10/3/16

Cuidarnos del abrazo

 “Otros bajen de media de seda y candelabro 
al pie de la escalera a recibir a reyes: nosotros 
damos asiento mayor a los amigos del trabajo 
y de la libertad que en la hora  penosa aman
 a nuestro país.” 
(José Martí. “En casa”, Patria, N. York, 
13 de agosto de 1892)

Omar Segura.--Causa asombro, o al menos cautela, cuando alguien carente de moral pretende imponer normas de moralidad. Lo mismo sucede cuando un deshonesto pretende dar clases de honestidad o cuando un violador se erige en defensor del derecho de los demás.

Estados Unidos, un eterno irrespetuoso de la democracia, de la soberanía y la libre determinación de otros; violador de los derechos humanos (hasta los de sus propios ciudadanos), pretende imponer normas y reglas que él mismo no ha llegado a interiorizar ni aplicar.

Todo tiene que ser a su modo y medida. Todo vale, siempre que se cumpla sin afectar sus intereses y no vaya contra su forma de ver el mundo.

Su concepción de la “democracia” en lo procesos electorales de América Latina y otras partes del mundo son válidos y funcionan para ellos hasta el momento en que el voto popular directo elige a cualquiera que “se les vaya de las manos”.

Eso ha sucedido históricamente. Hoy arremeten contra Maduro, Evo, Correa, Dilma, Cristina, Lula y tantos otros, por sólo hablar de nuestro entorno latinoamericano.

El poder imperial recurre en estos casos a otros métodos de “votación” que retrotraen cualquier resultado verdaderamente democrático, en los que se reflejó la real voluntad del pueblo. Esos métodos pueden ir, entre otros, desde agresiones o boicots económicos, el asedio mediático, el descrédito, la desestabilización, el golpe de estado, la fuerza militar directa… el magnicidio.

De quien es capaz de recurrir, incluso, hasta a la autoagresión, sacrificando a sus propios ciudadanos para justificar su intromisión en los asuntos de otros estados y derrocar regímenes que no son de su agrado o no responden a sus intereses, puede esperarse cualquier cosa.

Llegan al máximo dentro de sus fronteras al asesinar a presidentes que no responden a los intereses de quienes en realidad gobiernan: los grandes magnates y las corporaciones.

Enarbolan una “democracia” que pretenden imponernos o inducirnos “suavemente”, a la manera que sugiere Gene Sharp*.

Los términos “dictadura”, “terrorista”, “violador de derechos humanos” son, entre otros, aplicados selectivamente a quienes responden a los verdaderos intereses de las mayorías y se enfrentan a explotadores, saqueadores y vendedores de la soberanía de las naciones.

Gobiernos que han reprimido violentamente a sus pueblos, desaparecido personas, torturado y violado derechos, nunca han recibido ni un señalamiento ni una represión por sus actos. Por el contrario, los erigen y apoyan en todo momento… mientras les convienen. Porque Roma paga a los traidores, pero, al final, los desprecia. Para la historia quedan los nombres de Batista, Trujillo, Pinochet, Somoza, Duvalier…

No puede ser digno de todo crédito quien se ha levantado a costa de agresiones, robo de territorios, saqueos, genocidio. Quien de propia mano o valiéndose de su poderío económico y militar siembra la división, a la vez que crea y arma grupos que les sirven en sus propósitos hegemónicos.

Aceptamos la mano que se tienda amiga y respetuosa, en plano de igualdad; pero también nos cuidamos del abrazo: puede ser mortal.

Cortesía del autor con el blog Isla Mía

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