Este Mayo pareció llorar el cielo

Norelys Morales Aguilera.─ Mayo es un mes hermoso. En Cuba "rompe la primavera", la providencial lluvia, como si tuviéramos cuatro estaciones y no solo la sequía y la lluviosa, tal vez por lo mismo de inexplicable, a priori, como eso de llamar isleños a los nacidos en las Islas Canarias, como si los cubanos no fuéramos isleños.

Tuvimos una megamarcha el día primero y se estrenaba el nuevo gobierno en el archipiélago. Bregamos por mejorar en la utopía, que sirve para caminar, según Eduardo Galeano: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá, en esta Cuba nuestra; obra de este mundo, que está sucia de barro humano, y justamente por eso, y no a pesar de eso, sigue siendo contagiosa, otra vez Galeano.

Luego el Día de las Madres, el 13, quizás presagiante.  Ahí la cargante dicotomía que me produce el  que este día no es igual después que partió mi santa madre, y al mismo tiempo, no ser capaz de enturbiar la alegría de mis hijos, que me tienen, con mis defectos y mi apremiante amor por ellos.

El viernes 18 de mayo a las 12:08 a.m., se precipitó a tierra un Boeing 737-200 con 113 pasajeros a bordo. Al finalizar el mes solo una joven lucha por la vida. Desconsuelo y abatimiento paralizó a una nación. Luto cierto, que mientras pasan los días más cala a lo racional y no abandona; por la familias, por los allegados, por las historias que se van conociendo, por las heroicidades, que nunca se sabrán quizás.

Luego el 19 aniversario de la caída de José Martí, que por mucho que razono y analizo produce en mí a la distancia del tiempo,  la impotencia que debió sentir aquel patriota que recogió la sangre del Apóstol en una botella del luctuoso campo de Dos Ríos.

Juntándose los hechos, parecía que este Mayo el cielo lloraba también o que llovía, como dice la creencia popular, porque moría gente buena.

Y, quién sabe si en una pérdida de contención, a escala homérica esta vez, la Naturaleza detuvo sobre el centro-oeste del archipiélago un temporal no imaginado, que inundó casas y sembradíos, como una alerta salvaje de que la Madre Tierra se revela también.

En mi caso me abstuve de correr al lugar de los hechos. He preferido, si se quiere en un acto de cobardía profesional, ocuparme de transmitir las duras escenas que mis colegas están viendo aún.

Es que todas las imágenes de este mes me están arrasando y cunden en mí. Bien comprendo que en la profesión que he elegido mis sentimientos no son lo que importan. No, no importan mis ausencias, mis tristezas ni mis dolores. Pero esta vez a todos nos ha tocado un Mayo de profunda desazón. Pocos olvidarán. 

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