Tragedia americana en Charlottesville

Norelys Morales Aguilera.─ Era previsible que tanto azuzar pasiones latentes en la sociedad estadounidense, desembocara en “una tragedia americana” que sobrepasa la trama de la novela homónima de Theodore Dreiser, con el racismo violento, el antisemitismo, la xenofobia y la discriminación que hemos visto en Charlottesville, Virginia, en los últimos días, condenados en estos términos por la ONU.

La sobreabundancia de propaganda oculta al mundo y a los propios norteamericanos que el dolor y la muerte de las plantaciones esclavistas del “Viejo Dominio” (Virginia), ronda en los barrios y la simbología en varios estados, donde hay más de 700 estatuas que exaltan a los racistas confederados.

La cronología de los hechos que condujeron a la muerte de tres personas, lesionados y detenidos, se inició la noche de este viernes 11, cuando un grupo de los manifestantes acudió al campus de la Universidad de Virginia, con sede en Charlottesville, con antorchas para celebrar la decisión de un juez federal de permitir la manifestación, que desembocó en choques violentos con estudiantes y donde tuvo que intervenir la policía.

La marcha “Unir a la derecha” concentraría el domingo siguiente a cientos de supremacistas blancos en Charlottesville, en protesta por la retirada de una estatua homenaje al general confederado Robert E. Lee, símbolo de racismo y discriminación.

Se esperaba, que entre opositores y manifestantes, se reunirían en la pequeña ciudad a 300 kilómetros al suroeste de Washington más de 2 000 personas, entre ellos, miembros del KuKluxKlan, grupos neonazis y otras agrupaciones de nacionalistas blancos. Así se produjo.

La manifestación fue descrita como “el mayor encuentro de odio de su clase en décadas en EE.UU.”, según el Southern Poverty Law Center, un grupo que investiga a los grupos que fomentan la violencia racial.

Jason Kessler, organizador de la marcha, evidenció su ideología, cuando subrayó en un comunicado que se trata de defender la Primera Enmienda de la Constitución que protege la libertad de expresión y respaldar a “los grandes hombres blancos que están siendo difamados, calumniados y derribados en EE.UU.”, tal y como ha afirmado el presidente Donald Trump.

James Fields, de 20 años, fue identificado este sábado por la policía como el conductor que atropelló a una multitud de manifestantes de la contramarcha a la concentración de ultraderecha en Charlottesville.

Fields, tras matar a una persona y herir a otras 19, fue acusado de homicidio en segundo grado, tres cargos de heridas con dolo, y un cargo de abandonar el lugar de los hechos.
TRUMP EL AZUSADOR

Este sábado el presidente Trump afirmó: “Condenamos en los términos más contundentes esta atroz muestra de fanatismo, racismo y violencia por múltiples partes. Múltiples partes”, indicó Trump en una declaración desde Bedmnister, Nueva Jersey, en sus vacaciones de verano.

Ello provocó acusaciones de indulgencia con la extrema derecha por parte de todos los sectores políticos. A continuación, el 15 de agosto, durante una conferencia de prensa sobre su nuevo plan de infraestructura, el mandatario afirmó: “Creo que ambos bandos tienen la culpa, de eso no hay duda”. Y agregó que “no toda esa gente eran neonazis, no toda esa gente eran supremacistas blancos”.

“Hay dos partes en una historia”, repitió Trump a los periodistas en la Trump Tower de Nueva York. Cuando se le preguntó por qué esperó hasta el lunes para condenar explícitamente a los grupos de odio presentes el sábado en Charlottesville, Trump respondió que quería ser cuidadoso para no dar una “rápida declaración” sin contar con todos los hechos.

El exlíder “Gran Mago” del KuKluxKlan, David Duke, le agradeció este martes al presidente Donald Trump por culpar “a los dos bandos” de la violencia desatada el pasado fin de semana en Charlottesville.

Aunque Trump luego intentó calmar los ánimos, este martes echó para atrás esas palabras y decidió culpar más que todo “a la izquierda extrema”, de los hechos violentos en Charlottesville.

Sin embargo, el resumen de la opinión generalizada en Estados Unidos corrió a cargo del senador independiente Bernie Sanders, quien declaró en contra de la actuación del presidente Trump. La política de odio de Trump pudo haberle ayudado a ganar la presidencia, pero no es sustentable para manejar un país, así lo demuestra el reciente ataque.

¿Es posible darle cabida dentro de la sociedad a grupos de odio como estos? Si el presidente no actúa a tiempo, si no formula una verdadera enseñanza para la sociedad, las conductas racistas que él mismo alimenta se regarán en la sociedad como una enfermedad que durará años en encontrar una cura.

Como muestra, los grupos de extrema derecha tienen previsto llevar a cabo una serie de protestas el próximo fin de semana en al menos nueve ciudades: Atlanta, Austin, Boston, Los Ángeles, Nueva York, Pittsburgh, Seattle, Washington DC y Mountain View, California, informó Democracy Now!.

Las protestas apuntan a Google por haber despedido a un ingeniero blanco, autor de un manifiesto sexista, que envió por correo electrónico a todos sus colegas el documento en el que afirmaba que las mujeres son biológicamente inferiores y menos capaces de asumir funciones de liderazgo en la industria de la tecnología. El ingeniero despedido se ha convertido en un héroe entre los grupos de extrema derecha.

También está prevista la realización de concentraciones de supremacistas blancos en San Francisco y Berkeley, California, a fin de mes. Ya se están organizando contraprotestas.

En este escenario la tragedia americana sigue y, como han sido legitimados por la Administración, han decidido salir a la palestra pública, y lo que viene es que la última palabra no la tiene Trump.

Cubahora.cu

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