No hay que callar: video

Norelys Morales Aguilera.- Cuba no es una amenaza para la mayor potencia militar y económica del planeta. Sin embargo, un decreto de Donald Trump, firmado el 29 de enero de 2026, vuelve a presentarla como un peligro extraordinario. 

 La contradicción es evidente: se describe a Cuba como colapsada… y al mismo tiempo como una amenaza estratégica. No es un error. Es una lógica de castigo. 
Se fabrican enemigos para justificar sanciones permanentes. Desde el pensamiento crítico se ha señalado con claridad: los bloqueos políticos, económicos y financieros producen daño intencional. 

El caso de Cuba es uno de los ejemplos más prolongados del mundo. Los pueblos muestran solidaridad. Pero muchos gobiernos callan. Callan por miedo. O por alineamiento. Mientras tanto, conglomerados mediáticos y voceros que dicen hablar de Cuba llegan incluso a celebrar el sufrimiento que provocan estas políticas. 

 Pero Cuba no se rinde. Cuba se reorganiza. Frente a la asfixia, resiste. 

 Se intenta repetir una estrategia conocida: provocar hambre, desesperación y ruptura social para forzar un cambio interno. No es nuevo. Es presión política. Y, aun así, no logran comprender a Cuba. Ese Norte revuelto y brutal del que habló José Martí sigue sin entender que hay pueblos que eligen dignidad. 

 La realidad es clara: solidaridad frente a la asfixia. Resistencia frente a la presión imperial. Para el pueblo cubano, la disyuntiva permanece intacta: colonia o soberanía

 Vean el clip de la más reciente de la amenaza de Donald trump, donde admite que existe asfixia a los cubanos. Es una retórica política, que obedece a un plan macabro, que no es nuevo, inducir hambre y desesperación en la población cubana, para que se subleve contra su gobierno y haga el trabajo, según Estados Unidos, para derrocar al régimen de La Habana.

 Pido paz para Cuba. Pido paz para el mundo. Cierro con un mantra de paz y concordia: Nam Myoho Renge Kyo.

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