En un lugar de Cuba: claves de una resistencia

Norelys Morales Aguilera.- Durante la Crisis de Octubre —como se le nombra en Cuba a lo que el mundo llamó Crisis de los Misiles— una niña preguntó dónde estaba su padre. Una persona mayor respondió con sobria discreción: “en un lugar de Cuba”. La frase quedó suspendida como un secreto compartido por toda una nación. Esa misma discreción acompañó años después a los primeros cubanos que partieron a misiones internacionalistas en África. Todos sabían, pero nadie necesitaba decirlo en voz alta hasta que correspondiera hacerlo.

Esa contención, esa certeza silenciosa, es una de las claves de la resistencia cubana.

A lo largo de su historia, Cuba ha sido objeto de presiones externas, intentos de aislamiento y narrativas que anuncian, una y otra vez, su inminente colapso. En enero de 2026, el gobierno de Estados Unidos volvió a declarar a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional y política exterior. La medida generó debate: ¿responde a riesgos reales o forma parte de estrategias políticas vinculadas a dinámicas internas estadounidenses?

En medio de tensiones internacionales, polarización política, protestas sociales y desafíos económicos dentro de Estados Unidos, las decisiones hacia Cuba suelen adquirir una dimensión simbólica que trasciende lo estrictamente bilateral. No es la primera vez que la Isla es colocada en el centro de disputas que responden también a agendas domésticas.

Sin embargo, Cuba no es un escenario pasivo. Existe una trama profunda que rara vez se capta desde fuera: la resistencia cotidiana.

Esa resistencia no se proclama; se ejerce. Está en los trabajadores que sostienen sus centros laborales en condiciones difíciles. En los maestros que perseveran con sus alumnos. En los médicos que continúan atendiendo aun con limitaciones materiales. En científicos, campesinos, estudiantes, artistas y emprendedores que buscan soluciones en medio de carencias. En instituciones que funcionan bajo tensión constante, intentando garantizar estabilidad y protección.

Nada de esto niega las dificultades reales. La vida diaria se ha visto marcada por apagones, escasez de combustible, carestía, falta de medicamentos, recuperación tras desastres naturales y brotes epidémicos. Son circunstancias que podrían generar desaliento generalizado. Existe preocupación. Existe cansancio. Existe incertidumbre.

Pero también existe otra cosa.

En Cuba se repite una frase aún vigente: “lo último que se pierde es la esperanza”. Y cuando la esperanza flaquea, emerge el humor. Un humor transversal, irreverente, profundamente popular, que funciona como válvula de escape y como mecanismo cultural de supervivencia.

A quienes observan a Cuba con lupa, les sería útil detenerse en fenómenos aparentemente insignificantes. Por ejemplo, una cola para comprar pan. Allí se despliega un laboratorio social: paciencia, queja, ironía, solidaridad improvisada, desahogo verbal y, finalmente, risa colectiva.

Recuerdo a un hombre que protestaba con la vehemencia característica del habla cubana. Concluyó diciendo que “habría que castigar a algún traidor”. Desde el grupo, una mujer respondió con un dicho popular que provocó silencio primero y carcajadas después. Más allá de la frase exacta, lo que se produjo fue un acto de regulación social espontánea: el humor como freno, como equilibrio, como sabiduría popular.

Así también opera la resistencia.

No es únicamente una postura política. Es un tejido cultural. Es memoria histórica. Es sentido de pertenencia. Es la convicción —expresada por Fidel en más de una ocasión— de que Cuba no puede ser reducida a una ecuación de presión externa y desgaste interno.

José Lezama Lima escribió que “llevamos un tesoro en un vaso de barro”. Tal vez esa imagen ayude a entender la paradoja cubana: fragilidad material y fortaleza simbólica conviviendo en tensión permanente.

Si Marx afirmó haber aprendido del capitalismo leyendo a Balzac, yo me atrevería a decir que del socialismo cubano se aprende observando al pueblo en su vida diaria. Allí, en lo cotidiano, en lo inesperado, en la mezcla de preocupación y orgullo, se revelan claves que no siempre aparecen en los análisis geopolíticos.

En algún lugar de Cuba —en muchos lugares de Cuba— la resistencia no se proclama con estridencia. Se practica.

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