Nuestra deuda con Cuba.
— Sacha Llorenti (@SachaLlorenti) January 8, 2026
Los 32 cubanos no solo murieron cumpliendo la misión de defender la vida del presidente Nicolás Maduro. Defendieron la primera línea de resistencia ante el terrorismo estadounidense, lucharon por la soberanía venezolana, entablaron combate en defensa de…
En las primeras horas del sábado 3 de enero, Estados Unidos agredió militarmente a Venezuela. Cientos de aviones, buques, helicópteros y soldados violaron la soberanía patria y bombardearon varios puntos de su capital. Se abrieron criminalmente el paso con misiles hasta llegar al Fuerte Tiuna. En ese lugar, se encontraba el presidente Nicolás Maduro, junto a su esposa Cilia Flores.
En medio de los misiles, las ráfagas y el humo, la Guardia Presidencial cumplió con la misión que se le había encomendado y resistió digna y heroicamente la agresión. La mayoría combatió hasta el último disparo, hasta el último aliento de vida, mientras que otros fueron asesinados a sangre fría.
Los propios protagonistas del cobarde asalto reconocen desde Washington que la batalla fue encarnizada, que duró dos horas y que la resistencia fue feroz.
La mayoría de quienes entregaron la vida cumpliendo la misión de proteger al presidente Maduro eran cubanos. Treinta y dos hombres pertenecientes a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior de Cuba que se encontraban en Venezuela cumpliendo, a solicitud de Venezuela, la tarea de proporcionar protección del presidente Maduro ante las amenazas de Donald Trump contra su vida.
La gente que no sabe de principios, que no entiende que haya personas que estén dispuestas a todo sacrificio por sus ideales y por su sentido del deber, empezaron su carga de ataques calificándoles como mercenarios. Los 32 fueron a arriesgar y entregar la vida cumpliendo una tarea revolucionaria y, conociendo la historia cubana, fueron seleccionados, entre los mejores, por sus habilidades y por su incorruptible compromiso revolucionario. Más aún, cuando los que perpetraron el crimen ofrecían una multimillonaria recompensa por quien entregara al presidente venezolano.
La mayoría de quienes entregaron la vida cumpliendo la misión de proteger al presidente Maduro eran cubanos. Arriesgarron y entregaron la vida cumpliendo una tarea revolucionaria
Esos hombres hicieron carne de la frase de Martí: “Deme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mí un hijo”; demostraron, a quien tenía alguna duda, que el “Patria o Muerte” no es una consigna vacía; probaron que, en este mundo plagado de egoísmo, hay hombres que luchan y dan su vida por defender la dignidad de con todos.
Con mucha sabiduría, Martí decía – y Fidel repetía– que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. Esa es una gran verdad para los hombres y mujeres que hoy estamos y mañana no. Sin embargo, permítanme matizar un poco esa verdad. Cuando hablamos de los pueblos, de su resistencia ante la agresión, de sus luchas por su independencia, de sus actos de generosidad, de sus caricias de solidaridad, de sus sacrificios a cambio de nada y de su entrega por ideales, entonces, la gloria de esos pueblos no cabe siquiera en todas las estrellas del firmamento. Uno de esos pueblos, el que más, es el pueblo cubano. La gloria de su pueblo, de su revolución, de su inacabable solidaridad, representada ahora trágica y heroicamente en esos 32 hombres, no cabe en todos los homenajes posibles.
Cada vez que hablo con un amigo cubano y le comento sobre la maravillosa historia de solidaridad cubana, siempre me responden con la digna humildad de Fidel: “Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”. Entonces, me recuerdan a los llegados a la isla desde otras tierras y que lucharon por la independencia cubana: me hablan del estadounidense Reeve, del dominicano Gómez y del argentino Guevara.
Cuando hablamos de los pueblos, de su resistencia ante la agresión, de sus luchas por su independencia, de sus actos de generosidad, de sus caricias de solidaridad, de sus sacrificios a cambio de nada y de su entrega por ideales, entonces, la gloria de esos pueblos no cabe siquiera en todas las estrellas del firmamento
Debe saberse que la presencia de esos cubanos en Fuerte Tiuna no es un hecho fortuito: es parte de la larguísima historia del internacionalismo revolucionario de Cuba. A lo largo y ancho de la geografía mundial, Cuba ha estado en muchas de las luchas por la liberación de nuestros pueblos en América Latina, África y Asia. Sangre cubana fue derramada por la liberación de Angola, el Congo, Guinea Bissau, Namibia, Sudáfrica, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Chile, Perú y muchos otros países. Hoy, ese internacionalismo está también expresado en médicos que van a salvar vidas a lugares recónditos y que están entre los primeros en llegar ante una catástrofe, ya sea en Pakistán, en Sierra Leona o en Milán.
Entonces, me pregunto, ¿y qué de la deuda que tiene la humanidad con el pueblo cubano?, ¿cuándo empezaremos a saldarla?
Está claro que los 32 cubanos no solo murieron cumpliendo la misión de defender la vida del presidente Nicolás Maduro. Hicieron muchos más que eso. Defendieron la primera línea de resistencia ante el terrorismo estadounidense, lucharon por la soberanía venezolana como si fuera la propia, entablaron combate en defensa de la Patria Grande, combatieron la angurria imperial y defendieron los recursos naturales latinoamericanos.
Debe saberse que la presencia de esos cubanos en Fuerte Tiuna no es un hecho fortuito: es parte de la larguísima historia del internacionalismo revolucionario de Cuba
Detengámonos a rendir homenaje a cada uno de ellos: Humberto Alfonso Roca, Lázaro Evangelio Rodríguez, Rodney Izquierdo, Ismael Terrero, Yoel Pérez, Addriel Socarrás, Orlando Osoria, Rubiel Díaz, Hernán González, Bismar Mora, Yorlenis Revé, Alejandro Rodríguez, Erdwin Rosabal, Daniel Torralba, Yasmani Domínguez, Fernando Báez, Yandrys González, Yordanys Marlonis, Yunior Estévez, Yoandys Rojas, Giorki Verdecia, Adrián Pérez, Suriel Godales, Adelkis Ayala, Alexander Noda, Ervis Martínez, Carlos Guerrero, David Vargas, Rafael Moreno, Luis Alberto Hidalgo, Manuel Jardines y Sandy Amita.
¡Honor y Gloria!
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