29/6/16

Colombia: Manual de tortura paramilitar

Por primera vez, el Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá documentó las formas de tortura del paramilitarismo. El estudio, al que tuvo acceso el diario “El Espectador”, cuenta desde violaciones que durante tres décadas, fueron perpetradas por autodefensas y, en particular, por los integrantes del frente Héctor Julio Peinado Becerra de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). [1]

Antes de ver el texto del vademecum del sufrimiento para las víctimas, es preciso preguntarse si el ex presidente Álvaro Uribe Velez, quien pretendió firmar la paz con los asesinos  de la AUC, ignoraba tales violaciones de los derechos humanos, y si también lo ignoraban entidades como Amnistía Internacional o la mismísima OEA o los gestores del Plan Colombia desde Estados Unidos.

En el caso de Uribe Velez su oposición a firmar la paz con las FARC-EP es asociado por varios analistas colombianos, tanto él como su hermano Santiago, a que son hombres activos del paramilitarismo. Además, de sus delitos por los llamados falso positivos, entre otros.

En septiembre de 2013 la web Semana.com daba cuenta del aumento de las acusaciones al expresidente y su entorno de nexos con bandas criminales.[2] 

Mientras, en el propio año un informe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía colombiana informaba que los integrantes de las AUC confesaron la ejecución de 1.046 masacres, y detallaba 39.546 crímenes, que dejaron 51.906 víctimas. Entre los delitos hay registrados 25.757 asesinatos y 773 torturas.[3]

Cualquier coincidencia de torturas en el mundo árabe por los militares de Estados Unidos, que hoy ocupan siete bases en Colombia, tiene poco de casualidad, y sí mucho de la degradación moral que impone el interés que los acompaña.

Escalofriante revelación que hiere la sensibilidad

Por primera vez en la ya larga historia de la guerra en Colombia, un tribunal de Justicia y Paz documentó las formas de tortura en el paramilitarismo. Uno de los más siniestros capítulos del conflicto armado que fue pasando de agache por cuenta del remolino de asesinatos, secuestros y alianzas ilegales con caciques políticos de toda estirpe y toda calaña. Tras examinar la estela de violencia del Frente Héctor Julio Peinado, que operó en el sur del Cesar, y en concreto las órdenes de sus jefes Wilson Salazar Carrascal, alias el Loro; Whoris Sueltas Rodríguez, alias Chómpiras, y Francisco Alberto Pacheco, alias el Negro, la justicia por fin puso el foco sobre los vejámenes ininterrumpidos de las autodefensas en casi tres décadas de muerte. En total, se identificaron 31 formas de tortura. Cada una más escalofriante que la anterior. Unos vampiros, se diría.

El Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, al frente del magistrado Eduardo Castellanos Rozo, se propuso desenterrar estos crímenes y sus hallazgos son tan crudos que hacen retorcer el alma. Las formas más terribles de estrangulamiento, mutilación, electrocución, golpizas o ahogamientos, violencia sexual y perturbación psíquica. Un vademécum del dolor con una logística puntual: un espacio físico controlado, herramientas para infligir sufrimiento, esposas, lazos, cabuyas y alambres para atar a las víctimas y vendas, trapos o toallas para impedir su visión. Un repertorio que incluyó a animales feroces y que se dio en 15 departamentos: Antioquia, Arauca, Atlántico, Boyacá, Caldas, Cesar, Cundinamarca, La Guajira, Meta, Magdalena, Norte de Santander, Santander, Sucre, Tolima y Vichada.

El estudio del tribunal encontró cosas como estas: el tiempo de duración de las torturas osciló en promedio entre una y ocho horas (han sido atípicos los casos registrados de tortura que tardan semanas o meses). La mayoría de los vejámenes se dieron “en espacios abiertos como carreteras interveredales, fincas con extensos pastizales o predios ubicados a la orilla de un río caudaloso”. Por ejemplo, en las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá, las torturas ocurrieron en Los Transmisores, un predio alejado del casco urbano de Puerto Boyacá, muy cerca al río Magdalena. Las Autodefensas Campesinas del Sur del Cesar vejaron a muchos en una carretera ubicada en el corregimiento de Puerto Mosquito, en Aguachica. “El 63% de los civiles torturados por las Autodefensas del Sur del Cesar fueron posteriormente asesinados, el 14% fueron desaparecidos forzadamente y el 23% quedaron vivos”, señaló el fallo.

