Norelys Morales Aguilera.- La periodista e investigadora Rosa Miriam Elizalde sostiene que el bloqueo contra Cuba trasciende lo económico y comercial para convertirse en un cerco tecnológico y comunicacional. Según explica en el diario La Jornada, la isla enfrenta una intensa y desigual guerra informativa impulsada desde Estados Unidos y articulada principalmente a través de plataformas digitales.
Elizalde señala que el acceso de Cuba a Internet estuvo condicionado desde sus inicios por restricciones impuestas por Washington, que limitaron el desarrollo de servicios clave como el comercio electrónico. Este diseño, afirma, buscaba facilitar la entrada de información al país, pero no su capacidad de generar y expandir contenidos propios en igualdad de condiciones.
En la actualidad, describe un escenario dominado por un “clúster” de medios digitales radicados en el exterior —especialmente en Florida— que producen contenidos sobre Cuba con enfoques distorsionados o manipulados. Estas plataformas, junto con algoritmos de redes sociales mayoritariamente estadounidenses, favorecerían narrativas antigubernamentales mientras limitan la visibilidad de contenidos generados desde la isla.
El impacto de esta dinámica se amplifica en un contexto donde, aunque más del 90% de la población cuenta con acceso a telefonía móvil y datos, persisten limitaciones técnicas como apagones y restricciones de servicios digitales. Además, una parte significativa de plataformas globales permanece bloqueada, lo que ha fomentado el uso extendido de redes privadas virtuales (VPN) entre los usuarios cubanos.
En este entorno, los jóvenes ocupan un papel central. A pesar de las limitaciones, poseen altas competencias digitales y participan activamente en redes sociales. Según Elizalde, combinan prácticas globales con rasgos identitarios propios, como la solidaridad y el sentido de pertenencia, que emergen especialmente en contextos de crisis o los nacionales.
La investigadora también advierte sobre la influencia de contenidos que promueven estilos de vida consumistas, lo que genera tensiones en una sociedad con restricciones económicas y tecnológicas. A esto se suma la imposibilidad de monetizar contenidos digitales desde Cuba, lo que refuerza la asimetría frente a creadores en otros países.
Finalmente, reconoce que existen iniciativas nacionales para desarrollar plataformas propias, pero estas enfrentan obstáculos estructurales, como limitaciones energéticas y de infraestructura. En este contexto, destaca el papel de actores externos solidarios que contribuyen a visibilizar una imagen más diversa de la realidad cubana en el entorno digital.

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