comprar productos agrícolas de clima frío, pollo y otras carnes, que sean más baratos, cercanos y de alta calidad, para abastecer a nuestra población y al turismo como complemento de la producción nacional, y que no provengan de Estados Unidos?

¿Cuánto le cuesta a Cuba el canje de divisas, al no poder realizar sus operaciones comerciales en dólares debido a la prohibición de operar con esa moneda?

¿Cómo acelerar nuestro desarrollo mediante la inversión extranjera si los inversionistas son sancionados o presionados por el Título III, que establece reclamaciones de los supuestos «propietarios» de tierras, puertos, instalaciones de aviación, hoteles, oficinas, marcas, etc.?

¿Cómo hacer ciencia si los accesos a los centros de información científica más prestigiosos tienen restringido el servicio a Cuba?

¡Sorprendentemente, este astuto enemigo nos condena por el efecto de sus propios actos!

¡Por Dios!

¿Cómo hemos podido sobrevivir a todo ello en medio de una crisis que ha puesto de rodillas a naciones poderosas?

Si Cuba es ineficiente y es un Estado fallido, entonces cabría preguntarnos:

Si todo lo malo que tenemos se debe a nuestros propios defectos y, además, hay «falta de democracia», entonces ¿para qué mantener el bloqueo? ¿Acaso no deberíamos caernos solitos, solitos?

¿Entonces?

¡Sencillo: quítenle a Cuba el falso pretexto de echar la culpa de todos sus problemas al bloqueo!

¡Qué va! Ellos lo saben: se hará la magia, creceremos como espuma…

Aún así, hoy… ¡hay mucha, mucha más magia en nuestro socialismo! ¿O no? Pues sí… ¡o no existiríamos desde hace ya más de medio siglo.

No existe en el mundo quien haga más con menos que Cuba. Y eso, eso, se llama eficiencia en términos científicos, y resiliencia en términos psicológicos cognitivos; dígase: efecto boomerang para el agresor.

¿Cómo hemos podido subsistir por más de 60 años al sitio? Muy sencillo: en Cuba logramos que dure 30 años o más un refrigerador, 20 o más un televisor, 15 años una plancha o una lavadora, y una vida infinita un auto o un tractor.

En Cuba, cuando es posible, no se construye de manera endeble, sino con hormigón, bloques o ladrillos recuperados o autofabricados, con arena de ríos o polvo de piedras; se encofra con la madera del viejo techo y con puntillas enderezadas; se utilizan tuberías plásticas obtenidas del reciclado, pintura de cal con colorante y acetato, y lámparas e interruptores recuperados.

En Cuba, un celular dura seis años o más y siempre se repara; una PC tiene una durabilidad desconocida, al igual que un monitor.

En nuestro país se fabrica un sinfín de medicamentos a partir de plantas medicinales: para los parásitos, los nervios, el asma, las uñas, etc.

En cualquier hogar cubano siempre hay alguien que es capaz de hacer milagros con el presupuesto. Cualquiera tiene, en medio de la ciudad, un patio con más plantas que las que suele tener una vivienda en el campo.

En Cuba, la ropa de un hijo puede ser la ropa del nieto o del otro hijo menor.

En resumen, les garantizo que Cuba es el único país del mundo donde no existe la obsolescencia programada, porque hemos aprendido a no permitir que se manifieste. Aquí, una cafetera o una olla de presión duran generaciones.

Pues en Cuba cualquiera proyecta, construye o repara una vivienda; cualquiera arregla un fallo eléctrico, una lavadora o una plancha. Cualquiera lubrica un engranaje plástico de ventilador o el reductor de una lavadora con ungüento mentolado para el dolor de cabeza mezclado con velas rayadas, decidiendo después que no tendrás ungüento para aliviar la migraña, pues no disponemos de glicerina silicatada.

Todo esto, amen de los cuentapropistas privados especializados y las instituciones tecnológicas, que hasta pulmones artificiales han construido para terapias intensivas.

En Cuba no se tiene dinero para adquirir vacunas, pero somos capaces de crearlas, aunque luego no tengamos las jeringuillas para inocularlas y tengamos que desarrollar variantes en spray o gotas nasales. No tenemos medicamentos, pero disponemos de médicos calificados que definen quién requiere ingreso para no morir, y le aplican la única dosis disponible.

Sería extenso e interminable, pero lo cierto es que nos estamos convirtiendo en un país de personas de ciencia gracias al bloqueo, donde puede acontecer que el propio sitiador requiera de nuestros servicios o productos cuando menos lo imagine.

Por lo demás, nuestra vida no es peor que la de sirios, palestinos, africanos, haitianos o latinoamericanos: sin casa propia, aunque sea compartida por tres generaciones; sin familia; sin salud; sin educación; andando por América a pie, con los bolsillos vacíos, con bebés en cochecito y sin la esperanza de ser recibidos en las fronteras de lugares mejores; sin certeza de sobrevivir a los bombardeos de sus naciones, a las sequías del cambio climático, al desempleo, y sin protección ante huracanes y demás desastres naturales o accidentes.

No nos acostumbramos, pero nos hacemos resilientes: lentos, pero siempre a flote.

Ah, y aclaro: como el sol, tenemos manchas. Pero no nos culpen de la noche que han creado sobre nuestra patria, pretendiendo que nuestros hijos no vean la luz de su futuro y se enojen, erróneamente, con el sujeto equivocado.

Podremos, incluso, compartir esa culpa, pero jamás centrarla en el objeto de esa oscuridad, ignorando al sujeto poderoso que la genera de manera fetichista, pues sería como culpar al bombillo de la casa por un apagón./Razones de Cuba

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