Mostrando las entradas con la etiqueta real. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta real. Mostrar todas las entradas

Cuba frente a una nueva escalada de amenazas [+ video]

Norelys Morales Aguilera.— En las últimas semanas, las señales de tensión entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a encender alarmas preocupantes.

Declaraciones públicas de altos funcionarios estadounidenses, movimientos militares en el Caribe, nuevas medidas de asfixia económica y una narrativa mediática cada vez más agresiva dibujan un escenario que no puede ser ignorado.

La cronología reciente muestra una escalada sostenida: amenazas directas desde Washington, presiones energéticas para aislar a Cuba, despliegues navales cercanos al territorio cubano y reiteradas declaraciones que apuntan a un supuesto “cambio” en la isla como objetivo político.

Más allá de los discursos, lo que se observa es la construcción progresiva de un clima de hostilidad.

No sería la primera vez.

La historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha estado marcada por décadas de agresión económica, aislamiento diplomático, operaciones encubiertas y amenazas militares. Sin embargo, el momento actual adquiere un matiz particularmente delicado por el contexto internacional.

La administración estadounidense enfrenta un escenario de desgaste político y económico. La guerra en Medio Oriente, la inestabilidad energética y la presión interna generan un cuadro complejo. Y cuando una potencia atraviesa dificultades, la tentación de recurrir a enemigos históricos para reagrupar apoyos internos suele convertirse en una herramienta peligrosa.

En ese tablero, Cuba vuelve a aparecer como objetivo.

No porque represente una amenaza real para la seguridad de Estados Unidos, sino porque simboliza algo que durante décadas ha resultado intolerable para ciertos sectores de poder: la persistencia de un proyecto soberano a escasas millas de la mayor potencia militar del planeta.

La narrativa que intenta presentar a Cuba como un peligro estratégico busca justificar nuevas agresiones.

Pero la realidad es otra.

Cuba no representa una amenaza militar para Estados Unidos. No posee capacidad ofensiva comparable, ni desarrolla políticas hostiles contra el pueblo estadounidense. Por el contrario, la isla ha demostrado cooperación en áreas sensibles como la lucha contra el narcotráfico y el combate al crimen transnacional.

Sin embargo, la presión se intensifica.

Las recientes medidas para obstaculizar el suministro de combustible, las amenazas de sancionar a terceros países y la retórica beligerante forman parte de una estrategia orientada a profundizar las carencias internas y provocar desgaste social.

Es una política conocida: provocar asfixia económica para generar fractura política.

Lo grave es que esa estrategia no golpea estructuras abstractas; golpea directamente la vida cotidiana de millones de cubanos.

Afecta la electricidad, el transporte, los servicios básicos, la alimentación y la estabilidad social.

Por eso, cuando se habla de estas acciones como simples decisiones geopolíticas, se oculta su verdadera dimensión humana.

Pero hay otro elemento fundamental: la percepción de vulnerabilidad.

Desde ciertos centros de poder puede existir la idea de que Cuba, debido a sus dificultades económicas, sería hoy un objetivo fácil. Esa lectura ignora un factor decisivo: la capacidad histórica de resistencia del pueblo cubano.

La isla ha vivido bajo presión durante décadas y ha desarrollado una doctrina de defensa basada en la movilización nacional y en la convicción de preservar la soberanía.

Cuba apuesta por la paz. Ha reiterado su disposición al diálogo y a relaciones basadas en el respeto mutuo.

Pero defender la paz no significa estar indefensa.

Ese es quizás el mensaje central.

La voluntad de diálogo no debe confundirse con renuncia a la soberanía.

Cualquier cálculo que subestime la capacidad de resistencia cubana parte de una lectura equivocada de la historia.

Porque Cuba ha demostrado que, aun en las circunstancias más adversas, no cede ante la coerción.

En este contexto, lo más responsable es llamar la atención sobre el peligro de la escalada.

La retórica agresiva, la presión económica extrema y la construcción de pretextos políticos pueden empujar a escenarios impredecibles.

Y cuando las tensiones se alimentan desde la lógica de la fuerza, los pueblos terminan pagando costos demasiado altos.


