Análisis comunicacional de Trump en enero de 2026

 
Imagen: https://www.nuso.org
Norelys Morales Aguilera. La comunicación contemporánea no actúa en el trumpismo como un instrumento auxiliar del poder, sino como un dominio estratégico autónomo, equiparable -y en ocasiones superior- al uso directo de la fuerza. En este sentido, Donald Trump no solo comunica el poder: lo ejecuta a través de la comunicación. Un proceso tan crucial se convierte en campo de batalla. 

A partir del análisis de sus mensajes y acciones, puede sostenerse que Donald Trump ha convertido la comunicación política contemporánea (redes sociales, imágenes generadas por IA, filtraciones y performatividad discursiva) en un instrumento central de poder, operando como un arma estratégica al servicio de una lógica imperial personalizada y de una concepción ampliada de la guerra.

Aquí se presenta un análisis de las líneas de mensaje de Donald Trump en los días previos, durante y posteriores a la intervención estadounidense en Venezuela en enero de 2026, así como la comparación de ese patrón comunicacional con sus mensajes dirigidos a Groenlandia y a la Unión Europea. Se integra, además, una lectura estratégica de la comunicación política, su recepción interna en Estados Unidos, su impacto internacional y su relación con la situación judicial del propio Trump y el papel de la Corte Suprema de EE. UU.

Es importante comprender cómo se construyó el relato, qué patrones se repiten y qué función política cumple la intensidad comunicacional.

Sigamos algunos referentes teóricos:

a) De Foucault: poder productivo, no solo represivo

Trump no se limita a prohibir o amenazar: produce realidad política.

Sus mensajes:

    • definen quién manda,

    • qué es negociable,

    • qué ya no lo es.

La comunicación no refleja el poder, lo crea.

No hay primero acción y luego relato; ambos se funden.

b) De Carl Schmitt: decisión y excepción

Trump actúa como decisor soberano que declara la excepción:

    • Venezuela: suspensión de la soberanía ajena.

    • Groenlandia: cuestionamiento preventivo de la soberanía aliada.

    • UE: normalización de la coerción económica.

La comunicación declara la excepción antes de que el derecho pueda reaccionar.

c) Más allá de Joseph Nye: del soft power al coercive narrative power

Esto no es soft power:

    • no busca atraer,

    • no seduce,

    • no persuade.

Tampoco es solo hard power.

Es algo distinto:

Poder narrativo coercitivo: imponer marcos interpretativos bajo amenaza implícita.

La audiencia no elige creer; se ve obligada a posicionarse.

La comunicación, en este marco, opera como un arma estratégica en tanto genera efectos materiales: desestabiliza equilibrios, fuerza decisiones, acota márgenes diplomáticos y reconfigura jerarquías internacionales sin necesidad de ocupación territorial permanente.

No es la “verdad” ni “impacto militar”, sino agresividad + dramatización + unilateralidad del mensaje público.

El “imperio a su medida”

No estamos ante un imperio clásico, sino ante una:

Imperialidad performativa y personalizada

Sus características:

    1. No institucional: no necesita administración colonial estable.

    2. No permanente: se activa por episodios de alta intensidad.

    3. No territorial en sentido clásico: domina más por intimidación que por ocupación.

    4. Centrada en el líder: el Estado se vuelve extensión de la voluntad presidencial.

El imperio no es un mapa; es un campo de fuerzas narrativo.

La guerra redefinida

En este marco, la guerra deja de ser un estado excepcional entre actores soberanos y se convierte en una condición latente y multidimensional, donde la comunicación, la economía, el derecho y la fuerza armada operan como vectores intercambiables.

Esto enlaza con:

    • guerra híbrida,

    • guerra permanente,

    • fin de la distinción clara entre paz y guerra.

Trump no “declara guerras”: las mantiene abiertas en estado narrativo.

El trumpismo no anuncia el retorno del imperialismo clásico, sino su mutación: aspira a un poder que ya no necesita conquistar para dominar, ni convencer para imponerse. En este modelo, la comunicación contemporánea, hiperpersonalizada, performativa y tecnológicamente amplificada se convierte en el arma principal de una guerra sin frente fijo, diseñada a la medida de un liderazgo que confunde deliberadamente acción, relato y soberanía.

Pero, cómo se construyó el relato, qué patrones se repiten y qué función política cumple la intensidad comunicacional.

Comunicación como herramienta de poder

Durante este periodo, previo y durante la invasión a Venezuela, Donald Trump utiliza la comunicación no como acompañamiento de la política exterior, sino como instrumento central de gobierno. Sus mensajes buscan:

    • Dominar el ciclo informativo.

