Amenazas, doctrina y poder: el mensaje de Washington vs Cuba/enero 2026

Norelys Morales Aguilera.- Por estos días, las amenazas provenientes de la cúpula política y militar de Estados Unidos contra Cuba han vuelto a ocupar espacio en el debate regional. No se trata de un fenómeno nuevo, (casi un aberrante deporte de los jerarcas estadounidenses) pero sí de uno particularmente significativo en el contexto actual, marcado por la Directiva de Defensa estadounidense, la reactivación práctica de la Doctrina Monroe y el uso abierto de la fuerza contra Venezuela. Más que anuncios de guerra inmediata, estas amenazas deben leerse como mensajes políticos cuidadosamente construidos.

En la lógica de Washington, América Latina y el Caribe vuelven a ser concebidos como un espacio estratégico propio, una zona donde Estados Unidos se arroga el derecho de definir límites, alianzas aceptables y modelos políticos tolerables. Esta visión, heredera directa de la Doctrina Monroe, reaparece hoy revestida de un lenguaje contemporáneo: seguridad hemisférica, estabilidad regional y lucha contra amenazas transnacionales.

Cuba, en ese marco, es presentada de forma recurrente como un actor problemático. El discurso estadounidense asocia a la isla con inestabilidad, alianzas incómodas y la influencia de potencias extrahemisféricas. La amenaza no siempre se expresa de manera explícita; muchas veces adopta la forma de advertencia, de presión económica (nunca olvidar el bloqueo recrudecido) o de recordatorio de las consecuencias de no alinearse con los intereses de Washington.

El ataque directo contra Venezuela cumple aquí una función clave. Comunicacionalmente, opera como un mensaje implícito dirigido también a Cuba: demuestra hasta dónde puede llegar Estados Unidos cuando decide pasar del discurso a la acción. Venezuela se convierte así en un ejemplo, en una señal de poder destinada a disciplinar a otros actores del escenario regional.

Frente a este discurso, la respuesta cubana se articula alrededor de conceptos conocidos pero aún vigentes: soberanía, autodeterminación y resistencia. La comunicación política de La Habana rechaza cualquier forma de negociación bajo amenaza y denuncia el carácter coercitivo de la política estadounidense. No se trata solo de una réplica diplomática, sino de una estrategia orientada a la invaluable unidad nacional, y a interpelar a la opinión pública internacional.

Estados Unidos no extiende puentes hacia la Isla, la guerra económica desatada contra el pueblo cubano, por tanto, no se libra únicamente en el plano económico o militar. Se libra también,y de manera central, en el terreno simbólico y comunicacional. Washington busca legitimar su política de presión presentándola como una defensa del orden regional; Cuba responde cuestionando esa narrativa y recordando los costos históricos del intervencionismo.

En este escenario, las amenazas de enero deben interpretarse como parte de una estrategia de poder más amplia, orientada a condicionar comportamientos y redefinir alineamientos en el continente. La comunicación no es un complemento de esa estrategia: es uno de sus instrumentos principales. Entenderlo así resulta clave para leer el momento político que atraviesa la región y los desafíos que se avecinan.


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