Bilderberg, el Club de los Poderosos se reunirá en España.

Antonio Rodríguez

El futuro económico y bursátil de España a corto y medio plazo, tras el draconiano apretón de cinturón que el FMI y la UE han impuesto a Grecia, pasa por una reunión rodeada de secretismo que se va a celebrar del 3 al 5 de junio en Sitges.

Para esos días están convocados en un hotel de lujo de esa localidad del litoral catalán una pléyade de presidentes y primeros ministros, políticos retirados y futuros gobernantes, generales y banqueros, así como miembros de la realeza y lo más selecto del mundo financiero, industrial y de las comunicaciones de Europa, Estados Unidos y Canadá. Una lista de personalidades que en España no se veía desde hace mucho tiempo.

En total, más de 120 personas que encarnan el poder político y económico con mayúsculas y que con sus decisiones se han convertido en los mandamases que mueven los hilos de Occidente. Forman el Club Bilderberg y con ellos se reunirá el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para intentar convencerles de la solvencia de la economía española en un momento en el que su futuro político está ligado a la salida de la crisis. “Para España, ésta es una gran oportunidad de exponer a personas que pesan en el mundo nuestra realidad económica. Y Zapatero no la va a desaprovechar”, subrayan fuentes gubernamentales.

¿Quién está detrás de este cónclave a puerta cerrada sin parangón en el mundo? “No me atrevo a decir que sea un grupo de control mundial, porque faltan espacios como Rusia, China, India o Brasil, que son fuerzas pujantes, pero sí que intentan imponer sus criterios y aconsejan a políticos a los que intentan tomar la medida”, resume Arcadi Oliveres, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Barcelona y estudioso de la influencia de los grupos de presión en los gobiernos, cuando se le pregunta por este selecto club.

Cada año asisten a la cita Bilderberg entre 120 y 130 personas, de los que unas 40 son estadounidenses y canadienses, y el resto, europeos. Todos ellos deben acudir solos (los escoltas o asistentes personales quedan alojados en un edificio adyacente) y asisten como ciudadanos privados, no en nombre del gobierno o la empresa a la que pertenecen. El club sufraga los gastos de alojamiento de los delegados e invitados, mientras que el país anfitrión -en esta ocasión España- corre con los gastos de la seguridad en torno al recinto y la escolta desde el aeropuerto más cercano.

En las invitaciones personalizadas que se cursan cada año, este club subraya que los asistentes son “personas importantes y respetadas que, gracias a sus conocimientos especiales, sus contactos personales y su influencia en círculos nacionales e internacionales, puedan ampliar los objetivos y recursos del Club Bilderberg”, un foro con similitudes al de Davos pero que se celebra sin la presencia de periodistas, informes previos ni conclusiones, y en el que sus deliberaciones son secretas, como si se tratara de un Consejo de Ministros. Todo ello facilita un debate franco y abierto a semejanza de otras reuniones anuales como las del Club de Roma, la Trilateral (Japón, Europa y América del Norte) o el Consejo de Relaciones Exteriores, pero la aparición de Bilderberg es anterior a todas ellas y su influencia en la gobernanza mundial, incuestionable.

Este club de pilares trasatlánticos nació en 1954, en plena Guerra Fría, como fórmula para acercar a europeos y estadounidenses y evitar el avance de los postulados de la Unión Soviética o cracks bursátiles como el de 1929. Sus fundadores fueron el príncipe Bernardo de los Países Bajos, esposo y padre de las últimas dos reinas holandesas, y el patriarca de los Rockefeller, la familia más influyente de Estados Unidos en la primera parte del siglo XX. El príncipe Bernardo, un oficial de las SS nazis antes de casarse con la princesa Juliana en 1937, organizó la primera reunión de este club privado en Oosterbeek (Holanda), en un coqueto hotel llamado Bilderberg que aún pervive con el mismo nombre.

Tras la Segunda Guerra Mundial, esta figura controvertida de la monarquía holandesa se convirtió en uno de los máximos directivos de la petrolera anglo-holandesa Shell, mientras que los Rockefeller controlaban la norteamericana Exxon, así que el oro negro estuvo también en el origen de esta sociedad tildada de secreta, a la que se acusa de estar detrás de varias supuestas conspiraciones que luego se convirtieron en realidad, como el diseño de la Transición política en España, las subidas en el precio del barril de Brent o los últimos ataques especulativos contra la moneda china, por poner un ejemplo.

De ello han dado buena cuenta escritores como el canadiense Daniel Estulin, la española Cristina Martín o el norteamericano James Tucker, y lo cierto es que el Club Bilderberg no tiene página web y sólo cuenta con una pequeña oficina en la localidad holandesa de Da Leiden con un número de teléfono y otro de fax como únicos contactos.

En la actualidad, los alma máter de esta organización son los norteamericanos David Rockefeller (Chase Manhattan Bank), James Wolfensohn (ex director del Banco Mundial), el belga Étienne Davignon (Suez Tractebel) y el irlandés Peter Sutherland (Goldman Sachs), quienes se aseguran de que todo el mundo se lleve bien durante el cónclave.

Para ello, cuentan también con la ayuda de representantes de la realeza europea que suelen asistir, como la reina Beatriz de Holanda, el príncipe Felipe de Bélgica o nuestra reina Sofía, quien ha acudido una docena de veces en calidad de miembro permanente y que en un reciente libro de Pilar Urbano ha subrayado lo “apasionantes” que son para ella este tipo de reuniones.

“A lo largo de los años vas conociendo a gente muy diversa, bien informada, bien relacionada, cada una con un bagaje formidable en su terreno, en su área o en su país. (...) ¡Se aprende tanto!”, señala doña Sofía, para quien el verdadero secreto de Bilderberg es que “cada uno puede decir con libertad lo que piensa, lo que en un debate le venga a la cabeza, y que eso no se difunda”, sin que ello signifique que estén conspirando durante el cónclave. “¡Nada de conjuras! Allí nadie es reina, ni canciller, ni presidente de un gobierno o chairman de una multinacional”, hace hincapié. Publicado en http://decepcionobama.blogspot.com

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