Norelys Morales Aguilera.- En este enero el pueblo cubano frente a cualquier augurio sombrío está erguido. Es un mar de sus patricios, de sus forjadores, de quienes han ejemplarizado en la gallardía y lo hizo en:
... "las altas cumbres del decoro…/sobre llamas y túmulos y banderas estremecidas (...)
Alzó Cuba su voz, tierna y generosa, como en los versos de Navarro Luna al General Antonio Maceo:
"/Para que escuche el monte, y la piedra, y la nube/ y los oídos claros, y los oídos sordos (...)
Y escuchó la historia. Escuchó el tiempo. Escuchó la patria que no se rinde ni se alquila. Porque este pueblo, tantas veces probado, no aprendió a agachar la cabeza, sino a levantarla con la dignidad de quien sabe de dónde viene y hacia dónde va. Enero nos encontró de pie, con la memoria en alto y el futuro en las manos curtidas por el trabajo y la resistencia.
Aquí no hay silencio de derrota, hay verbo de combate moral. Hay una ética que no se negocia, una decencia que no se erosiona con el hambre inducida ni con la mentira fabricada. Cuba es ese latido colectivo que se reconoce heredero de Céspedes, de Agramonte, de Maceo invicto, de Martí desvelado. De un Fidel. Es la continuidad de una obra que no se interrumpe, aunque la asedien.
Este es un pueblo que ha aprendido a convertir la escasez en inventiva, el dolor en fuerza, la agresión en razón para cerrar filas. Y no por soberbia, sino por amor. Amor a la justicia social conquistada, amor a la independencia ganada a precio de sangre, amor a la dignidad como forma superior de la libertad.
Por eso, frente a cualquier augurio sombrío, Cuba se yergue. No como consigna vacía, sino como convicción profunda. Se yergue con sus maestros, sus médicos, sus científicos, sus obreros, sus jóvenes; con sus mujeres al frente y sus ancianos sosteniendo la memoria. Se yergue con la serenidad de quien sabe que resistir también es crear, y que defender la verdad es un acto de valentía cotidiana.
Estas son, hoy y siempre, las altas cumbres del decoro del pueblo cubano: no traicionarse, no renunciar, no claudicar. Seguir siendo, aun en la tormenta, una nación que habla con voz propia, clara y firme, para que escuchen el monte, la piedra y la nube; para que escuchen también, aunque no quieran, los oídos sordos.
PRIMERA JORNADA



No hay comentarios.:
Publicar un comentario