El mapeo criminal de este delito en el paramilitarismo reveló otros hallazgos interesantes. Por ejemplo, “que la tortura tendió a ser utilizada para alcanzar los fines de la organización ilegal y no tanto para satisfacer individualmente un patrullero sádico y sanguinario”. Es decir, se observó una consistencia entre las modalidades de tortura y los objetivos de guerra que se perseguían. Los métodos de sofocación y electrocución estuvieron principalmente ligados a la pretensión de las autodefensas de obtener información y confesión de manera rápida por parte de civiles señalados de pertenecer o simpatizar con la guerrilla. En palabras castizas, los ‘paras’ ahogaron, asfixiaron o electrocutaron a sus víctimas para extraer forzadamente información, pero no los mutilaron o quemaron para cumplir con dicho propósito.

En cambio, el uso de cuchillos, machetes o motosierras para desmembrar vivas a las personas estuvo asociado con una estrategia de guerra contrainsurgente. Aquí la tortura fue usada únicamente como castigo, no como método para obtener información. “El método de infligir dolor estuvo estrechamente ligado a la calidad de la víctima o al señalamiento que de ésta hacía el victimario”, advirtió la sentencia conocida por El Espectador. “Los paramilitares quemaron con fuego o ácidos a aquellos que señalaron como enlaces directos de la subversión”. En cuanto a los métodos de tortura sicológica como el encierro, el aislamiento crónico, la privación del sueño y la humillación pública, el tribunal observó que estos vejámenes fueron aplicados como castigos con fines correctivos a los mismos integrantes de un grupo paramilitar que desacataban normas disciplinarias.

En síntesis, las formas de tortura revelaron no solo la sevicia de los victimarios sino lo que éstos pensaban de sus víctimas. A los ladrones, las autodefensas los quemaban, o los sometían a golpizas brutales. “La forma de infligir daño físico y mental a la víctima estuvo relacionada con objetivos de guerra ideados por los paramilitares”, concluyó el tribunal de Justicia y Paz. A continuación el recuento de las formas de tortura perpetradas por las autodefensas:

1. La bolsa de jabón: Amarraban las manos de la víctima con cabuyas, la obligaban a sentarse, le ponían una bolsa con detergente en la cabeza y el rostro, y cerraban con fuerza dicha bolsa hasta bloquear las vías respiratorias. Esta modalidad fue utilizada por el Frente Fronteras del Bloque Catatumbo, al mando de Jorge Iván Laverde, alias el Iguano, en el sector de El Cerro en Cúcuta.

2. La toalla mojada con sal para ganado: Ataban las manos de las víctimas con esposas y las obligaban a sentarse mientras otra persona llenaba un balde con pizcas de sal para ganado. Luego mojaban una toalla, se las ponían sobre ojos, nariz y boca y la aprietan hasta propiciarles asfixia, vómito y quemazón en las fosas nasales. Esta técnica fue utilizada por el Frente Héctor Julio Peinado en una casa clandestina ubicada en el barrio Romero Díaz en Aguachica (Cesar). Javier Antonio Quintero, alias Pica, lo describió así: “Uno coge un balde grande con agua y lo llena con sal de ganado, y remoja bien la toalla, y después se le enrolla la cabeza en la toalla, y la sal le quema la nariz, le quema la cara y lo está ahogando… Eso hace que la persona hable”.

3. La soga al cuello: Amarraban las manos y el cuello de la víctima con una soga, la obligaban a caminar largas distancias en esas condiciones y, posteriormente, lo colgaban de un árbol amarrado del cuello hasta que se moría como consecuencia del ahorcamiento. Los ‘paras’ del Frente José Pablo Díaz, del Bloque Norte, lo usaron en Remolino (Magdalena).

