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| Foto: Micaela Ayala/Andes |
Lídice Valenzuela.─ Uno de los agudos problemas que identifica desde hace siglos a los revolucionarios latinoamericanos son las fisuras que, en ciertos momentos, separan a los líderes, para ganancia de quienes militan en las filas de los opositores. Ahora, Ecuador acaba de brindar un pésimo ejemplo, por válidas que sean las razones esgrimidas.
Desde antes de asumir la presidencia del llamado País Meridiano del Mundo, Lenín Moreno, de 64 años, parapléjico, dejó claras algunas de las posiciones políticas y económicas que implantaría en su gobierno, sucesor del de Rafael Correa, líder del partido Alianza País y de la Revolución Ciudadana.