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La estrategia del golpe de Estado global

Si bien Estados Unidos ha comenzado a tratar de economizar sus medios militares bajo la presidencia de Barack Obama, no por ello ha cesado de actuar militarmente en todo el mundo. La potencia imperial sigue disponiendo de un amplio sistema, a la vez abierto y secreto, que le permite intervenir casi en cualquier lugar del mundo, sistema que pone en marcha cada vez que se le ofrece la menor ocasión.

Manlio Dinucci.─ ¿Qué relación existe entre sociedades geográfica, histórica y culturalmente lejanas, desde Kosovo hasta Libia y Siria, desde Irak hasta Afganistán, desde Ucrania hasta Brasil y Venezuela? Lo único que tienen en común es el hecho de verse arrastradas por la estrategia global de Estados Unidos, ejemplificada en la «geografía» del Pentágono, que divide el mundo en «áreas de responsabilidad». Cada una de esas áreas está «en manos» de uno de los seis «mandos combatientes unificados» de Estados Unidos:

¿Por qué la vocera Psaki afirmó que EE.UU. no apoya golpes de Estado?

Foto: AFP / Paul J. Richards
Norelys Morales Aguilera.-- Esta es la pregunta de fondo que debería hacerse ante el incidente que apenas han reseñado los medios corporativos y usted puede comprobar en el buscador de Google.

No fue un chiste y tampoco una pifia de la portavoz  del Departamento de Estado, Jennifer Psaki. En realidad el pensamiento imperial cree que el fin justifica los medios, y hasta pueden estar persuadidos firmemente de una estupidez sobre la base del excepcionalismo estadounidense.

Los golpes de estado están en camino, solo que ahora Estados Unidos se apresta a un Maidán en Venezuela, Brasil o Argentina. O, donde les venga bien a sus intereses. No es deseable otra lección del modus operandi imperial empleando los medios, para los cuales los voceros cumplen un significativo rol.

Estados Unidos y la democracia: Peligrosa engañifa

Ileana Ros-Lehtinen y el golpista Roberto Micheletti
Nicanor León Cotayo.- El gobierno de Washington sigue impulsando su complot para desestabilizar a gobiernos de América Latina que no se pliegan a sus designios, tal y como ahora demuestra el caso de Paraguay.

Precisamente en tal escenario el Departamento de Estado anunció que aumentará los fondos destinados a la tecnología del llamado programa para impulsar la democracia en Cuba.

Su pretexto es acrecentar la información “libre de censura” que hacen llegar a la isla, argumento muy parecido al empleado cuando sacaron al aire, financiadas y dirigidas por ellos, emisoras de radio y televisión.

Un portavoz de la llamada Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), declaró que los cubanos deben ser capaces de satisfacer su sed de información no censurada, y estamos comprometidos a ayudar “como quiera que podamos”.

Cuando hace algunos años se produjo el golpe de Estado en Honduras, una de sus primeras órdenes fue cerrar o censurar drásticamente los medios de difusión masiva.

La USAID guardó un solemne silencio. Cuando la ejecutaban llegó a ese país la jefa de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen, quien a nombre de Washington ofreció respaldo total a los golpistas.

Mark Feierstein, administrador adjunto para América Latina y el Caribe de la USAID, declaró el pasado 19 de junio que entregan dinero a grupos afines que manipulan en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

En marzo de 1996 salió adelante en Washington la denominada ley Helms-Burton, que de manera unilateral autoriza a los presidentes de Estados Unidos a suministrar dinero y otros recursos a individuos y organizaciones no gubernamentales “independientes” para apoyar lo que denominaron construir la democracia en Cuba.

Desde ese momento se dio el caso insólito de que un gobierno, a plena luz del día y despreciando todo lo legalmente establecido por la comunidad internacional, proclamara implícitamente que financiaba y dirigía un complot para derribar el sistema económico, político y social establecido en un país independiente y soberano.

Para colmo, los torrentes de dinero que públicamente en nombre de la democracia suministraron a sus grupos y ONG han llegado a provocar sonados escándalos debido a reiteradas malversaciones.

En abril de 2011 se descubrió que un empresario de Coral Gables, en Miami, Frank Hernández Trujillo, gastó dinero destinado a “promover la democracia en Cuba” al adquirir chocolates, carne de cangrejos, una bicicleta todo terreno, un abrigo de cuero y suéteres de cachemir, e incluso una sierra eléctrica.

No obstante, al señor Trujillo, ahora millonario, el Departamento de Estado le asigno entonces 750 000 dólares, en su condición de jefe del titulado Grupo de Apoyo a la Democracia. Entre los años 1988 y abril de 2005 recibió más de 6 millones de dólares.

No ajena a esos ejemplos se encuentra la señora Ileana Ros-Lehtinen, la cual, no por casualidad, acaba de criticar que la USAID pretenda en su presupuesto para 2013 reducir discretamente los fondos supuestamente dedicados a fortalecer la democracia en Cuba y Venezuela.

Lo hizo en una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, que preside, y allí subrayó que recortar ese dinero “envía el mensaje errado a la oposición interna en esos países”.

Mientras, el Departamento de Estado se congratula de estar abriendo sus compuertas a nuevos fondos hacia el aspecto tecnológico de sus programas de 20 millones de dólares para promover una democracia en Cuba que imite la que hoy practican los bárbaros del Norte. [CubaSí]