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La noticia bajo la lupa: ¿Por qué los contactos ahora entre Cuba y Estados Unidos?

Norelys Morales Aguilera.- La noticia, el contexto, los posibles escenarios.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el pasado domingo a bordo del Air Force One que su Gobierno mantiene contactos con Cuba, algo que fue confirmado anteriormente la semana anterior por el mandatario, Miguel Díaz-Canel.

(Este análisis lo puede ver resumido en un video de YouTube)

Con esta declaración son nueve en los últimos diez días.

Respondiendo a preguntas de la prensa a bordo del avión presidencial, Trump afirmó que La Habana "también quiere llegar a un acuerdo" y confió en que esto se dé "muy pronto".

Entones llegó la procacidad política, Dijo: pues, de lo contrario, EE.UU. hará "lo que tengamos que hacer".

Lo que Trump no dice, ni ninguno de la cúpula gobernante es: 

¿Qué es eso que tienen que hacer? ¿Una intervención armada como han dejado entrever?

Por la parte cubana, Díaz-Canel anunció a la población que se "han mantenido recientemente conversaciones" con funcionarios de la Administración Trump "orientadas a buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias bilaterales" que existen entre ambas naciones.

Asimismo, señaló que se trata de un proceso que se lleva a cabo con "mucha discreción" y que se inicia "estableciendo contacto" y "comprobando que haya posibilidades de canales de diálogo y voluntad para el diálogo", lo que "lleva tiempo". En este sentido, puntualizó que todavía se está en esas fases iniciales del proceso y lejos de la construcción de una agenda o de negociaciones.

Esta es la noticia que ocuparon titulares de todo tinte.

Cabe entonces analizar el contexto para responder a la pregunta inicial de este contenido, en el cual seré breve. 

Todo el que haya seguido las relaciones Cuba-Estados Unidos puede darse cuenta de que hay un contexto acumulado de agresiones de la Potencia norteña y la defensa soberana de Cuba.

Como todo hecho tiene historia. Se pueden revisar documentos y declaraciones donde La Habana ha insistido en un diálogo en condiciones de igualdad y con respeto por la soberanía nacional.

Un antecedente previo de que es posible un diálogo así, está en el efectuado por ambas naciones en la presidencia de Barack Obama, quien comprendió que la política de cerco debía quedar atrás. Obama por la ley de Estados Unidos no podía suspender el bloqueo, pero le dio un respiro a los cubanos.

En el caso que nos ocupa se puede ver que aunque incipientes, la negociación para establecer una agenda contempla a los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, lo que deja fuera a los politiqueros del poder oculto de la Florida, en muchos casos, terroristas o filoterroristas que están a favor de la destrucción de Cuba.

En todo caso, una buena vecindad con Cuba no es “amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”, como consta en la orden ejecutiva de Trump del 29 de enero último.

Si se quisiera revisar actores en las relaciones binacionales, los beneficiarios serían ambos pueblos.  

Para el cubano el legítimo derecho de recibir el combustible que compre y requiera, así como hacer transacciones comerciales, tanto los privados como los estatales, como se supone que sea en cualquier país, y no en uno sometido a un cerco medieval como el que sostiene la administración Trump contra los cubanos, pretendiendo llevarlos al hambre y la desesperación para que se rebelen contra su propio gobierno. Y, consigan así, la ambición de un cambio de régimen.

Para el pueblo norteamericano sería ejercer el derecho constitucional de poder viajar libremente. Pero algo más, podría haber intercambio científico en aspectos tales como la ya avanzada vacuna contra el cáncer de pulmón, que hoy disfrutan los cubanos, y medicamentos novedosos como el comprobado para evitar amputaciones del pie diabético, vacunas y otros más. 

Y algo crucial. La política de tolerancia cero contra el narcotráfico, evita que los delincuentes buscando el mercado norteño se afiancen en Cuba.

Quizás se entienda mejor todo si se piensa en la situación económica y la presión social que tiene Trump en Estados Unidos, mientras miente, y la guerra con Irán inducida por el ente israelí que confirmaría el error que le atribuyen expertos y analistas norteamericanos.