4. El submarino: Ataban el cuerpo de la víctima a una silla, la inclinaban hasta sumergirle la cabeza en un balde repleto de agua con sal, y de manera cíclica lo dejaban durante pocos minutos, lo sacaban y lo volvían a sumergir. Esta tortura fue utilizada por el Frente Héctor Julio Peinado.

5. Golpiza en la boca: A quienes señalaban del robo de ganado, viviendas o establecimientos comerciales, les ataban las manos, y con puños o con la boquilla de un fusil, los golpeaban reiterativamente en la boca hasta tumbarles la dentadura. Esta modalidad de castigo fue perpetrada por el Frente José Pablo Díaz en Sabanalarga (Antioquia), y por el Bloque Mineros, en Valdivia (Antioquia) con la variante de que la víctima fue tirada al suelo y destripada con motos de alto cilindraje que le pasaron por encima.

6. Golpiza en la cara: A un presunto colaborador de la guerrilla, miembros del Frente Contrainsurgencia Wayuu le amarraron con cuerdas las manos y los pies, lo tiraron al suelo boca arriba y desde un barranco le dejaron caer piedras pesadas en la cara hasta desfigurarle el rostro. ¿El objetivo? Que confesara los movimientos de la insurgencia en Maicao (La Guajira).

7. Golpiza en las piernas: A un jugador de fútbol miembros de las Autodefensas del Magdalena Medio lo golpearon con palos en las piernas hasta fracturarlo y luego lo azotaron en la cabeza hasta asesinarlo. El joven fue torturado por haberse rehusado a jugar en el equipo de fútbol cuyo dueño era uno de los financiadores del grupo paramilitar en La Dorada, Caldas.

8. Golpiza en los genitales: A un presunto miliciano de la guerrilla, integrantes del Bloque Vencedores de Arauca lo amarraron de las manos, lo desnudaron y le comenzaron a dar patadas en los testículos hasta dejarlo afligido. Posteriormente, le arrojaron serpientes cascabel venenosas para picarlo y rematarlo. Golpiza en dedos y uñas: A unos señalados colaboradores de la guerrilla en Nariño los ataron a una silla y les propinaron golpes con un martillo en todas las uñas de los dedos de la mano hasta obligarlos a confesar la información requerida por el Bloque Libertadores del Sur.

9. Golpiza en el pecho: A presuntos integrantes de bandas delincuenciales en Aguachica (Cesar), los ‘paras’ los amarraban a una silla y los golpeaban con objetos contundentes hasta fracturarles el tórax.

10. Golpiza en todo el cuerpo: Esta forma de tortura fue utilizada por integrantes del Bloque Norte en Remolino (Magdalena), en señal de venganza contra un ganadero que se rehusó a esconder un ganado hurtado por los paramilitares. La víctima fue amarrada a un árbol durante varios días, y golpeada en la cara, el pecho, los genitales y las piernas.

11. Mutilaciones en orejas: Consiste en amarrar a la víctima con las manos atrás a un árbol mientras con arma cortopunzante le cercenan las orejas antes de rematarlo con disparos. Una modalidad de tortura que se presentó en el Frente Turbo del Bloque Bananero, al mando de H.H., quién impuso estos vejámenes a políticos y militantes de la Unión Patriótica. También, hombres de las Autodefensas de Cundinamarca y del Bloque Catatumbo, perpetraron estas torturas.

11. Mutilaciones en órganos sexuales: El Tribunal documentó que a la presunta compañera de un guerrillero en La Palma (Cundinamarca) integrantes de las Autodefensas de Cundinamarca la ataron, desnudaron y con arma corto punzante le mutilaron los senos y posteriormente la vagina. Fernando Sánchez, alias Tumaco, es señalado por estos hechos.

12. Mutilaciones en la cabeza: Consiste en cortar con machete o cuchillas de acero la parte externa de la cabeza de la víctima hasta raparla o desprender pedazos del cuero cabelludo. Esta modalidad se presentó en el Bloque Cundinamarca, con personas tildadas de cooperar con la subversión, y en las Autodefensas de Meta y Vichada, con niñas y adolescentes señaladas de ponerse faldas cortas, desobedecer a los padres y hasta incitar a hombres casados a ser infieles. Rapar las cabezas de las víctimas fue una estrategia de control social, advirtió el fallo.

13. Desmembramiento: Quienes eran tildados de ser guerrilleros sufrían esta forma de tortura la mayoría de las veces. Según los hallazgos de la justicia, las víctimas eran desmembradas vivas. Una modalidad aplicada por el Bloque Norte en Bosconia (Cesar) y en Remolino y Chivolo (Magdalena), donde en ocasiones amarraban con alambres de púa los cuerpos de civiles. En el Bloque Mineros, con cuchillos, descuartizaban a quienes desafiaban la autoridad de Ramiro Cuco Vanoy. Casos similares se presentaron en Meta y Vichada. Hubo motosierras en Nariño, Puerto Boyacá, Atlántico, Cesar y Arauca.

14. Descargas eléctricas: Fueron utilizadas para obligar a las víctimas a confesar o delatar su pertenencia a la guerrilla. El Bloque Catatumbo tenía casas de tortura en Tibú (Norte de Santander), donde amarraban a las víctimas a unas sillas, les colocaban cables en el cuerpo, y les propinaban descargas eléctricas. Este mismo bloque tenía otro lugar en el barrio Cañaguatera, en La Gabarra. Allí ataban a las víctimas, las sumergían en una bañera y les colocaban en el cuerpo un cable dúplex que les transmitía corriente eléctrica. Los bloques Cundinamarca y Mineros también sometieron a sus víctimas a esta forma de tortura.

15. Perturbación psíquica: El encierro, el aislamiento, la privación del sueño, las humillaciones públicas y los trabajos forzosos, fueron modalidades utilizadas. Por lo general, estas técnicas tendieron a ser aplicadas en los mismos integrantes del grupo ilegal que infringían el régimen disciplinario. La impulsaron jefes paramilitares como Ramón Isaza, alias el Viejo, Luis Eduardo Cifuentes, alias el Águila, y Baldomero Linares, alias Don Guillermo. En un predio de 50 hectáreas ubicado entre Puerto Triunfo y Puerto Boyacá, Ramón Isaza creo “La isla”, un espacio de trabajos forzados para los ‘paras’ rebeldes. Allí, incluso, algunos eran regados con miel en el cuerpo para que los picaran insectos.

16. Orina paramilitar: Encerraban a sus víctimas durante días en un hueco cavado en la tierra, donde el cuerpo estaba enterrado pero la cabeza y el cuello quedaban sobre la superficie. Allí los paramilitares los orinaban.

17. Privación del sueño: En la provincia de Rionegro (Cundinamarca), el Águila castigaba a los patrulleros que se quedaban dormidos prestando guardia o que se emborrachaban durante “horas laborales” amarrándolos de manos a un árbol o un poste, obligándolos a ingerir alcohol hasta que perdieran la consciencia y, bajo estas condiciones, los privaba del sueño durante largas horas o días.

18. Quemaduras: El uso de fuego, agua hirviendo o ácidos para quemar a las víctimas, hizo parte del repertorio criminal de varios grupos paramilitares. Gran parte de los civiles quemados fueron señalados de pertenecer a bandas dedicadas al hurto. Por lo general, eran quemados con fuego en los dedos y la palma de la mano, o en glúteos y genitales. Alias Guajibo, por órdenes de Baldomero Linares, llevaba a presuntos ladrones a la finca La Esperanza, en Vichada, para quemarlos. En el Bloque Córdoba y en el Frente William Rivas del Bloque Norte, se registraron casos similares. A una víctima le echaron agua hirviendo en las piernas y en la vagina.

