Jefrey St. Clair.- Al final de la Primera Guerra del Golfo, Saddam Hussein fue denunciado como un villano feroz por ordenar a sus tropas en retirada destruir los campos de petróleo kuwaitíes, contaminar el aire con nubes venenosas de humo negro y saturar el suelo con pantanos de crudo. Se calificó, con razón, de crimen de guerra ambiental.
Pero los meses de bombardeos de los aviones estadounidenses y británicos sobre Irak con misiles de crucero han dejado un legado aún más mortífero e insidioso: toneladas de coquillas, balas y fragmentos de bomba cubiertas con uranio empobrecido. En total EEUU golpeó objetivos iraquíes con más de 970 bombas y misiles radiactivos.
