Entrevista en Cubahora, a propósito de la di$idencia cubana

Cubahora
María del Carmen Ramón.- No pocos se han preguntado de qué forma una nación tan pequeña geográficamente puede generar tanto interés mediático. Quienes leen con frecuencia medios como El País, ABC, El Nuevo Herald o se informen a diario por una cadena noticiosa como CNN en español sabrán a qué me refiero. Para esos medios, poco importan los logros de Cuba, el caso de los Cinco héroes o el Bloqueo Norteamericano. En su lugar, los problemas económicos de Cuba y la presentación de una llamada disidencia asediada se tornan temas frecuentes.

Norelys Morales es una de las periodistas cubanas más incansables en la lucha por contar y expandir las verdades de Cuba. No solo ha escogido Norelys el camino de la denuncia a los medios de comunicación, sino también el del desenmascaramiento de una de esas figuras a las que la prensa extranjera ha elevado a la condición de permanente noticia: la llamada disidencia cubana.
Desde este miércoles el sitio digital CubaSí circula en Internet el libro Target Disidencia, una compilación de trabajos de Morales, donde se demuestra el vínculo de la contrarrevolución con los planes subversivos de los Estados Unidos. En este E-book, la periodista realiza un desmontaje de los disidentes cubanos a partir de sus actos y declaraciones durante el año 2013.

A propósito de Target disidencia, Cubahora utilizó las propias ventajas de las nuevas tecnologías y conversó con la autora vía online.

¿Qué papel le concede a las nuevas tecnologías, la redes sociales y los blogs, para expandir el mensaje de Cuba y contar esa otra Cuba de las que no hablan hoy muchos medios internacionales?

Un rol insustituible. El mensaje de Cuba es la verdad y ha de decirse también empleando las nuevas tecnologías, blog, páginas web, las redes sociales, dispositivos móviles y todo lo que hay y viene al respecto. Si dicen que la mentira tiene piernas cortas, es obvio que la verdad tiene que caminar. De eso se trata.

La tendencia que podemos vislumbrar, es que no solo se va contar sobre Cuba, sino que per se la realidad escamoteada por los Mass Media, va a incluirse en todo ese “otro mundo” del ciberespacio curvándose  al  tiempo real y que hace desaparecer las distancias geográficas donde se ubica “el país más poblado de la Tierra”.  Apostaría a que algunos se asustan con esa perspectiva.

Pero, claro, hay que contar sobre Cuba y ahora mismo.  Bien lo sabemos los periodistas: nada sucede porque sí.  Han de hacerlo los profesionales de la comunicación, los artistas y creadores, los “magos de la tribu” que son los generadores de herramientas y aplicaciones, así como los políticos revolucionarios y los ciudadanos con sus vivencias, demandas y aspiraciones. ¿Y cómo? Aprendiendo y aprehendiendo. Evaluando e inventado, también.

Para mí es actuante la expresión de Fidel de ver la Internet como inventada para nosotros y no debe ser olvidada la exhortación de Antonio Gramsci: “Instrúyanse, porque necesitamos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitamos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitamos de toda nuestra fuerza.”

No hay otra forma que utilizar las nuevas tecnologías y creo que lo haremos con creces, sin desestimar  los enormes retos. Se visualiza  si solo se observa  el dato real de cómo nos vamos insertando, a pesar de los déficits que tenemos en Cuba en cuanto a conectividad, equipamiento y  bloqueo por parte de Estados Unidos para el uso de facilidades normales para un habitante de otro país que no sea Cuba.

Quizás quienes ven a los cubanos navegar por Internet no imaginan la brutalidad sistemática a la que somos sometidos injusta y arbitrariamente por las leyes de Estados Unidos, que rigen para la red también. Hoy mismo intentaba yo obtener  un pdf sobre Qi Gong, del cual soy practicante, y un sitio de descargas gratuitas me informó que tal servicio no estaba habilitado para mi país. Así que,  a los servicios de pago,  cada vez más numerosos,  es impensable que podamos acceder, porque por ley norteamericana tenemos vetado el comercio electrónico, o sea, que no se puede pagar, si tienes el dinero, con tarjetas de crédito o mucho menos con el servicio Pay Pal, que curiosamente sí tienen habilitado para personas que les sirven como instrumentos políticos contra Cuba.

¿Cómo podemos entender que los disidentes formen parte hoy de la agenda mediática de gran parte de los medios extranjeros? ¿Por qué son noticia? ¿Se podría hablar en algún sentido de variaciones en la política editorial de algunos medios extranjeros hacia el tratamiento informativo de la disidencia?


Lo primero que hay que entender es quién traza la agenda mediática. Hoy día se sabe que los Mass Media son los partidos políticos del gran capital encabezado por Estados Unidos cuya obsesión de sometimiento y retorno al pasado para Cuba se va añejando sin cambios en el horizonte.

Crear una “disidencia creíble” ha sido un sueño de todas las administraciones del gobierno estadounidense y de  los laboratorios de la guerra mediática que les sirven en la agresión  contra Cuba. Por lo tanto, los disidentes  están incluidos en todos los planes, estrategias y cuanta innovación aparezca, dotándoles de nuevas tecnologías para la labor subversiva,  con fondos federales millonarios, generosamente distribuidos por agencias gubernamentales y grupos terroristas asentados en Miami.

Sucede que la producción de noticias, la visibilización y el sobredimensionamiento de  la “disidencia” se está generando desde los medios norteamericanos, en particular por el complejo VOA, RadioTVMartí, El Nuevo Herald, Diario de Cuba y otros sitios contrarrevolucionarios ligados al gobierno o la política de EE.UU., multiplicados tautológicamente en Internet por sucursales como El País en Madrid y capitales europeas, así también  en América Latina los asociados a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

La política editorial, como la misma política de Estados Unidos, no cambia, aunque Cuba cambie. Pero, no está trazada con improvisación, ni es coyuntural. Todo lo contrario, es con sistematicidad y encono. Lo demuestra una investigación muy reveladora al respecto del tema que nos ocupa, porque es más amplia, realizada  por la Georgetown University en 1999.  

El estudio comprobó en una muestra de 100 artículos, que la cobertura tenía tres veces más atención para los "disidentes" que para el bloqueo de EE.UU., que la información relevante se omitía a menudo y resultaba por ello una cobertura descontextualizada. Y, finalmente, entre otros tópicos, que los informes noticiosos favorecían la estrategia “del gobierno de EE.UU.,  fuentes de élite y un pequeño segmento de la comunidad cubano-americana”, o sea, lo congresistas de la mafia política cubanoamericana.

Como la política editorial es intencionada, dicha investigación documentó que son empleadas teorías comunicativas diseñadas para la agresión, como la agenda-setting, el modelo de propaganda, y la guerra de la información. Ello no ha cambiado para nada 14 años después de publicado el estudio.

¿Cómo es la Cuba que nos vende la disidencia y cómo es la Cuba real?

Siguiendo el ejemplo que he citado antes, vemos que los representantes de la supuesta disidencia no se apartan ni por el ancho de un pelo de los objetivos y el diseño de Washington y sus laboratorios de guerra mediática, que responden también a entidades como la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Estos personajes no reconocen el daño que representa el bloqueo para el pueblo cubano, aplican tácticas de subversión antidemocráticas cuando intentan manipular las legítimas contradicciones de la sociedad cubana actual, se coligan para la subversión  a “ilustres” personeros de la derecha internacional regentada por Estados Unidos,  reconocen la validez de los terroristas de la mafia cubanoamericana y  asocian todo lo negativo a los procesos políticos en Cuba.

Por otra parte,  y es lo que los caracteriza, son los beneficiarios directos de los millones que, por leyes aberrantes, el presidente de turno en EE.UU. asigna para pagar el oficio de mercenarios y nuevos malinches que les han reservado, la mayoría sin otro trabajo que el vivir de la industria de la contrarrevolución.

De ello se deriva la visión maniquea e insostenible sobre Cuba, la ausencia de un proyecto político que no sea volver al pasado capitalista, el trillado neoliberalismo o estupideces como el “capitalismo sui géneris” de alguna tonta útil. Todo  frente a una inmensa mayoría del pueblo cubano enfrascado en la actualización del modelo económico, en atemperar los cambios a las conquistas sociales alcanzadas, mejorar el nivel de vida, y en fin, la apuesta por el socialismo sustentable, que motiva el más amplio consenso favorable porque es  más humano y legítimo.