    • Convertir hechos consumados en marcos interpretativos cerrados.

    • Reducir el espacio de deliberación diplomática.

    • Reforzar liderazgo personal por encima de instituciones.

Este enfoque se repite tanto en el caso de Venezuela, en las amenazas a Groenlandia, y en las relaciones con la UE, aunque con herramientas distintas (militares en un caso, económicas y simbólicas en el otro).

Línea de tiempo narrativa* 

Fase 1 – Preparación narrativa (1–2 de enero)

Trump inicia el año con mensajes de baja intensidad. Aparecen referencias genéricas a amenazas, narcotráfico y seguridad hemisférica. No hay aún anuncios concretos.

Función comunicativa: preparar psicológicamente a la audiencia interna y legitimar una futura escalada.

Fase 2 – Shock informativo (3 de enero)

Trump anuncia públicamente el ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. El mensaje es directo, maximalista y sin matices.

Función comunicativa: - Crear un hecho consumado. - Obligar a aliados y adversarios a reaccionar. - Controlar el relato desde el primer momento.

Este salto brusco marca un patrón clave: no hay escalada gradual, sino ruptura deliberada.

Fase 3 – Consolidación del marco (5–7 de enero)

Se repite el mensaje de control: EE. UU. “tiene el control” de Venezuela, la operación fue un éxito y ahora se entra en una fase de orden y gestión.

Función comunicativa: fijar el marco interpretativo. El debate ya no es si la acción fue legítima, sino qué hacer a partir de ella.

Fase 4 – Personalización extrema del poder (12 de enero)

Trump se presenta simbólicamente como autoridad política sobre Venezuela, utilizando imágenes manipuladas y un tono abiertamente performativo.

Función comunicativa: - Reemplazar instituciones por liderazgo personal. - Convertir la política exterior en narrativa de poder individual.

Esta fase es más psicológica que estratégica, pero muy eficaz para su base política.

Fase 5 – Exportación del conflicto (15–17 de enero)

El foco se desplaza hacia Groenlandia y Europa. Aparecen amenazas arancelarias y exigencias estratégicas, justificadas en términos de seguridad nacional.

Función comunicativa: demostrar que el caso venezolano no es excepcional, sino ejemplar. El mensaje implícito es disuasorio: “si se hizo allí, puede hacerse aquí, con otros medios”.

Fase 6 – Escalada simbólica total (18–20 de enero)

Trump publica imágenes generadas por IA, filtra mensajes privados de líderes europeos y utiliza foros internacionales como Davos para amplificar su narrativa.

Función comunicativa: ya no busca convencer ni negociar, sino imponerse narrativamente. La política exterior se convierte en espectáculo de poder.

La gráfica de intensidad comunicacional


Figura 1 generada por curaduría a la IA

La evolución de la intensidad del mensaje puede representarse en una escala de 1 a 5:

    • 1–2: retórica baja, preparatoria.

    • 3–4: presión política, amenazas verbales, justificación estratégica.

    • 5: anuncio de hechos consumados, escalada máxima.

La gráfica muestra:

    • Un salto abrupto el 3 de enero (ataque a Venezuela).

    • Descensos leves durante la fase de consolidación.

    • Nuevos picos coincidiendo con la personalización del poder y la expansión hacia Groenlandia.

En síntesis: la intensidad no es errática; está sincronizada con objetivos políticos concretos.

Comparación del patrón: Venezuela vs. Groenlandia / UE

El patrón es coherente: cambia el instrumento, no la lógica.

Relación con la situación judicial de Trump

Durante este periodo, Trump enfrenta múltiples frentes legales en EE. UU. y un entorno judicial incierto.

La Corte Suprema: - Le concede margen en ciertos ámbitos (aranceles, poder ejecutivo). - Marca límites en otros (inmigración, debido proceso).

Lectura estratégica: Trump compensa las restricciones internas con una intensificación de la proyección externa. La política internacional funciona como:

    • Refuerzo de liderazgo.

    • Cohesión de su base.

    • Desplazamiento del foco mediático.

En resumen

Este análisis muestra que la comunicación de Donald Trump en enero de 2026 responde a un patrón claro:

    • Ciclos repetidos de amenaza, shock, normalización y expansión.

    • Uso deliberado de la intensidad comunicacional como arma política.

    • Sustitución del multilateralismo por una narrativa de poder personal.

En términos estrictos, Trump no gobierna únicamente con decisiones políticas o militares, sino con picos de intensidad comunicacional cuidadosamente sincronizados.

(*) Para la preparación de esta cronología me apoyé en un análisis asistido por ChatGPT (modelo de lenguaje de OpenAI), integrado y verificado por la autora.


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