EE.UU. se asienta en una raíz colonizadora, con el uso constante de la fuerza

María Victoria Valdés Rodda.- Una de las definiciones más escurridizas en cuanto a su utilización como marco de condena y acciones a él asociadas es la de Terrorismo de Estado. Visto desde la academia y la izquierda mundial, es “aquella modalidad de la multifacética violencia predominantemente reaccionaria ejercida por los aparatos militares, paramilitares, policiales e ideológico-culturales de las clases dominantes y de los gobiernos de uno o más Estados nacionales o por sus correspondientes testaferros con el propósito deliberado de provocar pavor en la población civil, en los principales dirigentes o activistas de las fuerzas socio-políticas-culturales contestatarias de su propio territorio”.

También se le asocia a “la violencia de un Estado contra otras naciones sometidas a diversas formas de dominación política, económica, étnica, racial, cultural, religiosa o militar-policial o de aquellos Estados nacionales que sobre la base de su soberanía y de su derecho a la autodeterminación han emprendido, en uno u otro momento de su historia, su liberación nacional, política-económica, cultural y social”.

Sin embargo, a pesar de las anteriores precisiones, el Occidente de la OTAN, los Estados Unidos e Israel han ido diluyendo esa mirada incisiva y directa, desviando la atención hacia el llamado “terrorismo internacional” o hacia el “terrorismo” a secas, con lo cual se eximen ellos mismos de responsabilidades, a veces históricas y otras más contemporáneas. Así, más allá de la denuncia puntual, se limitan los mecanismos condenatorios y punitivos.

Esta evasión no es casual: responde a la autodefensa que sobre sí mismos hacen el capitalismo y el imperialismo, y -aunque en declive- siguen existiendo como sistemas de referencia mundial, donde se impone “la violencia” del capital, las transnacionales y los grupos de poder cuyas infinitas apetencias coloniales les son inherentes.

Por ello hemos visto como en reiteradas ocasiones Estados Unidos aprovecha su asiento permanente en el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU precisamente al haber salido fortalecido después de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, desde allí frena cualquier condena y acción contra el sionismo israelí en relación con el genocidio en Gaza. El pueblo palestino se ve atacado por el Terrorismo de Estado de Israel y EE.UU., aliados a conveniencia al gran capital tecnológico y militar.

De todas formas, los pueblos contamos con algunos mecanismos para plantear nuestras justas reivindicaciones, y también señalar con el dedo a quienes nos atacan desde un poder despótico. Se trata de Convenios, Protocolos y Resoluciones de la ONU por separado, los cuales tipifican ciertas acciones de Terrorismo de Estado.

Recientemente, la hija del presidente Muammar Gaddafi, Aisha Gaddafi, hizo un llamado al pueblo iraní: “Les advierto: no caigan en las palabras seductoras y los eslóganes de los imperialistas occidentales (…) las concesiones a un enemigo solo traen destrucción, división y sufrimiento. Negociar con el lobo no salvará a la cordera ni traerá la paz; solo fija la hora para la próxima comida”.

En marzo de 2003, el presidente George W. Bush dio la orden de iniciar el ataque aéreo en una operación militar bautizada como “Libertad para Irak”. Y también en marzo, pero de 2011, las fuerzas de la OTAN, azuzadas por los EE.UU., comienzan sus bombardeos a Libia, escudándose en una resolución del CS de la ONU supuestamente destinada a establecer una zona de exclusión aérea sobre ese país norafricano. Sobrevino el Infierno, y las petroleras extranjeras atentas.

Cuba acusa

Cada 6 de octubre, Cuba conmemora el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, en tributo a los más de 3400 compatriotas fallecidos como resultado de las agresiones yanquis. La fecha se instauró en ocasión del estallido en pleno vuelo de una nave de Cubana de Aviación donde viajaban 73 personas, que murieron a causa de un atentado con explosivos ejecutado en 1976 por los vulgares terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). La mayor de las Antillas demanda al gobierno yanqui por los daños económicos, las operaciones encubiertas y los miles de sabotajes emprendidos ya en 1959.  Washington, en un cinismo enorme, ha ideado colocarnos en una ilegítima lista de pretendidos patrocinadores del terrorismo cuando el planeta coincide en asumirla como otra vía de barrer la Revolución.

El imperialismo estadounidense persiste en su política de máxima presión por todos los canales. Ahora, Donald Trump acaba de firmar (29/2/2026) un decreto para declarar una “emergencia nacional” en virtud de la “amenaza” de Cuba a su país y al resto de la región. La Casa Blanca considera imponer aranceles a los productos de los países suministradores de petróleo a Cuba. Se escuda en su mentirosa excusa de que somos terroristas si bien está suficientemente probado que somos un pueblo guerrero, sí, pero cuando peligran altos valores humanistas: de lo contrario brindamos solidaridad, respeto y justicia social, aun en medio de condiciones adversas.

Fidel Castro, en su Reflexión “El imperio y la mentira”, del 11 de septiembre de 2007, escribió: “El camino no es la fuerza ni la guerra. Lo digo aquí con toda la autoridad de haber hablado siempre con honradez, poseer convicciones sólidas y la experiencia de haber vivido los años de lucha que ha vivido Cuba. Sólo la razón, la política inteligente de buscar la fuerza del consenso y la opinión pública internacional puede arrancar de raíz el problema. (…) la lucha internacional contra el terrorismo no se resuelve eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes. Se resuelve poniendo fin, entre otras cosas, al terrorismo de estado y otras formas repulsivas de matar, poniendo fin a los genocidios, siguiendo lealmente una política de paz y de respeto a normas morales y legales que son ineludibles. El mundo no tiene salvación si no sigue una línea de paz y de cooperación internacional”.

https://bohemia.cu/el-desafio-vigente/

No hay comentarios.: