Al imperialismo ni tantico así

Norelys Morales Aguilera.- En un momento crítico para la Zona de Paz en Nuestra América, Cuba volvió a ser escenario de una expresión de solidaridad regional. En La Habana, el pueblo cubano se reunió en respaldo a Venezuela, consciente de las amenazas crecientes que se ciernen sobre la región. Dichas amenazas provienen de una élite política estadounidense que, marcada por la corrupción y el autoritarismo, dirige hoy los destinos de un imperio en franca decadencia, pero cada vez más peligroso.

Resulta inevitable destacar la resistencia del pueblo cubano, que enfrenta simultáneamente las secuelas del huracán Melissa, una situación epidemiológica compleja y los efectos prolongados de un bloqueo económico de carácter genocida. A pesar de ello, mantiene una actitud de dignidad y firmeza, sostenida en la convicción histórica de que Cuba no se rinde ni se somete.

En Venezuela, amplios sectores de la población han reaccionado con protestas ante lo que consideran un nuevo episodio de agresión, asociado al denominado “corolario Trump”. Lejos de la desmovilización, estas manifestaciones reflejan un rechazo sostenido a las políticas de intervención y saqueo impulsadas desde Washington.

La reciente conferencia del presidente estadounidense, transmitida en vivo por la BBC, dejó en evidencia un discurso calificable de grotesco y provocador. No se trata de hechos aislados: la historia del imperialismo norteamericano está marcada por la intervención directa y el derrocamiento de gobiernos que no se alinearon con sus intereses.

En este contexto, crece la preocupación por la seguridad de líderes progresistas de la región. Las advertencias alcanzan al presidente de Colombia, Gustavo Petro, y a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en un escenario internacional donde se normaliza la idea de que los recursos naturales de países soberanos, como Venezuela, pueden ser apropiados por la fuerza. La escalada bélica y las operaciones encubiertas aparecen, además, como mecanismos para desviar la atención de la profunda crisis interna que atraviesa Estados Unidos, agravada por el actual liderazgo político.

Ante este panorama, resulta pertinente recordar el célebre texto del pastor alemán Martin Niemöller, atribuido erróneamente en ocasiones a Bertolt Brecht, una advertencia histórica contra la indiferencia y la complicidad frente a la injusticia. Su mensaje interpela tanto a sectores de Nuestra América como a una Unión Europea que se proclama culta pero permanece pasiva, así como a una izquierda que, en ocasiones, actúa con timidez ante la agresión imperial.

La experiencia histórica demuestra que la falta de solidaridad abre el camino a la barbarie. Por ello, la defensa de la paz y la unidad en América Latina no es solo una aspiración, sino una necesidad urgente frente a un sistema que ha demostrado su carácter estructuralmente violento y excluyente.

Al imperialismo, ni tantico así.

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