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Apuntes de San Isidro: violación del protocolo de salud en Cuba por Covid-19 [+ video]

No hubo un golpe. Nadie fue arrastrado. Hubo un gobierno preocupado por la situación sanitaria ya que, en la tarde, los huelguistas se negaron tajantemente a aislarse incluso con una persona que acababa de llegar de México, incumpliendo con el artículo 187.1 de la Ley 52 del Código Penal. Y, eso que según los medios de la contrarrevolución a San Isidro no se puede entrar. Valiente el periodiquero.

En horas de la noche de este 26 de noviembre, las autoridades sanitarias cubanas se presentaron en la sede del llamado Movimiento San Isidro, ubicado en calle Damas No.955, en el capitalino municipio de La Habana Vieja, con motivo de certificar la violación del protocolo de salud para los viajeros internacionales, ejecutada por el ciudadano cubano con residencia mexicana, Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, quien luego de declarar otra dirección donde se iba a alojar, decidió por su propia voluntad y sin valorar las consecuencias de sus actos, trasladarse a esa vivienda, luego de su entrada al país por el Aeropuerto Internacional “José Martí” hace unos días, informó el sitio Razones de Cuba. 

 Ante su negativa de cumplir con lo estipulado en las medidas decretadas por Cuba para evitar la transmisión de la Covid-19 y que se aplican a las personas que provienen del extranjero, se radicó una denuncia en la Estación de la PNR de la localidad, por el delito de Propagación de Epidemias, lo que obligó a una actuación inmediata para la extracción de las personas que se encontraban en el lugar. 

Esta acción transcurrió con total apego a la legalidad y sin que se transgredieran los derechos ciudadanos de ninguno de los involucrados, y responde al necesario interés de proteger a la población cubana de la trasmisión de la pandemia, así como salvaguardar la vida de aquellos que resultaron ser contactos directos de Álvarez Rodríguez, de quien se conoce que de México hizo escala en los Estados Unidos, y luego viajó al territorio nacional. 

 Una vez que se apliquen las medidas a él o los responsables y se certifique el estado de salud de todos los que se encuentran en observación médica, volverán a sus respectivos domicilios, de no constituir riesgo para la salud de la población.

 

Carlos Manuel Álvarez, el corre$ponsal de la Covid-19 en San Isidro

M. H. Lagarde.─
Increíble pero cierto: Carlos Manuel Álvarez, el alguna vez talentoso muchacho que a fuerza de denigrar a gente que lo sobrepasa mil veces en ética, talento y coraje, como Roberto Fernández Retamar y el Comandante Che Guevara*, ha atravesado, con una facilidad que lo pone en duda, “el cerco de la brutal represión de la dictadura cubana” y se encuentra junto a los juerguistas de San Isidro para, con sus dotes de escritor de ficción, vender al mundo el storytelling de los nuevos mártires del dólar yanqui en Cuba.

No hace mucho, con esa fidelidad a lo sucedido que le caracteriza, Álvarez publicó en The New York Times su versión manipulada de un hecho doloroso pero excepcional que se pretendió utilizar como fracasado pretexto para recrudecer aún más la política estadounidense contra Cuba, justo después que el Presidente Trump había prometido en Miami “vamos a luchar por nuestros amigos de Cuba”. En el Times, el golden boy invocó a los familiares de una persona fallecida, ocultando que su madre -¿hay familiar más cercano?- había denunciado la manipulación mediática de esa muerte y su confianza en las autoridades cubanas y la investigación de los hechos. Para colmo, Álvarez ilustraba su artículo con una borrosa imagen de la agencia Reuters con un pie de foto: “Agentes de seguridad de La Habana vigilan las calles de la capital de Cuba en junio de 2020” aparecida originalmente en el diario argentino Clarín ilustrando un artículo titulado “La gigantesca nube de polvo del Sahara provoca olas de calor, intoxica el aire y ya llegó a Miami” y con el pie de foto “El Morro Cabaña, en La Habana, entre penumbras.” Cualquiera que conozca la capital cubana sabe que Morro y Cabaña no son “calles de La Habana” sino dos centenarias fortalezas coloniales donde no vive nadie ni hay calles que vigilar, de hecho lo que aparece en la foto es es una plazoleta frente al mar, no calles, pero son cosas que pasan cuando -como en el caso de Álvarez la ficción ocupa el lugar del periodismo.

Ahora, en un nuevo capítulo de su viaje infinito hacia la infamia, Álvarez desembarca en La Habana para, a sueldo de The Washington Post, dar ropaje literario -en definitiva lo suyo es la ficción- a la sordidez y grosería evidentes de una conjura destinada a dañar cualquier cambio en las relaciones ente Estados Unidos y Cuba. Al ir directo del aeropuerto al lugar del show del llamado “Movimiento San Isidro”, cuyos vínculos con terroristas asentados en Miami han salido a la luz recientemente, lo hace violando las regulaciones sanitarias que lo obligarían a permanecer aislado hasta conocer los resultados de las pruebas PCR para viajeros internacionales y pone en peligro la salud de los habitantes de esa comunidad, un gravísimo riesgo al provenir de un país con altísimos niveles de contagio de la Covid-19.

Está por demostrar si tantos premios y contratos para Álvarez se deben a su talento para contar mentiras -eso es la ficción- o a su lealtad a las campañas mediáticas contra su país de origen, pero para lo que sí tiene indiscutible talento este aspirante a agente transmisor de la Covid-19 es para los financiamientos. Sus éxitos literarios palidecen al lado de la negociación del contrato de la revista El Estornudo a través de Aimel Ríos Wong con el programa Cuba de la National Endownment for Democracy -pantalla de la CIA hasta para el mismo New York Times- del que sacó una importante tajada y a lo que si no fuera suficiente sumó otro con la Open Society del magnate George Soros, ambos financiamientos reconocidos en las propias páginas de la revista.

Ya era triste que Carlos Manuel Álvarez abandonara la floritura estilística con que lo fabricaron para ponerse al servicio de lo peor de la propaganda  que justifica la guerra económica contra su país. Pero más triste es que, a cambio de un puñado de dólares, se convierta en un delincuente epidemiológico y ponga en riesgo la salud de aquellos a quienes dice querer ayudar y a los miles de personas que viven en ese populoso barrio habanero. 

*Jamás se ha disculpado por la afrenta a Ernesto Guevara, denunciada en este blog.