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Cuba en Río+20 con pensamiento ambientalista de Fidel Castro

 20 años atrás en Cumbre de la Tierra Fidel alertaba a la humanidad
Cuba presentará en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20 el libro El derecho de la humanidad a existir, que recoge el pensamiento ambientalista de Fidel Castro, informó la prensa.

Según un reporte del Noticiero Nacional de Televisión, el texto constituye una selección de ideas y mensajes del líder de la Revolución cubana relacionados con el medio ambiente y las actuales amenazas a la supervivencia de la especie humana.

Se trata de un trabajo conjunto de la Cancillería y la Agencia de Medio Ambiente, el cual recoge reflexiones de Fidel Castro sobre el tema, explicó al noticiero Argelia Fernández, funcionaria de esa entidad del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

De acuerdo con Fernández, el libro que se presentará en Río+20 -foro previsto en Brasil del 20 al 22 de este mes- incluye cuestiones de pobreza y sociedad, seguridad alimentaria, amenazas al planeta y cambio climático.

El derecho de la humanidad a existir agrupa reflexiones e ideas del líder cubano emitidas en el periodo 2007-2012, y las primeras páginas están dedicadas a su discurso de hace 20 años en la Cumbre de la Tierra.

Entonces, Fidel Castro llamó la atención de la comunidad internacional con la frase "Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre", mensaje en el que ha insistido desde ese momento.[PL/RHC]

Mensaje a la Cumbre de la Madre Tierra de Eduardo Galeano.


Eduardo Galeano

“Los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad” Lamentablemente, no podré estar con ustedes. Se me atravesó un palo en la rueda, que me impide viajar. Pero quiero acompañar de alguna manera esta reunión de ustedes, esta reunión de los míos, ya que no tengo más remedio que hacer lo poquito que puedo y no lo muchito que quiero.

Y por estar sin estar estando, al menos les envío estas palabras.

Quiero decirles que ojalá se pueda hacer todo lo posible, y lo imposible también, para que la Cumbre de la Madre Tierra sea la primera etapa hacia la expresión colectiva de los pueblos que no dirigen la política mundial, pero la padecen.

Ojalá seamos capaces de llevar adelante estas dos iniciativas del compañero Evo, el Tribunal de la Justicia Climática y el Referéndum Mundial contra un sistema de poder fundado en la guerra y el derroche, que desprecia la vida humana y pone bandera de remate a nuestros bienes terrenales.

Ojalá seamos capaces de hablar poco y hacer mucho. Graves daños nos ha hecho, y nos sigue haciendo, la inflación palabraria, que en América latina es más nociva que la inflación monetaria. Y también, y sobre todo, estamos hartos de la hipocresía de los países ricos, que nos están dejando sin planeta mientras pronuncian pomposos discursos para disimular el secuestro.

Hay quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad internacional”, ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos definiciones son correctas.

Yo quiero celebrar, en cambio, la fuerza de verdad que irradian las palabras y los silencios que nacen de la comunión humana con la naturaleza. Y no es por casualidad que esta Cumbre de la Madre Tierra se realiza en Bolivia, esta nación de naciones que se está redescubriendo a sí misma al cabo de dos siglos de vida mentida.

Bolivia acaba de celebrar los diez años de la victoria popular en la guerra del agua, cuando el pueblo de Cochabamba fue capaz de derrotar a una todopoderosa empresa de California, dueña del agua por obra y gracia de un gobierno que decía ser boliviano y era muy generoso con lo ajeno.

Esa guerra del agua fue una de las batallas que esta tierra sigue librando en defensa de sus recursos naturales, o sea: en defensa de su identidad con la naturaleza.

Hay voces del pasado que hablan al futuro.

Bolivia es una de las naciones americanas donde las culturas indígenas han sabido sobrevivir, y esas voces resuenan ahora con más fuerza que nunca, a pesar del largo tiempo de la persecución y del desprecio.

El mundo entero, aturdido como está, deambulando como ciego en tiroteo, tendría que escuchar esas voces.

Ellas nos enseñan que nosotros, los humanitos, somos parte de la naturaleza, parientes de todos los que tienen piernas, patas, alas o raíces. La conquista europea condenó por idolatría a los indígenas que vivían esa comunión, y por creer en ella fueron azotados, degollados o quemados vivos.

Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera.

Las culturas indígenas la ven desde adentro. Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.

Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.

Vuelan abrazos, desde Montevideo.