De continuar la política de Trump de atacar y amenazar cuando se siente acorralado por juicios pendientes, vaticinios electorales en contra y la guerra prolongada contra IRÁN, entonces, lo más probable es que las conversaciones no avanzarán, máxime si el negociador es Marco Rubio que llegaría con contradicciones esenciales.

Si Trump, decidiese acudir a las Naciones Unidas, la Santa Sede o México como mediadores, quizás habría una esperanza de avanzar a un diálogo constructivo, pero el egocentrismo imperial conspiraría en contra.

En todo caso, el escenario más probable, sigue siendo el riesgo del fracaso.

En resumen los actuales acontecimientos entre Cuba y Estados Unidos solo confirman que a la administración Trump los hechos les estén obligando a cierta racionalidad o que asesores cercanos estén indicando que es hora de dar “el golpe final” a La Habana.

Mientras, para Cuba la respuesta es reiterar la disposición a negociar sin rendición, aunque se esté imponiendo en algunos la desesperación o que al mismo tiempo se acreciente el sentimiento nacional ante la perspectiva de una agresión. 

En la política internacional, las palabras nunca son inocentes. Por eso conviene analizarlas con calma.

Honduras: ¿creer en la transparencia del Tribunal Supremo Electoral?

Salvador Nasralla, mantiene un conteo de votos  Foto Afp
Después de una sospechosa demora y cambios en los resultados del escrutinio,  hay un último anuncio: la máxima autoridad electoral en Honduras realizará a partir del viernes un recuento manual de los votos registrados en actas.

Dicen las autoridades electorales que hay actas  que presentaban “inconsistencias” tras las elecciones presidenciales, en momentos en que crece la tensión política, informó la agencia AP desde Tegucigalpa, la capital hondureña.

Bin Laden y la reelección de Obama

“América puede hacer lo que se proponga. Esa es la historia de nuestro país. Somos una nación, bajo Dios, indivisible con libertad y justicia para todos”, este fue el mensaje fundamentalista del presidente Barack Obama, al anunciar que Osama Bin Laden había sido asesinado por tropas estadounidenses, que actuaron sin previa autorización del gobierno de Pakistán, el país donde realizaron su operación ilegal. (Stella Calloni)

