8/3/16

La Habana no merece un Cremata como el descrito por Cervantes en el siglo XVII

Norelys Morales Aguilera. — Solo por “cierto masoquismo del oficio- ineludible-“(Sic) se leen textos que asquean. Es el caso de una misiva del devenido “muy ilustre Juan Carlos Cremata”, según quienes antes lo despreciaban, el cineasta frustrado porque no le permitieron exhibir una película, cuyo fin último es llama a matar, en sentido lato o figurado, al ex presidente Fidel Castro. No es de extrañar el aplauso de las cloacas mediáticas.

¿Existirá algún país del mundo, donde tal filme no resulte contraproducente, si además, ha sido hecho con fondos públicos?

Por esta frustración de Juan Carlos Cremata y tal vez, por otras; primero optó por un texto “didáctico para ser revolucionario”, encaramado en una cornisa de intelectual chiripero y resentido. No se le podía pedir hacer, lo que hacen otros: crear para que crezcamos humanamente. Y, no cito a algunos por lo odioso de las comparaciones, y porque Juan Carlos perdería por varias pistas. Dicho texto tuvo el dudoso mérito de engordar su ego, enviándolo a muchos lugares, por lo que era “nota destacada” en una web cuyo propietario está vinculado a la CIA, y en todas las que trabajan con el colchón de manipulaciones contra Cuba. Quizás, como los “artistas suelen ser despistados” no se dio cuenta.

Pero, ahora sí, ahora no es despiste, si es verde y con puntas ¡guanábana! Juan Carlos Cremata en días recientes nos ha “obsequiado” con una carta al presidente Barack Obama, en vísperas de su visita a la Isla.

En síntesis, Juan Carlos Cremata, pide a Obama que levante el bloqueo, pero para que, el neoemperador resuelva los problemas de Cuba que debemos resolver los cubanos. Acude a ingredientes emocionales, poco originales, del imaginario que sobre la Isla crean o tratan de crear los laboratorios mediáticos: represión, censura, falta de libertad… en fin el escenario orwelliano, que en realidad responde más al contexto de Estados Unidos que al de Cuba.

En otros tiempos, quizás los que buscaban soluciones a los asuntos de la Isla, pensaban que en el “Norte, revuelto y brutal que nos desprecia” que ilustró José Martí, estaba la respuesta, pero hoy no. Con todo lo vivido, por sobre los mares de sangre de los mejores hijos de esta tierra, solo por vileza se podría acudir a un cínico anexionismo, de alguien nacido en La Habana.

De todo lo que ha escrito y dicho, se tiene la sensación de que Juan Carlos Cremata camina sobre serpientes, hacia el fuego de un dragón que consuma el ego de tal coprófago.

¿Cómo se sentirá cuando los terroristas asesinos de su padre miran con sorna y, quizás hasta estén sugiriendo que sea recibido por Obama, para golpear a los vecinos de su parroquia por un cabal bellaco?

Ya desde el siglo XVII Miguel de Cervantes había descrito sujetos así, y mejor que él nadie: “¡Oh hi de puta bellaco, y cómo sóis desagradecido, que os véis levantado del polvo de la tierra a ser señor de título, y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os la hizo!”
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