Antonio Rodríguez Salvador.─ He leído cierto alegato de jóvenes cineastas cubanos, titulado “Palabras del cardumen”, donde estos afirman apostar por la desactivación de lenguajes viciados y miméticos, pero, en vez de un texto que justifique tamaña declaración, se aparecen con una soflama repleta de eslóganes, frases hechas y lugares comunes.
Por ejemplo, dicen oponerse a las “falsas esperanzas”, “al cine complaciente”, a “los idearios desgastados” y, ante esa andanada de tan pobre minería semántica, perplejo yo me pregunto cuáles serían entonces las esperanzas verdaderas, el cine arisco, o los idearios lozanos y relucientes.