Salvador González Briceño- Al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mientras hacía el anuncio a los medios de comunicación se le veía satisfecho. Al fin tenía entre manos una buena noticia que darle a sus electores y al mundo, algo que desde hace algunos meses no puede. Se trata de la confirmación, este domingo, de la muerte del líder de la organización terrorista Al Qaeda más buscado por los servicios de inteligencia gringos, Osama bin Laden, señalado como el principal orquestador de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York aquél fatídico 11 de septiembre de 2001, ¡hace 10 años!
Golpe de suertechiripa, o no—, el caso es que la caza de Bin Laden vino a otorgarle un poco de aire a su desinflada campaña electoral por la continuidad presidencial para un periodo de cuatro años más, que no despega y tampoco mira el campo libre, porque ni tiene mucho que ofrecer desde que ha perdido terreno frente a la derecha del Tea Party —partido del té—, y su representación republicana que opera como bajo el esquema de gobierno del clan de los Bush.
Obama gobierna sin resultados propios, ni en materia de economía ni de política local e internacional [las rebatingas internas, por ejemplo, lo obligaron la semana pasada a mostrar su acta de nacimiento por presiones del posible contrincante Donald Trump]; con un fuerte déficit público —hace dos semanas se andaba quedando sin presupuesto—, una economía deprimida, una política social en entredicho, tres guerras en marcha contra sendos países —en Irak, Afganistán y ahora en Libia— y un equipo diplomático en total descrédito por el papel de espionaje que juega, conforme a las revelaciones del portal Wikileaks de Julian Assange.
Animado dijo: “Estados Unidos realizó una operación en la que fue abatido Osama bin Laden…, un pequeño grupo de estadounidenses condujo el operativo con coraje y extraordinaria capacidad. Ningún estadounidense fue herido y se tuvo la precaución de evitar víctimas civiles”. Y agregó en seguida: “Luego de un tiroteo ultimaron a Osama bin Laden, y tomaron su cuerpo en custodia (…), se ha hecho justicia”. Porque Bin Laden fue señalado como el responsable de los atentados del 11/S y las tres mil víctimas a la caída de las Torres. Por lo mismo, Obama celebró junto al presidente pakistaní, Asif Alí Zardari, el “día bueno e histórico para nuestras naciones”. “El logro más importante hasta la fecha” contra la red terrorista, en una “guerra que no es contra el islam”. Pero siguió bajo los lineamientos del Pentágono establecidos por los halcones de Bush Jr.
Dentro de poco, con este anuncio de la muerte del líder de la organización Al Qaeda ocurrida en Abbottabad —a 60 kilómetros al norte de Islamabad—, el presidente estadounidense esperará elevar sus preferencias entre el electorado, sin mayores promesas porque tampoco las tiene o si las hace no tendría esperanzas de convertirlas en logros para una administración que está resultando más bien a todas luces gris.
Pero el pasado se impone. Y Obama, como todos los políticos del mundo, esperan que la memoria histórica popular sea hecha añicos en todo momento para que juzgue la noticia como se le brinda de botepronto, así sea por la cadena CNN. Porque más allá de haberse convertido en “el enemigo público número uno” tras el 11/S, no se olvida que durante la Guerra fría Osama fue un colaborador estrecho de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, tras la invasión soviética en Afganistán en 1979 como organizador del mantenimiento logístico de los mujaidines afganos, que tanto elogiaran los políticos gringos y hasta explotara Hollywood con la película de Sylvester Stallone, en Rambo III.
La CIA le pagó a Bin Laden por esos servicios. El nexo: Osama era cuñado de Khalid Bin Mafhouz, el entonces director del BCCI —banco de la CIA—. Sin embargo, tras la primera invasión de EU a Irak, en 1991, Laden declaró la yijad —guerra santa— a Estados Unidos por ocupar territorio saudí para dirigir desde ahí la guerra contra Saddam Hussein. El derribo de tres helicópteros de EU en Somalia con saldo de 18 muertos, en octubre de 1993 fue un atentado achacado a Al Qaeda. En 1998, contra las embajadas de EU en Kenia y Tanzania. Igual que el 11/S en 2001 y otros más: 11/3/2004 en Madrid, 7/7/2005 en Metro y autobús de Londres.
Más allá de la suspicacia del autoatentado del 11/S en Nueva York, los hechos hablan por sí. 1) El ataque a las Torres Gemelas ocurrió cuando Bush Jr. tenía el nivel más bajo de aprobación porque se había declarado ganador con las elecciones de Florida, un estado gobernado por su hermano Jeb. 2) La tesis de la privatización de las Torres también campea, porque habían sido públicas. 3) Apoderarse del oro que estaba en los sótanos del WTC. 4) Desaparecer los archivos de la General Accounting Office (GAO) sobre los Bush. Y, 5) ¿También para tapar el hoyo que significó Enron?, cuando la Torre 7 se cae unas horas —5:30, pm.— después sin impacto alguno, salvo dos pequeños incendios. El 11/S resultó, al parecer, un tiro de muchas bandas.
Una cola de tamaña conspiración orquestada por los llamados Neocon, parece que está alcanzando ahora a Barack Obama, se lo proponga o no. De ahí su satisfacción por la caza de Bin Laden, un cadáver que se apresuraron a lanzar al mar desde la plataforma de un portaaviones, por el temor a represalias.
Pero con todo y no todo el mundo se mastique las mentiras de EU, y más allá de que Bin Laden haya sido calificado como enemigo público número uno tras los atentados del 11/S, el caso es que en el ejercicio de la política internacional que coloca por delante los intereses estratégicos —mejor conocidos como de “seguridad nacional”—, EU hace y deshace con “amigos” que luego convierte en “enemigos” por así convenir a sus políticas en el mundo.
Pero Bin Laden no es un muerto más. Por el número de seguidores que consiguió, es verídico el temor de que vuelvan los ataques o atentados contra intereses de EU en el mundo. Pero al parecer eso no le importará a Obama. Porque él quiere conseguir la reelección en 2012 a toda costa. Así sea justificando las guerras como los republicanos o los Bush. No tiene más cartas que las de la guerra que le heredaron los dos gobiernos anteriores. Por eso ordenó el operativo contra el líder de Al Qaeda hace ocho meses.

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