19. Violencia sexual: Estos actos buscaron marcar a las víctimas, además de causarles dolor. Acceso carnal violento, mutilación de órganos sexuales, prostitución o esclavitud sexual. Encabeza la lista de esta forma de tortura el Frente Resistencia Tayrona de Hernán Giraldo, quien obligó a menores de edad (especialmente vírgenes) a sostener relaciones sexuales con él. Cuando una madre sacaba a sus hijas de la zona, Giraldo decretaba castigarla. Se conoció un caso en donde el jefe paramilitar les ordenó a sus hombres violar varias veces a una mamá que mandó a su hija a otra región para no entregársela. Alias Codazzi, en Magdalena, también promovió el abuso masivo de mujeres en Sitio Nuevo, El Plato y Chivolo.

20. Torturas combinadas: No siempre los paramilitares adoptaron una sola forma de provocar daño. En muchos casos combinaron la estrangulación, la mutilación o las golpizas. Por ejemplo, en Remolino (Magdalena), se documentó un caso donde integrantes del Bloque Norte amarraron a un presunto colaborador de la guerrilla a un árbol, lo sometieron a puñetazos en el estómago, y lo empezaron a cortar con un machete en cada parte del cuerpo hasta descuartizarlo.

21. Encierro, golpizas y mutilaciones: En la finca Las Pampas, en Puerto Gaitán (Meta), siguiendo órdenes de Baldomero Linares, las Autodefensas de Meta y Vichada encerraron a un presunto enfermero del Bloque Oriental de las Farc durante dos días en un cuarto oscuro, lo golpearon y amarraron a una camilla de médico. Según el proceso, aún con vida utilizaron su cuerpo para ensayar procedimientos quirúrgicos con patrulleros que estaban aprendiendo primeros auxilios.

22. Violencia sexual y mordiscos: En Tarazá (Antioquia) a una mujer catalogada como “inmoral” por Luis Adrián Palacios, alias Diomedes, la encerraron en un cuarto, la amarraron a una silla, la obligaron a practicarle sexo oral a varios paramilitares y luego le mutilaron los pezones a mordiscos. Como si ya no fuera tanto, para rematarla la empujaron desde un segundo piso.

23. Golpizas, quemaduras y mutilaciones: En la vereda El Rosario del municipio de Arauca, integrantes del Bloque Vencedores amarraron desnuda a un árbol a una presunta colaboradora de la guerrilla, le cortaron un seno y posteriormente le esparcieron en la cara y en las extremidades un spray con veneno para insectos, lo que le produjo graves quemaduras. En San Vicente de Chucurí (Santander), alias Wálter ordenó torturar a un integrante de las autodefensas que dio información a las autoridades. Lo amarraron, le quitaron las uñas de las manos, le cortaron los dedos y lo quemaron con fuego. En otro caso, en La Palma (Cundinamarca), a un supuesto miembro de la guerrilla, alias Tumaco le puso un freno en la boca como el que se les pone a los caballos y, para rematarlo, con un cuchillo le cortó el cuello.

24. Golpizas, descargas eléctricas y mutilaciones: En Puerto Boyacá los paramilitares persiguieron de manera sistemática a personas con orientaciones sexuales diversas. A una trabajadora sexual, señalada de estar “vagando siempre con gamines de la calle”, hombres al mando de Juan Evangelista Cadena la amarraron, le introdujeron agujas en los dedos de la mano, la golpearon con una correa, le tocaron sus órganos sexuales, le propinaron descargas eléctricas y, finalmente, le dispararon en el sector conocido como Los Transmisores.

25. Descargas eléctricas y quemaduras: En la vereda Cantagallo de La Palma (Cundinamarca), hombres al mando de alias Tumaco amarraron a un presunto colaborador de la guerrilla, le conectaron cables en el pecho, lo electrocutaron, le esparcieron ácido por todo el cuerpo, y cuando estaba agonizando lo remataron con disparo. Sobre el cadáver pusieron el siguiente letrero: “Esto le pasó por sapo. Esto también para los que sigan colaborando con la guerrilla”.

Notas

[1] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/manual-de-tortura-paramilitar-articulo-640252
[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/paramilitarismo-alvaro-uribe/359518-3
[3] http://www.elmercuriodigital.net/2013/01/paramilitares-desmovilizados-por-uribe.html#.V3PcVuiLTIU
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