Rusia rechazó hoy el lenguaje de ultimátum del embajador estadounidense, Jhon Hatsman, quien exigió garantías de que esta nación evitaría la intromisión en el sistema electoral norteamericano.
Creo que el diplomático estadounidense se equivocó de país, declaró el representante especial del presidente ruso para asuntos de cooperación internacional en la esfera de la seguridad informática y embajador para asuntos especiales, Andrei Krustkij.
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Obama y el contrapunteo con la rosa blanca [2/2]
Norelys Morales Aguilera.-- Supongo que entre los consejeros presidenciales, habría algún representante de la parte decadente de la cultura de los cubanos en Miami. El tuit que Obama dirige a Cuba el 20 de marzo lo confirma: '¿Qué bolá?' no pertenece al lenguaje medianamente culto usado en la Isla, lo cual no es propio para un presidente. En el argot nacional ya sabíamos que venía a pintarse, es decir, hacerse el gracioso, que significa total desubicación, entre otros varios sentidos.
¿Que bolá Cuba? Just touched down here, looking forward to meeting and hearing directly from the Cuban people. @POTUS
Progresismo, la manipulación de un viejo conocido
Nils Castro.-- Hace poco cruzó la escena otra andanada descalificadora de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, que incluyó artículos redactados en apropiado izquierdolés. Con variopintos matices, se resumió en dos supuestos cortados a la medida: que ellos no convirtieron su llegada a Palacio en sendas revoluciones socialistas, y que se limitaron a mejorar la repartición social de los beneficios del sobreprecio de las commodities, mientras este duró. De tales alegaciones ya nos hemos ocupado, incluso antes de esta última salva.
Uno de los recursos retóricos usados para darle pábulo es la imprecisión del lenguaje, tendiente tanto al relumbrón periodístico como a confundir los términos. Por ejemplo, el torcido empleo de las palabras “progresista” y “ciclo”, que pasa gato por liebre en el plano conceptual. Desde los tiempos de la oleada revolucionaria de los años 60 y 70 del siglo pasado, “progresista” es un comodín lingüístico relativo a las personalidades, organizaciones y procesos democrático populares o antimperialistas con los cuales las izquierdas podían colaborar.
Uno de los recursos retóricos usados para darle pábulo es la imprecisión del lenguaje, tendiente tanto al relumbrón periodístico como a confundir los términos. Por ejemplo, el torcido empleo de las palabras “progresista” y “ciclo”, que pasa gato por liebre en el plano conceptual. Desde los tiempos de la oleada revolucionaria de los años 60 y 70 del siglo pasado, “progresista” es un comodín lingüístico relativo a las personalidades, organizaciones y procesos democrático populares o antimperialistas con los cuales las izquierdas podían colaborar.
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