Ante la Cuba virtual, la Cuba real: Declaración de la Casa de Las Américas

Hemos recibido en los últimos días muchos mensajes de amigas y amigos de la Casa y de la Revolución Cubana que, ante las persistentes y sombrías noticias que proliferan en medios y redes, preguntan con inquietud qué está pasando en nuestro país. ¿Se están enfrentando realmente “el pueblo” y “el gobierno”? ¿Es Cuba un “Estado fallido” incapaz de solucionar una crisis?

El mismo Estado que llaman “fallido” convocó valientemente, hace apenas una semana, al referendo sobre el muy avanzado Código de las Familias. La mayoría inequívoca del pueblo cubano lo apoyó, y unas horas después se convirtió en Ley. Antes, este proyecto inclusivo, gestado desde la participación popular, tuvo que atravesar una feroz campaña de satanización desde supuestos preceptos morales y religiosos. Tampoco faltaron manipulaciones abiertamente políticas. Nada de esto impidió el triunfo del sí, reflejado de modo pálido y reduccionista en la prensa hegemónica.

Coincidiendo con la entrada en vigor del Código, un huracán arrasador azotó la región occidental de Cuba, y su estela dejó decenas de muertos en los Estados Unidos. Es doloroso y difícil, para cualquier país que sufra tal contingencia, volverse a levantar, atenuar el sufrimiento de los damnificados, intentar recuperarse de los daños y avanzar.

Para Cuba –estrangulada económicamente y calumniada durante décadas– el desafío se multiplica. Solo la incontestable decisión de destinar los escasos recursos del país a que nadie quede desamparado y la convicción de que únicamente con la participación y el respaldo del pueblo es posible salir adelante, pueden explicar que de nuevo logremos sobreponernos, sin dejar de pensar en ir mucho más allá.

Mientras personas y organizaciones de todo el mundo han expresado su solidaridad y ofrecido apoyo concreto a Cuba, mientras gobiernos hermanos han brindado asistencia y amigos como los de The People’s Forum han reclamado desde las páginas del New York Times al presidente Biden que dé muestras del más elemental espíritu humanitario y no obstaculice el propósito de la Isla de levantarse con sus propios esfuerzos, otras voces han aprovechado la tragedia para instalar la matriz de opinión de que nuestros males y las dificultades para enfrentarlos son consecuencia de la incapacidad del gobierno de Cuba.

Quieren capitalizar el lógico malestar de ciudadanos privados de servicios básicos con la esperanza de que la naturaleza logre, por fin, lo que no han podido tantos intentos desesperados de destruir la Revolución. Ahora politizan manifestaciones y reclamos espontáneos, mueven a través de las redes histéricos y agresivos discursos de odio, incitan a la violencia callejera, se oponen a la más mínima flexibilización del bloqueo y siguen al pie de la letra el guion del “golpe blando”.

Se cumplen dentro de pocos días sesenta años de la Crisis de Octubre, tal vez el momento de mayor riesgo vivido por el proceso revolucionario, aquellas jornadas en que –a decir del Che en su carta de despedida– Fidel brilló como pocos estadistas en la historia. Otra vez el destino nos ofrece la alternativa de rendirnos ante adversidades y amenazas o imponernos a ellas con imaginación y audacia. Ningún “Estado fallido” podría soñar con la segunda opción; ningún pueblo digno lo apoyaría.

Hoy la Cuba tantas veces difamada se va recuperando de los estragos causados por el huracán. En lugar de la represión que se atribuye al fabricado “país virtual”, en el “real” las autoridades recorren permanentemente las zonas afectadas y dialogan de manera directa con los ciudadanos.

Como en todas las coyunturas difíciles, la solidaridad, principio básico de nuestra convivencia, pasa a primer plano. Sepan nuestros amigos y amigas que la abrumadora mayoría del pueblo se reconoce en sus dirigentes, participa en la recuperación del país y defiende el principio que está en el umbral de la nueva Constitución aprobada en abril de 2019: “Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano”.

La Habana, 2 de octubre de 2022.